El Papa: «La fraternidad es el verdadero remedio para las crisis y divisiones de hoy»

En la audiencia con el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, Francisco se detiene en las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de la pandemia. Subraya también la necesidad de actuar rápidamente para resolver la crisis medioambiental y analiza las razones de la persistente crisis política en varias partes del mundo. Esa crisis que aumenta las desigualdades, las emergencias humanitarias y los conflictos.

El Papa Francisco recibió esta mañana en Audiencia al Cuerpo Diplomático de la Santa Sede. El encuentro, que estaba previsto inicialmente para el pasado 25 de enero, tuvo lugar en el Aula de las Bendiciones, para respetar la exigencia de un mayor distanciamiento personal. Al iniciar su discurso agradeció al Decano, el Embajador de Chipre, Su Excelencia el Ser. Geroge Poulides, por sus amables palabras, y también agradeció la comprensión y la paciencia por la cancelación de la cita del pasado enero. A pesar de la distancia física, el encuentro de hoy, “simboliza”, dijo Francisco”, un signo de cercanía, de proximidad y de apoyo mutuo a los que la familia de naciones debe aspirar: “nuestro encuentro de hoy quiere ser una señal esperanzadora en ese sentido”, dijo.

En este tiempo de pandemia, este deber es aún más apremiante porque está claro para todos que el virus no conoce barreras ni puede ser fácilmente aislado. Derrotarlo es, por lo tanto, una responsabilidad que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente, como también a nuestros países.

 

Diálogo interreligioso, importante en el encuentro entre pueblos y culturas

Manifestó, asimismo, el Santo Padre, su voluntad de reanudar los viajes apostólicos, comenzando por el de Irak, previsto para el próximo mes de marzo. Viajes que constituyen, “un aspecto importante de la solicitud del Sucesor de Pedro por el Pueblo de Dios extendido por todo el mundo, así como del diálogo de la Santa Sede con los Estados”, y que “suelen ser una oportunidad favorable para profundizar, en un espíritu de intercambio y diálogo, la relación entre las diferentes religiones”.

En nuestra época, el diálogo interreligioso es un componente importante en el encuentro entre pueblos y culturas. Cuando se entiende no como una renuncia a la propia identidad, sino como una oportunidad para un mayor conocimiento y enriquecimiento mutuo, este constituye una buena ocasión para los líderes religiosos y para los fieles de las diversas confesiones, y puede apoyar los esfuerzos de los líderes políticos en su responsabilidad de construir el bien común.

De igual importancia son “los acuerdos internacionales que permiten profundizar los lazos de confianza mutua y posibilitan a la Iglesia cooperar más eficazmente al bienestar espiritual y social de sus países”. Un camino iniciado, “de carácter esencialmente pastoral”, que la Santa Sede espera que continúe, “en un espíritu de respeto y confianza recíproca, contribuyendo aún más a la resoluciones de cuestiones de interés común”.

Tras hacer una breve reflexión sobre el año que acaba de terminar, “que ha dejado tras de sí una carga de miedo, desánimo y desesperación, junto con muchos lutos”, el Papa Francisco se centró en algunas de las crisis causadas o manifestadas por la pandemia, con el fin de examinar a la vez “las oportunidades que de ellas se derivan para construir un mundo más humano, justo, solidario y pacífico”.

 

Cada vez más legislaciones se distancian de la protección de la vida

“La pandemia – dijo el Papa – nos ha puesto con gran fuerza frente a dos dimensiones ineludibles de la existencia humana: la enfermedad y la muerte. Precisamente por esta razón, nos recuerda el valor de la vida, de cada vida humana y de su dignidad, en todo momento de su itinerario terrenal, desde la concepción en el seno materno hasta su conclusión natural.

Desafortunadamente, duele constatar que, con el pretexto de garantizar supuestos derechos subjetivos, un número cada vez mayor de legislaciones de todo el mundo parecen distanciarse del deber esencial de proteger la vida humana en todas sus etapas.

Asimismo, “la pandemia nos recuerda también el derecho al cuidado, que es prerrogativa de todo ser humano”. Si se suprime el derecho a la vida de los más débiles, – preguntó – ¿cómo se podrán garantizar efectivamente todos los demás derechos?

 

Estados contribuyan a asegurar distribución equitativa de las vacunas

De ahí que el Papa a los embajadores renovase su llamado para que se le ofrezca “a cada persona humana el cuidado y la asistencia que necesita”. Es esencial – subrayó – que todos los que tienen responsabilidades políticas y de gobierno se esfuercen para favorecer, antes que nada, el acceso universal a la atención sanitaria básica, […] como esencial es que “los importantes progresos médicos y científicos realizados a lo largo de los años, que han permitido sintetizar en un brevísimo espacio de tiempo vacunas que se perfilan eficaces contra el coronavirus, beneficien a toda la humanidad”.

Por consiguiente, exhorto a todos los Estados a que contribuyan activamente a las iniciativas internacionales destinadas a asegurar la distribución equitativa de las vacunas, no según criterios puramente económicos, sino teniendo en cuenta las necesidades de todos, en particular las de las poblaciones menos favorecidas.

 

También nuestro planeta está enfermo

“No es sólo el ser humano el que está enfermo, sino que lo está además nuestro planeta tierra”: a partir de esta afirmación, el Sumo Pontífice marcó las diferencias entre la crisis sanitaria provocada por la pandemia y aquella ecológica, causada por la explotación indiscriminada de los recursos naturales: “esta última tiene una dimensión mucho más compleja y permanente, y requiere soluciones compartidas a largo plazo”, afirmó.

De hecho, los efectos del cambio climático, por ejemplo, ya sean directos, como los fenómenos meteorológicos extremos, entre los que están las inundaciones y las sequías, o los indirectos, como la desnutrición o las enfermedades respiratorias, suelen tener consecuencias que duran mucho tiempo.

Según el Papa, la solución de estas crisis requiere la colaboración internacional en el cuidado de nuestra casa común, por eso manifestó su esperanza de que la próxima “Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP26), programada en Glasgow” para noviembre, “permita llegar a un acuerdo efectivo para afrontar las consecuencias del cambio climático”.

Este es el momento de actuar, pues estamos ya advirtiendo los efectos de una prolongada inacción.

 

Urge que autoridades de Sudán del Sur superen malentendidos

El pensamiento del Papa va luego a las repercusiones del clima – incendios, inundaciones, etc.- en diversas partes del mundo, que han obligado a comunidades enteras a desplazarse, “perdiendo su identidad y cultura”, se dirige a las víctimas, y a todas las familias que han quedado sin medios de subsistencia,. Repercusionas que han agravado la inseguridad alimentaria en particular en algunos países del cuerno de África. Es particular, de hecho, la atención que el Papa dirige a la situación en Sudán del Sur, donde además del riesgo de carestía, persiste una grave emergencia humanitaria: “más de un millón de niños padecen deficiencias nutricionales, mientras que los corredores humanitarios suelen ser a menudo obstruidos y la presencia de organizaciones humanitarias en la zona se ve limitada”.

Para hacer frente a esta situación, es más urgente que nunca que las autoridades de Sudán del Sur superen los malentendidos y prosigan el diálogo político para lograr una plena reconciliación nacional.

 

Crisis económica y social

Refiriéndose luego a las medidas restrictivas tomadas por los gobiernos para contener el coronavirus, y a las graves repercusiones para la economía, que ha pesado especialmente en las pequeñas y medianas empresas afectando de modo particular a los más débiles, observó la “otra enfermedad” que afecta actualmente: la de una economía basada en la explotación y el descarte tanto de las personas como de los recursos naturales.

Con demasiada frecuencia, nos hemos olvidado de la solidaridad y los otros valores que permiten que la economía esté al servicio del desarrollo humano integral, y no de intereses particulares, y se ha perdido de vista el valor social de la actividad económica y el destino universal de los bienes y recursos.

La crisis actual es, por tanto, – afirmó Francisco – una ocasión propicia para replantear la relación entre la persona y la economía.

Hoy menos que nunca podemos pensar en valernos por nosotros mismos. Se necesitan iniciativas conjuntas y compartidas, incluso a nivel internacional, especialmente para apoyar el empleo y proteger a los sectores más pobres de la población.

 

Repercusiones de la crisis en el sector informal

Particular y relevante es la atención del Santo Padre a las muchas personas en el mundo que trabajan en los sectores informales, quienes fueron “los primeros en ver desaparecer sus medios de subsistencia”:

Al vivir fuera de los márgenes de la economía formal, ni siquiera tienen acceso a los amortiguadores sociales, incluidos el seguro de desempleo y la asistencia sanitaria. Así pues, empujados por la desesperación, muchos han buscado otras formas de ingresos, exponiéndose a la explotación mediante el trabajo ilegal o forzado, la prostitución y diversas actividades delictivas, incluida la trata de personas.

De ahí la necesidad, manifestada al Cuerpo Diplomático por el Papa, para que “se asegure a todos la estabilidad económica para evitar la lacra de la explotación y combatir la usura y la corrupción que afligen a muchos países del mundo, y muchas otras injusticias que se cometen cada día ante los ojos cansados y distraídos de nuestra sociedad contemporánea”.

No falta la mención a las consecuencias de la alienación a causa del tiempo pasado frente a las computadores y otros medios de comunicación, aún más agudas para los más vulnerables, presas fáciles “del cibercrimen”, en sus aspectos más deshumanizantes: “desde el fraude hasta la trata de personas, la explotación de la prostitución, incluida la de menores, y la pornografía infantil”. Tampoco está ausente la acentuación de las diversas emergencias humanitarias causadas por el cierre de las fronteras a causa de la pandemia, junto con la crisis económica, “tanto en las zonas de conflicto como en las regiones afectadas por el cambio climático y la sequía, al igual que en los campos para refugiados y migrantes”, con la mención del pontífice de las zonas afectadas.

 

Santa Sede espera relajación de las sanciones económicas

La Santa Sede, afirma luego Francisco, refiriéndose a las sanciones económicas que repercuten en los sectores más débiles de la población, más que en los responsables políticos, “aun comprendiendo la lógica de las sanciones”, “no ve su eficacia» y espera su «relajación”, para «favorecer el flujo de ayudas humanitarias, sobre todo de medicamentos e instrumentos sanitarios, sumamente necesarios en este tiempo de pandemia”. Por otra parte, se espera que la “coyuntura que estamos atravesando sea igualmente un estímulo para condonar, o por lo menos reducir, la deuda que recae sobre los países más pobres y que de hecho impide la recuperación y el pleno desarrollo”.

 

Urgente erradicar las causas que obligan a emigrar

El aumento de los migrantes que, a causa del cierre de fronteras, tuvieron que acudir a itinerarios cada vez más peligrosos, con el incremento de las expulsiones ilegales, también fue abordado en el discurso del Papa. Migrantes que “son interceptados y repatriados en campos de acogida y de detención, donde sufren torturas y violaciones de los derechos humanos, cuando no encuentran la muerte atravesando mares y otras fronteras naturales”. Si bien los corredores humanitarios contribuyen a afrontar algunas de las problemáticas, “la magnitud de la crisis hace cada vez más urgente erradicar las causas que obligan a emigrar, como también exige un esfuerzo común para apoyar a los países de primera acogida, que se hacen cargo de la obligación moral de salvar vidas humanas”.

Desde la Segunda guerra mundial el mundo todavía no había asistido a un aumento tan dramático del número de refugiados, como el que vemos hoy. Por tanto, es urgente que se renueve el compromiso por su protección, como también por la de los desplazados internos y de todas las personas vulnerables obligadas a huir de la persecución, de la violencia, de los conflictos y de las guerras.

 

Crisis de la política, en la raíz de las otras

“Los temas críticos que hasta ahora he señalado ponen de relieve una crisis mucho más profunda, que de algún modo está en la raíz de las otras, y cuyo dramatismo ha salido a la luz justamente por la pandemia. Es la crisis de la política, que desde hace tiempo está golpeando con violencia muchas sociedades y cuyos efectos devastadores han emergido durante la pandemia”. Así el Papa comienza por referirse a la crisis política, uno de cuyos “factores emblemáticos” es “el crecimiento de las contraposiciones políticas y la dificultad, por no decir la incapacidad, de encontrar soluciones comunes y compartidas a los problemas que aquejan a nuestro planeta”.

Es una tendencia a la que se asiste desde hace mucho tiempo y que se difunde cada vez más incluso en países de antigua tradición democrática. Mantener vivas las realidades democráticas es un desafío de este momento histórico , que afecta profundamente a todos los Estados, sean pequeños o grandes, económicamente avanzados o en vías de desarrollo.

Refiriéndose al golpe de estado la semana pasada en Birmania, el Santo Padre manifiesta su cercanía al pueblo y recuerda que “el proceso democrático requiere que se persiga un camino de diálogo inclusivo, pacífico, constructivo y respetuoso entre todos los miembros de la sociedad civil de cada ciudad y nación”.

El desarrollo de una conciencia democrática exige que se superen los personalismos y prevalezca el respeto del estado de derecho. En efecto, el derecho es el presupuesto indispensable para el ejercicio de todo poder y debe estar garantizado por los órganos competentes, independientemente de los intereses políticos dominantes.

 

Signos de esperanza

El medio de la crisis, sin embargo, el Papa ve «signos alentadores», como la entrada en vigor, hace algunos días, del Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares, así como la prórroga por otros cinco años del Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (el llamado Nuevo START) entre la Federación Rusa y los Estados Unidos de América. Y señala que el esfuerzo en el ámbito del desarme y de la no proliferación de los armamentos nucleares, que, “si bien entre dificultades y reticencias, es necesario intensificar”, debería “efectuarse igualmente en lo que se refiere a las armas químicas y a las armas convencionales”.

 

Fin al conflicto sirio, paz a Tierra Santa

Finalmente, expresa la exigencia de paz, de esa paz que «no es sólo ausencia de guerra, sino que es vida rica de sentido, configurada y vivida en la realización personal y en el compartir fraterno con los otros», y manifiesta un profundo deseo:

¡Cómo quisiera que el 2021 fuera el año en que se escribiese finalmente la palabra fin al conflicto sirio, que ya hace diez años que comenzó! Para que eso suceda, se necesita un renovado interés también de parte de la Comunidad internacional para afrontar con sinceridad y valentía las causas del conflicto y buscar soluciones por medio de las cuales todos, independientemente de la pertenencia étnica y religiosa, puedan contribuir como ciudadanos al futuro del país.

Su deseo de paz obviamente se dirige también a Tierra Santa: “la confianza recíproca entre israelíes y palestinos debe ser la base para un renovado y decisivo diálogo directo entre las partes que resuelva un conflicto que perdura desde hace demasiado tiempo”, afirma. Del mismo modo, Francisco espera en un renovado compromiso político nacional e internacional para favorecer la estabilidad del Líbano, que está atravesado por una crisis interna y “corre el riesgo de perder su identidad y de encontrarse aún más comprometido por las tensiones regionales”. Para Libia, devastada desde hace mucho tiempo por un conflicto, espera que el reciente “Foro de diálogo político libio”, realizado en Túnez el pasado mes de noviembre “permita efectivamente la puesta en marcha del esperado proceso de reconciliación del país”.

En el final de su discurso manifiesta la preocupación por otras tantas áreas del mundo, como la República Centroafricana, y todas las que afectan en general “a América Latina, que tienen raíces profundas en la desigualdad, las injusticias y la pobreza, que ofenden la dignidad de las personas”. Y pone especial atención al deterioro de las relaciones en la Península coreana, así como a la situación en el Cáucaso meridional.

 

La plaga del terrorismo

Francisco no puede olvidar “otra grave plaga de nuestro tiempo”: el terrorismo, que cada año se cobra numerosas víctimas en todo el mundo entre la población civil indefensa. Así, se refiere de modo particular al terrorismo que afecta sobre todo al África subsahariana, pero también en Asia y en Europa. Y destaca que, con frecuencia, objetivo de ataques son los lugares de culto: la protección de los lugares de culto – afirma – es  una consecuencia directa de la defensa de la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, y es un deber para las autoridades civiles, independientemente de la tendencia política o de la pertenencia religiosa.

 

La «catástrofe educativa»

El Santo Padre no oculta que la pandemia ha provocado un profundo malestar entre los jóvenes, que se han visto obligados a aislarse y algunos aún más marginados por su falta de acceso a plataformas educativas. Un retraso también desde el punto de vista del desarrollo pedagógico. Por ello, es necesario relanzar el Pacto Mundial por la Educación:

Asistimos a una suerte de “catástrofe educativa”, ante la que no podemos permanecer inertes, por el bien de las generaciones futuras y de la sociedad en su conjunto. «Hoy es necesario un nuevo periodo de compromiso educativo, que involucre a todos los componentes de la sociedad»,  porque la educación es «el antídoto natural de la cultura individualista, que a veces degenera en un verdadero culto al yo y en la primacía de la indiferencia. Nuestro futuro no puede ser la división, el empobrecimiento de las facultades de pensamiento e imaginación, de escucha, de diálogo y de comprensión mutua». 

En el aislamiento, algunas familias se han reunido, otras se han distanciado, y en varios casos ha estallado la violencia contra las mujeres; las víctimas -dice el Papa- deben ser apoyadas y es tarea de las autoridades públicas y civiles.

 

Libertad de religión

Las exigencias para contener la difusión del virus también se ramificaron sobre diversas libertades fundamentales, incluida la libertad de religión, limitando el culto y las actividades educativas y caritativas de las comunidades de fe. Sin embargo, – subraya Francisco – no debemos pasar por alto que la dimensión religiosa constituye un aspecto fundamental de la personalidad humana y de la sociedad, que no puede ser cancelado; y que, aun cuando se está buscando proteger vidas humanas de la difusión del virus, la dimensión espiritual y moral de la persona no se puede considerar como secundaria respecto a la salud física. «La libertad de culto – asevera – no constituye un corolario de la libertad de reunión, sino que deriva esencialmente del derecho a la libertad religiosa, que es el primer y fundamental derecho humano. Por eso es necesario que sea respetada, protegida y defendida por las autoridades civiles, como la salud y la integridad física. Además, un buen cuidado del cuerpo nunca puede prescindir del cuidado del alma».

Por último, el Pontífice dirige un afectuoso pensamiento a Italia, el primer país de Europa duramente afectado por la pandemia, exhortando a sus ciudadanos a no dejarse abatir por las dificultades, «sino a trabajar juntos para construir una sociedad en la que nadie sea descartado u olvidado».

 

El año de la fraternidad

El Papa Francisco concluye su discurso con una invitación a buscar nuevos caminos de solidaridad y comunión para toda la familia humana:

El 2021 es un tiempo que debemos aprovechar. Y no será desaprovechado en la medida en que sepamos colaborar con generosidad y esfuerzo. En este sentido considero que la fraternidad es el verdadero remedio a la pandemia y a muchos males que nos han golpeado. Fraternidad y esperanza son como medicinas que hoy el mundo necesita, junto con las vacunas.

fuente: vaticannews.va

Ángelus. Francisco: “llevar la ternura de Dios a la humanidad sufriente»

El Papa Francisco realizó la oración mariana del Ángelus desde el Balcón del Palacio Apostólico en la Plaza de San Pedro. En el comentario al Evangelio de hoy (Mc 1,29-39) subrayó: “La realidad que estamos viviendo en todo el mundo a causa de la pandemia hace particularmente actual este mensaje”.

Ciudad del Vaticano

El Papa nos recuerda el relato de Marcos 1,29-39, que presenta la sanación, “por parte de Jesús, de la suegra de Pedro y después de tantos otros enfermos y sufrientes que se agolpaban junto a Él”. Esta es la primera sanación física que nos cuenta el evangelista Marcos, añadió.

 

Un acto de dulzura

Francisco nos llama la atención sobre la escena narrada: “la mujer se encontraba en la cama con fiebre; la actitud y el gesto de Jesús con ella son emblemáticos: «Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó» (v. 31), señala el Evangelista. Hay mucha dulzura en este sencillo acto, que parece casi natural: ‘La fiebre la dejó y ella se puso a servirles’.

Seguidamente afirma: “El poder sanador de Jesús no encuentra ninguna resistencia; y la persona sanada retoma su vida normal, pensando enseguida en los otros y no en sí misma – y esto es significativo, ¡es signo de verdadera salud!”. El Papa añade: “Ese día era un sábado. La gente del pueblo esperaba el anochecer y después, terminada la obligación del descanso, sale y lleva donde Jesús a todos los enfermos y los endemoniados”.

 

Los predilectos de Jesús

Francisco subraya que “Jesús muestra su predilección por las personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu: es la predilección del Padre, que Él encarna y manifiesta con obras y palabras”. Y vuelve a llamarnos la atención sobre la acción de Jesús: “Sus discípulos han sido testigos oculares”, pero Jesús no los quiere como observadores, espectadores de su misión.

De aquí nace la fuerza de la misión: Jesús “les ha involucrado, les ha enviado, les ha dado también a ellos el poder de sanar a los enfermos y de expulsar demonios (cfr Mt 10,1; Mc 6,7)”. Y esta misión ha proseguido en la vida de la Iglesia hasta el día de hoy, insiste Francisco.

La misión de la Iglesia es “llevar la ternura de Dios a la humanidad sufriente” y ésta no es “algo opcional, algo accesorio”, dice Francisco, forma parte integrante de la misión de la Iglesia, “como lo era la de Jesús”.

El Papa recuerda que, dentro de pocos días, el 11 de febrero, se realizará la Jornada Mundial del Enfermo, “instituida por San Juan Pablo II, quien ha donado a la Iglesia también la Carta Apostólica Salvifici doloris, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano (11 de febrero 1984)”.

 

Actualidad de este mensaje

El Papa hace notar que “La realidad que estamos viviendo en todo el mundo a causa de la pandemia hace particularmente actual este mensaje. La voz de Jacob, que resuena en la Liturgia de hoy, una vez más se hace intérprete de nuestra condición humana, tan alta en la dignidad y al mismo tiempo tan frágil. Frente a esta realidad, siempre surge en el corazón la pregunta: “¿por qué?”.

El Obispo de Roma, pone en evidencia que “Jesús, Verbo Encarnado, responde a este interrogante no con una explicación, sino con una presencia de amor que se inclina, que toma de la mano y hace levantarse, como hizo con la suegra de Pedro (cfr Mc 1,31). Agacharse para levantar a la otra persona. No olvidemos que la única forma permitida, la única forma permitida de mirar hacia abajo a una persona es cuando se le tiende la mano para ayudarla a levantarse. La única. Y esa es la misión que Jesús confió a la Iglesia. El Hijo de Dios manifiesta su Señorío no “de arriba hacia abajo”, no en la distancia, sino en la cercanía, en la ternura, en la compasión”.

Francisco vuelve a subrayar: “La cercanía, la ternura, la compasión, son el estilo de Dios. Dios se hace cercano y está cerca con ternura y compasión (…) La compasión de Jesús, la cercanía de Dios en Jesús es el estilo de Dios”.

 

¿De qué se nutre la compasión?

Francisco subraya que “el Evangelio de hoy nos recuerda también que esta compasión tiene sus raíces en la íntima relación con el Padre: antes del alba y después del anochecer, Jesús se apartaba y permanecía solo para rezar (v. 35). De allí sacaba la fuerza para cumplir su ministerio, predicando y sanando.

Que la Virgen Santa nos ayude a dejarnos sanar por Jesús – siempre lo necesitamos, todos – para poder ser a su vez testigos de la ternura sanadora de Dios”.

 

fuente: vaticannews.va

Santa Misa. Papa: “la tristeza interior es un gusano que nos come por dentro”

En la fiesta de la Presentación del Señor y día en el que se celebra la XXV Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el Papa preside la Santa Misa con los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de la Sociedad de Vida Apostólica.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

La paciencia. Es esta la palabra entorno a la que el Papa Francisco ha guiado su homilía de hoy, durante la Santa Misa dedicada a la hodierna XXV Jornada Mundial de la Vida Consagrada. El Papa ha puesto de ejemplo la paciencia de Simeón para demostrar a los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de la Sociedad de Vida Apostólica que hay tres “lugares” en los que la paciencia toma forma concreta.

 

La paciencia de Simeón

“Observemos atentamente la paciencia de Simeón – dice el Papa – quien durante toda su vida esperó y ejerció la paciencia del corazón”. Francisco asegura que Simeón tomó la paciencia “en la oración”, “pues aprendió que Dios no viene en acontecimientos extraordinarios, sino que realiza su obra en la aparente monotonía de nuestros días, en el ritmo a veces fatigoso de las actividades, en lo pequeño e insignificante que realizamos con tesón y humildad, tratando de hacer su voluntad”. Además – añade – “caminando con paciencia, Simeón no se dejó desgastar por el paso del tiempo. Era un hombre ya cargado de años, y sin embargo la llama de su corazón seguía ardiendo; en su larga vida habrá sido a veces herido y decepcionado; sin embargo, no perdió la esperanza. Con paciencia, conservó la promesa, sin dejarse consumir por la amargura del tiempo pasado o por esa resignada melancolía que surge cuando se llega al ocaso de la vida”.

 

La paciencia conduce a la conversión

Pero – pregunta el Papa – “¿De dónde aprendió Simeón esta paciencia?”, “la recibió de la oración y de la vida de su pueblo, que en el Señor había reconocido siempre al «Dios misericordioso y compasivo, que es lento para enojarse y rico en amor y fidelidad»”, “el Padre – prosigue – que incluso ante el rechazo y la infidelidad no se cansa y concede una y otra vez la posibilidad de la conversión”. Por tanto, para el Papa Francisco, la paciencia de Simeón es “reflejo de la paciencia de Dios” y con su paciencia “nos conduce a la conversión y nos enseña la resiliencia”.

 

¿Qué es la paciencia según Francisco?

¿Qué es la paciencia? El Papa Francisco ha respondido a esta pregunta: “No es una mera tolerancia de las dificultades o una resistencia fatalista a la adversidad. La paciencia no es un signo de debilidad: es la fortaleza de espíritu que nos hace capaces de “llevar el peso” de soportar los problemas personales y comunitarios, nos hace acoger la diversidad de los demás, nos hace perseverar en el bien incluso cuando todo parece inútil, nos mantiene en movimiento aun cuando el tedio y la pereza nos asaltan”.

 

Los tres “lugares” en los que la paciencia toma forma concreta

El Pontífice, después de poner el ejemplo de Simeón, ha explicado a los miembros de los institutos de la Vida Consagrada las tres ocasiones en las que deben tener paciencia: en la vida personal, en la vida comunitaria y ante el mundo, pues tal y como ha asegurado, “la paciencia nos ayuda a mirarnos a nosotros mismos, a nuestras comunidades y al mundo con misericordia. Son retos para nuestra vida consagrada: no podemos quedarnos en la nostalgia del pasado ni limitarnos a repetir lo mismo de siempre. Necesitamos la paciencia valiente de caminar, de explorar nuevos caminos, de buscar lo que el Espíritu Santo nos sugiere”.

 

En nuestra vida personal

“A veces, el entusiasmo de nuestro trabajo no se corresponde con los resultados que esp

erábamos, nuestra siembra no parece producir el fruto adecuado, el fervor de la oración se debilita y ya no somos inmunes a la sequedad espiritual” ha dicho el Pontífice. Con estas palabras, ha querido recordar que aunque en la vida de consagrados puede ocurrir que la esperanza se desgaste por las expectativas defraudadas, se debe ser “paciente con nosotros mismos” y “esperar con confianza los tiempos y los modos de Dios: Él es fiel a sus promesas”.

“Recordar esto – ha dicho – nos permite replantear nuestros caminos y revigorizar nuestros sueños, sin ceder a la tristeza interior y al desencanto”, pues, “la tristeza interior en nosotros los consagrados es como un gusano que nos come desde adentro, huyan de la tristeza interior”.

 

En la vida comunitaria

En cuanto a las relaciones humanas, especialmente cuando se trata de compartir un proyecto de vida y una actividad apostólica, Francisco asegura que “no siempre son pacíficas”: “A veces surgen conflictos y no podemos exigir una solución inmediata, ni debemos apresurarnos a juzgar a la persona o a la situación: hay que saber guardar las distancias, intentar no perder la paz, esperar el mejor momento para aclarar con caridad y verdad”. Además – dice – “no se deben confundir por las tempestades, pues nunca podremos hacer un buen discernimiento en la vida si nuestro corazón esta agitado”. En nuestras comunidades – continúa – “necesitamos paciencia mutua, es decir, soportar y llevar sobre nuestros hombros la vida del hermano o de la hermana, incluso sus deb

ilidades y defectos”. Un consejo del Papa para nunca olvidar esto es que “el Señor no nos llama a ser solistas, sino a formar parte de un coro, que a veces desafina, pero que siempre debe intentar cantar unido”.

 

La paciencia ante el mundo

Por último, el Papa habla de la paciencia ante el mundo y vuelve a poner de ejemplo a Simeón y Ana, quienes cultivaron en sus corazones la esperanza anunciada por los profetas, aunque tardó en hacerse realidad y creció lentamente en medio de las infidelidades y las ruinas del mundo. “Necesitamos esta paciencia para no quedarnos prisioneros de la queja: “el mundo ya no nos escucha”, “no tenemos más vocaciones”, “vivimos tiempos difíciles”… A veces sucede que oponemos a la paciencia con la que Dios trabaja el terreno de la historia y de nuestros corazones la impaciencia de quienes juzgan todo de modo inmediato, y así – concluye – perdemos la virtud más bella: la esperanza. Tantos consagrados y consagradas que pierden la esperanza por la paciencia”.

 

Dos consejos del Papa a los consagrados

Al final de la Eucaristía, el Papa Francisco dio dos consejos a los consagrados y consagradas: morderse la lengua y tener sentido de humor: «Huyan de los chismes, aquello que asesina a la vida comunitaria son los chismes, no hablen de los demás. Hay una medicina que está muy cerca de casa: morderse la lengua» ha dicho Francisco. Y luego, el otro consejo que les recomienda en la vida de comunidad: «no pierdan el sentido del humor, esto nos ayuda tanto, es el anti-chisme, saber reírse de sí mismos, de las situaciones, también de los demás un poco, pero no perder el sentido del humor. Esto que les recomiendo no es un consejo muy clerical, pero es muy humano».

fuente: vaticannews.va

El Papa: Comprometerse con la fraternidad cada día del año

Mañana por la tarde el Santo Padre Francisco participará en un encuentro virtual con el Gran Imán de Al-Azhar, con el Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. António Guterres, y con otras personalidades, en el ámbito de la Primera Jornada Internacional de la Fraternidad Humana

 

 

Vatican News

Al final de la catequesis de esta mañana y tras los saludos del Santo Padre antes de concluir la Audiencia General desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, el Papa recordó que mañana se celebrará la Primera Jornada Internacional de la Fraternidad Humana, establecida recientemente mediante una Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Francisco explicó:

“Esta iniciativa también tiene en cuenta el encuentro del 4 de febrero de 2019 en Abu Dhabi, cuando el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, y yo firmamos el Documento sobre la Fraternidad humana para la paz mundial y la convivencia común. Me complace mucho que las naciones de todo el mundo se unan a esta celebración, destinada a promover el diálogo interreligioso e intercultural”

 

Y añadió que por ello, mañana por la tarde participará “en un encuentro virtual con el Gran Imán de Al-Azhar, con el Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. António Guterres, y con otras personalidades”.

“La citada Resolución de la ONU reconoce la contribución que el diálogo entre todos los grupos religiosos puede aportar para que se conozcan y se comprendan mejor los valores comunes compartidos por toda la humanidad. Que esta sea nuestra oración hoy y nuestro compromiso durante todos los días del año”

 


Mañana se celebrará la Primera Jornada Internacional de la Fraternidad Humana, que estableció recientemente una Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta iniciativa también tiene en cuenta el encuentro del 4 de febrero de 2019 en Abu Dhabi, cuando el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, y yo firmamos el Documento sobre la Fraternidad humana para la paz mundial y la convivencia común.

 

Me complace mucho que las naciones de todo el mundo se unan a esta celebración, destinada a promover el diálogo interreligioso e intercultural. Por ello, mañana por la tarde participaré en un encuentro virtual con el Gran Imán de Al-Azhar, con el Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. António Guterres, y con otras personalidades. La citada Resolución de la ONU reconoce «la contribución que el diálogo entre todos los grupos religiosos puede aportar para que se conozcan y se comprendan mejor los valores comunes compartidos por toda la humanidad». Que esta sea nuestra oración hoy y nuestro compromiso durante todos los días del año.

 

fuente: vaticannews.va

 

El Papa instituye la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

En sus palabras tras el rezo del Ángelus, en este domingo 31 de enero, el Santo Padre Francisco anunció la institución de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, a celebrarse el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús.

Un anuncio que toca el corazón de todos: el Papa Francisco, tras la oración mariana del Ángelus, instituyó, en este domingo 31 de enero la celebración, en toda la Iglesia, de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, a partir de este año 2021, el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús:

Pasado mañana, 2 de febrero, celebraremos la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, cuando Simeón y Ana, ambos ancianos, iluminados por el Espíritu Santo, reconocieron a Jesús como el Mesías. El Espíritu Santo sigue suscitando hoy pensamientos y palabras de sabiduría en los ancianos: su voz es preciosa porque canta las alabanzas de Dios y custodia las raíces de los pueblos. Nos recuerdan que la vejez es un don y que los abuelos son el eslabón entre generaciones, para transmitir a los jóvenes la experiencia de la vida y la fe. Los abuelos son a menudo olvidados y nosotros olvidamos esta riqueza de custodiar las raíces y transmitirlas. Por ello, he decidido instituir la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, que se celebrará en toda la Iglesia todos los años el cuarto domingo de julio, cerca de la fiesta de los santos Joaquín y Ana, los «abuelos» de Jesús. Es importante que los abuelos se encuentren con los nietos y que los nietos se encuentren con los abuelos, porque -como dice el profeta Joel- los abuelos ante los nietos soñarán, tendrán ilusiones [grandes deseos], y los jóvenes, tomando fuerza de sus abuelos, irán hacia adelante, profetizarán. Y precisamente el 2 de febrero es la fiesta del encuentro de los abuelos con sus nietos.

El cardenal Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en un comunicado difundido señala que este “es el primer fruto del Año Familia Amoris Laetitia, un don para toda la Iglesia destinado a permanecer a lo largo de los años. La pastoral de las personas mayores es una prioridad inaplazable para toda comunidad cristiana”.

“En la Encíclica Fratelli tutti, – continúa – el Santo Padre nos recuerda que nadie se salva solo. En esta perspectiva es necesario atesorar la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones”.

El Prefecto señala, asimismo, que el Dicasterio ya ha organizado el primer Congreso Internacional de Pastoral de las Personas mayores, y, con el anuncio de hoy, se sienten “aún más comprometidos en trabajar para eliminar la cultura del descarte y valorar los carismas de los abuelos y las personas mayores”.

Con motivo de la 1ª Jornada Mundial, que significativamente tendrá lugar en el corazón del Año Familia Amoris Laetitia, el Papa Francisco presidirá la misa vespertina del domingo 25 de julio, respetando la situación sanitaria, en la basílica de San Pedro. Además, a medida que se acerque la Jornada, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida anunciará las iniciativas adicionales que la acompañarán.

A partir de ahora, el Dicasterio invita a las parroquias y diócesis de todo el mundo a encontrar formas de celebrar la Jornada a nivel local que se adapten a su propio contexto pastoral

fuente: vaticannews.va