Bendición Urbi et Orbi. Papa: “la oración es nuestra arma vencedora”

El Papa Francisco eleva su suplica al Señor y nos pide que confiemos en Él y respondamos a su llamada a “convertirnos”. También nos pide que sigamos el ejemplo de las personas corrientemente olvidadas que están en el timón de la barca en estos momentos de crisis sanitaria por la pandemia.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos”. Con estas palabras, el Papa Francisco ha iniciado su reflexión centrándose en el Evangelio según San Marcos, capitulo 5, versículo 35, tras la escucha de la Palabra desde el atrio de la Basílica de San Pedro en el momento extraordinario de oración convocado por él mismo el pasado domingo ante la emergencia sanitaria por coronavirus. El Papa además ha expresado que “nos encontramos asustados y perdidos” pero en esta barca – recuerda – “estamos todos”, de hecho, continúa, “al igual que esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos”, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos”.

Jesús calma la tempestad
Reflexionando sobre el Evangelio de San Marcos, el Papa habla de la “tempestad”: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, proyectos, rutinas y prioridades”. Para Francisco, la tempestad también nos muestra “cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad” y pone al descubierto “todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad”. Pero esta tempestad también nos quita el “maquillaje” de los estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar y deje al descubierto “esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos”.

No hemos escuchado el grito de nuestro planeta enfermo.
El Pontífice también ha elevado una súplica en estos momentos de prueba: “mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor””. El Papa asegura que hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo y codiciosos de ganancias – dice – “nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa”. Es en este momento en el que el Papa, dirigiéndose al Señor, asegura que “no nos hemos detenido ante sus llamadas”, tampoco “nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo” ni “hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo”. De hecho, dice, “hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo”.

En esta Cuaresma resuena la llamada urgente: “Convertíos”.
“Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti” dice Francisco. En esta Cuaresma resuena la llamada urgente: “Convertíos” en la que se nos llama a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. “No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio – asegura el Papa – el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es”. También es el tiempo “de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”, puntualiza.

Sigamos el ejemplo de las personas ejemplares, corrientemente olvidadas.
El Papa también nos pide que dirijamos nuestra mirada a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, “ante el miedo – dice – han reaccionado dando la propia vida”. El Papa se refiere a la generosa entrega de personas comunes “corrientemente olvidadas” que no aparecen “en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show” pero, sin lugar a dudas, “están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo”.

La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.
El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. “Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida” nos pide el Papa y “entreguémosle nuestros temores, para que los venza”. Francisco asegura que si hacemos esto, experimentaremos, al igual que los discípulos, que con Él a bordo, no se naufraga”. En este sentido, el Papa nos hace un ejemplo gráfico: “Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor”.
Al final de su reflexión, el Papa ha pedido al Señor que bendiga “al mundo”, de salud “a los cuerpos” y consuele “los corazones”. “Nos pides que no sintamos temor, pero nuestra fe es débil y tenemos miedo” ha concluido.

fuente: vaticannews.va

El Papa reza para que superemos el miedo en este tiempo difícil

En la misa en la casa Santa Marta, Francisco dirige su pensamiento a los ancianos solos, a los trabajadores precarios y a los que desempeñan una función social y pueden ser afectados por el coronavirus. En su homilía, el Papa invitó a descubrir nuestros ídolos, los ídolos del corazón, a menudo escondidos. La idolatría nos hace perder todos los dones del Señor.

Vatican News

En la misa que se transmitió en vivo desde la Capilla de la Casa Santa Marta Francisco rezó para que el Señor nos ayude a superar el miedo en este tiempo caracterizado por la pandemia de Covid-19. Estas fueron sus palabras, introduciendo la celebración eucarística:

En estos días de tanto sufrimiento, hay tanto miedo. El miedo de los ancianos, que están solos, en los asilos de ancianos o en los hospitales o en sus casas y no saben lo que puede pasar. El miedo de los trabajadores sin trabajo fijo que piensan en cómo alimentar a sus hijos y ven venir el hambre. El temor de muchos servidores sociales que en este momento ayudan a mandar adelante la sociedad y pueden contraer la enfermedad. También el miedo – miedos – de cada uno de nosotros: cada uno sabe cuál es el suyo. Roguemos al Señor para que nos ayude a tener confianza y a tolerar y vencer los miedos.

En su homilía, comentando la primera lectura del libro del Éxodo (Ex 32, 7-14), que relata la historia del becerro de oro, Francisco habló de los ídolos del corazón, ídolos que a menudo ocultamos astutamente, subrayando cómo la idolatría nos hace perderlo todo, nos hace perder los dones mismos del Señor. La idolatría nos lleva a una religiosidad equivocada. Así que el Papa nos pide que hagamos un examen de conciencia para descubrir nuestros ídolos ocultos.

 

A continuación el texto de la homilía según una transcripción nuestra:

En la primera lectura está la escena del motín del pueblo. Moisés fue al Monte para recibir la Ley: Dios se lo dio, en piedra, escrita con su dedo. Pero el pueblo se aburrió y se aglomeró alrededor de Aarón y le dijo: «Pero, este Moisés, hace tiempo que no sabemos dónde está, dónde se ha ido, y estamos sin guía. Haznos un dios para ayudarnos a seguir adelante». Y Aarón, que más tarde se convirtió en sacerdote de Dios, pero allí era un sacerdote de la estupidez, de los ídolos, dijo: «Pero sí, denme todo el oro y la plata que tengao», y lo dieron todo e hicieron ese becerro de oro.

En el salmo escuchamos el lamento de Dios: “En Horeb se fabricaron un ternero, adoraron una estatua de metal fundido: así cambiaron su Gloria por la imagen de un toro que come pasto”. Y aquí, en este momento, comienza la lectura: “El Señor dijo a Moisés: ‘Baja enseguida, porque tu pueblo, ése que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que Yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: ‘Éste es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto’”. ¡Una verdadera apostasía! Desde el Dios viviente a la idolatría. No tuvieron paciencia para esperar el regreso de Moisés: querían algo nuevo, querían algo, un espectáculo litúrgico, algo.

Sobre esto quisiera mencionar algunas cosas. En primer lugar, esa nostalgia idolátrica en el pueblo: en este caso, pensaba en los ídolos de Egipto, la nostalgia de volver a los ídolos, de volver a lo peor, sin saber esperar al Dios vivo. Esta nostalgia es una enfermedad, también nuestra. Uno comienza a caminar con el entusiasmo de ser libre, pero luego comienzan las quejas: «Pero sí, es un momento difícil, el desierto, tengo sed, quiero agua, quiero carne… pero en Egipto comíamos cebollas, cosas buenas y aquí no hay…». Siempre, la idolatría es selectiva: te hace pensar en las cosas buenas que te da pero no te hace ver las cosas malas. En este caso, ellos pensaban en cómo estaban en la mesa, con estas comidas tan buenas que les gustaban tanto, pero olvidaban que ésta era la mesa de la esclavitud. La idolatría es selectiva.

Y otra cosa: la idolatría hace que lo pierdas todo. Aarón, para hacer un ternero, les pidió: «Dadme oro y plata», pero era el oro y la plata que el Señor les había dado cuando les dijo: «Pedid oro a los egipcios en préstamo», y luego se fueron con ellos. Es un regalo del Señor, y con el don del Señor ellos idolatran. Y eso es muy malo. Pero este mecanismo también nos sucede a nosotros: cuando tenemos actitudes que nos llevan a la idolatría, nos apegamos a cosas que nos alejan de Dios, porque hacemos otro dios y lo hacemos con los dones que el Señor nos ha dado. Con la inteligencia, con la voluntad, con el amor, con el corazón… estos son los dones del Señor que usamos para hacer idolatría.

Sí, algunos de ustedes pueden decirme: «Pero yo no tengo ídolos en casa. Tengo el Crucifijo, la imagen de Nuestra Señora, que no son ídolos…» – No, no: en tu corazón. Y la pregunta que deberíamos hacernos hoy es: ¿cuál es el ídolo que tienes en tu corazón, en mi corazón? Esa salida escondida donde me siento bien, que me aleja del Dios vivo. Y también tenemos una actitud muy astuta con la idolatría: sabemos cómo esconder los ídolos, como hizo Raquel cuando huyó de su padre y los escondió en la silla del camello y entre sus ropas. Nosotros también, entre nuestras ropas del corazón, hemos escondido muchos ídolos.

La pregunta que me gustaría hacer hoy es: ¿cuál es mi ídolo? Mi ídolo de la mundanidad… y la idolatría llega también alla piedad,  porque querían  el becerro de oro no para hacer un circo: no. Para adorar: «Se postraron ante él». La idolatría te lleva a una religiosidad equivocada, en efecto: muchas veces la mundanalidad, que es la idolatría, te hace cambiar la celebración de un sacramento en una fiesta mundana. Un ejemplo: no sé, pensemos, y en una celebración de boda. No sabes si es un sacramento donde los recién casados realmente dan todo y se aman ante Dios y prometen ser fieles ante Dios y recibir la gracia de Dios, o es una exhibición de modelos, cómo se visten… la mundananidad. Es una idolatría. Este es un ejemplo. Porque la idolatría no se detiene: siempre continúa.

Hoy la pregunta que me gustaría hacer a todos nosotros, a todos : ¿Cuáles son mis ídolos? Cada uno tiene el suyo. ¿Cuáles son mis ídolos? Donde los escondo. Y que el Señor no nos encuentre, al final de nuestras vidas, y diga de cada uno de nosotros: «Te has pervertido. Te has desviado del camino que te había indicado. Te has postrado ante un ídolo».

Pidamos al Señor la gracia de conocer a nuestros ídolos. Y si no podemos expulsarlos, al menos mantenerlos en la esquina…

Finalmente, el Papa concluyó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitando a la gente a hacer la comunión espiritual.

He aquí la oración recitada por el Papa:

“Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como ya he venido, te abrazo y todas las cosas se unen a ti. No dejes que nunca me separe de ti.”

 

fuente: vaticannews.va

El Papa reza el Padrenuestro: misericordia para la humanidad golpeada

Misericordia para la humanidad golpeada por la pandemia. Es la súplica del Santo Padre este mediodía, entre los temores y angustias del mundo amenazado por la pandemia. En la Biblioteca Apostólica resuena la oración que nos enseñó Jesús, el Padrenuestro, fuente perenne de esperanza y fuente de unidad para los cristianos.

 

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Una sola voz en miles de lenguas distintas subió a los cielos en el día en que muchos de nosotros celebramos la Encarnación del Verbo en el vientre de la Virgen María: cristianos de todas las Iglesias y comunidades rezaron hoy junto con el Sucesor de Pedro al Padre Santo que está en los cielos. Lo hicieron en sus hogares y en los hospitales, en las cárceles y en las residencias para ancianos, en las farmacias y en los supermercados, en las fábricas, en los coches, caminando, sentados en una silla de ruedas o yacientes en una cama de hospital. De rodillas y de pie, en los almacenes, camiones y puertos. En el campo y la ciudad, en las costas del mar y en el desierto. También en medio de los escombros de las guerras y en los campos de refugiados. Lo hicieron juntos en familia y también en el silencio de la soledad. Niños, jóvenes, adultos y ancianos de cada país, lograron unirse a la oración del Padrenuestro dirigida por el Papa Francisco gracias a la difusión a través de los medios de comunicación.

 

El Papa Francisco introdujo la plegaria transmitida por Vatican Media y reproducida por medios del mundo con estas palabras:

Queridos hermanos y hermanas,

Hoy nos hemos dado cita, todos los cristianos del mundo, para rezar el Padrenuestro, la oración que Jesús nos enseñó.

Como hijos confiados nos dirigimos al Padre. Hacemos esto todos los días, varias veces al día; pero en este momento queremos implorar misericordia para la humanidad duramente golpeada por la pandemia del coronavirus. Y lo hacemos juntos, cristianos de todas las Iglesias y Comunidades, de cada tradición, de todas las edades, lenguas y naciones.

 

El Pontífice se detuvo en particular en las personas que están sufriendo directamente los efectos de la pandemia causada por el Covid-19:

Rezamos por los enfermos y sus familias; por los trabajadores de la salud y los que los ayudan; por las autoridades, los organismos encargados de hacer cumplir la ley y los voluntarios; por los ministros de nuestras comunidades.

Hoy muchos de nosotros celebramos la Encarnación del Verbo en el vientre de la Virgen María, cuando en su humilde y total «Aquí estoy» se reflejó el «Aquí estoy» del Hijo de Dios. Nosotros también nos encomendamos con plena confianza a las manos de Dios y con un solo corazón y alma rezamos:

 

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy

nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. Amén.

Cardenal Brenes dirige carta al clero con las disposiciones ante la Semana Santa

El cardenal arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes, envió una carta al clero y el pueblo de Dios, con consejos sobre cómo seguir afrontando en el país el coronavirus. Y cómo se celebrará la Semana Santa.

 

Ciudad del Vaticano

“Quiero comunicarles algunas orientaciones y criterios que nos ayuden a todos a ser siempre una Iglesia orante, cercana y servicial, en medio de esta situación delicada y que exige de nosotros pastores una actitud de fe en sintonía con el testimonio del pueblo de Dios”.

Con estas palabras el arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes informó en una nota al clero y al pueblo de Dios sobre cómo se celebrará la Semana Santa, y cómo difundir el Evangelio aprovechando de las redes sociales.

El purpurado sugirió experimentar con el aprovechamiento de las plataformas que la tecnología proporciona para con creatividad promover “la lectura orante de la Palabra, la comunión espiritual, el rezo piadoso del vía crucis, el ángelus, el santo rosario, la novena a la Inmaculada Concepción de la Virgen María y santos de nuestra devoción”.

 

Nicaragua con el Papa para rezar juntos

Nicaragua, como dijo el Cardenal, se unió esta semana al Santo Padre, hoy miércoles, para rezar el Padre Nuestro, y el viernes en oración para recibir la bendición Urbi Et Orbi con indulgencias plenarias.

El cardenal recordó además a cada sacerdote, que, en la medida de lo posible, no dejen de alimentar “su vida espiritual en la doble mesa de la Sagrada Escritura y de la Eucaristía” ofreciéndola, aunque sea con poca participación de feligreses, “como mediación entre el Dios de las Misericordias y su Pueblo Santo”. Además, afirmó que solo una extrema situación de emergencia sanitaria consultando al Arzobispo y recibiendo orientaciones por medio de los Vicarios Foráneos se podrán cerrar los templos.

Los templos en el país permanezcan abiertos para que los feligreses que lo deseen “encuentren un lugar para orar de manera personal. Se deberá proveer las debidas prevenciones de limpieza e higiene. Agradecer a los feligreses su corresponsabilidad en la sostenibilidad de nuestras parroquias, buscando formas alternas. Donde se celebre la Santa Misa y se realice la colecta económica de los fieles, esta deberá realizarse después de la comunión”.

Sobre el Sacramento de la Reconciliación: el cardenal autoriza al clero en la Arquidiócesis, aplicar la absolución general prevista en las disposiciones de la Penitenciaría Apostólica, recordando a los fieles que la reciben la obligación de acercarse a la confesión individual, concluida esta situación especial. quienes no puedan asistir ante el ministro del sacramento, recordarles la enseñanza sobre la contrición perfecta. (cfr. C 961, §2 CIC; CC 1452).

En cuanto a la celebración de la Semana Santa y Triduo Pascual, la Iglesia nicaragüense seguirá lo indicado en el Decreto de la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, cuyas celebraciones más importantes se realizarán solamente en la Santa Iglesia Catedral y los templos parroquiales, aun en ausencia de fieles.

 

Celebraciones Semana Santa

Por tanto en la nota, el cardenal dijo que la Misa Crismal, se realizará en fecha que darán a conocer posteriormente. El Jueves Santo se omite el lavatorio de los pies y la procesión del Santísimo Sacramento, el cual se reservará en el Sagrario. El Viernes Santo, en la celebración de la Pasión del Señor se incluirán intención especial por el personal sanitario, los difuntos y víctimas de esta pandemia. La Vigilia Pascual, se omite la bendición de fuego y la procesión con el Cirio Pascual, se hace el pregón pascual, se hace la liturgia de la Palabra (forma breve), en la liturgia bautismal solo se renuevan las promesas bautismales, dando paso a la liturgia eucarística.

En el caso de los difuntos, se realizará únicamente el rito de exequias en la casa o en el templo de acuerdo con los familiares.

 

fuente: vaticannews.va

Ángelus del Papa: Jesús es la luz que aclara nuestras tinieblas

A la hora del Ángelus del cuarto domingo de Cuaresma el Papa reflexionó sobre el tema de la luz relatado en el evangelio hodierno e instó a manifestar la luz divina con toda la propia vida.

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“Cada uno de nosotros está llamado a recibir la luz divina para manifestarla con toda la propia vida”: fueron las palabras del Papa a la hora del Ángelus dominical de este cuarto domingo de Cuaresma. Reflexionando una vez más, desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, Francisco centró su pensamiento en el tema de la luz del Evangelio hodierno de Juan, que habla de la curación de un ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista.
Jesús, luz del mundo
Francisco afirma que Jesús, “luz del mundo”, es la luz la luz que aclara nuestras tinieblas. Y esto hizo con el ciego, a quien iluminó “en dos niveles, físico y espiritual”, con el propósito de conducirlo a la fe a través de un camino de transformación interior:

En medio de la desconfianza y la hostilidad de los que lo rodean y lo interrogan incrédulos, él realiza un itinerario que lo lleva a descubrir gradualmente la identidad de Aquel que le abrió los ojos y a confesar su fe en Él.

Este camino interior, que el ciego recorre de la mano de Jesús, lo lleva a comprender que “al darle la vista, Jesús manifestó las obras de Dios”.

En la Biblioteca Apostólica, el Papa expresó también el deseo de que cada uno vuelva al leer el Evangelio del día:

Hoy sería hermoso que todos ustedes tomaran el Evangelio de Juan, capítulo noveno, y leyeran este pasaje: ¡es tan bello y nos hará bien leerlo otra vez, o dos!

 

¡Que nosotros también podamos tener esta experiencia!

El Santo Padre explica que el ciego con la luz de la fe es ahora una criatura nueva, con una nueva identidad, y es capaz de ver el mundo con una nueva luz, fruto de la comunión con Cristo. Y ya no es más “esclavo de la ceguera y del prejuicio”.

Su camino de iluminación es metáfora del camino de liberación del pecado al que estamos llamados. El pecado es como un velo oscuro que cubre nuestro rostro y nos impide vernos claramente a nosotros mismos y al mundo; el perdón del Señor nos quita este manto de sombra y de tinieblas y nos da nueva luz.

 

Cuaresma, tiempo de acercarse al Señor

El Papa también expresa su deseo de que esta Cuaresma sea un “tiempo oportuno y precioso para acercarnos al Señor, pidiendo su misericordia, en las diferentes formas que la Madre Iglesia nos propone”.

 

El ciego es imagen de todo bautizado

“El ciego sanado, que ahora ve con los ojos del cuerpo y del alma, es imagen de todo bautizado, que inmerso en la Gracia ha sido arrancado de las tinieblas y puesto en la luz de la fe”, afirma también el Pontífice, precisando que no basta con recibir la luz, sino que hay que “convertirse en luz”.

“La semilla de la nueva vida puesta en nosotros en el Bautismo es como la chispa de un fuego, que nos purifica primero a nosotros, quemando el mal que tenemos en el corazón, y nos permite brillar e iluminar”

Ser «misterio de la luna»

Dejando de lado el texto preparado, el Papa Bergoglio relata  que los primeros cristianos y los teólogos de los primeros siglos, decían que la comunidad de los cristianos, es decir, la Iglesia, es el “misterio de la luna” porque daba luz per no era luz propia, era la luz que recibía de Cristo. Y por ello exhorta:

También nosotros debemos ser “misterio de la luna”: dar la luz recibida del sol, que es Cristo, el Señor.

 

De la mano de María

En la conclusión, Francisco se dirige a María Santísima para que “nos ayude a imitar al hombre ciego del Evangelio, para que podamos ser inundados por la luz de Cristo y encaminarnos con Él el camino de la salvación”.

fuente: vaticannews.va

El Papa concede la indulgencia plenaria en la oración del 27 de marzo

La Oficina de Prensa Vaticana recuerda en una nota la posibilidad de obtener la indulgencia plenaria a quienes se unan a Francisco en la oración del próximo viernes, como establecido en la reciente disposición de la Penitenciaría Apostólica
Ciudad del Vaticano

Poco después del término del Ángelus, la Oficina de Prensa de la Santa Sede emitió un comunicado para reiterar algunas particularidades del evento del 27 de marzo, para el cual Francisco, “en este tiempo de emergencia para la humanidad” invita a “los católicos de todo el mundo a unirse espiritualmente en oración con él”.

El comunicado precisa que “la oración del Santo Padre podrá ser seguida en directo a través de los medios y se concluirá con la Bendición eucarística que será impartida ‘Urbi et Orbi’ a través de los medios de comunicación”.

“A todos aquellos que se unirán espiritualmente a este momento de oración a través de los medios de comunicación será concedida la indulgencia plenaria según las condiciones previstas por el reciente decreto de la Penitenciaría Apostólica”.

 

Indulgencia plenaria y posibles absoluciones colectivas por coronavirus.

La Penitenciaría Apostólica concede el “don de indulgencias especiales” a los fieles afectados por la enfermedad del Covid-19, a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, incluso con la oración, cuidan de ellos. También recuerda a los fieles la posibilidad de la absolución colectiva en este momento de emergencia sanitaria.

Ante la emergencia del Covid-19, la Iglesia ofrece la posibilidad de obtener la indulgencia plenaria a los fieles que sufren de coronavirus, así como a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, en cualquier calidad, incluso a través de la oración, se ocupan de ellos. Esto se establece un Decreto de la Penitenciaría Apostólica publicado el pasado viernes, 20 de marzo y firmado por el Cardenal Mayor Penitenciario Mauro Piacenza y el Regente, Monseñor Krzysztof Nykiel.

En este sentido, la Penitenciaría Apostólica precisa que, para obtener la indulgencia plenaria, los enfermos con coronavirus, los que están en cuarentena, así como los trabajadores de la salud y los familiares que se exponen al riesgo de contagio por ayudar a los afectados por el Covid-19, podrán simplemente recitar el Credo, el Padre Nuestro y una oración a María.

Igualmente, para obtener las indulgencias, otras personas podrán elegir entre varias opciones: visitar el Santísimo Sacramento o la adoración Eucarística o leer las Sagradas Escrituras durante al menos media hora, o recitar el Rosario, el Vía Crucis o la Coronilla de la Divina Misericordia, pedir a Dios el fin de la epidemia, el alivio de los enfermos y la salvación eterna para aquellos a los que el Señor ha llamado a sí.

La indulgencia plenaria puede ser obtenida también por los fieles que a punto de morir no pueden recibir el sacramento de la unción de los enfermos y el viático: en este caso se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz.

 

La posibilidad de la absolución colectiva

Además, la Penitenciaría Apostólica – afirma una Nota que acompaña al Decreto – por «la gravedad de las circunstancias actuales», y «especialmente en los lugares más afectados por el contagio de la pandemia y hasta que no termine este fenómeno», recuerda la posibilidad de impartir la «absolución colectiva», es decir, a varios fieles juntos, «sin previa confesión individual».

En cuanto a la absolución colectiva – explica la Penitenciaría – «el sacerdote está obligado a avisar al Obispo diocesano, en la medida de lo posible, o, si no puede, a informarle lo antes posible». En efecto, corresponde siempre al Obispo diocesano – subraya la nota – «determinar, en el territorio de su propia circunscripción eclesiástica y en relación con el nivel de contagio pandémico, los casos de grave necesidad en los que es lícito impartir la absolución colectiva: por ejemplo, a la entrada de las salas de hospitalización, donde se hospeda a los fieles infectados y en peligro de muerte, utilizando en la medida de lo posible y con las debidas precauciones los medios de amplificación de la voz, para que se oiga la absolución».

La Penitenciaría también pide que se evalúe «la necesidad y conveniencia de crear, cuando sea necesario, de acuerdo con las autoridades sanitarias, grupos de ‘capellanes extraordinarios de hospitales’, también con carácter voluntario y en cumplimiento de las normas de protección contra el contagio, para garantizar la necesaria asistencia espiritual a los enfermos y moribundos».

Además, donde «los fieles individuales se encuentran en la dolorosa imposibilidad de recibir la absolución sacramental, debe recordarse que la contrición perfecta, procedente del amor de Dios amado sobre todas las cosas, expresada por una sincera petición de perdón (la que actualmente puede expresar el penitente) y acompañada de votum confessionis, es decir, por el firme propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales», como se indica en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1452).

«El momento actual en el que la humanidad entera, amenazada por una enfermedad invisible e insidiosa, que desde hace algún tiempo forma parte de la vida de todos – señala la Penitenciaria – está marcado día tras día por angustiosos temores, nuevas incertidumbres y, sobre todo, por un sufrimiento físico y moral generalizado. Y concluye: «Nunca como en este tiempo la Iglesia ha experimentado el poder de la comunión de los santos, elevando a su Señor Crucificado y Resucitado votos y oraciones, en particular el Sacrificio de la Santa Misa, celebrada diariamente, incluso sin gente, por los sacerdotes» y como «buena madre, la Iglesia implora al Señor que la humanidad sea liberada de tal flagelo, invocando la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Misericordia y Salud de los enfermos, y de su Esposo San José, bajo cuyo patrocinio la Iglesia siempre ha caminado por el mundo».

fuente: vaticannews.va

Francisco: ante la pandemia del virus, unamos nuestras voces al cielo

Al finalizar la oración mariana, el Papa Francisco invitó, en este tiempo de prueba por el coronavirus, a recitar juntos el Padre Nuestro el próximo miércoles 25 de marzo al mediodía y con la misma intención, convocó a un momento de oración, el próximo viernes 27 de marzo. El Pontífice manifestó también su cercanía a Croacia, sacudida esta mañana por un fuerte terremoto.

 

 

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

«Invito a todos los Jefes de las Iglesias y a los líderes de todas las Comunidades Cristianas, junto con todos los cristianos de las distintas confesiones, a invocar al Altísimo y Dios Omnipotente, recitando contemporáneamente la oración que nos enseñó Jesús Nuestro Señor”: fueron las palabras del Papa este domingo 22 de marzo después de la oración mariana del Ángelus, en un “momento de prueba en que la humanidad tiembla por la amenaza de la pandemia”.

Francisco invita a dos momentos de oración ante esta emergencia mundial: el primero, es el miércoles 25 de marzo al mediodía, para recitar juntos el Padre Nuestro, día en que muchos cristianos recuerdan el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo.

Que el Señor escuche la oración unánime de todos sus discípulos que se preparan a celebrar la victoria de Cristo resucitado.

Con la misma intención, el Papa anuncia también que presidirá un momento de oración en el Sagrato de la Basílica de San Pedro, con la plaza vacía,  el próximo viernes 27 de marzo, a las 18 horas. “Desde ahora – dice –  invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación”.

Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el que al final daré la Bendición Urbi et Orbi, a la cual se adjuntará la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria. Queremos responder a la pandemia del virus con la universalidad de la oración,  de la compasión, de la ternura. Permanezcamos unidos. Hagamos sentir nuestra cercanía con las personas más solas y exhaustas. 

 

Universalidad de la oración y cercanía a todos

Francisco insta además a permanecer “unidos” y a hacer sentir nuestra “cercanía” a todos los que se están debatiendo en primera línea para ayudarnos y protegernos en esta emergencia:

“Nuestra cercanía a los médicos, a los agentes sanitarios, enfermeras y enfermeros, voluntarios… Nuestra cercanía a las autoridades que deben tomar medidas duras, pero por nuestro bien. Nuestra cercanía a los policías, a los soldados en la calle que siempre tratan de mantener el orden, que se cumplan las cosas que el gobierno nos pide que hagamos por el bien de todos. Cercanía a todos.”

 

Cercanía del Papa a Croacia

El Santo Padre no olvida a la población croata, sacudida esta mañana por un terremoto de 5.3 en la escala de Richter, que causó grandes daños, particularmente en Zagreb.

 

“Expreso mi cercanía a la gente de Croacia afectada por el terremoto de esta mañana. Que el Señor Resucitado les dé la fuerza y la solidaridad para enfrentar esta calamidad.”

 

Y concluyendo,  una vez más,  el Papa exhorta a tomar el Evangelio y a leer “tranquilamente, lentamente” el capítulo 9 de Juan. “Lo haré también yo” – asegura. “Nos hará bien a todos”.

fuente: vaticannews.va

El Papa reza por quienes están en dificultades económicas debido al coronavirus

Este 23 de marzo, en la Misa en Santa Marta, el Santo Padre oró por las familias que empiezan a experimentar necesidades económicas a causa de la pandemia y que no pueden trabajar debido a las medidas de seguridad que se han adoptado en diferentes lugares del mundo. En su homilía, el Papa invitó a intensificar nuestra oración durante este tiempo, y a rezar con fe, perseverancia y valentía.

Vatican News

En la Misa matutina celebrada – y transmitida en vivo – en la Capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco después de recitar la Antífona de entrada que dice: “Yo confío en el Señor. Que tu misericordia sea mi gozo y mi alegría porque te has fijado en mi aflicción” (Cfr. Sal 30, 7-8), oró por aquellos que están sufriendo por la crisis económica causada por la epidemia del coronavirus que ha bloqueado muchas actividades de trabajo:

“Oremos hoy por las personas que empiezan a tener problemas económicos a causa de la pandemia, porque no pueden trabajar y todo esto recae en la familia. Oremos por la gente que tiene este problema”.

En su homilía, comentando el Evangelio de San Juan (4, 43-54) sobre la curación del hijo del funcionario del rey, el Santo Padre nos invitó a orar con fe, perseverancia y valentía, especialmente en este momento.

A continuación el texto de la homilía según nuestra transcripción y al mismo tiempo te invitamos a seguir la Santa Misa (video integral) desde nuestro canal de Youtube:

Este padre pide salud para su hijo. El Señor reprocha un poco a todos, pero también a él: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”. El funcionario, en lugar de callar y estar en silencio, se adelanta y le dice: «Señor, baja, antes de que mi hijo muera». Y Jesús le respondió: «Ve, tu hijo vive».

Existen tres cosas que se necesitan para hacer una verdadera oración. La primera es la fe: si no tienen fe… Y muchas veces, la oración es sólo oral, de la boca… pero no viene de la fe del corazón, o de una fe débil… Pensemos en otro padre, el del hijo demonizado, cuando Jesús respondió: «Todo es posible para el que cree»; el padre, como dice claramente: «Yo creo, pero aumenta mi fe». La fe en la oración. Rezar con fe, tanto cuando rezamos fuera, como cuando venimos aquí y el Señor está allí: pero ¿tengo fe o es un hábito? Tengamos cuidado en la oración: no caigamos en el hábito sin la conciencia de que el Señor está ahí, que estoy hablando con el Señor y que Él es capaz de resolver el problema. La primera condición para la verdadera oración es la fe.

La segunda condición que el mismo Jesús nos enseña es la perseverancia. Algunos piden pero la gracia no llega: no tienen esta perseverancia, porque en el fondo no la necesitan, o no tienen fe. Y el mismo Jesús nos enseña la parábola de ese señor que va donde el vecino a pedir pan a medianoche: la perseverancia para llamar a la puerta… O la viuda, con el juez injusto: e insiste e insiste e insiste: es la perseverancia. La fe y la perseverancia van juntas, porque si tienes fe estás seguro de que el Señor te dará lo que pidas. Y si el Señor te hace esperar, golpea, golpea, al final el Señor da la gracia. Pero no lo hace, el Señor, para hacerse al interesante o para decir «mejor que espere»: no. Lo hace por nuestro propio bien, para que tomemos las cosas en serio. Tomar en serio la oración, no como los papagayos: bla, bla, bla, bla, bla y nada más… El mismo Jesús nos reprocha: «No sean como los gentiles que creen en la eficacia de la oración y en las palabras, muchas palabras». No. Es la perseverancia allí. Es la fe.

Y la tercera cosa que Dios quiere en la oración es la valentía. ¿Alguien puede pensar: se necesita valor para rezar y estar ante el Señor? Se necesita. El coraje de estar ahí pidiendo y yendo adelante, casi – casi, no quiero decir herejía – pero casi como amenazando al Señor. El coraje de Moisés ante Dios cuando Dios quiso destruir al pueblo y hacerlo jefe de otro pueblo. Dice: «No. Yo con el pueblo». Coraje. El coraje de Abraham, cuando negocia la salvación de Sodoma: «¿Y si fueran 30, y si fueran 25, y si fueran 20?»: ahí, valentía. Esta virtud de la valentía, requiere mucho. No sólo por las acciones apostólicas, sino también por la oración.

Fe, perseverancia y valentía. En estos días en que es necesario rezar, rezar más, pensemos si rezamos de esta manera: con fe en que el Señor puede intervenir, con perseverancia y con coraje. El Señor no decepciona: No decepciona. Nos hace esperar, se toma su tiempo, pero no nos decepciona. Fe, perseverancia y coraje.

Finalmente, el Papa terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitándonos a hacer la comunión espiritual.

A continuación la oración recitada por el Papa:

“A tus pies me Postro, ¡oh Jesús mío!, y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito, que se hunde en la nada, ante Tu santa Presencia. Te adoro en el Sacramento de Tu amor, la inefable Eucaristía, y deseo recibirte en la pobre morada que te ofrece mi alma. Esperando la dicha de la Comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, puesto que yo vengo a Ti, ¡oh mi Jesús!, y que Tu amor inflame todo mi ser en la vida y en la muerte. Creo en Ti, espero en Ti, Te amo. Así sea”.

fuente: vaticannews.va