El Papa: Eucaristía profecía de un mundo nuevo convertido del egoísmo al amor

El Papa Francisco presidió esta mañana la misa de clausura del XXVII Congreso Eucarístico Nacional en el Estadio Municipal XXI Septiembre de Matera. En su homilía, el Pontífice recordó el desafío permanente que la Eucaristía ofrece a nuestra vida: «adorar a Dios y no al yo». E invitó a soñar con una Iglesia Eucarística, que adora al Señor presente en el pan pero que también sabe inclinarse con compasión ante las heridas de los que sufren

 

Vatican News

La Eucaristía nos recuerda la primacía de Dios y nos llama al amor a nuestros hermanos: lo recordó hoy el Papa Francisco durante la misa de clausura del XXVII Congreso Eucarístico Nacional en el Estadio Municipal XXI Septiembre de Matera. Desde la “ciudad del pan”, el Pontífice reflexionó sobre el texto del Evangelio de la liturgia de hoy, la parábola que presenta por un lado al rico que hace alarde de opulencia y festeja profusamente, y por otro lado al pobre, Lázaro, que cubierto de llagas yace a la puerta esperando que caigan algunas migajas de esa mesa para alimentarse.

“El pan no siempre se comparte en la mesa del mundo; no siempre emana la fragancia de la comunión; no siempre se parte en justicia”, recuerda el Papa y, ante la dramática escena descrita por Jesús en esta parábola, insta a preguntarse: “¿a qué nos invita el sacramento de la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida del cristiano?”

 

La primacía es de Dios

“La Eucaristía nos recuerda la primacía de Dios” afirma el Obispo de Roma.  El hombre rico, de hecho, no está abierto a una relación con Dios: no hay lugar en su vida para Dios porque sólo se adora a sí mismo, sólo piensa en su propio bienestar, en satisfacer sus necesidades, en disfrutar de la vida. Se le llama “rico», porque ha perdido su nombre, su identidad en el texto viene dada sólo por los bienes que posee, explica el Papa y añade:

Qué triste es esta realidad aún hoy, cuando confundimos lo que somos con lo que tenemos, cuando juzgamos a las personas por la riqueza que tienen, los títulos que ostentan, los papeles que desempeñan o la marca de ropa que llevan. Es la religión del tener y del parecer, que a menudo domina la escena de este mundo, pero que al final nos deja con las manos vacías.

 

Poner a Jesús en el centro

Por el contrario, el pobre tiene un nombre, Lázaro, que significa «Dios ayuda». “A pesar de su condición de pobreza y marginación, – observa Francisco – puede mantener su dignidad intacta porque vive en relación con Dios”. “Dios es la esperanza inquebrantable de su vida”.

He aquí, pues, el desafío permanente que la Eucaristía ofrece a nuestra vida: adorar a Dios y no al yo. Ponerlo a Él en el centro y no a la vanidad del yo. Para recordar que sólo el Señor es Dios y que todo lo demás es un regalo de su amor. Porque si nos adoramos a nosotros mismos, morimos en la asfixia de nuestro pequeño yo; si adoramos las riquezas de este mundo, se apoderan de nosotros y nos hacen esclavos; si adoramos al dios de la apariencia y nos embriagamos en el despilfarro, tarde o temprano la vida misma nos pedirá la cuenta..

 

Redescubrir la oración de adoración

En cambio, cuando adoramos al Señor Jesús presente en la Eucaristía, recibimos también una nueva mirada sobre nuestra vida:

Yo no soy las cosas que poseo y los éxitos que consigo alcanzar; el valor de mi vida no depende de lo mucho que pueda presumir, ni disminuye cuando fracasé y fallé. Soy un hijo amado; estoy bendecido por Dios; Él ha querido revestirme de belleza y me quiere libre de toda esclavitud. Recordemos esto: el que adora a Dios no se convierte en esclavo de nadie. Redescubramos la oración de adoración: nos libera y nos devuelve nuestra dignidad de hijos.

 

Jesús nos pide una conversión efectiva

La Eucaristía – recuerda el Santo Padre – nos llama además al amor de nuestros hermanos. Una tarea en la que el hombre rico del Evangelio fracasa. Sólo al final de su vida, cuando el Señor invierte su suerte, se fija por fin en Lázaro, pero Abraham le dice: «Entre nosotros y tú se ha abierto un gran abismo» (Lc 16,26). “Fue el hombre rico – precisa el Papa – quien cavó un abismo entre él y Lázaro durante su vida terrenal y ahora, en la vida eterna, ese abismo permanece”. De hecho, nuestro futuro eterno depende de esta vida presente: “si cavamos un abismo con nuestros hermanos ahora, ‘cavamos nuestra propia tumba’ para después; si levantamos muros contra nuestros hermanos ahora, quedamos presos en la soledad y la muerte incluso después”. «Esta parábola sigue siendo también la historia de nuestro tiempo», recuerda Francisco:

Las injusticias, las desigualdades, los recursos de la tierra injustamente repartidos, los abusos de los poderosos contra los débiles, la indiferencia ante el grito de los pobres, el abismo que cavamos cada día generando marginación, no pueden dejarnos indiferentes. Por eso, hoy, juntos, reconozcamos que la Eucaristía es una profecía de un mundo nuevo, es la presencia de Jesús que nos pide que nos comprometamos para que se produzca una conversión efectiva: de la indiferencia a la compasión, del derroche al reparto, del egoísmo al amor, del individualismo a la fraternidad.

 

Soñar una Iglesia eucarística

El Pontífice invita a soñar una “Iglesia eucarística”, “una Iglesia que se arrodilla ante la Eucaristía y adora con admiración al Señor presente en el pan; pero que también sabe inclinarse con compasión ante las heridas de los que sufren, levantando a los pobres, enjugando las lágrimas de los que padecen, haciéndose pan de esperanza y alegría para todos”. Y desde Matera, «ciudad del pan», exhorta:

Volvamos al sabor del pan, porque mientras tenemos hambre de amor y de esperanza, o estamos rotos por las fatigas y los sufrimientos de la vida, Jesús se convierte en alimento que nos alimenta y nos sana. Volvamos al gusto por el pan, porque mientras la injusticia y la discriminación de los pobres siguen produciéndose en el mundo, Jesús nos da el Pan de Compartir y nos envía cada día como apóstoles de la fraternidad, la justicia y la paz.

 

Volver a Jesús

El Papa invita a volver a Jesús, adorarlo y acogerlo “cuando la esperanza se apaga y sentimos la soledad del corazón, el cansancio interior, el tormento del pecado, el miedo a no triunfar”. Volver “al sabor del pan”. “Porque Él vence a la muerte y renueva siempre nuestra vida”.

 

fuente: vaticannews.va

#EoF2022: Francisco y los jóvenes, un sueño realizado y una profecía para el futuro

Último día del primer encuentro presencial de “Economía de Francisco” tras las huellas de San Francisco. El punto culminante fue la visita pastoral del Santo Padre, con su amplio discurso, un encuentro con los jóvenes y la firma del pacto.

 

Sebastián Sansón Ferrari – Enviado especial a Asís 

Sonrisas, abrazos, banderas. Asís, capital de la “nueva economía”, es una fiesta. Se ha llenado de color del 22 al 24 de septiembre con la participación de 1.000 jóvenes economistas, emprendedores y agentes del cambio social, que provienen de 120 nacionalidades y desean responder al llamado del Santo Padre Francisco de promover un pacto común, un proceso de cambio global que a todos los hombres de buena voluntad, sin distinción de credo y de nacionalidad.

Unidos por un ideal de fraternidad atento a los pobres y excluidos, los jóvenes vivieron la gracia de encontrarse con el Pontífice en la mañana de este sábado 24 de septiembre, durante su visita pastoral a la ciudad seráfica. El Sucesor de Pedro escuchó sus testimonios, escuchó sobre el trabajo realizado en estos días y firmaron juntos un pacto con el que se comprometen a continuar trabajando juntos por construir una nueva economía.

Antes de las 9 de la mañana, el Teatro Lyrick, sede de la mayor parte de las actividades realizadas en estos últimos días, recibió a los jóvenes, después de este viernes, en el que los chicos estuvieron dispersos en la ciudad trabajando en las “aldeas” temáticas. Fueron 12 laboratorios de discusión, reflexión e intercambio sobre temas económicos y desafíos contemporáneos, como la agricultura y la justicia, la importancia de la mujer en la economía, los negocios y la paz, entre otros.

En el “Pala Eventi” de Santa María de los Ángeles, con las espectaculares colinas de Asís como fondo, Francisco fue acogido por tres jóvenes en representación de todos. En el comité de bienvenida también estaban el Cardenal Michael Czerny, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que coordina “Economy of Francisco”; Monseñor Domenico Sorrentino, obispo de Asís; las autoridades civiles y los miembros del Comité Organizador.

fuente: vaticannews.va

El Papa: Recemos a María para que el mundo sea preservado de la guerra atómica

En su discurso a los participantes en la sesión plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, el Pontífice recordó que San Juan Pablo II dio gracias a Dios porque, por intercesión de la Virgen, el planeta no ha conocido el horror del conflicto nuclear. «Por desgracia, debemos seguir rezando por este peligro». Que los científicos, añade Francisco, formen una fuerza por la paz

 

Amedeo Lomonaco – Ciudad del Vaticano

«Es necesario movilizar todos los conocimientos basados en la ciencia y la experiencia para superar la miseria, la pobreza, la nueva esclavitud y para evitar las guerras. Rechazando algunas investigaciones, inevitablemente destinadas, en circunstancias históricas concretas, a un final de muerte, los científicos de todo el mundo pueden unirse en una voluntad común de desarmar la ciencia y formar una fuerza de paz». Así lo destacó el Papa Francisco al reunirse con los participantes en la sesión plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias centrada en el tema: «La ciencia básica para el desarrollo humano, la paz y la salud planetaria». El Pontífice pide a los miembros de este organismo en particular que promuevan, en este momento de la historia, «el conocimiento que tiene como objetivo la construcción de la paz».

Después de las dos trágicas guerras mundiales, parecía que el mundo había aprendido a encaminarse progresivamente hacia el respeto de los derechos humanos, el derecho internacional y las diversas formas de cooperación. Pero, por desgracia, la historia muestra signos de retroceso. No sólo se intensifican conflictos anacrónicos, sino que resurgen los nacionalismos cerrados, exasperados y agresivos (cf. Encíclica Fratelli tutti, 11), así como nuevas guerras de dominación, que afectan a los civiles, a los ancianos, a los niños y a los enfermos, y causan destrucción por doquier.

 

La tercera guerra mundial en pedazos

Nuevas e inquietantes sombras, que parecían destinadas a desvanecerse, envuelven ahora el mundo. El Pontífice, refiriéndose a este oscuro escenario, señala la luz de la oración.

Los numerosos conflictos armados en curso preocupan seriamente. Dije que era una tercera guerra mundial «a pedazos», hoy quizás podemos decir “total” y los riesgos para las personas y el planeta son cada vez mayores. San Juan Pablo II agradeció a Dios que, por la intercesión de María, el mundo había sido preservado de la guerra atómica. Por desgracia, debemos seguir rezando por este peligro, que debería haberse conjurado hace tiempo.

 

Llamados a ser testigos de libertad y justicia

Las palabras del Papa son también una súplica, una exhortación a escuchar el grito de dolor de la tierra y de los que son víctimas de la injusticia.

En nombre de Dios, que creó a todos los seres humanos para un destino común de felicidad, estamos llamados hoy a dar testimonio de nuestra esencia fraterna de libertad, justicia, diálogo, encuentro reciproco, amor y paz, evitando alimentar odio, resentimiento, división, violencia y guerra. En nombre del Dios que nos dio el planeta para salvaguardarlo y desarrollarlo, hoy estamos llamados a la conversión ecológica para salvar la casa común y nuestras vidas junto con las de las generaciones futuras, en lugar de aumentar la desigualdad, la explotación y la destrucción.

 

La Iglesia es aliada de los científicos

El Papa subraya a continuación que «los logros científicos de este siglo deben estar siempre orientados por las exigencias de la fraternidad, de la justicia y de la paz, contribuyendo a resolver los grandes desafíos que la humanidad y su hábitat tienen que enfrentar». El trabajo forzado, la prostitución y el tráfico de órganos son «crímenes contra la humanidad, que van de la mano con la pobreza, también se dan en los países desarrollados, en nuestras ciudades». «¡El cuerpo humano -explica el Papa- nunca puede ser, ni en parte ni en su totalidad, objeto de comercio!». El Pontífice anima a los académicos a «trabajar por la verdad, la libertad, el diálogo, la justicia y la paz: «hoy más que nunca la Iglesia católica es aliada de los científicos que siguen esta inspiración».

 

La tarea de salvaguardar la creación

Entre los pliegues de su discurso, Francisco plantea también una pregunta que se entrelaza con la historia: «¿por qué los Papas, a partir de 1603, quisieron tener una Academia de las Ciencias?» «La Iglesia -observa el Pontífice- comparte y promueve la pasión por la investigación científica como expresión del amor a la verdad, por el conocimiento del mundo, del macrocosmos y del microcosmos, de la vida en la estupenda sinfonía de sus formas. En la base se encuentra una actitud contemplativa. Existe la tarea, añade finalmente Francisco, de «custodiar la creación».

 

fuente vaticannews.va

El Papa Francisco expresa su pésame por la muerte de la Reina Isabel II

Este jueves, 8 de septiembre, el Santo Padre ha enviado un telegrama de pésame al nuevo rey del Reino Unido, Carlos III, al pueblo británico y a toda la Commonwealth, tras el fallecimiento de Isabel II que ha fallecido «en paz» a los 96 años de edad, en Escocia.

 

Vatican News

“Me uno para rezar por el eterno descanso de la difunta Reina, y para rendir homenaje a su vida de servicio incansable al bien de la Nación y de la Commonwealth, a su ejemplo de devoción al deber, a su testimonio inquebrantable de fe en Jesucristo y a su firme esperanza en sus promesas”, lo escribe el Papa Francisco en el telegrama de pésame dirigido a Su Majestad el Rey Carlos III de Inglaterra, tras conocer la triste noticia del fallecimiento de Su Majestad la Reina Isabel II, acaecida la tarde de este jueves, 8 de septiembre de 2022.

Testimonio inquebrantable de fe en Jesucristo

En el telegrama, el Santo Padre ofrece sus más sentidas condolencias a Su Majestad, a los miembros de la Familia Real, al pueblo del Reino Unido y a la Commonwealth. “Me uno de buen grado a todos los que lloran su pérdida – escribe el Pontífice – para rezar por el eterno descanso de la difunta Reina, y para rendir homenaje a su vida de servicio incansable al bien de la Nación y de la Commonwealth, a su ejemplo de devoción al deber, a su testimonio inquebrantable de fe en Jesucristo y a su firme esperanza en sus promesas”.

Oraciones y bendiciones divinas

Asimismo, el Papa Francisco eleva sus oraciones para encomendar la noble alma de la difunta Reina a la bondad misericordiosa de nuestro Padre Celestial. Al mismo tiempo, el Pontífice asegura “a Su Majestad mis oraciones para que Dios Todopoderoso le sostenga con su gracia infalible al asumir ahora sus altas responsabilidades como Rey. Sobre usted y todos los que aprecian la memoria de su difunta madre, invoco una abundancia de bendiciones divinas como prenda de consuelo y fortaleza en el Señor”.

fuente: vaticannews.va

Isabel II ha muerto. El nuevo rey Carlos III de Inglaterra recuerda a su «querida madre»

El anuncio del fallecimiento se produjo poco después de las a las 18.30 en Londres, unas horas después de la preocupación expresada por los médicos a primera hora de la tarde. Inmediatamente, el Himno Nacional sonó en las redes unificadas. Una multitud de súbditos se reunió en el Palacio de Buckingham y en Balmoral. En un mensaje, su hijo Carlos agradece el afecto de tanta gente hacia su madre.

Francesca Sabatinelli – Vatican News

Isabel II ha muerto «en paz», según ha anunciado la BBC. «El puente de Londres ha caído»: con esta frase en clave la secretaria de la reina anunció su muerte a la primera ministra Liz Truss y a algunos otros funcionarios del Reino Unido. Al conocerse la noticia oficial, confiada al letrero negro colgado por un sirviente vestido de luto a las puertas del Palacio de Buckingham y a los presentadores vestidos de negro de la BBC en las cadenas unificadas, se sabía que Gran Bretaña había perdido a la soberana que más tiempo había permanecido en el cargo en su historia, y la multitud de súbditos reunidos frente al Palacio de Buckingham en el Castillo de Balmoral, donde Isabel había pasado las últimas semanas, se congregó en oración.

 

El empeoramiento y las oraciones

La alarma por la salud de la reina Isabel había comenzado a filtrarse a primera hora de la tarde, con la preocupación expresada por los médicos y la llegada a Balmoral, la residencia escocesa de los Windsor, de los cuatro hijos y el resto de la familia. La noticia del agravamiento fue casi repentina, pues hace sólo dos días, una foto oficial del Palacio de Buckingham la mostraba sonriente, aunque cansada y esforzada, al reunirse con Liz Truss el día de su nombramiento como premier. Isabel, de 96 años, la soberana más longeva del Reino Unido y la monarca más antigua del mundo, llevaba varios meses sufriendo «problemas de movilidad episódicos». Muchos mensajes de cercanía y oración habían llegado en las últimas horas a Balmoral, en primer lugar, el del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, que a través de Twitter le aseguró sus oraciones y las de la nación y toda la Iglesia de Inglaterra de la que Isabel era cabeza.

 

Los 70 años de reinado

Isabel ha sido reina de Gran Bretaña y de más de una docena de países desde 1952, entre ellos Canadá, Australia y Nueva Zelanda, y a principios de este año celebró sus 70 años de reinado con cuatro días de celebraciones nacionales en junio. El 6 de febrero, en medio de las celebraciones de su 70º aniversario, reafirmó que su vida estaría siempre dedicada al servicio de sus súbditos, renovando así la promesa que había hecho en su 21º cumpleaños en 1947. Sólo cinco años más tarde, en 1952, con la repentina muerte de su padre, el rey Jorge VI, y la abdicación de su tío Eduardo, se convirtió en Isabel II, reina del Reino Unido de Gran Bretaña, Irlanda del Norte y los demás reinos de la Commonwealth, y jefa suprema de la Iglesia de Inglaterra. La noticia de la muerte de su padre, y por tanto su acceso al trono, le llegó cuando estaba en Kenia, cuando ya estaba casada con Felipe, duque de Edimburgo, fallecido el 9 de abril de 2021, y era madre de dos de sus cuatro hijos, el príncipe Carlos, nacido en 1947, y Ana, nacida en 1950, a los que siguieron Andrés, en 1960, y Eduardo, en 1964.

 

La sucesión del Príncipe Carlos

El año 2022 estuvo marcado por las celebraciones de las bodas de platino y el Covid-19, aunque con ligeros síntomas. La última aparición oficial fue el 5 de junio, cuando Isabel apareció para saludar a la multitud desde el balcón del Palacio de Buckingham.  El suyo ha sido hasta la fecha el reinado más largo de la historia británica. Mañana se reunirá el consejo sucesorio para proclamar el nombre del nuevo monarca, el príncipe Carlos.

«La muerte de mi querida madre -dice Carlos- es un momento de gran tristeza para mí y para todos los miembros de mi familia».

«Sé que su muerte será profundamente sentida en todo el país, el reino, la Commonwealth y para incontables personas de todo el mundo. Es un consuelo -añadió- ser consciente del afecto y el respeto que se siente por la Reina»

 

Condolencias de la Primera Ministra Truss

Gran Bretaña debe unirse en apoyo y ofrecer «lealtad y devoción» al rey Carlos III. Así lo dijo la Primera Ministra Liz Truss en su discurso a las puertas de Downing Street. La Reina Isabel II fue, dijo, «la roca sobre la que se construyó la Gran Bretaña moderna, el espíritu mismo de Gran Bretaña», hablando también de la «enorme conmoción que ha causado a la nación y al mundo» la muerte de la soberana.

 

 

 

fuente: vaticannews.va

Un cristiano convertido en Papa que nos recuerda la esencia del Evangelio

La beatificación de Juan Pablo I es una invitación a redescubrir la humildad que permite que las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad se traduzcan concretamente en la vida.

El 8 de febrero de 1970, en su primera homilía como Patriarca de Venecia en la Basílica de San Marcos, Albino Luciani repitió las palabras que había dicho once años antes a los fieles de Vittorio Veneto cuando se convertió en su obispo: «Dios, algunas cosas grandes, a veces ama escribirlas no en el bronce o en el mármol, sino en el polvo, de modo que si la escritura permanece, no descompuesta o dispersada por el viento, es evidente que el mérito es totalmente y sólo de Dios. Yo soy el polvo: el cargo de Patriarca y la diócesis de Venecia son las grandes cosas unidas al polvo; si algún bien saldrá de esta unión, está claro que todo será mérito de la misericordia del Señor’. En estas palabras, «soy polvo», está el gran secreto de la vida cristiana que Albino Luciani testimonió a lo largo de su existencia.

La santidad de Juan Pablo I -un cristiano que se convirtió en Papa el 26 de agosto de 1978 y que hoy, 44 años después, se convierte en beato- es la sencilla historia de un hombre que en cada paso de su vida confió en Dios y se encomendó a Él. Y esta confianza prosperó en la conciencia de su propia pequeñez. «Sin mí no podéis hacer nada», dijo Jesús a sus amigos. «¡Apártate de mí, Satanás!», le ordenó el Nazareno a Pedro, después de que éste le reprochara haber preanunciado su pasión y muerte. Se trata de dos valiosas indicaciones, que Albino siguió durante toda su existencia. La gracia de reconocerse pecador, necesitado de todo; la gracia de no contar con las propias fuerzas, con la propia habilidad, con las propias estrategias, sino con la ayuda y la presencia de ese Otro, han permitido al sacerdote, al obispo y al Papa dar testimonio del rostro de una Iglesia serena y confiada. Una Iglesia que vive el Evangelio en la vida cotidiana y que no necesita fuegos artificiales para demostrar que existe. Una Iglesia capaz de llevar cercanía, consuelo y esperanza a todos, empezando por los más pequeños, los más pobres, los excluidos y los impresentables.

«Por la medida de la humildad conocemos nuestro progreso espiritual», decía San Francisco de Sales, el santo favorito de Luciani. Para él, un hombre de gran cultura y preparación capaz de hablar de forma sencilla y coloquial, haciéndose entender por todos, era así. El reconocimiento de los altares para este hijo de la Iglesia veneciana, ajeno a cualquier protagonismo, que nunca había aspirado a cargos destacados y que, antes de ser elegido casi por unanimidad en el cónclave, meditaba marcharse como misionero a África una vez cumplida la edad canónica de renuncia a Venecia, es un signo de esperanza para todos. Porque, como ha reiterado la vicepostuladora de la causa de canonización, Stefania Falasca, no es el Papa ni su pontificado lo que hay que beatificar, sino un cristiano que se adhirió al Evangelio con todo su ser, reconociéndose como «polvo». Un cristiano que rezando cada día: ‘Señor, tómame como soy y hazme como quieres que sea’, se convirtió en el instrumento a través del cual el Dios de la misericordia escribió páginas hermosas y hoy más relevantes que nunca, para la Iglesia y para el mundo.

fuente: vaticannews.va

Francisco: Juan Pablo I vivió el Evangelio sin concesiones y amando hasta el extremo

El Santo Padre en su homilía de la beatificación del Papa Luciani recordó que seguir a Jesús es tomar como Él las propias cargas y las de los demás, hacer de la vida un don, gastarla imitando el amor generoso y misericordioso de Dios. Tal como el nuevo beato que con su sonrisa logró transmitir la bondad del Señor.

 

Vatican News

El Papa Francisco, al presidir esta mañana la misa de beatificación del Papa Juan Pablo I, afirmó que el nuevo beato vivió con la alegría del Evangelio, sin concesiones, amando hasta el extremo y siguiendo el ejemplo de Jesús, fue un pastor apacible y humilde. En una jornada gris, bajo una intensa lluvia, la Plaza de San Pedro fue escenario de la celebración para elevar a los altares al Albino Luciani, un Papa que con su sonrisa – como dijo el Pontífice – logró transmitir la bondad del Señor.

 

Seguir a Jesús es cargar su cruz

Inspirado en las palabras del Evangelio de hoy, el Santo Padre en su homilía habló sobre lo que significa seguir a Jesús, ser sus discípulos, especialmente ante las advertencias que Él mismo hace a la multitud que fascinaba y asombrada lo seguía: “el que no lo ama más que a sus seres queridos, el que no carga con su cruz, el que no renuncia a todo lo que posee no puede ser su discípulo”. Una condición exigente y poco atractiva, afirmó Francisco, muy diferente a lo qué habría hecho un líder astuto al ver que sus palabras y su carisma atraían a las multitudes y aumentaban su popularidad.

“Sucede también hoy, especialmente en los momentos de crisis personal y social, cuando estamos más expuestos a sentimientos de rabia o tenemos miedo por algo que amenaza nuestro futuro, nos volvemos más vulnerables; y, así, dejándonos llevar por las emociones, nos ponemos en las manos de quien con destreza y astucia sabe manejar esa situación, aprovechando los miedos de la sociedad y prometiéndonos ser el ‘salvador’ que resolverá los problemas, mientras en realidad lo que quiere es que su aceptación y su poder aumenten”.

 

El estilo de Dios no instrumentaliza

El Pontífice explicó que Jesús no actúa de este modo, porque el estilo de Dios “no instrumentaliza nuestras necesidades, no usa nunca nuestras debilidades para engrandecerse a sí mismo”, no seduce con el engaño, no quiere “distribuir alegrías baratas ni le interesan las mareas humanas”, no busca la aceptación o la idolatría, no quiere que la gente lo siga “con euforia y entusiasmos fáciles” sin poder discernir sobre las motivaciones y las consecuencias de lo que significa seguir a Jesús.

“De hecho, se puede ir en pos del Señor por varias razones, y algunas, debemos reconocerlo, son mundanas. Detrás de una perfecta apariencia religiosa se puede esconder la mera satisfacción de las propias necesidades, la búsqueda del prestigio personal, el deseo de tener una posición, de tener las cosas bajo control, el ansia de ocupar espacios y obtener privilegios, y la aspiración de recibir reconocimientos, entre otras cosas. Y esto sucede también hoy”.

 

Seguir al Señor no es un seguro de vida

Francisco reiteró que este no es el “estilo de Jesús” y no puede ser el estilo del discípulo y de la Iglesia. Seguir al Señor, agregó el Papa, “no significa entrar en una corte o participar en un desfile triunfal, y tampoco recibir un seguro de vida”, sino cargar la cruz, “tomar como Él las propias cargas y las de los demás, hacer de la vida un don, gastarla imitando el amor generoso y misericordioso”, es mirarlo a Él más que a nosotros mismos.

“Mirando al Crucificado, estamos llamados a la altura de ese amor: a purificarnos de nuestras ideas distorsionadas sobre Dios y de nuestras cerrazones, a amarlo a Él y a los demás, en la Iglesia y en la sociedad, también a aquellos que no piensan como nosotros, e incluso a los enemigos”.

 

No vivir a medias

El Santo Padre señaló que es necesario amar “aunque cueste la cruz del sacrificio, del silencio, de la incomprensión y de la soledad, aunque nos pongan trabas y seamos perseguidos”. Inclinarse ante la cruz y que te puncen sus espinas, como decía Juan Pablo I. Un amor extremo, agregó Francisco, “con todas sus espinas”, sin esperar una vida tranquila o una “fe al agua de rosas”, sino arriesgarse y no dejas las cosas a medias.

“Si, por miedo a perdernos, renunciamos a darnos, dejamos las cosas incompletas: las relaciones, el trabajo, las responsabilidades que se nos encomiendan, los sueños, y también la fe. Y entonces acabamos por vivir a medias, cuánta gente vive a medias, también nosotros, muchas veces, tenemos la tentación de vivir a medias; sin dar nunca el paso decisivo, sin despegar, sin apostar todo por el bien, sin comprometernos verdaderamente por los demás. Jesús nos pide esto: vive el Evangelio y vivirás la vida, no a medias sino hasta el extremo. Sin concesiones”.

 

Papa Luciani y su bondad

El Papa no sólo constató que el nuevo beato vivió con esa entrega, “con la alegría del Evangelio, sin concesiones, amando hasta el extremo”, sino que “encarnó la pobreza del discípulo, que no implica sólo desprenderse de los bienes materiales, sino sobre todo vencer la tentación de poner el propio ‘yo’ en el centro y buscar la propia gloria, sino que “siguiendo el ejemplo de Jesús, fue un pastor apacible y humilde.

Francisco concluyó su homilía de la beatificación de Juan Pablo I con estas palabras:

“Con su sonrisa, el Papa Luciani logró transmitir la bondad del Señor. Es hermosa una Iglesia con el rostro alegre, sereno y sonriente, una Iglesia que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos, que no está enfadada ni es impaciente, que no se presenta de modo áspero ni sufre por la nostalgia del pasado cayendo en el “indietreismo”. Roguemos a este padre y hermano nuestro, pidámosle que nos obtenga ‘la sonrisa del alma’, esa transparente, que no engaña, la sonrisa del alma. Pidamos, con sus palabras, aquello que él mismo solía pedir: «Señor, tómame como soy, con mis defectos, con mis faltas, pero hazme como tú me deseas»”.

 

La paz en Ucrania y el mundo

La beatificación de Juan Pablo I concluyó con un cielo abierto, claro y soleado. Palabras de agradecimiento del Papa centraron la breve alocución antes del Ángelus: a cardenales, obispos y sacerdotes y fieles de diferentes países; a las Delegaciones oficiales reunidas para rendir homenaje al nuevo Beato; al Presidente de la República Italiana y al Primer Ministro del Principado de Mónaco; y en especial a los fieles de Venecia, Belluno y Vittorio Veneto, lugares vinculados a la experiencia humana, sacerdotal y episcopal del Beato Albino Luciani.

El Santo Padre invitó a dirigirnos a la Virgen María “para que obtenga el don de la paz en todo el mundo, especialmente en la martirizada Ucrania” y para que “nos ayude a seguir el ejemplo y la santidad de vida de Juan Pablo I”.

 

 

fuente: vaticannews.va