La fraternidad es la medalla más hermosa

Tokio se prepara para vivir los Juegos Olímpicos marcados por la pandemia. El magisterio del Papa Francisco sobre el deporte como forma de fortalecer la concordia entre los pueblos.

Alessandro Gisotti

Hay quienes ya lo han descrito como «las Olimpiadas tristes». En Tokio, para evitar el contagio del Covid19, no habrá espectadores en las gradas de los estadios, no se permitirán los abrazos entre los atletas y los ganadores olímpicos tendrán que ponerse las medallas al cuello para evitar cualquier posible contacto. Un año después del aplazamiento de los Juegos Olímpicos a causa de la pandemia, Japón se prepara para vivir el evento deportivo por excelencia con sentimientos encontrados: alegría y tristeza, orgullo y preocupación. Sin embargo, en estas Olimpiadas, que se celebran por primera vez bajo estrictas medidas contra el contagio, podrá tal vez surgir con mayor claridad el significado (y el valor) de un evento que, ya desde su símbolo -los cinco aros entrelazados-, trae consigo el espíritu de fraternidad y armonía entre los pueblos. Es un mensaje ciertamente muy necesario hoy, cuando estamos «todos en el mismo barco» y nos enfrentamos, entre otras muchas dificultades, a un inesperado cambio de época de consecuencias aún imprevisibles.

El Papa Francisco ha subrayado en varias ocasiones el potencial educativo del deporte para los jóvenes, la importancia de «ponerse en juego» y del juego limpio, así como -y también lo hizo durante sus días en el Hospital Gemelli- el valor de la derrota, porque la grandeza de una persona se ve más cuando cae que cuando triunfa, en el deporte como en la vida. A principios de año, en una larga entrevista concedida a la Gazzetta dello Sport, el Papa señaló: «La victoria contiene una emoción incluso difícil de describir, pero la derrota también tiene algo de maravilloso (…) De ciertas derrotas nacen hermosas victorias, porque una vez identificado el error, se enciende la sed de redención. Yo diría que los que ganan no saben lo que pierden». En una época marcada por fracturas y polarizaciones de todo tipo, para el Papa el deporte puede ser, por tanto, como recordó a los atletas de las Olimpiadas Especiales, «uno de esos lenguajes universales que supera las diferencias culturales y sociales, religiosas y físicas, y consigue unir a las personas, haciéndolas partícipes de un mismo juego y protagonistas juntas de victorias y derrotas».

Ciertamente, como en los recientes campeonatos europeos de fútbol y en la Copa América, existe la conciencia de que los atletas que se alternarán en la pista, en el campo o en la plataforma, no escatimarán energías para ganar. Este espíritu de competición también se ha visto reforzado por la prolongada espera de los últimos Juegos Olímpicos, en Río de Janeiro en 2016. Por otra parte, si Francisco ha expresado a menudo su aprecio por la dimensión amateur y comunitaria del deporte y su función social, sabe bien que la actividad deportiva, especialmente a nivel profesional, vive en la comparación y la superación del límite, en primer lugar, con uno mismo, incluso antes que con los demás. «Mostrar qué objetivos se pueden alcanzar con el esfuerzo de la formación, que implica un gran compromiso y también la renuncia. «Todo esto -dijo el Papa a los nadadores italianos en junio de 2018- constituye una lección de vida, especialmente para vuestros compañeros». Es la esperanza de que estos Juegos Olímpicos de Tokio sean capaces de combinar la tensión competitiva y el espíritu de unidad. Superar los límites y compartir las debilidades. Hoy, más que nunca, el reto no es sólo ganar la medalla de oro -el sueño y la meta de todo atleta olímpico- sino también ganar, todos juntos, la medalla de la fraternidad humana.

 

fuente: vaticannews.va

El Papa a la Universidad Católica: «El cuidado es una expresión del corazón»

«Pocos días después de su hospitalización en el Policlínico “Agostino Gemelli” de Roma, el Santo Padre ha enviado una Carta al Rector de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, en el cual renueva su gratitud por la atención recibida y anima a seguir adelante en la “promoción cultural e integral de la persona humana que abre la puerta al futuro”.

Ciudad del Vaticano

“El cuidado es una expresión del corazón. La Universidad Católica del Sagrado Corazón lleva en su nombre la vocación de cuidar a la persona humana”, lo escribe el Papa Francisco en la Carta que dirigió al Profesor Franco Anelli, Rector de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma, tras su hospitalización en el Policlínico Agostino Gemelli, el pasado 4 de julio, para una operación del colon. En la Misiva, el Papa expresa su gratitud y manifiesta su afecto “por la cercanía que ha experimentado, por la cordialidad genuina y solidaria que ha visto en cada rostro, por la profesionalidad de todos los que lo han atendido”.

 

El Papa en el hospital: “que todo enfermo reciba la unción de la cercanía”

El Papa Francisco preside la oración mariana del Ángelus Domini desde la decima planta del Hospital Universitario Policlínico Agostino Gemelli de Roma. Antes del rezo, ha subrayado la importancia de la unción de los enfermos, asegurando que también nosotros podemos dársela a alguien “con una visita o una llamada telefónica a esa persona enferma”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

El Papa sigue hospitalizado en el Hospital Universitario Policlínico Agostino Gemelli de Roma y ha sido precisamente desde allí desde donde hoy a rezado a la Madre del cielo, asomado desde el balcón de su habitación situada en la décima planta del hospital, junto a algunos niños que se encuentran también ingresados.

Antes de rezar el Ángelus, ha dado las gracias a todos: “he sentido mucho vuestra cercanía y el apoyo de vuestras oraciones. Gracias de todo corazón”. Después, comentando el Evangelio hodierno, Francisco ha explicado que el Evangelista San Marcos habla de como los discípulos de Jesús, enviados por Él, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. “Este “aceite” – dice el Papa – nos hace pensar que al sacramento de la Unción de los enfermos, que da consuelo al espíritu y al cuerpo”. “Pero este «aceite» – continúa – es también la escucha, la cercanía, la atención, la ternura de quien cuida a la persona enferma: es como una caricia que hace que nos sintamos mejor, que calma el dolor y anima”. Además, el Papa ha subrayado que tarde o temprano todos necesitamos esta «unción» de la cercanía y de la ternura y todos podemos dársela a alguien “con una visita, una llamada telefónica, una mano tendida a quien necesita ayuda”.

Después, se ha centrado en la importancia de un buen servicio sanitario gratuito y accesible a todos: “estos días de hospitalización ha experimentado lo importante que es un buen servicio sanitario, accesible a todos, como el que hay en Italia y en otros países. Un sistema sanitario que garantice un buen servicio accesible para todos. No debemos perder este bien tan precioso. ¡Tenemos que mantenerlo! Y para ello debemos esforzarnos todos, porque sirve a todos y requiere la contribución de todos”.

Antes de concluir, ha expresado su aprecio a los médicos y a todo el personal sanitario del hospital y de otros hospitales y ha pedido oración por todos los enfermos: “que no se deje a nadie solo, que todos reciban la unción de la escucha, de la cercanía, de la ternura y del cuidado”. Además, se ha preguntado: ¿por qué sufren los niños? asegurando que es una pregunta «que toca el corazón».

 

El Papa hace un llamamiento por Haití tras el Ángelus

Al final del rezo del Ángelus, Francisco este mediodía ha hecho un llamamiento por la situación de Haití, expresando la esperanza de que el país deponga las armas y opte por la convivencia fraterna. También ha recordado que hoy se celebra en Italia, por iniciativa de la Conferencia Episcopal, el Domingo del Mar, dedicado de forma especial a los marinos, asegurando sus oraciones y recomendando el cuidado de la salud del mar: «¡no al plástico en el mar!», dijo. Su último pensamiento ha sido por «quienes hoy en Polonia participan en la peregrinación de la familia de Radio María al Santuario de Czestochowa». Al final, destaca su deseo a los benedictinos y a las benedictinas de todo el mundo y a Europa: «que esté unida en sus valores fundacionales», en la fiesta de hoy de San Benito, abad y patrón de Europa.

 

fuente: vaticannews.va