Historia de la devoción a María Auxiliadora en la Iglesia Antigua.

Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas costumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra «Boetéia», que significa «La que trae auxilios venidos del cielo».

Ya San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama «Auxilio potentísimo» de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: «La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto».

San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen «Auxiliadora de los que sufren» y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquella imagen de la «Auxiliadora de los enfermos» se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo.

El gran poeta griego Romano Melone, año 518, llama a María «Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles» e insiste en que recemos para que Ella sea también «Auxiliadora de los que gobiernan» y así cumplamos lo que dijo Cristo: «Dad al gobernante lo que es del gobernante» y lo que dijo Jeremías:

«Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien».

En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1º de octubre, desde antes del año mil (En Europa y América se celebre el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560: «María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo». San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: «María Auxiliadora rogad por nosotros». Y repite: «La «Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte». San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: «Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda».

En el año 1572, el Papa San Pió quinto ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanias la advocación » María Auxiliadora, rogad, por nosotros», porque en ese año Nuestra Señora libró prodigiosamente en la batalla de lepanto a toda la cristiandad que venía a ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88.000 soldados.

En el año 1600 los católicos del sur de Alemania hicieron una promesa a la Virgen de honrarla con el título de auxiliadora si los libraba de la invasión de los protestantes y hacía que se terminara la terrible guerra de los 30 años. La Madre de Dios les concedió ambos favores y pronto había ya más de 70 capillas con el título de María Auxiliadora de los cristianos.

En 1683 los católicos al obtener inmensa victoria en Viena contra los enemigos de la religión, fundaron la asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 paises.

El Papa y Napoleón.

El siglo pasado sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas.

El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: «Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica». Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: «Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados», vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la madre de Dios.

San Juan Bosco y María Auxiliadora.

Pero sin duda fue San Juan Bosco, el santo de María Auxiliadora, con el que esta advocación mariana encontró el mejor paladín y trampolín para el desarrollo y popularidad,

«No he sido yo, ha sido la Virgen Auxiliadora quien te ha salvado»… «Cada ladrillo de esta iglesia – se refería a la gran Basílica que en su obsequio empezó el 1863 – es una gracia de la Virgen María»…

Pero será exactamente en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. «La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana».

Ella lo ha hecho todo

Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como «central y sintetizador». La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes salesianos, y su experiencia eclesial le hacer percibir a María como «Auxiliadora del Pueblo de Dios».

En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia en Turín. Todo su capital era de cuarenta céntimos, y esa fue la primera paga que hizo al constructor. Cinco años más tarde, el 9 de junio de 1868, tuvo lugar la consagración del templo. Lo que sorprendió a Don Bosco primero y luego al mundo entero fue que María Auxiliadora se había construido su propia casa, para irradiar desde allí su patrocinio. Don Bosco llegará a decir: «No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia».

Hoy, salesianos y salesianas, fieles al espíritu de sus fundadores y a través de las diversas obras que llevan entre manos siguen proponiendo como ejemplo, amparo y estímulo en la evangelización de los pueblos el auxilio que viene de Santa María.

La fecha de la conmemoración

¿Cuándo debería ser la conmemoración de la invocación de Nuestra Señora Auxiliadora de los Cristianos? Como vimos, la invocación «Auxilio de los Cristianos», surgió en el año 1571, por ocasión de la Batalla de Lepanto. El día de la fiesta de María Auxiliadora solo fue definida mucho más tarde, en el año 1816, por el Papa Pío VII para perpetuar el recuerdo de otro hecho que certifica la intercesión de la Santa Madre de Dios.

El Papa había negado la anulación del casamiento del hermano de Napoleón I, Emperador de Francia. Esto sirvió de pretexto para que el Emperador invadiese los Estados Pontificios y ocupase Roma. Napoleón fue excomulgado por el Papa. Para vengarse, él secuestró y llevó preso a Francia al Vicario de Cristo que, en el cautiverio, pasó por humillaciones y vergüenzas de todo orden, por cinco años.

Todavía en la prisión, movido por ardiente fe, el Papa recurrió a la intercesión de María Santísima, prometiendo coronar solemnemente la imagen de Nuestra Señora de Savona luego que fuese liberado.

Fue entonces que Nuestra Señora actuó: el clamor del mundo católico forzó a Napoleón a ceder. El Papa fue liberado inmediatamente y él fue a cumplir la promesa hecha.

En el día 24 de mayo de 1814, Pío VII entró solemnemente a Roma. Recuperó su poder, los bienes eclesiásticos fueron restituidos y Napoleón fue obligado a firmar la abdicación en el mismo palacio donde había aprisionado al Santo Padre. En agradecimiento a la Santa Madre de Dios, el Papa Pío VII creó la fiesta de Nuestra Señora Auxiliadora, fijándola en el día de su entrada triunfal a Roma.

FUENTES:
http://caballerosdelavirgen.org/articulos/maria-auxiliadora/
http://es.arautos.org/view/show/46994-nuestra-se-ora-auxiliadora

Solemnidad de Corpus Christi

Explicación de la fiesta

Corpus Christi es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.

Este día recordamos la institución de la Eucaristía que se llevó a cabo el Jueves Santo durante la Última Cena, al convertir Jesús el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.

Es una fiesta muy importante porque la Eucaristía es el regalo más grande que Dios nos ha hecho, movido por su querer quedarse con nosotros después de la Ascensión.

Origen de la fiesta:

Dios utilizó a santa Juliana de Mont Cornillon para propiciar esta fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

Ella le hizo conocer sus ideas a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV. El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez por los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

Urbano IV, siempre siendo admirador de esta fiesta, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por Protestantes.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurección de Nuestro Señor Jesucristo.

Diversas maneras de celebrar esta fiesta

Participar en la procesión con el Santísimo

La procesión con el Santísimo consiste en hacer un homenaje agradecido, público y multitudinario de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Se acostumbra sacar en procesión al Santísimo Sacramento por las calles y las plazas o dentro de la parroquia o Iglesia, para afirmar el misterio del Dios con nosotros en la Eucaristía.
Esta costumbre ayuda a que los valores fundamentales de la fe católica se acentúen con la presencia real y personal de Cristo en la Eucaristía.

La Hora Santa

Es una manera práctica y muy bella de adorar a Jesús Sacramentado. El Papa Juan Pablo II la celebra, al igual que la mayoría de las Parroquias de todo el mundo, los jueves al anochecer, para demostrar a Cristo Eucaristía amor y agradecimiento y reparar las actitudes de indiferencia y las faltas de respeto que recibe de uno mismo y de los demás hombres.

Consiste en realizar una pequeña reflexión evangélica, en presencia de Jesús Sacramentado y, al final, se rezan unas letanías especiales para demostrarle a Jesús nuestro amor.

Se puede celebrar de manera formal con el Santísimo Sacramento solemnemente expuesto en la custodia, con incienso y con cantos, o de manera informal con la Hostia dentro del Sagrario. Cualquiera de las dos maneras agrada a Jesús.
Se inicia con la exposición del Santísimo Sacramento o, en su defecto, con una oración inicial a Jesucristo estando todos arrodillados frente al Sagrario.

A continuación, se procede a la lectura de un pasaje del Evangelio y al comentario del mismo por parte de alguno de los participantes.
Luego, se reflexiona adorando a Jesús, Rey del Universo, en la Eucaristía.

Se termina con las invocaciones y las letanías correspondientes y, en el caso de que la Hora Eucarística se haya hecho delante del Santísimo solemnemente expuesto, el sacerdote da la bendición con el Santísimo; en caso contrario, se finaliza la Hora Santa con una plegaria conocida de agradecimiento.

Recordar en familia lo que es la Eucaristía

¿Qué es la Eucaristía?

La Eucaristía es uno de los siete Sacramentos. Nos recuerda el momento en el que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Éste es el alimento del alma. Así como nuestro cuerpo necesita comer para vivir, nuestra alma necesita comulgar para estar sana. Cristo dijo: «El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.»

¿En qué nos ayuda la Eucaristía?

Todos queremos ser buenos, ser santos y nos damos cuenta de que el camino de la santidad no es fácil, que no bastan nuestras fuerzas humanas para lograrlo. Necesitamos fuerza divina, de Jesús. Esto sólo será posible con la Eucaristía. Al comulgar, nos podemos sentir otros, ya que Cristo va a vivir en nosotros. Podremos decir, con San Pablo: «Vivo yo, pero ya no soy yo, sino Cristo quien vive en mí.»

¿En qué parte de la Misa se realiza la Eucaristía?

Después de rezar el Credo, se llevan a cabo: el ofertorio, la consagración y la comunión.
Ofertorio: Es el momento en que el sacerdote ofrece a Dios el pan y el vino que serán convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Nosotros podemos ofrecer, con mucho amor, toda nuestra vida a Dios en esta parte de la Misa.
Consagración: Es el momento de la Misa en que Dios, a través del sacerdote, convierte el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. En este momento nos arrodillamos como señal de amor y adoración a Jesús, Dios hecho hombre, que se hace presente en la Eucaristía.
Comunión: Es recibir a Cristo Eucaristía en nuestra alma, lo que produce ciertos efectos en nosotros:

Nos une a Cristo y a su Iglesia,
une a los cristianos entre sí,
alimenta nuestra alma,
aumenta en nosotros la vida de gracia y la amistad con Dios,
perdona los pecados veniales,
nos fortalece para resistir la tentación y no cometer pecado mortal.

¿Qué condiciones pone la Iglesia para poder comulgar?

La Iglesia nos pide dos condiciones para recibir la comunión:

Estar en gracia, con nuestra alma limpia todo pecado mortal.
Cumplir el ayuno eucarístico: no comer nada una hora antes de comulgar.

¿Cada cuánto puedo recibir la Comunión Sacramental?

La Iglesia recomienda recibir la Comunión siempre que vayamos a Misa. Es obligación recibir la Comunión, al menos, una vez al año en el tiempo de Pascua, que son los 50 días comprendidos entre el Domingo de Resurrección y el Domingo de Pentecostés.

¿Qué hacer después de comulgar?

Se recomienda aprovechar la oportunidad para platicarle a Dios, nuestro Señor, todo lo que queramos: lo que nos alegra, lo que nos preocupa; darle gracias por todo lo bueno que nos ha dado; decirle lo mucho que lo amamos y que queremos cumplir con su voluntad; pedirle que nos ayude a nosotros y a todos los hombres; ofrecerle cada acto que hagamos en nuestra vida.

¿Qué hacer cuando no se puede ir a comulgar?

Se puede llevar a cabo una comunión espiritual. Esto es recibir a Jesús en tu alma, rezando la siguiente oración:

«Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Quédate conmigo y no permitas que me separe de ti.
Amén»

Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net

¿Qué es Pentecostés?

Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.

En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).

(Vocabulario Bíblico de la Biblia de América)
Comisión Nacional de Pastoral Bíblica

PENTECOSTÉS, algo más que la venida del espíritu…

La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.

Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual. Vale decir como una fiesta de plenitud y no de inicio. Por lo tanto no podemos desvincularla de la Madre de todas las fiestas que es la Pascua.

En este sentido, Pentecostés, no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo. Aunque lamentablemente, hoy en día, son muchísimos los fieles que aún tienen esta visión parcial, lo que lleva a empobrecer su contenido.

Hay que insistir que, la fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.

Es bueno tener presente, entonces, que todo el tiempo de Pascua es, también, tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.

Culminar con una vigilia:

Entre las muchas actividades que se preparan para esta fiesta, se encuentran, las ya tradicionales, Vigilias de Pentecostés que, bien pensadas y lo suficientemente preparadas, pueden ser experiencias profundas y significativas para quienes participan en ellas.

Una vigilia, que significa “Noche en vela” porque se desarrolla de noche, es un acto litúrgico, una importante celebración de un grupo o una comunidad que vigila y reflexiona en oración mientras la población duerme. Se trata de estar despiertos durante la noche a la espera de la luz del día de una fiesta importante, en este caso Pentecostés. En ella se comparten, a la luz de la Palabra de Dios, experiencias, testimonios y vivencias. Todo en un ambiente de acogida y respeto.

Es importante tener presente que la lectura de la Sagrada Escritura, las oraciones, los cantos, los gestos, los símbolos, la luz, las imágenes, los colores, la celebración de la Eucaristía y la participación de la asamblea son elementos claves de una Vigilia.

En el caso de Pentecostés centramos la atención en el Espíritu Santo prometido por Jesús en reiteradas ocasiones y, ésta vigilia, puede llegar a ser muy atrayente, especialmente para los jóvenes, precisamente por el clima de oración, de alegría y fiesta.

Algo que nunca debiera estar ausente en una Vigilia de Pentecostés son los dones y los frutos del Espíritu Santo. A través de diversas formas y distintos recursos (lenguas de fuego, palomas, carteles, voces grabadas, tarjetas, pegatinas, etc.) debemos destacarlos y hacer que la gente los tenga presente, los asimile y los haga vida.

No sacamos nada con mencionarlos sólo para esta fiesta, o escribirlos en hermosas tarjetas, o en lenguas de fuego hechas en cartulinas fosforescentes, si no reconocemos que nuestro actuar diario está bajo la acción del Espíritu y de los frutos que vayamos produciendo.

Invoquemos, una vez más, al Espíritu Santo para que nos regale sus luces y su fuerza y, sobre todo, nos haga fieles testigos de Jesucristo, nuestro Señor.

Mensaje Pascual del Papa Francisco y bendición Urbi et Orbi 2017

En su Mensaje Pascual, pronunciado en la plaza de San Pedro del Vaticano tras la Misa de Pascua de Resurrección y del rezo del Regina Coeli, el Papa Francisco pidió por la paz en diferentes países de Oriente Medio y África azotados por sangrientos conflictos.

El Santo Padre, en concreto, pidió “al Señor Resucitado” que “sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen”.

Asimismo, pidió “que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor”.

En el Mensaje Pascual, el Pontífice también se acordó de América Latina:

“Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia”.

Francisco también rezó por Europa, para “que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes”.

En especial, tuvo palabras para la población ucraniana: “Que el Buen Pastor ayude a Ucrania, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias”.

Tras pronunciar el mensaje, el Papa Francisco impartió la Bendición Urbi et Orbi (a la ciudad de Roma y al mundo).

A continuación, el texto completo del Mensaje Pascual del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas,

Feliz Pascua.

Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado. Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).

La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.

Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: ‘Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya’ (Misal Romano, IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión).

En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión –las heridas de su amor misericordioso– nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal.

El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios.

Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa.

El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.

Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.

Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. El vil ataque de ayer a los prófugos que huían ha provocado numerosos muertos y heridos. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen.

Que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor.

Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho.

Que el Buen Pastor ayude a Ucrania, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias.

Que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes.

Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días. Feliz Pascua.

Fuente:ACIPRENSA

El Cirio Pascual

Es el símbolo más destacado del Tiempo Pascual. La palabra «cirio» viene del latín «cereus», de cera. El producto de las abejas. El cirio más importante es el que se enciende en la vigilia Pascual como símbolo de cristo – Luz, y que se sitúa sobre una elegante columna o candelabro adornado.

El Cirio Pascual es ya desde los primeros siglos uno de los símbolos más expresivos de la Vigilia. En medio de la oscuridad (toda la celebración se hace de noche y empieza con las luces apagadas), de una hoguera previamente preparada se enciende el Cirio, que tiene una inscripción en forma de cruz, acompañada de la fecha del año y de las letras Alfa y Omega, la primera y la última del alfabeto griego, para indicar que la Pascua del Señor Jesús, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza con fuerza nueva en el año concreto que vivimos. Al Cirio Pascual se le incrusta en la cera cinco granos de incienso, simbolizando las cinco llagas santas u gloriosas del Señor en la Cruz.

En la procesión de entrada de la Vigilia se canta por tres veces la aclamación al Cristo: «Luz de cristo. Demos gracias a Dios», mientras progresivamente se van encendiendo los cirios de los presentes y las luces de la iglesia. Luego se coloca el cirio en la columna o candelabro que va a ser su soporte, y se proclama en torno a él, después de incensarlo, el solemne Pregón Pascual.

Además del simbolismo de la luz, el Cirio Pascual tiene también el de la ofrenda, como cera que se gesta en honor de Dios, esparciendo su Luz: «acepta, Padre Santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios… Te rogamos que este Cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la oscuridad de esta noche».

El Cirio Pascual estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del ambón de la Palabra, hasta la tarde del domingo de Pentecostés. Una vez concluido el tiempo Pascual, conviene que el Cirio se conserve dignamente en el bautisterio. El Cirio Pascual también se usa durante los bautizos y en las exequias, es decir al principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.

Fuente: ACIPRENSA.COM

¿Qué es la Pascua?

El tiempo pascual comprende cincuenta días (en griego = «pentecostés», vividos y celebrados como un solo día: «los cincuenta días que median entre el domingo de la Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo» (Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).

El tiempo pascual es el más fuerte de todo el año, que se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante siete semanas hasta Pentecostés. Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, que ha pasado el año, que se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante siete semanas, hasta Pentecostés. Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, que ha pasado de la muerte a la vida, a su existencia definitiva y gloriosa. Es la pascua también de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la Vida Nueva de su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer Pentecostés. El origen de esta cincuentena se remonta a los orígenes del Año litúrgico.

Los judíos tenían ya la «fiesta de las semanas» (ver Dt 16,9-10), fiesta inicialmente agrícola y luego conmemorativa de la Alianza en el Sinaí, a los cincuenta días de la Pascua. Los cristianos organizaron muy pronto siete semanas, pero para prolongar la alegría de la Resurrección y para celebrarla al final de los cincuenta días la fiesta de Pentecostés: el don del Espíritu Santo. Ya en el siglo II tenemos el testimonio de Tertuliano que habla de que en este espacio no se ayuna, sino que se vive una prolongada alegría.

La liturgia insiste mucho en el carácter unitario de estas siete semanas. La primera semana es la «octava de Pascua’, en la que ya por rradici6n los bautizados en la Vigilia Pascual, eran introducidos a una más profunda sintonía con el Misterio de Cristo que la liturgia celebra. La «octava de Pascua» termina con el domingo de la octava, llamado «in albis», porque ese día los recién bautizados deponían en otros tiempos los vestidos blancos recibidos el día de su Bautismo.

Dentro de la Cincuentena se celebra la Ascensi6n del Señor, ahora no necesariamente a los cuarenta días de la Pascua, sino el domingo séptimo de Pascua, porque la preocupaci6n no es tanto cronológica sino teol6gica, y la Ascensión pertenece sencillamente al misterio de la Pascua del Señor. Y concluye todo con la donaci6n del Espíritu en Pentecostés.

La unidad de la Cincuentena que da también subrayada por la presencia del Cirio Pascual encendido en todas las celebraciones, hasta el domingo de Pentecostés. Los varios domingos no se llaman, como antes, por ejemplo, «domingo III después de Pascua», sino «domingo III de Pascua». Las celebraciones litúrgicas de esa Cincuentena expresan y nos ayudan a vivir el misterio pascual comunicado a los discípulos del Señor Jesús.

Las lecturas de la Palabra de Dios de los ocho domingos de este Tiempo en la Santa Misa están organizados con esa inrenci6n. La primera lectura es siempre de los Hechos de los Ap6stoles, la historia de la primitiva Iglesia, que en medio de sus debilidades, vivió y difundió la Pascua del Señor Jesús. La segunda lectura cambia según los tres ciclos: la primera carta de San Pedro, la primera carta de San Juan y el libro del Apocalipsis.

Fuente: ACIPRENSA.COM

101 Maneras de vivir la Cuaresma

Para el católico, la cuaresma es tiempo especial de conversión y para hacer obras concretas con las personas que más lo necesitan, tanto en lo material como en lo espiritual. Te compartimos un testimonio y más de 100 maneras para vivir este cuaresma:

Mientras compartía la cena con mi familia, una de mis hijas me preguntó en qué proyecto estaba trabajando. Le contesté que estaba escribiendo un artículo sobre cómo obtener un mejor provecho de la Cuaresma.

Esto generó una conversación muy interesante. Mi esposa e hijas comenzaron a expresar algunas cosas que les han funcionado en su propia vida y otras que desearían intentar. Comencé a escribir lo más rápido que pude, deseoso de captar cada una de sus ideas en los papeles que tenía a la mano. Las ideas fluían continuamente. Mi esposa y yo nos alegramos de ver la tranquilidad y la creatividad con la que hablaron nuestras hijas respecto a la forma en que la Cuaresma puede nutrir nuestra vida espiritual. Muchas de las ideas que a continuación les presento, son ideas de mis propias hijas.

La Cuaresma es un tiempo litúrgico importante en nuestra vida como Iglesia. La tomamos muy en serio. Hacemos de ella un momento especial para acercarnos más a Dios. Es un tiempo especial para evitar las distracciones y concentrarnos aun más de tal manera que conozcamos mejor el proceder divino y nos convirtamos en personas más amorosas en medio de nuestro mundo, el trabajo y en nuestro propio hogar, no sólo durante estos cuarenta días sino toda nuestra vida. Además de esto, hay tres maneras tradicionales que nos ayudan a vivir la Cuaresma: oración, ayuno y obras de caridad.

Creo que la mayoría de las personas buscan obtener el máximo provecho de la Cuaresma, pero no saben exactamente cómo lograrlo. Así pues, les ofrezco estas 101 maneras para que las reflexionen en un ambiente de oración y cercanía con Dios. Léalas tranquilamente y vea cuáles llaman su atención, positiva o negativamente. Independientemente de cuál sea su reacción, es probable que en ellas encuentren una lección espiritual. Seleccionen unas cuantas ideas de las maneras tradicionales de vivir la Cuaresma e incorpórenlas en su vida diaria. Más de alguna está pensada para que dure sólo un día; otras, por el contrario, se espera que duren toda la estación e incluso, todo el año. No se sobrecargue (ver # 48). ¡Que tenga una buena Cuaresma!

Oración
San Pablo nos motiva a que “oremos sin cesar”. Toda nuestra vida puede ser una oración si elevamos nuestra mente y corazón a Dios en cada momento y acción de nuestra vida. Lo central de la Cuaresma es que oremos lo más frecuente y profundamente que podamos. He aquí algunas maneras en que podrá incorporar la oración a lo largo de su día. Por favor, elija las que le ayuden a alcanzar esa meta.

1. Repita una pequeña oración a lo largo del día. Puede ser: “Señor, ten misericordia de mí”, o “Jesús, ayúdame a conocerte y a hacer tu voluntad”. También puede usar sus propias palabras.
2. Haga una lista de las cosas por las cuales está agradecido(a). Escriba diariamente diez cosas por las que está agradecido(a): familia, talentos, amigos, éxitos, etcétera.
3. Ore por la gente que le hace pasar un mal rato. Hay días en los que estas personas sobreabundan.
4. Repita continuamente las palabras de San Ignacio de Loyola: “Toma Señor y recibe toda mi libertad”.
5. Utilice su imaginación al hacer oración. Imagínese usted mismo(a) como una de las personas que están frente a Jesús en una escena de los Evangelios. Imagine su respuesta y reacción al mensaje que ha escuchado de Jesús.
6. Haga una lectura pausada de alguno de los cuatro relatos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Por ejemplo, puede leer Lucas 22:39 a 24:12.
7. Convierta en oración alguna actividad amorosa que haga por los demás. Por ejemplo, cuando saca la basura de la casa, cambia el rollo de papel higiénico o le ayuda a su hijo a hacer la tarea. Hágalo de todo corazón y esa acción será una oración.
8. Haga oración mientras realiza una caminata.
9. Concédase tiempo para la meditación, para estar en calma por un momento, para vaciarse de las distracciones y para abrir su corazón a Dios.
10. Participe en uno de los servicios litúrgicos que su parroquia ha organizado.
11. Ore junto con su familia a la hora de los alimentos. Oren siempre por las personas necesitadas.
12. Ore mientras realiza sus mandados. Pídale a Dios que le ayude a reconocer su presencia en cada uno de los lugares a los que se dirige.
13. Cuando escuche o vea noticias respecto a alguien que está en problemas, ore por esa persona. Invite a sus hijos a que oren también por ella.
14. Cuando esté en el mercado, ore por los campesinos y todas aquellas personas que hacen posible que los alimentos lleguen hasta su mesa.
15. Al momento de acostarse, concédase un momento para orar por aquellas personas que no tienen hogar y que esa noche dormirán en la calle.
16. Deje que uno de sus himnos favoritos se repita en su mente como una forma de oración. Seleccione una frase o palabras que tengan un significado especial para usted.
17. Rece diariamente el rosario y otras oraciones que son parte de la tradición católica. Dese cuenta de que está uniendo su voz a millones de personas que han orado estas plegarias a lo largo de los siglos.
18. Bendiga a sus hijos y a otros miembros de la familia cuando se retiran o regresan a casa. Trace sobre su frente la señal de la cruz.
19. Ore en los momentos de mayor tráfico, especialmente cuando se encuentra con un mal conductor. Ore por él o ella y pídale a Dios que le ayude a mantener la calma a lo largo del día.
20. Haga oración mientras está haciendo fila o cuando alguien lo ha puesto en llamada de espera. Ore por los servidores públicos que atienden a la gente todo el día.
21. Ore mientas trabaja en el jardín; deje que esa actividad sea su oración.
22. Si en su barrio puede escuchar las campanas de alguna iglesia, ore al escucharlas. Si no le es posible, ore al momento de escuchar otro sonido, por ejemplo, al timbrar el teléfono, cuando ladra algún perro o cuando suena el toque de salida en una fábrica cercana.
23. Ore al escuchar el ruido de una sirena. Ore por las personas que posiblemente estén en un problema serio.
24. Haga oración por las personas que necesita perdonar y que le cuesta mucho perdonar. Pida que disfruten las bendiciones que usted mismo espera recibir de Dios.
25. Eleve una oración a Dios que le ayude a pedir perdón a las personas que ha herido de alguna manera.
26. Ore por la persona que lo ha dirigido espiritualmente, sea que esté viva o muerta.
27. Ore mientras lleva a pasear a su mascota.
28. Si toca un instrumento musical, deje que ese momento sea su oración.
29. Ore mientras crea una pieza de arte. Haga algo creativo cada día de la Cuaresma y hágalo para dar gloria a Dios.
30. Ore por la persona desconocida quien, en este preciso momento está al borde del suicidio. Pídale a Dios que tranquilice a esa alma desolada.
31. Escoja a un miembro de su familia nuclear o extendida y ore por él o ella a lo largo del día. Elija uno diariamente.
32. Asista a misa siempre que pueda hacerlo. La Eucaristía es la oración más grande que tenemos los católicos y es un lugar seguro para encontrarse con Jesús.
33. Al final del día, concédase un momento para agradecerle a Dios las gracias y bendiciones que recibió a lo largo del día.

Ayuno
La finalidad del ayuno es crear conciencia. A menudo consumimos alimentos, bebidas, entretenimiento y experiencias de una manera enajenante. En lugar de probar la naranja, bajémosle al volumen. En ocasiones la música se convierte en un ruido molesto cuando en realidad puede ser algo que motive el alma. También podemos ayunar del ruido para que así creemos conciencia. Primero, creemos conciencia respecto a nuestra propia vida. Después, seamos conscientes de nuestra total dependencia de Dios respecto a cada uno de los dones y regalos que tenemos en la vida.

34. Ayune de pensamientos negativos.
35. Ayune de comer por comer, esto es, ni siquiera se moleste en probarlo.
36. Ayune de trabajar demasiado. Descubra su personalidad al margen de su trabajo.
37. Al menos un día de la Cuaresma, ayune de todo, excepto líquidos (primero verifique esto con su doctor).
38. Ayune de ver su programa favorito durante una semana o durante toda la Cuaresma.
39. Ayune del ruido. Mantenga el silencio en casa durante una hora por la mañana y por la noche, como una forma de dar la bienvenida a la presencia de Dios en su vida y en su hogar.
40. Durante la Cuaresma medite en cómo somos tentados por los pecados capitales (soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza) y en el efecto que generan en nuestra vida diaria.
41. Ayune de llenar su agenda de actividades. Deje un tiempo libre.
42. Ayune del mitote.
43. Ayune de los hábitos aparentemente inofensivos pero que lo meten en problemas.
44. Ayune de la luz. Siéntese cerca de una veladora y apague las luces de su casa. Recuerde que Jesús es la luz del mundo.
45. Escoja un día para que ayune de utilizar aparatos electrónicos.
46. Ayune de juzgar a los demás. Mientras intenta evitarlo, note la frecuencia con que se siente inclinado a este comportamiento a lo largo del día.
47. Ayune de dejar todo para después. Si tiene una responsabilidad, pídale a Dios que le ayude a cumplirla.
48. Ayune de querer vivir una Cuaresma perfecta. Permanezca abierto a la espontaneidad.
49. Ayune de llamadas telefónicas irrelevantes durante un día.
50. Ayune de escuchar su MP3 o iPod para que se dé tiempo de escuchar los sonidos de la naturaleza que lo rodea.
51. Si tiende a aislarse de los demás, ayune de los comportamientos separatistas.
52. Ayune de silenciar la alarma de su reloj. Levántese y dedique ese tiempo a la oración.
53. Ayune de comer postres.
54. Ayune de no comprar absolutamente nada, por ningún medio, durante un día.
55. Si es posible, ayune de conducir rápido. Utilice un medio alternativo de transporte, ya sea caminar, tomar el autobús o utilizar su bicicleta.
56. Ayune de las cosas rutinarias que pierden su sentido. Por ejemplo, utilice una ruta diferente para ir a su trabajo, aun cuando requiera más tiempo o distancia.
57. Conecte la vida parroquial con su vida familiar. Cubra sus imágenes, retírelas durante la Cuaresma, promueva el silencio.
58. Ayune de criticar a los demás verbalmente o en silencio. Procure entenderlos.
59. Ayune de enviar correos electrónicos o mensajes de texto por lo menos un día.
60. Ayune de estarse quejando. Descubra la cantidad de veces que se ve tentado a quejarse.
61. Ayune de evadir los problemas o de ahogarse en un vaso de agua, dependiendo de su tendencia.
62. Ayune de estarse comparando con los demás. Esto lleva a la desolación y la separación de los demás, en lugar de sentirnos uno sólo en Dios.
63. Ayune de buscar el reconocimiento por lo bueno que hace.
64. Ayune de preocuparse. Confíe en Dios.
65. Ayune por un día de la necesidad de controlar parte de su vida, como el control remoto, por ejemplo.
66. Ayune del hábito, sustancia, práctica o actitud que obstaculiza su crecimiento en su relación con Dios.
Obras de caridad
Las obras de caridad siempre han sido parte importante de la Cuaresma. Hacer obras de caridad significa darnos nosotros mismos a los demás, especialmente a las personas necesitadas. Esto nos recuerda que no importa qué tanto tengamos, sino que lo que tenemos es un regalo que estamos invitados a compartir con los demás. Las obras de caridad nos unen con Jesús, quien se dio a sí mismo completamente por nosotros. El establecer un comportamiento nuevo que incluya la vivencia de la caridad alegrará enormemente nuestra Cuaresma.
67. Ofrézcase como voluntario (a) en su parroquia para ayudar a las personas necesitadas.
68. Como familia, busquen una organización caritativa que juntos deseen apoyar.
69. Restrinjan sus gastos y dediquen lo ahorrado a una obra caritativa.
70. Permanezcan atentos para ayudar a quienes se automarginan.
71. Envíen una tarjeta de saludo a un pariente, amigo o parroquiano que está confinado en casa.
72. Llamen a un amigo o conocido que recientemente haya sufrido la muerte de un ser querido.
73. Horneen un pastel para recibir a los nuevos vecinos de su barrio.
74. Realice alguna tarea que a alguien de su familia le cueste mucho trabajo realizar.
75. Sonría con sinceridad y amplitud al cajero del supermercado.
76. Busque en su ropero la ropa que no usa y que está en buen estado para que la done a un centro caritativo.
77. Preparen unos sándwiches y llévenlos a un comedor comunitario.
78. Al comprar su mandado, compre algo extra para que lo lleven a un depósito de comida para los pobres o al dispensario parroquial.
79. Done a alguna escuela, hospital, biblioteca o tienda de segunda los libros que haya leído.
80. Léale un libro a un niño, ya sea en su familia o en un centro escolar.
81. Plante un árbol que beneficiará a las generaciones futuras.
82. Escriba una carta a sus representantes gubernamentales pidiendo que apoyen una legislación que ayude a las personas que carecen de seguro médico.
83. Como familia, seleccionen una organización que ayude a los niños de la misma edad de sus hijos. Inclúyanlos en la búsqueda y recaudación de fondos.
84. Compren sellos postales y háganlos llegar a una persona que vive confinada en casa de manera que pueda mantenerse en comunicación con los demás.
85. Dígale una cosa agradable a un compañero (a) de trabajo, a un vecino o [a] alguien de su familia. Comience por la persona con la cual pueda tener algún resentimiento.
86. Alimente a los pájaros en su barrio.
87. Hable menos y escuche más. Dé a otros toda su atención.
88. Sea en el trabajo o en su lugar de descanso, busque incluir a quienes están o se sienten desplazados.
89. Cada día de la Cuaresma regale una cosa que no necesita.
90. Limpie un área común en su lugar de trabajo, en el barrio o en su hogar. Hágalo como un regalo para los demás.
91. Invite a una persona viuda a compartir una cena con su familia.
92. Sea más cortés en su actitud, palabras y acciones durante la Cuaresma.
93. Apoye los esfuerzos parroquiales de dar la bienvenida a quienes llegan por vez primera o a quienes desean unirse o re-unirse a esa parroquia. Mucha gente se siente desconectada y se beneficiaría mucho de una inclusión o invitación.
94. Identifique los esfuerzos que hace el Servicio de Ayudas Católicas (Catholic Relief Services), organización que ofrece ayuda inmediata a las personas necesitadas. ¡Únase a su esfuerzo!
95. Cuando vaya a comprar su mandado, pregúntele a algún vecino o persona enferma si desea que le traiga algo.
96. Antes o después de un período en el que estará sumamente ocupada, separe un tiempo considerable para estar con su familia y dedicarles toda su atención.
97. Limpie la basura que hay en el parque, de tal manera que lo deje mejor de lo que lo encontró.
98. Escriba una carta a un periódico o a un blog (lugar electrónico donde la gente dialoga acerca de temas que afectan a la comunidad) para que exprese su punto de vista y reflexione acerca de sus valores cristianos y de la importancia que tienen para usted.
99. Reconozca sus propias necesidades y atiéndalas. Algunas veces los padres de familia están muy acostumbrados a controlar todo de tal manera que no reconocen sus propias necesidades. Dé a otros la oportunidad de que le ayuden a usted mismo de vez en cuando.
Finalmente, sea consciente de que cualquier cosa que haga durante la Cuaresma es una respuesta a la iniciativa divina que busca ayudarnos. Dios es el primero que desea ayudarnos, y nuestras actividades cuaresmales tienen precisamente esa finalidad, el ayudarnos a ser más conscientes de la presencia y acción divina entre nosotros. Por lo tanto . . .
100. Sea consciente de todo lo que Dios ha hecho por usted.
101. Reúna a su familia y realicen su propia lista de prácticas. Es una excelente manera de ayudar a cada uno de sus miembros a mantener la atención en la espiritualidad propia del tiempo y a decidir lo que pueden.

4 razones para orar con el Viacrucis diariamente

El Viacrucis es una de las devociones más descuidadas en la oración católica diaria. A menudo se nos anima a rezar el Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia, y la Liturgia de las Horas (que todas son bastante recomendables) pero no recuerdo a alguien que me haya sugerido rezar diariamente el Viacrucis.

Esto es lamentable, ya que muchos de los santos han obtenido grandes beneficios de acompañar a Jesús en su camino al Calvario y muchos fueron inspirados a componer sus propias versiones de la antigua devoción.

Así que aquí están cuatro razones (en ningún orden en particular) del por qué deberíamos considerar rezar el Viacrucis diariamente:

1. El Viacrucis remonta su origen a la Santísima Virgen María

Una antigua tradición dice que María visitó los lugares de sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús a diario después de su ascensión al cielo. Esto se supo incluso antes de que las otras tradiciones dijeran que María siguió a Jesús a lo largo de su amargo Vía Crucis que lo llevó al Calvario, al menos la Escritura como mínimo testifica que María estaba allí, al pie de la Cruz.

Así que María fue la primera en acompañar a Jesús en sus sufrimientos y mantuvo todas estas cosas en su corazón, reflexionando a diario en ellas después de la ascensión del Señor.

2. El Viacrucis nos permite visitar la Tierra Santa

Alrededor del siglo 17, los franciscanos empezaron a desarrollar un «Camino de la Cruz» en las iglesias locales por el que los fieles podían caminar a través de la narración de la pasión sin tener que ir a Jerusalén. He aquí una breve historia:

“En 1686, Inocencio XI, concedió a los franciscanos, en respuesta a su petición, el derecho de erigir las Estaciones del Viacrucis en todas sus iglesias, y declaró que todas las indulgencias que habían sido dadas por visitar devotamente las escenas reales de la pasión de Cristo, podrían ser ganadas por los franciscanos y otros afiliados a su orden si hacían el Viacrucis en sus propias iglesias en la forma acostumbrada. Inocencio XII confirmó el privilegio en 1694 y Benedicto XIII en 1726 lo extendió a todos los fieles. En 1731 Clemente XII lo extendió aún más permitiendo las indulgentes estaciones a todas las iglesias, siempre y cuando se levantaran por un padre franciscano con la sanción de lo común. Al mismo tiempo fijó el número definitivo de estaciones, quedando en catorce”. (Extracto de Enciclopedia Católica Énfasis añadido)

Además, de cierta manera (muy real) también podemos acompañar el sufrimiento y la persecución que nuestros hermanos y hermanas están viviendo en Tierra Santa y Oriente Medio.

3. San Juan Pablo II realizaba el Viacrucis todos los días

El Viacrucis tenía un lugar especial en el corazón de San Juan Pablo II. Él creció cerca de un antiguo santuario en la ciudad de “Kalwaria Zebrzydowska” El santuario se erigió en un paisaje de colinas y fue formado para parecerse al Viacrucis en Jerusalén. Existen numerosas capillas en las cuales los peregrinos pueden seguir la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Al visitar el sitio una vez convertido en Papa, Juan Pablo II dijo:

“Realmente no sé cómo agradecer a la Divina Providencia por haberme concedido volver a visitar este lugar: Kalwaria Zebrzydowska, el Santuario de la Madre de Dios, los lugares santos de Jerusalén conectados con la vida de Jesús y la de su Madre reproducidos aquí, los “pequeños caminos” como se les llama. Los visité a menudo en mi niñez y cuando era joven. Los visité como sacerdote. Especialmente, visitaba con regularidad  el Santuario de Kalwaria siendo arzobispo de Cracovia y cardenal”. (Apostolic Pilgrimage to Poland)

Hacer el Viacrucis en Kalwaria lo formó y como resultado rezaba sus estaciones a diario, sin importar nada más. Incluso él fue quien instaló un conjunto de estaciones en los apartamentos apostólicos.

4. Jesús solicitó en las revelaciones privadas dadas a Santa Faustina que se rezara diariamente el Viacrucis

Aún cuando Santa Faustina es conocida principalmente por haberle sido dada la Coronilla de la Divina Misericordia, Jesús también le pidió específicamente que realizara el Viacrucis diariamente a las 3:00 pm:

“Hija mía, haz todo lo posible para hacer el Viacrucis en esta hora, siempre que tus obligaciones lo permitan; y si no pudieras hacerlo,  al menos visita la capilla por un momento y adora, en el Santísimo Sacramento, Mi corazón, el cual está lleno de misericordia». (Diario, 1572, énfasis añadido)

Las estaciones del Viacrucis una gran devoción que nos une al sufrimiento y muerte de Cristo y nos permite la oportunidad de acompañarlo en la Vía Dolorosa. Vemos como Él sufre bajo el peso de la cruz y nos damos cuenta que son nuestros pecados los que lo crucificaron.

El Viacrucis no ha sido pensado sólo para orar durante la Cuaresma, sino que puede realizarse devotamente durante todos los días del año.