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En la fiesta litúrgica de Santa Teresa de Jesús, Virgen, Doctora de la Iglesia y Fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas, recordamos las palabras del Papa Francisco con ocasión de los Quinientos años del nacimiento de Santa Teresa de Ávila.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Hoy la Santa – Teresa de Jesús – nos abre nuevos horizontes, nos convoca a una gran empresa, a ver el mundo con los ojos de Cristo, para buscar lo que Él busca y amar lo que Él ama”, lo escribía el Papa Francisco en su Carta dirigida al Prepósito General de la Orden de los Hermanos Descalzos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, P. Saverio Cannistrà, con ocasión de los Quinientos años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús y que hoy en la fiesta litúrgica de la santa española recordamos.

 

Guía segura y modelo atrayente de entrega total a Dios

En su misiva, el Santo Padre recordaba la figura y el carisma de Santa Teresa de Ávila como “una mujer excepcional”, que “resplandece como guía segura y modelo atrayente de entrega total a Dios”. “¡Cuánto bien nos sigue haciendo a todos – señalaba el Pontífice – el testimonio de su consagración, nacido directamente del encuentro con Cristo, su experiencia de oración, como diálogo continuo con Dios, y su vivencia comunitaria, enraizada en la maternidad de la Iglesia!”

 

Santa Teresa es sobre todo maestra de oración

El Santo Padre también recordaba que, en la experiencia de la Santa de Ávila, fue central el descubrimiento de la humanidad de Cristo. Quien, movida por el deseo de compartir esa experiencia personal con los demás, escribe sobre ella de una forma vital y sencilla, al alcance de todos, pues consiste simplemente en “tratar de amistad con quien sabemos nos ama”. La oración de Teresa, escribía el Papa, no fue una oración reservada únicamente a un espacio o momento del día; surgía espontánea en las ocasiones más variadas. Ella, estaba convencida del valor de la oración continua, aunque no fuera siempre perfecta. Por ello, la Santa nos pide que seamos perseverantes, fieles, incluso en medio de la sequedad, de las dificultades personales o de las necesidades apremiantes que nos reclaman.

 

Santa Teresa comunicadora incansable del Evangelio

Es a partir de su encuentro con Jesucristo, precisa el Santo Padre que, Santa Teresa vivió “otra vida”; se convirtió en una comunicadora incansable del Evangelio. “Deseosa de servir a la Iglesia, y a la vista de los graves problemas de su tiempo, no se limitó a ser una espectadora de la realidad que la rodeaba. Desde su condición de mujer y con sus limitaciones de salud, decidió –dice ella– ‘hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo’ (Camino 1,2)”.

 

Santa Teresa y la auténtica vida comunitaria

Asimismo, Santa Teresa sabía que ni la oración ni la misión se podían sostener sin una auténtica vida comunitaria. Por eso, recuerda el Papa Francisco, el cimiento que puso en sus monasterios fue la fraternidad. Y tuvo mucho interés en avisar a sus religiosas sobre el peligro de la autorreferencialidad en la vida fraterna, que consiste “todo o gran parte en perder cuidado de nosotros mismos y de nuestro regalo” y poner cuanto somos al servicio de los demás. Para evitar este riesgo, la Santa de Ávila encarece a sus hermanas, sobre todo, la virtud de la humildad, que no es apocamiento exterior ni encogimiento interior del alma, sino conocer cada uno lo que puede y lo que Dios puede en él. Lo contrario es lo que ella llama la “negra honra”, fuente de chismes, de celos y de críticas, que dañan seriamente la relación con los otros.

 

Testimonio del amor fraterno y de la maternidad de la Iglesia

Finalmente, el Papa Francisco concluía su Carta recordando las nobles raíces de la tradición carmelitana y alentando los religiosos y religiosas a seguir dando testimonio del amor y del servicio a la Iglesia. “Con estas nobles raíces, las comunidades teresianas están llamadas a convertirse en casas de comunión, que den testimonio del amor fraterno y de la maternidad de la Iglesia, presentando al Señor las necesidades de nuestro mundo, desgarrado por las divisiones y las guerras”.

fuente: vaticannews.va