El Adviento, preparación para la Navidad

La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad

Por: Tere Vallés | Fuente: Catholic.net

 

Significado del Adviento

La palabra latina «adventus» significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

 

Esta es su triple finalidad:

Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la «presencia de Jesucristo» en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la «majestad de su gloria». Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

 

Algo que no debes olvidar

El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

 

Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.

De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

Francisco a Cardenales: Estar vigilantes para permanecer en el camino de Jesús

El Papa Francisco, este 28 de noviembre, presidió a las 4 de la tarde, en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, el Consistorio público ordinario para la creación de Trece nuevos cardenales. Dos de Asia, no pudieron llegar a Roma. Un centenar de fieles estará presente en la ceremonia.

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco presidió el séptimo Consistorio de su pontificado, en la víspera del primer domingo de Adviento. 13 nuevos Cardenales han sido creados.

El Papa Francisco dirigiéndose a todos los fieles, y principalmente a los Cardenales, centró su homilía en el tema del camino, y refiriéndose al texto del evangelista Marcos 10, 32-45 afirmó que el camino “es el lugar donde se desarrolla siempre la trayectoria de la Iglesia: el camino de la vida, de la historia, que es historia de salvación en la medida en que se hace con Cristo, orientado a su Misterio pascual. Jerusalén siempre está ante nosotros. La cruz y la resurrección pertenecen a nuestra historia, son nuestro presente, pero también son la meta de nuestro camino”.

El Papa recordó que este relato evangélico ha estado presente con frecuencia en los consistorios y subrayó: “No es sólo un “trasfondo”, sino la “hoja de ruta” para nosotros que estamos hoy en camino con Jesús, que va delante de nosotros. Él es la fuerza y el sentido de nuestra vida y de nuestro ministerio”.

 

Confrontarse con la Palabra

Francisco evidencia que en el relato de Marcos los discípulos “estaban asombrados (…) tenían miedo” y añade: “El Señor conoce el estado de ánimo de los que lo siguen, y esto no lo deja indiferente. Jesús no abandona jamás a sus amigos; no los olvida nunca”.

El Papa añadió: “Sabiendo que el corazón de los discípulos estaba turbado, Jesús llamó aparte a los Doce y, «otra vez», les dijo «lo que le iba a suceder». Lo hemos escuchado, dijo el pontífice: “es el tercer anuncio de su pasión, muerte y resurrección. Este es el camino del Hijo de Dios. El camino del Siervo del Señor. Jesús se identifica con este camino, hasta el punto de que Él mismo es este camino. «Yo soy el camino» (Jn 14,6). Este camino, no hay otro”.

 

Este es otro camino

Justo después de este momento, dice Francisco, “sucedió un ‘golpe de efecto’” que permite a Jesús revelarles a todos los apóstoles “el destino que les esperaba”. Santiago y Juan se acercan a Jesús y le expresan su deseo: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (v. 37).

Francisco añadió: “Este es otro camino. No es el camino de Jesús, es otro. Es el camino de quien, quizás, sin ni siquiera darse cuenta, “usa” al Señor para promoverse a sí mismo; de quien —como dice san Pablo— busca su propio interés, no el de Cristo (cf. Flp 2,21)”. L Papa pone en evidencia que esta situación no era exclusiva de los hijos de Zebedeo, sino “que todos estaban tentados de salirse del camino”.

 

Estar vigilantes para permanecer en el camino de Jesús

El Obispo de Roma subrayó dos movimientos que muchas veces suceden en quienes desean seguir a Jesús: “Porque con los pies, con el cuerpo podemos estar con Él, pero nuestro corazón puede estar lejos y llevarnos fuera del camino. Así, por ejemplo, pensemos en tantos tipos de corrupciones en la vida sacerdotal. el rojo púrpura del hábito cardenalicio, que es el color de la sangre, se puede convertir, por el espíritu mundano, en el de una distinción eminente, y ya no serás más el pastor cercano a la gente. Sentirás que eres sólo la eminencia. Cuando sientas eso, estarás fuera del camino».

El texto de Marcos, afirma el Papa, muestra “dos recorridos opuestos. Sólo el Señor, en realidad, puede salvar a sus amigos desorientados y con el riesgo de perderse; sólo su cruz y su resurrección. Por ellos y por todos, Él subió a Jerusalén. Por ellos y por todos, entregó su cuerpo y derramó su sangre. Por ellos y por todos, resucitó de entre los muertos, y con el don del Espíritu los perdonó y los transformó. Finalmente, los orientó para que lo siguieran en su camino”.

El Papa concluyó la homilía afirmando: “También nosotros, Papa y cardenales, tenemos que reflejarnos siempre en esta Palabra de verdad. Es una espada afilada, nos corta, es dolorosa, pero al mismo tiempo nos cura, nos libera, nos convierte. Conversión es justamente esto: desde fuera del camino, volver al camino de Dios”.

 

fuente: vaticannews.va

Ángelus del Papa: usemos el patrimonio que Dios nos ha dado para hacer el bien

A la hora del rezo del Ángelus, en la Jornada Mundial de los Pobres, el Santo Padre Francisco reflexionó sobre la parábola de los talentos y animó a emplear los dones que Dios ha dado a cada uno de nosotros, «patrimonio», para hacer «el bien en esta vida, como servicio a Dios y a nuestros hermanos».

 

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

Tras celebrar la Misa con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres, el domingo 15 de noviembre en la Basílica de San Padro, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano.

Comentando el Evangelio del día, Francisco reflexionó sobre la parábola de los talentos, (cf. Mt 25, 14-30) que «forma parte del discurso de Jesús sobre los últimos tiempos, que precede inmediatamente a su pasión, muerte y resurrección».

 

La parábola de los talentos

«La parábola cuenta de un rico señor que debe partir y, previendo una larga ausencia, encomienda sus bienes a tres de sus siervos», dijo el Santo Padre.

«Al primero le encomienda cinco talentos, al segundo dos, al tercero uno. Jesús especifica que la distribución se hace «según la capacidad de cada uno» (v. 15)», puntualizó el Santo Padre recordando que así hace el Señor con todos nosotros: «nos conoce bien, sabe que no somos iguales y no quiere privilegiar a nadie en detrimento de otros, sino que encomienda a cada uno un capital de acuerdo con sus capacidades».

 

“Durante la ausencia del amo, los dos primeros siervos se esforzaron hasta el punto de duplicar la suma que se les había encomendado. No así el tercer siervo, que esconde su talento en un hoyo: para evitar peligros, lo deja allí, a salvo de los ladrones, pero sin hacerlo fructífero. Llega el momento del regreso del amo, que pide cuentas a sus siervos. Los dos primeros presentan el buen fruto de sus esfuerzos, y el maestro los elogia, los recompensa y los invita a compartir su alegría. El tercero, sin embargo, al darse cuenta de que está en falta, inmediatamente empieza a justificarse diciendo: «Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste, por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo» (vv. 24-25). Se defiende de su pereza acusando a su amo de ser «duro». Entonces el amo le recrimina: le llama siervo «malo y perezoso»(v. 26); hace que le quiten su talento y lo echen de su casa”

Al respecto, Francisco señaló que esta parábola vale para todos, pero, como siempre, especialmente para los cristianos.

 

Todos recibimos un «patrimonio» de Dios

«Todos hemos recibido de Dios un «patrimonio» como seres humanos -continuó el Papa- en primer lugar la vida misma, luego las diferentes facultades físicas y espirituales. Como discípulos de Cristo hemos recibido la fe, el Evangelio, el Espíritu Santo, los sacramentos… Estos dones hay que emplearlos para hacer el bien en esta vida, como servicio a Dios y a nuestros hermanos».

Es por ello, que el Santo Padre recordó que al final de nuestra existencia, en el juicio personal, «Dios recompensará con el Paraíso, con la vida eterna, a aquellos que han aprovechado sus dones para hacer el bien».

 

“Si, en cambio, pretendo «hacerme el listo», dejando mis talentos encerrados en una caja fuerte, me excluyo yo solo de la fiesta de Dios, que es la fiesta del Amor. Por ejemplo: si un sacerdote, que ha recibido el Evangelio de Cristo, nunca predica, no hace catequesis, no lleva el Evangelio a los enfermos y a los pobres, ¿cómo podrá entrar en la fiesta de su Señor? ¡Pero, cuidado! No juzguemos a los demás, examinémonos a nosotros mismos. Y no olvidemos que Dios puede salvar al peor de los pecadores”

El Papa concluyó afirmando que la Virgen María recibió a Jesús de Dios, «pero no se lo guardó para sí misma, se lo dio al mundo, a su pueblo».

«Aprendamos de ella el temor del Señor, no el miedo. Aprendamos, sobre todo, el amor atento, a ponernos al servicio los unos de los otros. Para que el Señor, a su regreso, nos encuentre así, esforzándonos en hacer fructíferos sus dones», añadió.

 

tomado de: vaticannews.va

Papa en la Jornada de los Pobres: «la riqueza es lo que somos, no lo que tenemos»

«No hay fidelidad sin riesgo. En el Evangelio, los siervos buenos son los que arriesgan. No son cautelosos y precavidos, no guardan lo que han recibido, sino que lo emplean», dijo el Papa en la Jornada Mundial de los Pobres, recordando que el bien, «si no se invierte, se pierde; porque la grandeza de nuestra vida no depende de cuánto acaparamos, sino de cuánto fruto damos». En este sentido, el Santo Padre señaló que los pobres nos permiten enriquecernos en el amor, que es la mayor carencia que uno puede tener. Y nos invita a preguntarnos ¿qué puedo dar?, en lugar de plantearnos constantemente, ¿qué puedo comprar?

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

La mañana del 15 de noviembre, XXXIII domingo del tiempo ordinario, el Papa Francisco celebró la Misa en la Basílica de San Pedro en el marco de la IV Jornada Mundial de los Pobres que este año lleva como tema: «Tiende tu mano al pobre» (cf. Si 7,32).

El Santo Padre profundizó sobre el evangelio del día que narra la parábola de los talentos que Jesús cuenta a sus discípulos: un señor llama a sus siervos, les entrega a cada uno una serie de talentos, (una cantidad diferente según su capacidad) y luego, con el tiempo, les reclama qué es lo que han hecho con esas monedas entregadas. Francisco, divide, entonces, este relato en tres partes: «un comienzo, un desarrollo y un desenlace, que iluminan el principio, el núcleo y el final de nuestras vidas».

«En el comienzo todo inicia con un gran bien: el dueño no se guarda sus riquezas para sí mismo, sino que las da a los siervos; a uno cinco, a otro dos, a otro un talento, a cada cual según su capacidad», dijo el Pontífice recordando que también para nosotros empieza todo así:

«Con la gracia de Dios, que es Padre y ha puesto tanto bien en nuestras manos, confiando a cada uno talentos diferentes. Somos portadores de una gran riqueza, que no depende de cuánto poseamos, sino de lo que somos: de la vida que hemos recibido, del bien que hay en nosotros, de la belleza irreemplazable que Dios nos ha dado, porque somos hechos a su imagen, cada uno de nosotros es precioso a sus ojos, único e insustituible en la historia».

 

Luego llegamos al centro de la parábola – continuó reflexionando Francisco- que es el trabajo de los sirvientes, es decir, el servicio.

“El servicio es también obra nuestra, el esfuerzo que hace fructificar nuestros talentos y da sentido a la vida: de hecho, no sirve para vivir el que no vive para servir. ¿Pero cuál es el estilo de servicio? En el Evangelio, los siervos buenos son los que arriesgan. No son cautelosos y precavidos, no guardan lo que han recibido, sino que lo emplean. Porque el bien, si no se invierte, se pierde; porque la grandeza de nuestra vida no depende de cuánto acaparamos, sino de cuánto fruto damos. Cuánta gente pasa su vida acumulando, pensando en estar bien en vez de hacer el bien. ¡Pero qué vacía es una vida que persigue las necesidades, sin mirar a los necesitados! Si tenemos dones, es para ser dones”

 

Y para lograr esto, el Papa señaló que es fundamental seguir el ejemplo de San Pablo que «nos invita a enfrentar la realidad y a no dejarnos llevar por la indiferencia».

«¿Pero cuál es el estilo de servicio?» – se interrogó el Obispo de Roma.

“En el Evangelio, los siervos buenos son los que arriesgan. No son cautelosos y precavidos, no guardan lo que han recibido, sino que lo emplean. Porque el bien, si no se invierte, se pierde; porque la grandeza de nuestra vida no depende de cuánto acaparamos, sino de cuánto fruto damos. Cuánta gente pasa su vida acumulando, pensando en estar bien en vez de hacer el bien. ¡Pero qué vacía es una vida que persigue las necesidades, sin mirar a los necesitados! Si tenemos dones, es para ser dones”

Precisamente el señor de la parábola indica al siervo fiel el camino que hay que seguir para que los talentos recibidos den frutos: «Debías haber llevado mi dinero a los prestamistas, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses» (v. 27). A este punto, el Santo Padre nos plantea… «¿Quiénes son los “prestamistas” para nosotros, capaces de conseguir un interés duradero?».

 

“Son los pobres: ellos nos garantizan un rédito eterno y ya desde ahora nos permiten enriquecernos en el amor. Porque la mayor pobreza que hay que combatir es nuestra carencia de amor», afirmó Francisco haciendo hincapié El Libro de los Proverbios alaba a una mujer laboriosa en el amor, cuyo valor es mayor que el de las perlas: debemos imitar a esta mujer que, según el texto, «tiende sus brazos al pobre» (Pr 31,20). Extiende tu mano a los necesitados, en lugar de exigir lo que te falta: de este modo multiplicarás los talentos que has recibido”

Llegando a la parte final de la parábola, el Papa subrayó las palabras del señor a sus siervos: «Habrá quien tenga abundancia y quien haya desperdiciado su vida y permanecerá siendo pobre (cf. v. 29)».

 

“Al final de la vida, en definitiva, se revelará la realidad: la apariencia del mundo se desvanecerá, según la cual el éxito, el poder y el dinero dan sentido a la existencia, mientras que el amor, lo que hemos dado, se revelará como la verdadera riqueza. Un gran Padre de la Iglesia escribió: «Así es como sucede en la vida: después de que la muerte ha llegado y el espectáculo ha terminado, todos se quitan la máscara de la riqueza y la pobreza y se van de este mundo. Y se los juzga sólo por sus obras, unos verdaderamente ricos, otros pobres» (S. Juan Crisóstomo, Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 3). Si no queremos vivir pobremente, pidamos la gracia de ver a Jesús en los pobres, de servir a Jesús en los pobres”

 

Al concluir su homilía, Francisco agradeció a todos los fieles siervos de Dios, «que no dan de qué hablar sobre ellos mismos, sino que viven así, sirviendo»:

«Pienso, por ejemplo, en D. Roberto Malgesini. Este sacerdote no hizo teorías; simplemente, vio a Jesús en los pobres y el sentido de la vida en el servicio. Enjugó las lágrimas con mansedumbre, en el nombre de Dios que consuela», dijo el Santo Padre concluyendo:

«En el comienzo de su día estaba la oración, para acoger el don de Dios; en el centro del día estaba la caridad, para hacer fructificar el amor recibido; en el final, un claro testimonio del Evangelio. Comprendió que tenía que tender su mano a los muchos pobres que encontraba diariamente porque veía a Jesús en cada uno de ellos. Pidamos la gracia de no ser cristianos de palabras, sino en los hechos. Para dar fruto, como Jesús desea».

tomado de: vaticannews.va

Francisco: perseverar en la oración a pesar del cansancio

Este miércoles 11 de noviembre por la mañana, el Papa Francisco ha tenido la habitual Audiencia General. Durante la catequesis ha desarrollado el tema de la perseverancia en la oración como diálogo continuo con el Padre y se caracteriza por ser tenaz, humilde y que, a pesar de las dificultades, no debe resignarse delante del mal y la injusticia.

 

Ciudad del vaticano

El Papa Francisco introdujo la catequesis afirmando que el fundamento de la misión de Jesús fue el continuo diálogo con el Padre, el silencio y el recogimiento. Cuestionado sobre por qué habla mucho sobre la oración, el Obispo de Roma afirmó: “La oración es como el oxígeno de la vida. La oración es para atraer sobre nosotros la presencia del Espíritu Santo que siempre nos guía hacia adelante. Por eso hablo mucho sobre la oración”.

Para animarnos a la perseverancia, dice Francisco, el Señor nos propone tres parábolas: la del amigo inoportuno, la de la anciana y el juez inicuo, y la del fariseo y el publicano.

 

La oración debe ser tenaz. Dios siempre responde

El Papa, recordó el texto de Lucas 11,5-8 que nos recuerda un personaje que llama a la puerta de su amigo en medio de la noche, forzándolo eventualmente a levantarse. Este relato nos enseña que la oración debe ser tenaz: «Quien llama a la puerta de su corazón con fe y perseverancia -dice el Papa- no está decepcionado. Dios siempre responde, siempre».

Nuestro Padre sabe bien lo que necesitamos; la insistencia no sirve para informarle o convencerle, sino que sirve para alimentar en nosotros el deseo y la expectativa».

La segunda parábola (Lc 18, 1-8) cuenta la insistencia de la viuda que se dirige a un juez corrupto para pedir justicia. Francisco afirma: “Esta parábola nos hace comprender que la fe no es el impulso de un momento, sino una valiente disposición para invocar a Dios, incluso para «discutir» con Él, sin resignarse al mal y a la injusticia”.

 

La humildad, una condición para orar

El tercer relato es el del fariseo y el publicano (Lc 18, 9-14) que van al templo a rezar. El primero está lleno de sí mismo, el segundo se siente indigno, pero Dios escucha al segundo. La historia nos dice que «no hay verdadera oración sin un espíritu de humildad. Es precisamente la humildad la que nos lleva a pedir, a rezar».

El Papa Francisco subraya: “La enseñanza del Evangelio es clara: hay que rezar siempre, incluso cuando todo parece vano, cuando Dios aparece sordomudo y parece que perdemos el tiempo. Aunque el cielo se nuble, el cristiano no deja de rezar. Su oración va de la mano con la fe. Y la fe, en tantos días de nuestra vida, puede parecer una ilusión, un trabajo estéril. Hay momentos oscuros en nuestra vida y la oración parece una ilusión. Pero practicar la oración también significa aceptar este esfuerzo. «Padre, voy a rezar y no siento nada… Me siento tan, con el corazón seco, con el corazón seco, que no sé…». Pero debemos continuar, con esta fatiga de los malos momentos, de los momentos en que no sentimos nada.

 

Jesús reza con nosotros y nos escucha

El Papa cita el ejemplo de muchos santos y santas que «han experimentado la noche de la fe y el silencio de Dios» y han sido perseverantes. Pero, continúa, incluso en estos momentos nadie está solo porque Jesús reza con nosotros, «Nos acoge en su oración, para que podamos rezar en Él y a través de Él. Y esto es obra del Espíritu Santo». Como explica el Catecismo, esto es lo que nos da «la certeza de estar cumplidos». Francisco recuerda entonces las confiadas palabras del Salmo 91: «Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas encontrarás refugio; su fidelidad será tu escudo y tu armadura». No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela de día, la plaga que vaga en la oscuridad, el exterminio que hace estragos al mediodía. Y él dice:

Es en Cristo que esta maravillosa oración se cumple, es en Él que encuentra su plena verdad. Sin Jesús, nuestras oraciones se arriesgarían a ser reducidas a esfuerzos humanos, la mayoría de las veces destinados al fracaso. Pero ha tomado sobre sí cada grito, cada gemido, cada júbilo, cada súplica… cada oración humana. Y no olvidemos al Espíritu Santo. El Espíritu Santo reza en nosotros. Él es quien nos lleva a orar, nos lleva a Jesús: Él es el Don.

El Papa finaliza insistiendo en que “por eso el cristiano que reza no teme a nada, se confía al Espíritu Santo, que nos fue dado como un regalo y que reza en nosotros, despertando la oración. Que el mismo Espíritu Santo, Maestro de la oración, nos enseñe el camino de la oración”.

 

fuente: vaticannews.va

El Papa en el Ángelus: haciendo el bien esperamos serenamente la llegada del Señor

Convertirse hoy, no mañana. No esperar el último momento para corresponder a la gracia de Dios, sino hacerlo activamente de inmediato. Lo dijo el Papa Francisco a la hora del Ángelus dominical, reflexionando sobre la parábola de las diez vírgenes que propone el Evangelio del día. Con la Parábola de las diez vírgenes, Jesús “quiere decirnos que debemos estar preparados para el encuentro con Él”, pero “no solo para el encuentro final, sino para los pequeños y grandes encuentros de cada día, en vista de ese encuentro”.

 

Ciudad del Vaticano

Asomado como cada domingo a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano para rezar el Ángelus con los fieles en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre continuó, a partir del Evangelio del día, la reflexión sobre la vida eterna, iniciada con motivo de la Fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de los fieles difuntos. Recorrió la parábola de las diez vírgenes invitadas a una fiesta de bodas, «símbolo del Reino de los cielos».

En tiempos de Jesús existía la costumbre de que las bodas se celebraran de noche; por lo tanto, el cortejo de los invitados debía hacerse con las lámparas encendidas. Algunas damas de honor son necias: toman las lámparas, pero no llevan consigo aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas también llevan aceite. El novio tarda, tarda en llegar y todas se adormentan. Cuando una voz advierte que el novio está llegando, las necias en ese momento se dan cuenta de que no tienen aceite para sus lámparas; se lo piden a las prudentes, que responden que no pueden darlo, porque no sería suficiente para todas. Mientras las necias van a comprar aceite, llega el novio. Las muchachas prudentes entran con él en el salón del banquete y se cierra la puerta. Las otras llegan demasiado tarde y son rechazadas.

 

Convertirse hoy, no mañana

El Santo Padre explicó que, con la Parábola de las diez vírgenes, Jesús “quiere decirnos que debemos estar preparados para el encuentro con Él”, pero “no solo para el encuentro final, sino para los pequeños y grandes encuentros de cada día, en vistas de ese encuentro”. Para ello “no basta la lámpara de la fe, también se necesita el aceite de la caridad y las buenas obras”. Ser sabios y prudentes, como esas vírgenes de la Parábola, «significa no esperar el último momento para corresponder a la gracia de Dios, sino hacerlo activamente de inmediato, comenzar ahora».

“Sí… más adelante me convertiré…” ¡Conviértete hoy!¡Cambia tu vida hoy! “Sí, sí… mañana”. ¿Es lo mismo decir “mañana”? Si queremos estar preparados para el último encuentro con el Señor, debemos cooperar con él a partir de ahora y realizar buenas acciones inspiradas en su amor.

 

Haciendo el bien esperamos serenamente la llegada del Señor

Sucede, lamentablemente “que nos olvidamos de la meta de nuestra vida, es decir, la cita definitiva con Dios”, dijo el pontífice. Así se pierde “el sentido de la espera”, de la bella expectativa que es el encuentro con el Señor, esa que nos «saca de las contradicciones del momento». Así, se «absolutiza el presente». Y, cuando esto sucede, “hacemos todo como si nunca tuviéramos que partir para la otra vida”.

Entonces sólo nos preocupa poseer, emerger, acomodarnos…. Siempre más. Si nos dejamos guiar por lo que nos parece más atractivo, también por lo que nos gusta, por la búsqueda de nuestros intereses, nuestra vida se vuelve estéril; no acumulamos reservas de aceite para nuestra lámpara, y se apagará antes del encuentro con el Señor.

 

Vivir el hoy que va hacia el mañana: al encuentro con Dios

Es por ello que es necesario vivir el hoy, pero “el hoy que va hacia el mañana”, es decir hacia el encuentro con Dios -subrayó el Papa Francisco: si estamos atentos y hacemos el bien correspondiendo a la gracia de Dios, podemos esperar serenamente la llegada del novio. «Y el Señor «también puede venir mientras dormimos – concluyó. Pero esto «no nos preocupa, porque tenemos la reserva de aceite acumulada con las buenas obras de cada día, acumulada con aquella espera del Señor».

Invoquemos la intercesión de María Santísima, para que nos ayude a vivir, como ella, una fe activa: ella es la lámpara luminosa con la que podemos atravesar la noche más allá de la muerte y alcanzar la gran fiesta de la vida.

 

fuente: vaticannews.va

Cercanía del Papa con Centroamérica golpeada por el huracán Eta

Después de rezar la oración del Ángelus de este domingo, 8 de noviembre, el Santo Padre manifestó su cercanía y oración a las poblaciones de Centroamérica afectadas por el paso del huracán Eta y recordó la beatificación en Barcelona de Joan Roig, laico y mártir, asesinado con sólo 19 años durante la Guerra Civil Española.

 

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Que el Señor acoja a los difuntos, consuele a sus familias y sostenga a los más afectados, así como a todos aquellos que están trabajando por ayudarlos”, es la invocación del Papa Francisco después de rezar la oración del Ángelus, de este XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, en el cual el Pontífice pidió por “las poblaciones de América Central, golpeadas en los últimos días por un violento huracán que ha causado muchas víctimas y grandes daños, y también agravado por la ya difícil situación de la pandemia”.

 

Urgente ayuda y solidaridad

Este domingo, 8 de noviembre el Santo Padre dirigió su mirada y su preocupación por la dramática situación que atraviesa Centroamérica golpeada en los días pasados por el huracán Eta, que en su paso ha dejado muchos fallecidos y graves daños materiales. De esta manera, el Papa se unió al llamamiento de la Iglesia en América Central que pide “urgente ayuda y solidaridad” tras la devastación y muerte dejado por el huracán. En los días pasados, los Obispos de la Conferencia Episcopal de Guatemala, en un comunicado manifestaron su solidaridad y cercanía hacia las regiones del país más golpeadas por el huracán, así como a las vecinas naciones de Honduras y Nicaragua. Una tragedia que para los Obispos se ha unido al ya doloroso padecimiento causado por la pandemia y que necesita una respuesta en la oración y en la solidaridad.

 

Joan Roig: testigo de Jesús en el lugar de trabajo

Asimismo, en sus saludos a los fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus, el Papa Francisco les recordó que, “ayer en Barcelona fue proclamado Beato Joan Roig Diggle, laico y mártir, asesinado con sólo 19 años durante la Guerra Civil Española. Fue testigo de Jesús en el lugar de trabajo y permaneció fiel a Él hasta el supremo don de la vida”. “Que su ejemplo – señaló el Pontífice – suscite en todos, especialmente en los jóvenes, el deseo de vivir plenamente la vocación cristiana. ¡Un aplauso para este beato y valiente joven!”. En este sentido, el Cardenal Juan José Omella, Arzobispo de Barcelona, dijo en su homilía en la Misa de beatificación que, “Joan fue un hombre de acción y de oración, un verdadero testimonio del amor a Dios y a los hermanos. Su unión a Dios le llevó a entregar la propia vida tal como lo hizo Cristo. Incluso en el momento más duro de su vida, Joan dio testimonio del Evangelio. Habló de Cristo a aquellos que lo iban a matar”.

 

fuente: vaticannews.va

Catequesis del Papa: como Jesús, abandonarse en las manos del Padre en la oración

“La oración tiene el poder de transformar en bien lo que en la vida de otro modo sería una condena; tiene el poder de abrir un horizonte grande a la mente y de agrandar el corazón”. La reflexión del Papa en su catequesis sobre la oración durante la Audiencia General del miércoles 4 de noviembre se centró en la oración de Jesús: una realidad misteriosa, de la que intuimos solo algo, pero que permite leer en la justa perspectiva toda su misión.

Ciudad del Vaticano

Jesús no descuidaba nunca su diálogo íntimo con el Padre. Cuanto más inmerso estaba en las necesidades de la gente, más sentía la necesidad de reposar en la Comunión trinitaria: el Papa durante la Audiencia General de este miércoles 4 de noviembre reflexionó sobre la oración de Jesús, una “realidad misteriosa, de la que sólo intuimos algo, pero que permite leer en la justa perspectiva toda su misión”.

Jesús –  comenzó diciendo el Papa – durante su vida pública recurre constantemente a la fuerza de la oración. Los Evangelios nos lo muestran cuando se retira a lugares apartados a rezar. Se trata de observaciones sobrias y discretas, que dejan solo “imaginar” esos diálogos orantes.

 

La oración es el timón que guía la ruta de Jesús

Aun en los momentos de mayor entrega a los pobres y enfermos, el Señor siempre dedicó tiempos para la oración, para retirarse y estar a solas con el Padre, para escucharlo y acoger su voluntad. Se ve esta actitud del Maestro en Cafarnaún, episodio del cual el Papa tomó el ejemplo, cuando todos le llevaban a los enfermos para sanar: Él les sana, pero antes del alba, se retira a un lugar solitario y reza. “¡Todos te buscan!”, le dicen los discípulos. Pero Él responde: “Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido” (cfr Mc 1, 35-38).

La oración es el timón que guía la ruta de Jesús. Las etapas de su misión no son dictadas por los éxitos, ni el consenso, ni esa frase seductora “todos te buscan”. La vía menos cómoda es la que traza el camino de Jesús, pero que obedece a la inspiración del Padre, que Jesús escucha y acoge en su oración solitaria.

 

La oración es escucha y encuentro con Dios

Hablando en español, Francisco señaló que el ejemplo de Jesús nos lleva a deducir algunas características de la oración cristiana. Sobre todo, – explicó – es un medio para ofrecer a Dios toda la jornada, nos dispone a la escucha y al encuentro, nos abre un horizonte grande y nos ensancha el corazón.

Un día vivido sin oración corre el riesgo de transformarse en una experiencia molesta, o aburrida: todo lo que nos sucede podría convertirse para nosotros en un destino mal soportado y ciego. Jesús sin embargo educa en la obediencia a la realidad y por tanto a la escucha. […]La oración tiene el poder de transformar en bien lo que en la vida de otro modo sería una condena; tiene el poder de abrir un horizonte grande a la mente y de agrandar el corazón.

 

La oración es un arte que requiere disciplina

La oración también «es un arte» que se debe practicar con insistencia, con perseverancia y que requiere disciplina:

Una oración perseverante produce una transformación progresiva, hace fuertes en los períodos de tribulación, dona la gracia de ser sostenidos por Aquel que nos ama y nos protege siempre.

 

Sin vida interior huimos de la realidad

Otra característica de la oración de Jesús – continuó diciendo el Papa – es la soledad. Esto no significa evadir del mundo, sino encontrar el espacio de silencio para cultivar la propia vida interior y encontrar el sentido a lo que hacemos:

Sin vida interior nos convertimos en superficiales, inquietos, ansiosos… ¡la ansiedad cuánto mal nos hace! Sin vida interior huimos de la realidad, y también huimos de nosotros mismos, somos hombres y mujeres siempre en fuga.

 

La justa dimensión con Dios y la creación

A veces los seres humanos “nos creemos dueños de todo, o al contrario perdemos toda estima por nosotros mismos”. Pero la oración, dijo el Santo Padre, “nos ayuda a encontrar la dimensión adecuada, en la relación con Dios, nuestro Padre, y con toda la creación”. Por último, “la oración es abandonarse en las manos del Padre”, como Jesús en el Huerto de los Olivoscuando sumido en la angustia rezaba: «Padre, si es posible… pero que se haga tu voluntad».

Abandonarse en las manos del Padre. Es bello, cuando estamos agitados, un poco preocupados y el Espíritu Santo nos transforma desde dentro y nos lleva a este abandono en las manos del Padre: «Padre, hágase tu voluntad».

Por todo lo dicho, concluyendo la catequesis sobre la oración de Jesús, el Papa Francisco animó a pedirle a Él que “nos ayude a redescubrirlo —a través de la lectura orante y cotidiana del Evangelio— como maestro de oración”, a disponernos a aprender en su escuela.

“Así encontraremos la alegría y la paz, que solamente Él nos puede dar.”

fuente: vaticannews.va