Ángelus del Papa: «No rechacemos la llamada de Dios. Respondamos con amor»

A la hora del rezo del Ángelus, el domingo 17 de enero, el Santo Padre alentó a los fieles a no rechazar la llamada de Dios en nuestras vidas y a responder a ella con amor.

Ciudad del Vaticano

El 17 de enero, segundo domingo del Tiempo Ordinario, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, sin presencia de fieles a causa de la Pandemia.

Reflexionando sobre el Evangelio dominical que narra el encuentro de Jesús con sus primeros discípulos en el río Jordán, el día después de haber sido bautizado, el Santo Padre recordó que es precisamente Juan Bautista el que señala el Mesías a dos de ellos con estas palabras: «¡He ahí el Cordero de Dios!» (v. 36).

 

Encuentro con Jesús: «Hemos encontrado al Mesías»

Y aquellos dos, fiándose del testimonio del Bautista, -continuó explicando Francisco- siguen a Jesús que se da cuenta y dice: «¿Qué buscáis?» y ellos le preguntan: «Maestro, ¿dónde vives?, a lo que Jesús no contesta: «Vivo en Cafarnaún o en Nazaret», sino que dice: «Venid y lo veréis» (v. 39).

A la hora del rezo del Ángelus, el domingo 17 de enero, el Santo Padre alentó a los fieles a no rechazar la llamada de Dios en nuestras vidas y a responder a ella con amor.

En este sentido, el Pontífice señaló que las palabras del Señor «no son una tarjeta de visita, sino la invitación a un encuentro. Los dos hombres, que resultarían ser Andrea y su hermano Simón, a quien Jesús llamará «Pedro», lo siguen y se quedan con él esa tarde, hablando, «advirtiendo la belleza de palabras que responden a su esperanza cada vez más grande».

Tras este encuentro, ambos regresan ante sus hermanos y recocen «desbordando de alegría»: «Hemos encontrado al Mesías» (v. 41).

Asimismo, el Papa profundizó sobre esta experiencia de encuentro con Cristo que nos llama a estar con Él:

“Cada llamada de Dios es una iniciativa de su amor. Dios llama a la vida, llama a la fe, y llama a un estado de vida particular. La primera llamada de Dios es a la vida; con ella nos constituye como personas; es una llamada individual, porque Dios no hace las cosas en serie. Después Dios nos llama a la fe y a formar parte de su familia, como hijos de Dios”

Por otra parte, el Santo Padre aseveró que Dios también llama a cada uno de nosotros a un estado de vida particular:

 

No rechacemos la llamada de Dios

«Nos llama darnos a nosotros mismos en el camino del matrimonio, en el del sacerdocio o en el de la vida consagrada. Son maneras diferentes de realizar el proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros, que es siempre un plan de amor. Y la alegría más grande para cada creyente es responder a esta llamada, a entregarse completamente al servicio de Dios y de sus hermanos».

Igualmente, el Papa puntualizó que frente a la llamada del Señor, «que puede llegar a nosotros de mil maneras, también a través de personas, de acontecimientos, tanto alegres como tristes», nuestra actitud a veces puede ser de rechazo, «porque nos parece que contrasta con nuestras aspiraciones; o de miedo, porque la consideramos demasiado exigente e incómoda».

 

Respondamos a Dios solo con amor

Al respecto, Francisco hizo hincapié en que la llamada de Dios es amor, «y a ella se responde solo con amor».

“Al principio hay un encuentro, precisamente, el encuentro con Jesús, que nos habla del Padre, nos da a conocer su amor. Y entonces, espontáneamente, brota también en nosotros el deseo de comunicarlo a las personas que amamos: «He encontrado el Amor, he encontrado el sentido de mi vida. En una palabra: He encontrado a Dios»”

«La Virgen María nos ayude a hacer de nuestra vida un canto de alabanza a Dios, en respuesta a su llamada y en el cumplimiento humilde y alegre de su voluntad», concluyó el Papa.

 

fuente: vaticannews.va

El Papa: la alabanza purifica, tengamos el coraje de decir «Bendito eres, oh Señor»

La alabanza purifica y nos abre el camino hacia el Señor. Dios, nuestro amigo fiel, “es el centinela” que nos hace “avanzar con seguridad”. Es, en extrema síntesis, lo que dijo el Papa Francisco en su catequesis de este miércoles sobre la oración, en la que aseguró que “alabando, somos salvados”. Como San Francisco de Asís, que, en el momento más oscuro de su vida, ya estando casi ciego y sintiendo los pasos de la muerte, con la percepción de que el mundo no había cambiado desde el inicio de su predicación, rezó, “Laudato si’, mi Señor”. “Tengamos el coraje de decir – animó el Papa hoy – ‘Bendito eres, oh Señor’».

La oración de alabanza ha sido el tema de la catequesis del Papa Francisco en este miércoles 13 de enero. El Santo Padre hizo referencia a un pasaje crítico de la vida de Jesús, después de los primeros milagros y de la implicación de los discípulos en el anuncio del Reino de Dios. Juan el Bautista, que estaba en la cárcel atravesando un momento de oscuridad, duda si se equivocó en el anuncio. Y le hace llegar este mensaje: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Precisamente entonces, el evangelista Mateo relata un hecho “sorprendente”, dijo el Papa: Jesús no eleva al Padre un lamento, sino eleva un himno de júbilo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños». Es decir, – puntualizó Francisco – en plena crisis, en plena oscuridad en el alma de tanta gente, como Juan el Bautista, Jesús bendice al Padre, alaba al Padre”. Pero, – planteó el Santo Padre – ¿por qué?

 

 

Alabar a Dios por los que acogen el Evangelio

Jesús alaba al Padre “por lo que es”, dijo. Es decir, porque es el “Señor del cielo y de la tierra”. Sabe y siente que su Padre es el Dios del universo, y sabe que el Señor de todo lo que existe es el Padre. “De esta experiencia de sentirse ‘hijo del Altísimo’ brota la alabanza”.

Jesús se siente hijo del Altísimo. Y después Jesús alaba al Padre porque favorece a los pequeños. Es lo que Él mismo experimenta predicando en los pueblos: los “sabios” y los “inteligentes” permanecen desconfiados y cerrados, hacen cálculos, mientras que los “pequeños” se abren y acogen el mensaje. Esto solo puede ser voluntad del Padre, y Jesús se alegra.

De este modo, “también nosotros – continuó el Papa – debemos alegrarnos y alabar a Dios porque las personas humildes y sencillas acogen el Evangelio”. En el futuro del mundo y “en las esperanzas de la Iglesia están siempre los pequeños”, afirmó. Son “aquellos que no se consideran mejores que los otros, que son conscientes de los propios límites y de los propios pecados, que no quieren dominar sobre los otros”. Se reconocen “todos hermanos”. Por eso la oración de Jesús en ese momento de “aparente fracaso”, conduce “también a nosotros, lectores del Evangelio, a juzgar de forma diferente nuestras derrotas personales, a juzgar de manera diferente las situaciones en las que no vemos clara la presencia y la acción de Dios, cuando parece que el mal prevalece y no hay forma de detenerlo”.

Jesús, que también recomendó mucho la oración de súplica, precisamente en el momento en el que habría tenido motivo de pedir explicaciones al Padre, sin embargo, lo alaba.

 

 

Practicar la alabanza sobre todo en los momentos oscuros

Alabando, somos salvados. Lo recuerda, continuó Francisco, “un texto de la liturgia eucarística que invita a rezar a Dios de esta manera”: «Aunque no necesitas nuestra alabanza, tú inspiras en nosotros que te demos gracias, para que las bendiciones que te ofrecemos nos ayuden en el camino de la salvación por Cristo, Señor nuestro». Y “la oración de alabanza nos sirve a nosotros”, porque, tal como la define el Catecismo, ella es una participación «en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la gloria». Así, “debe ser practicada no solo cuando la vida nos colma de felicidad, sino sobre todo en los momentos difíciles, en los momentos oscuros, cuando el camino sube cuesta arriba”.

Como Jesús, que en el momento de oscuridad alaba al Padre.

Es “para que aprendamos que, a través de esa cuesta, de ese sendero fatigoso, de esos pasajes arduos, se llega a ver un panorama nuevo, un horizonte más abierto”.

La alabanza es como respirar oxígeno puro: te purifica el alma, te hace mirar más allá, no quedas encerrado en el difícil y oscuro momento de las dificultades.

 

 

El centinela que nos hace avanzar con seguridad

La oración que San Francisco compuso al final de su vida, el “Cántico de las criaturas”, constituye una gran enseñanza sobre esto, explicó el Santo Padre. El Pobrecillo no lo compuso en un momento de alegría, en un momento de bienestar, sino al contrario, en medio de las dificultades. Estando ya “casi ciego”, sintiendo en su alma “el peso de una soledad que nunca antes había sentido”, pues el mundo no había cambiado desde el inicio de su predicación, y sintiendo además que se acercaban “los pasos de la muerte”. En ese momento que podría ser de “desilusión extrema” y de “percepción del propio fracaso”, Francisco “reza”. Reza alabando al Señor: “Laudato si’, mi Señor…”.

Francisco alaba a Dios por todo, por todos los dones de la creación, y también por la muerte, que con valentía la llama «hermana», «hermana muerte». Estos ejemplos de los santos, de los cristianos, también de Jesús, de alabar a Dios en los momentos difíciles, abren las puertas de un camino muy grande hacia el Señor y nos purifican siempre. La alabanza siempre purifica.

Los santos y las santas – concluyó el Pontífice – nos demuestran que se puede alabar siempre, en las buenas y en las malas, porque Dios es el Amigo fiel.

Este es el fundamento de la alabanza: Dios es el Amigo fiel y su amor nunca falla. Siempre Él está a nuestro lado, Él nos espera siempre.

Recordando a alguien que solía decir que Dios «es el centinela que está cerca de ti y te hace avanzar con seguridad», el Sumo Pontífice alentó a que, en los momentos difíciles y oscuros, “tengamos el coraje” de decir: «Bendito eres, oh Señor».

Alabar al Señor. Esto nos hará mucho bien.

 

fuente: vaticannews.va

Jornada Mundial del Enfermo, Papa: «Dar al que sufre el bálsamo de la cercanía»

En el marco de la 29° Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el próximo 11 de febrero, el Papa Francisco ha publicado un mensaje en el que recuerda la importancia de apoyar a quienes sufren una enfermedad «con el bálsamo de la cercanía», respetando su dignidad como Hijos de Dios y evitando caer en el «mal de la hipocresía». El Pontífice también dedica un pensamiento especial a «quienes padecen en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus», particularmente «a los más pobres y marginados».

 

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco ha dado a conocer su mensaje con motivo de la 29° Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el próximo 11 de febrero, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, cuyo tema «Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8). La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo», está inspirado en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12).

En su escrito, el Santo Padre afirma que esta Jornada «es un momento propicio para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, ya sea en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades» y dedica un pensamiento especial a «quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus», particularmente «a los más pobres y marginados».

 

 

Nadie es inmune al mal de la hipocresía

«La crítica que Jesús dirige a quienes «dicen, pero no hacen» es beneficiosa, siempre y para todos, porque nadie es inmune al mal de la hipocresía», explica Francisco subrayando que se trata de un mal muy grave que nos impide vivir la fraternidad universal a la que estamos llamados como Hijos de Dios.

En este sentido, el Pontífice puntualiza que ante la condición de necesidad de un hermano o una hermana, Jesús nos muestra un modelo de comportamiento totalmente opuesto a la hipocresía: «Propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio».

Por otra parte, el Papa hace hincapié en que la experiencia de la enfermedad «hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad» y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro: «Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios».

“La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta búsqueda trabajosa”

 

 

La enfermedad siempre tiene un rostro

Asimismo, en su mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2021 marcada por la pandemia, el Santo Padre recuerda que la enfermedad siempre tiene un rostro, incluso más de uno: «Tiene el rostro de cada enfermo y enferma, también de quienes se sienten ignorados, excluidos, víctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 22)».

 

Francisco expresa que, por un lado, la pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas: «Los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa».

 

 

La pandemia desata crisis y también generosidad

Y por otro, esta crisis sanitaria «ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares»: «Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haciéndose cargo de las heridas de los pacientes, que sentían prójimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana», escribe el Papa.

 

 

El bálsamo de la cercanía

Y en este punto, el Pontífice destaca que la cercanía humana, «es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad».

“Como cristianos, vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, débiles y que sufren (cf. Jn 13,34-35)”

En este contexto, Francisco recuerda la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al prójimo: «Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo».

En este compromiso -continúa el Papa- cada uno es capaz de «dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles y buscar la promoción del hermano».

 

 

La importancia de la buena terapia y la relación de confianza

Otro de los aspectos que profundiza el Santo Padre en su mensaje es la importancia de que haya una buena terapia para el paciente enfermo. El Papa afirma que es decisivo el aspecto relacional, «mediante el que se puede adoptar un enfoque holístico hacia la persona enferma».

“Dar valor a este aspecto también ayuda a los médicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompañarles en un camino de curación, gracias a una relación interpersonal de confianza. Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con las familias de los pacientes”

Francisco finaliza su mensaje enfatizando que el mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos: «Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado», exhorta Francisco y concluye encomendando a «María, Madre de misericordia y Salud de los enfermos», a todas las «personas enfermas, los agentes sanitarios y quienes se prodigan al lado de los que sufren».

 

fuente: vaticannews.va

Hoy la Iglesia celebra el Bautismo del Señor Jesús

“Cuando se lava el Salvador, se purifica toda el agua necesaria para nuestro bautismo y queda limpia la fuente, para que pueda luego administrarse a los pueblos que habían de venir a la gracia de aquel baño”, dijo San Máximo de Turín en el Siglo V al referirse al Bautismo del Señor que la Iglesia celebra hoy.

 

La festividad del Bautismo del Señor, fiesta que se celebra el domingo siguiente a la Epifanía y con la que se cierra el Tiempo de Navidad, comenzando el Tiempo Ordinario, en que meditamos a Cristo, Salvador del mundo.

El bautismo en el Jordán fue para Jesús dejar la vida silenciosa de Nazaret y el comienzo de su misión mesiánica. Isaías habla del elegido que promoverá el derecho y la justicia, curará y librará. El «elegido» fue investido como Mesías en las aguas del Jordán donde se escuchó la palabra del Padre.

En muy poco tiempo la liturgia nos hace pasar de la cuna a la madurez.

 

 

Cristo estuvo preparándose para su misión durante 30 años, una misión que consistió en hacer cercano al hombre el Reino de Dios.

A lo largo de esos años Jesús fue descubriendo su identidad. Para descubrirlo, Jesús siente una llamada especial, es lo que hoy recordamos en la fiesta de su Bautismo.

La fiesta del Bautismo del Señor nos lleva al inicio de las cosas, a la génesis misma del mundo. Así como en el principio el Espíritu se cernía sobre la superficie de las aguas, en la escena que hoy contemplamos, el que va a ser Redentor de la humanidad brota de las aguas esenciales y es señalado por el Espíritu eterno como Salvador.

Jesús está a punto de iniciar su misión y busca a Juan Bautista, que predicaba junto al Jordán. El evangelio asegura que Juan se veía como un siervo del Mesías, anunciador de su llegada. Él decía no ser digno de desatarle las sandalias.

 

Jesús, pues, se acerca a Juan. Quiere ser bautizado.

Es claro que no viene por un bautismo de regeneración, sino que quiere inaugurar su tarea.

El Padre de los cielos convierte la escena en una escuela personal para Jesús. Él nació de las entrañas de María. Ahora, al salir del agua, oye al Padre Dios decirle: “Tú eres mi Hijo muy querido”. Igual que su Madre le presentó a los pastores y a los magos del Oriente para que le adoraran, el Padre quiere empezar a presentarle ante el mundo, señalándolo como su “predilecto”. Por fin, igual que la estrella le distinguió entre la multitud, Jesús ve cómo el Espíritu Santo le reconoce entre la muchedumbre y, así como la paloma va derecho al lugar de su origen, viene a él para habitar en él. El Espíritu sabe que Jesús es su hogar perpetuo.

 

El Bautismo del Señor, además, inaugura el anuncio del Reino del Padre y constata que Jesús inicia la nueva creación.

El Señor aparece ante nuestros ojos, finalmente, como nuevo Moisés que, rescatado de las aguas, inició el proceso que culminaría con la ruptura de las cadenas de esclavitud que ataban de pies y manos a sus hermanos.

Finalmente, nosotros confesamos que Dios nos hizo sus hijos en la fuente bautismal. Esta es nuestra fe: Cristo, que asumió nuestra carne y sangre, santifica las aguas comunicándoles fuerza redentora que se nos transmite en el bautismo. La acción salvífica de Dios actúa en su Hijo predilecto, Jesús, que sintetiza todo: el Espíritu, el agua y la sangre. Jesús como Dios que es, habiendo iniciado las cosas en las aguas primordiales, las restaura en las aguas bautismales.

Pregunta: ¿Jesús, siendo Dios, necesita recibir el Espíritu Santo?, ¿acaso no lo tuvo desde la eternidad?

Respuesta: Jesús no necesita recibir el Espíritu ya que El es uno con el Padre y el Espíritu Santo desde la eternidad. En el bautismo se manifestó el Espíritu para beneficio nuestro, en una epifanía (manifestación) de la Trinidad.

 

La Iglesia celebra como Epifanía tres momentos.

  • Ante los Reyes magos (San Mateo 2, 1-12)
  • Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán (San Mateo 3, 13-17)
  • Su Epifanía a los discípulos y comienzo de su vida pública con el milagro en Caná. (San Juan 2, 1-11)

 

VEAMOS LO QUE DICEN LOS PADRES DE LA IGLESIA:

San Cirilo de Alejandría, siglo V:

«El Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad. Puede, por tanto, entenderse –si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura– que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes.»

 

San Máximo de Turín, siglo V:

«¿Por qué quiso bautizarse, si es santo?» Escucha. Cristo se hace bautizar, no para santificarse con el agua, sino para santificar el agua y para purificar aquella corriente con su propia purificación y mediante el contacto de su cuerpo. Pues la consagración de Cristo es la consagración completa del agua.
Y así, cuando se lava el Salvador, se purifica toda el agua necesaria para nuestro bautismo, y queda limpia la fuente, para que pueda luego administrarse a los pueblos que habían de venir a la gracia de aquel baño. Cristo, pues, se adelanta mediante su bautismo, a fin de que los pueblos cristianos vengan luego tras él con confianza.

 

Así es como entiendo yo el misterio:

Cristo precede, de la misma manera que la columna de fuego iba delante a través del mar Rojo, para que los hijos de Israel siguieran intrépidamente su camino; y fue la primera en atravesar las aguas, para preparar la senda a los que seguían tras ella. Hecho que, como dice el Apóstol, fue un símbolo del bautismo. Y en un cierto modo aquello fue verdaderamente un bautismo, cuando la nube cubría a los israelitas y las olas les dejaban paso.

Pero todo esto lo llevó a cabo el mismo Cristo Señor que ahora actúa, quien, como entonces precedió a través del mar a los hijos de Israel en figura de columna de fuego, así ahora, mediante el bautismo, va delante de los pueblos cristianos con la columna de su cuerpo. Efectivamente, la misma columna, que entonces ofreció su resplandor a los ojos de los que la seguían, es ahora la que enciende su luz en los corazones de los creyentes: entonces, hizo posible una senda para ellos en medio de las olas del mar; ahora, corrobora sus pasos en el baño de la fe. Ver este texto

 

San Hipólito, siglo III:

Jesús fue a donde Juan y recibió de él el bautismo. Cosa realmente admirable. La corriente inextinguible que alegra la ciudad de Dios es lavada con un poco de agua. La fuente inalcanzable, que hace germinar la vida para todos los hombres y que nunca se agota, se sumerge en unas aguas pequeñas y temporales. Ver este texto

San Gregorio Nacianceno, siglo IV, lectura del día:
Ojalá que estéis ya purificados, y os purifiquéis de nuevo. Nada hay que agrade tanto a Dios como el arrepentimiento y la salvación del hombre, en cuyo beneficio se han pronunciado todas las palabras y revelado todos los misterios; para que, como astros en el firmamento, os convirtáis en una fuerza vivificadora para el resto de los hombres; y los esplendores de aquella luz que brilla en el cielo os hagan resplandecer, como lumbreras perfectas, junto a su inmensa luz, iluminados con más pureza y claridad por la Trinidad, cuyo único rayo, brotado de la única Deidad, habéis recibido inicialmente en Cristo Jesús, Señor nuestro, a quien le sean dados la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Ver este texto

 

LA MISIÓN DE JUAN EL BAUTISTA.

La misión de Juan es dar testimonio de la luz que ha de abrirse paso en las tinieblas (Cf. Jo.1, 6-8). Para ello, invita a la conversión y a la oración mediante el rito llamado bautismo de Juan. Una invitación a abrir las puertas del corazón y acoger la luz de Cristo.

 

fuente: www.oblatos.com

Ángelus, Epifanía del Señor: «Como los magos, dejemos que la luz de Cristo nos guíe»

A la hora del rezo del Ángelus en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Francisco recordó que también nosotros, como los Magos de Oriente que llegaron a Belén para adorar al Hijo de Dios, «estamos llamados a dejarnos siempre fascinar, atraer, guiar, iluminar y convertir por Cristo». «Es el camino de la fe, a través de la oración y la contemplación de las obras de Dios, que continuamente nos llenan de alegría y de asombro siempre nuevo», explicó el Pontífice.

 

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

El miércoles 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor, es decir, «la manifestación del Hijo de Dios a todas las gentes»; el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, sin presencia de fieles a causa de la pandemia.

En su alocución, el Santo Padre señaló que la salvación realizada por Cristo no conoce confines: «La Epifanía no es un misterio más, es siempre el mismo acontecimiento de la Natividad, pero visto en su dimensión de luz: luz que ilumina a cada hombre, luz que hay que acoger en la fe y luz que hay que llevar a los demás en la caridad, en el testimonio, en el anuncio del Evangelio».

En este contexto, el Pontífice subrayó que la visión de Isaías, que presenta la liturgia de hoy (cf. 60,1-6), resuena en nuestro tiempo más actual que nunca: «La oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos» (v. 2).

 

Jesús es la luz para todos los pueblos

En este horizonte -dijo el Papa- el profeta anuncia la luz: la luz dada por Dios a Jerusalén y destinada a iluminar el camino de todos los pueblos: «Esta luz tiene la fuerza de atraer a todos, cercanos y lejanos, todos se ponen en camino para alcanzarla (cf. v. 3). Es una visión que abre el corazón, infunde aliento, invita a la esperanza».

El evangelista Mateo, por su parte, al relatar el episodio de los Magos (cf. 2, 1-12), «muestra que esta luz es el Niño de Belén, es Jesús, aunque no todos acepten su realeza», enfatizó el Santo Padre: «Él es la estrella que apareció en el horizonte, el Mesías esperado, Aquel a través del cual Dios realiza su reino de amor, justicia y paz. Nació no solo para algunos, sino para todos los hombres, para todos los pueblos».

 

Una luz que se difunde con el anuncio del Evangelio

Al respecto, Francisco planteó dos cuestiones: «¿Cómo tiene lugar esta “irradiación”? ¿Cómo se difunde la luz de Cristo en todo lugar y en todo momento?».

Sin duda, no a través de los poderosos medios de los imperios de este mundo, que siempre están buscando dominarlo -aseguró el Santo Padre- sino a través del anuncio del Evangelio y con el mismo «método» elegido por Dios para venir entre nosotros: «la encarnación, es decir, hacerse prójimo del otro, encontrarlo, asumir su realidad».

 

Testigos de infinita bondad

«Sólo así la luz de Dios, que es Amor, puede brillar en quienes lo acogen y atraer a los demás», argumentó el Papa haciendo hincapié en que la estrella es Cristo, «pero también nosotros podemos y debemos ser la estrella, para nuestros hermanos y hermanas, como testigos de los tesoros de infinita bondad y misericordia que el Redentor ofrece gratuitamente a todos».

Por tanto, Francisco destacó que la condición es «acoger esta luz en uno mismo, acogerla cada vez más».

 

Dejar que Cristo nos convierta

«También nosotros, como los Magos, estamos llamados a dejarnos siempre fascinar, atraer, guiar, iluminar y convertir por Cristo: es el camino de la fe, a través de la oración y la contemplación de las obras de Dios, que continuamente nos llenan de alegría y de asombro siempre nuevo», añadió.

El Papa concluyó invitando a los fieles a pedir la protección de María sobre la Iglesia universal, «para que ella difunda en todo el mundo el Evangelio de Cristo, Lumen gentium, luz de todos los pueblos».

fuente: vaticannews.va

Ángelus del Papa: «Dios desea comunicarse con nosotros, contémosle todo»

A la hora del rezo del Ángelus el Papa reflexionó acerca de las palabras del evangelista San Juan sobre la encarnación de Dios…»El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». El Pontífice explicó que con este gesto, Dios desea comunicarse con la humanidad, establecer con nosotros una gran intimidad: «Quiere que compartamos con Él alegrías y penas, deseos y temores, esperanzas y tristezas, personas y situaciones. Hagámoslo, abrámosle nuestro corazón, contémosle todo», exhortó Francisco.
Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano
El tres de enero del nuevo año 2021 y II domingo después de Navidad, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, sin presencia de fieles a causa de la pandemia.

El Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio del día según San Juan (1,1-18) que no narra un episodio de la vida de Jesús, sino que nos habla de Él antes de que naciera:

 

Desde el principio Dios quiere comunicar con nosotros

«Nos retrotrae para revelar algo sobre Jesús antes de que viniera entre nosotros», dijo el Papa recordando que el Evangelio hodierno dice que Aquel que hemos contemplado en su Natividad, Jesús, existía antes: «Antes del comienzo de las cosas, antes del universo. Él está antes del espacio y el tiempo. «En Él estaba la vida» (Jn 1:4) antes de que apareciera la vida».

Al respecto, el Pontífice puntualizó que San Juan lo llama Verbo, es decir, Palabra. Pero… ¿Qué quiere decirnos?

«La Palabra sirve para comunicar: no se habla solo, se habla con alguien. Así pues, el hecho de que Jesús sea desde el principio la Palabra significa que desde el principio Dios se quiere comunicar con nosotros, quiere hablarnos», afirmó el Papa subrayando que el Hijo unigénito del Padre «quiere decirnos la belleza de ser hijos de Dios»; es «la luz verdadera» y quiere alejarnos de las tinieblas del mal; es «la vida que conoce nuestras vidas y quiere decirnos que las ama desde siempre».

 

«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros»

Asimismo, Francisco señaló que este es el mensaje maravilloso de hoy: «Jesús es la Palabra eterna de Dios, que desde siempre piensa en nosotros y desea comunicar con nosotros» y para hacerlo «fue más allá de las palabras» ya que «se hizo carne y habitó entre nosotros» (v. 14).

La expresión «se hizo carne» hace referencia al hecho de que «Dios se hizo fragilidad para tocar de cerca nuestras fragilidades» -continuó explicando el Papa- por lo tanto, desde el momento en que el Señor se hizo carne, nada en nuestra vida le es ajeno: «Fue una decisión audaz la de Dios, la de hacerse carne», argumentó Francisco profundizando sobre el deseo de nuestro Creador de unirse eternamente con la humanidad:

“No hay nada que Él desdeñe; podemos compartir todo con Él porque Dios se hizo carne para decirte que te ama precisamente allí, en tus fragilidades; precisamente allí donde más te avergüenzas. Se hizo carne y no se volvió atrás. No asumió nuestra humanidad como un vestido, que se pone y se quita. No, nunca se separó de nuestra carne. Y jamás se separará de ella: ahora y por siempre está en el cielo con su cuerpo de carne humana. Se unió para siempre a nuestra humanidad”

 

«Abrir el corazón a Dios: contémosle todo»

Igualmente, San Juan dice en el Evangelio que Jesús vino a habitar entre nosotros: «No vino de visita, vino a vivir con nosotros, a estar con nosotros», aseveró el Obispo de Roma, haciendo hincapié en que, lo qué el Hijo de Dios desea de nosotros, es una gran intimidad: «Quiere que compartamos con Él alegrías y penas, deseos y temores, esperanzas y tristezas, personas y situaciones».

«Hagámoslo, abrámosle nuestro corazón, contémosle todo», concluyó Francisco, compartiendo una intención de oración especial:

“Detengámonos en silencio ante el belén para saborear la ternura de Dios que se hizo cercano, que se hizo carne. Y sin miedo, invitémosle a nuestra casa, a nuestra familia, a nuestras fragilidades. Vendrá y la vida cambiará. La Santa Madre de Dios, en quien el Verbo se hizo carne, nos ayude a acoger a Jesús, que llama a la puerta del corazón para vivir con nosotros”

 

fuente: vaticannews.va

Francisco desea un buen 2021 «trabajando por el bien común»

Tras rezar la oración mariana del Ángelus, este domingo 3 de enero, el Papa deseó a todos los fieles un buen año 2021 «trabajando por el bien común». El Pontífice también puso en guardia sobre la tentación de «cuidar solo de los propios intereses, de seguir haciendo la guerra – por ejemplo – de concentrarse solo en el perfil económico o vivir de un modo hedonista, es decir, buscando únicamente satisfacer el propio placer».

 

Ciudad del Vaticano

Tras rezar a la Madre de Dios, el 3 de enero, II Domingo de Natividad, el Papa Francisco renovó sus mejores deseos para el año que acaba de empezar y alentó a los fieles a alejarse, como cristianos, de una mentalidad fatalista o mágica:

“Sabemos que las cosas mejorarán en la medida en que, con la ayuda de Dios, trabajemos juntos por el bien común, poniendo en el centro a los más débiles y desfavorecidos. No sabemos lo que traerá el 2021, pero lo que cada uno de nosotros y todos juntos, podemos hacer es comprometernos un poco más en el cuidado de los demás y de la Creación, nuestra casa común”

Así mismo, el Pontífice puso en guardia sobre la tentación de «cuidar solo de los propios intereses, de seguir haciendo la guerra – por ejemplo – de concentrarse solo en el perfil económico, o vivir de un modo hedonista, es decir, buscando solo satisfacer el propio placer».

Además, el Santo Padre compartió la tristeza que sintió al leer la noticia de que en un determinado país (no precisó el nombre), para escapar del confinamiento y tener unas buenas vacaciones, más de 40 aviones salieron esa misma tarde.

«Pero esas personas, que son buenas personas, ¿no pensaron en los que se quedaron en casa, en los problemas económicos de tanta gente que el confinamiento ha acentuado, o en los enfermos? Solamente, pensaron en las vacaciones y en hacer sus propias cosas. Eso me apenó mucho», dijo Francisco.

Finalmente, el Pontífice dirigió un saludo especial a los que empiezan el Año Nuevo con mayor dificultad: los enfermos, los desempleados, los que viven en situaciones de opresión o explotación.

«Con afecto, deseo saludar a todas las familias, especialmente a aquellas en las que hay niños pequeños o que están esperando un nacimiento. Un nacimiento es siempre una promesa de esperanza: estoy cerca de estas familias. Que el Señor los bendiga», añadió.

Antes de despedirse, Francisco deseó a todos un buen domingo, «pensando siempre en Jesús que se hizo carne precisamente para habitar con nosotros en las cosas buenas y malas, siempre», y pidió como es habitual, que no se olviden de rezar por él. «Buen almuerzo y hasta pronto», concluyó.

 

fuente: vaticannews.va

Mensaje del Papa en la Jornada por la Paz: no perder de vista a los más débiles

Con motivo de la 54ª Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2021, el Papa Francisco redactó un mensaje que se dio a conocer el jueves 17 de diciembre con el tema «La cultura del cuidado como camino de paz». Se trata de poner en práctica una cultura del cuidado para «eliminar la cultura del descarte, de la indiferencia, el rechazo y la confrontación, que suele predominar actualmente», sin perder de vista a los más débiles, explica el Sumo Pontífice.

 

Ciudad del Vaticano

«La cultura del cuidado como camino de paz necesario para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que suele prevalecer hoy en día», es el deseo que expresa el Papa Francisco en su mensaje con motivo de la 54ª Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2021, y que el Pontífice dio a conocer el jueves 17 de diciembre.

 

La cultura del cuidado como camino de paz

En las ocho páginas del texto, titulado «La cultura del cuidado como camino hacia la paz», que lleva la fecha, según la tradición, del 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, el Papa «se dirige a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los jefes de las Organizaciones Internacionales, a los líderes espirituales y a los fieles de las diversas religiones, hombres y mujeres de buena voluntad».

A ellos les recuerda lo que escribió en su última encíclica, Fratelli tutti: «En muchas partes del mundo se necesitan caminos de paz que lleven a la curación de las heridas, se necesitan artesanos de la paz dispuestos a iniciar procesos de curación y de encuentro renovado con ingenio y audacia».

Asimismo, el Papa dedica en su mensaje un pensamiento especial a los que en esta pandemia «han perdido un familiar o un ser querido, pero también en los que han perdido su trabajo» y recuerda en particular a los médicos, enfermeros, farmacéuticos, investigadores, voluntarios, capellanes y personal de los hospitales y centros de salud, «que han trabajado duro y siguen haciéndolo, con gran esfuerzo y sacrificio, hasta el punto de que algunos de ellos han muerto en el intento de estar cerca de los enfermos, de aliviar su sufrimiento o de salvar sus vidas».

 

El cuidado como promoción de la dignidad humana

Además Francisco propone cuatro principios básicos de la doctrina social de la Iglesia como fundamento de la cultura del cuidado, que analiza uno a uno: La promoción de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguardia de la creación. Todos están conectados entre sí y conforman la base de la construcción de un camino hacia la tan anhelada paz mundial y fraternidad de los pueblos.

 

Una comunidad de hermanos que se cuidan unos a otros

Finalmente el Santo Padre propone a los cristianos mirar a la Virgen María, «Estrella del Mar y Madre de la Esperanza», y trabajar juntos «para avanzar hacia un nuevo horizonte de amor y paz, de fraternidad y solidaridad, de apoyo mutuo y acogida recíproca».

«No cedamos a la tentación de desatender a los demás, especialmente a los más débiles, no nos acostumbremos a mirar hacia otro lado, sino comprometámonos cada día concretamente a formar una comunidad compuesta por hermanos que se acojan, se cuiden unos a otros», concluye Francisco.

 

fuente: vaticannews.va