Consagración a la Virgen María

¿Qué significa consagrarnos?

Es entregarle de manera personal, libre y sólo por amor, nuestro corazón, nuestra alma, nuestro ser, todo lo que amamos, todo lo que tenemos y nuestras buenas obras pasadas, presentes y futuras a los maternales cuidados de María.

¿Por qué consagrarnos a María?

Porque es deseo divino y camino perfecto para ir a Dios.

  • Primero, porque Jesús nos la entregó a los pies de su Cruz cuando dijo “Madre, he ahí a tu hijo” y a su discípulo Juan (en representación de la humanidad) dijo “He ahí a tu Madre”, y desde entonces Juan la llevó a su casa (Jn 19, 26-27).
  • Porque también en 1917 la Virgen en Fátima, dijo que Dios deseaba establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón para la salvación de las almas.
  • Porque María es el camino más fácil, más corto, más perfecto y seguro de llegar al conocimiento y verdadero amor a Dios; porque nos ama, nos alimenta, nos conduce, nos defiende del acérrimo enemigo de Dios y nos protege en nuestro regreso a Dios.

¿Para qué consagrarnos?

Nos consagramos para que la Virgen María, con sus infinitas gracias, limpie nuestro corazón para recibir a su Hijo Jesucristo y nos asemeje a Él, significándose esto el “Triunfo del Inmaculado Corazón de María” que nos anunció en Fátima, Portugal en 1917.

  • Para entender cómo limpia nuestros corazones para recibir a Jesús, imaginemos cuando Ella y San José limpiaron con Fe, Esperanza y Amor el portal de Belén, era una cueva fría, oscura, mal oliente, llena de paja, estiércol, orines, animales y piedras, y Ella con sus Santísimas Manos preparó la cuna más amorosa y preciosa sobre la Tierra, para recibir a Jesús, nada más y nada menos que el Hijo de Dios.
  • Para comprender cómo nos asemeja de manera segura y rápida a su Hijo Jesucristo con esta consagración tan especial, podemos comparar que tratar de parecernos a Jesús sin María, es como buscar esculpir una estatua en una piedra muy dura, pero el pecado al que tendemos caer por debilidad humana es como romperle una mano a la estatua en proceso y volver a empezar a esculpir una nueva roca desde “cero”; en cambio, buscando ser como Jesucristo a través de María, el método de Grignion de Montfort es el único que haciéndolo con devoción, “funde” de manera sobrenatural nuestro corazón como si fuera un metal maleable y la Virgen María lo vacía en el molde de su Inmaculado Corazón, logrando en sólo 33 días hacer una imagen semejante a la de su Hijo Jesús.

Frutos de esta consagración

Existen muchas formas piadosas de consagrarnos a la Virgen María, pero ésta, basada en el método de 33 días del “Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María” que redactó el Espíritu Santo a través de San Luis María Grignion de Montfort (según el numeral 114 en dicho Tratado), es la consagración Cristocéntrica a través de María, más perfecta y segura, según Teólogos, Papas y Santos que la han revisado y vivido, tales como San Pío X, Papa Pío XII y San Juan Pablo II; quien dio testimonio de que al leer el Tratado le disipó las dudas que algún día tuvo sobre si un excesivo culto a María podría comprometer la supremacía del culto debido a Cristo, aclarando a su corazón que no puede darse tal cosa, pues “María nos acerca a Cristo, con tal de que se viva su misterio en Cristo”, lo que lo llevó a consagrarse a María, incluso adoptando en su pontificado el lema de Montfort “Totus Tuus”, “Todo Tuyo” de María. Con esta preparación de 33 días, la Virgen nos hace avanzar en el conocimiento y amor a Dios a pasos agigantados, más que en toda nuestra vida, logrando maravillosos frutos:

  1. Perfecto conocimiento de sí mismo y participación de la Humildad de María
  2. Participación en la Fe de María.
  3. Madurez cristiana, ya no se actúa por temor servil, sino por amor puro.
  4. Confianza grandísima en Dios y María Santísima
  5. Comunicación de María y su Espíritu.
  6. Transformación en María a Imagen de Jesucristo.

¿Es correcto decir: Dios te bendiga?

¿Hay algún fundamento bíblico para que podamos decir esta frase?

Por: P. Samuel Bonilla | Fuente: PadreSam.com

A menudo escuchamos “Dios te bendiga” o simplemente “bendiciones”, ¿es eso correcto? ¿Hay algún fundamento bíblico? Veremos que sí, pero hay que hacerlo adecuadamente.

ETIMOLOGÍA: la palabra “bendición” viene del latín beneditio, beneditionis, es decir, se compone de bene (bien) y dicere (decir), por lo que bendecir es “decir bien” de alguien.

FUNDAMENTO BÍBLICO: lo encontramos en Números 6,22-27, en donde expresamente dice así:

El Señor le ordenó a Moisés: «Diles a Aarón y a sus hijos que impartan la bendición a los israelitas con estas palabras: “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre su favor y te conceda la paz”. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, para que yo los bendiga».

De aquí podemos concluir que la acción de bendecir pertenece a Dios, no al hombre. Cuando alguien bendice (un papá, mamá, amigo) debe siempre hacer referencia a Dios. No podemos banalizar, ni que se convierta en una muletilla el decir “bendiciones”, sino que al hacerlo se debe siempre mencionar el sujeto de la bendición: Dios. Lo correcto entonces es “Dios te bendiga”, “el Señor te bendiga”, no simplemente “bendiciones”.

La bendición entonces no es una simple “buena suerte”, sino más bien pedirle a Dios que acompañe, proteja… bendiga a esa persona a la cual la dirigimos.

¡Que Dios te bendiga!

 

fuente: catholic.net

Rosario mundial por la paz, vida, familia y sacerdotes

Convoca Mater Fatima a celebrarse el 20 de febrero de 2020

 

Mater Fátima lanza una nueva convocatoria al mundo para unirse en oración con el Rosario Mundial a celebrarse el 20 de Febrero, con motivo del centenario de la partida al Cielo de Santa Jacinta Marto, una de las tres pastorcitas que recibió los mensajes de Nuestra Señora del Rosario en Fátima, Portugal.

El Rosario será transmitido desde la Insigne Nacional Basílica de Guadalupe en México y se vivirán tres momentos especiales:

1. Adoración al Santísimo de 17:00 a 18:00 horas (Tiempo del Centro de México)
2. Durante la Adoración, niños, jóvenes y familias rezarán el Santo Rosario en varios idiomas.
3. Consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María.

Las intenciones serán:
1. Orar al Señor por la paz del mundo y la conversión de los pecadores.
2. Pedir al Señor a través del Inmaculado Corazón de María, que promueva, proteja y defienda la vida y la familia como Él mismo la creó.
3. Rogar al Señor por nuestros Obispos y Sacerdotes.

Para prepararnos para este importante momento que confiamos en que será de mucho bien para el mundo, pedimos a los fieles que se mantengan unidos en:

El rezo del Santo Rosario diario.
Adoración Eucarística (al menos una vez a la semana).
Ayuno semanal a pan y agua, de preferencia los viernes.
Preparación para la Consagración con el método de 33 días de San Luis Grignion de Montfort, a partir del 18 de enero. (Las oraciones serán publicadas en la página: www.materfatima.org)

 

De manera especial Nicaragua y México, así como todas las personas que se quieran sumar, llevarán a cabo un Sitio de Jericó del 13 al 19 de febrero.

El Rosario será transmitido en directo a través de los Medios de Comunicación que deseen unirse, y cada Parroquia podrá realizar su Hora Santa y Rosario por las intenciones propuestas, de acuerdo a los horarios que les resulte conveniente.

Cabe recordar que durante el primer Rosario Mundial que se transmitió el 4 de abril de 2019 desde la Parroquia de Fátima, en Portugal, se conectaron 420 medios católicos y 98 Santuarios Marianos. De acuerdo a los reportes, se unieron en la oración por la paz 70 millones de personas.

Mater Fátima y el Rosario Mundial es una iniciativa que Dios ha inspirado al Padre Héctor Ramírez Sanz Cerrada, quien durante su trabajo como Capellán en el Santuario de Fátima, por casi cuatro años, se dio cuenta de que los mensajes de la Virgen no habían sido suficientemente conocidos y lo que Ella quería (que no se propagaran los errores de Rusia por el mundo), no se evitó.

El Padre Héctor ha recorrido alrededor de 20 países y ha podido constatar el deterioro de la familia y la sociedad, la propagación del ateísmo y el ocultismo, así como la falta de fe y el incremento del relativismo. A pesar del avance de esta ideología que nos aleja de Dios y destruye a la sociedad poco a poco, existe una esperanza, y es hacer lo que pidió la Virgen en 1917 para alcanzar de Ella Su promesa, ya que el mensaje es para estos tiempos: “Rezad el Rosario todos los días para obtener la paz en el mundo y el fin de la guerra”.

 

Mater Fátima quiere dar a conocer la esencia de los mensajes que Nuestra Señora del Rosario dejó en Fátima y promover su práctica diaria, que se adopten como una forma de vida, para alcanzar la paz personal, en las familias y en el mundo; y así colaborar para que la promesa de la Virgen se realice: “Al final, Mi Corazón Inmaculado, triunfará”.

Únete y Haz sonreír a la Virgen.
Mater Fátima para el mundo.

Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXVIII jornada mundial del enfermo 11 de febrero de 2020

Como cada año el 11 de febrero, en la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, el Santo Padre se dirige a las personas enfermas, pobres, excluidas, a todas las que «soportan cargas demasiado pesadas», así como a los acompañantes y a los profesionales de la salud. Quiere darles un mensaje de consuelo y de esperanza para proseguir la ruta, siguiendo el camino indicado por nuestro Señor Jesucristo, con la intercesión de María.

 

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré»
(Mt 11,28)

Queridos hermanos y hermanas:

1. Las palabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28) indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y consuelo. «Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores, marginados… del peso de la ley del sistema social opresivo… Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra que daba esperanza!» (Ángelus, 6 julio 2014).

En la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo, a quien siente angustia por su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad, no impone leyes, sino que ofrece su misericordia, es decir, su persona salvadora. Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta, porque miran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan a todo el hombre, a cada hombre en su condición de salud, sin descartar a nadie, e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura.

2. ¿Por qué Jesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre. Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe una carencia de humanidad y, por eso, resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral. Durante la enfermedad, la persona siente que está comprometida no sólo su integridad física, sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su vez pide consuelo y cercanía.

3. Queridos hermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad, estáis de modo particular entre quienes, “cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazón de Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de oscuridad, la esperanza para vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él, efectivamente, encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo y del espíritu. Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión del mal.

En esta condición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida.

En esta tarea de procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentes sanitarios, médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir la presencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enferma curando sus heridas. Sin embargo, ellos son también hombres y mujeres con sus fragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras: «Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio2014).

4. Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible.

En la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos, estáis llamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentido pleno de vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece a Dios, por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella (cf. Instr. Donum vitae, 5; Carta enc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es para vosotros una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida y a la persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo.

Lamentablemente, en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario y los centros que se ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están en el punto de mira. En algunas zonas, el poder político también pretende manipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria. En realidad, atacar a aquellos que se dedican al servicio de los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie.

5. En esta XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanas que, en todo el mundo, no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud. Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano.

Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de enero de 2020

Memoria del Santísimo Nombre de Jesús

Francisco

 

fuente: vaticannews.va

Nuestra Señora de Lourdes

La Historia – Lourdes, Francia

El 11 de febrero de 1858, Bernadette, una niña de catorce años, recogía leña en Massbielle, en las afueras de Lourdes, cuando acercándose a una gruta, una de viento la sorprendió y vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con sus pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal, en su cintura tenia una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.

Bernadette al principio se asusto, pero luego comenzó a rezar el rosario que siempre llevaba consigo, al mismo tiempo que la niña, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos, al finalizar, la Virgen María retrocedió hacia la Gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.

El 18 de febrero en la tercera aparición la Virgen le dijo a Bernadette: «Ven aquí durante quince días seguidos». La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó «Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro».

La noticia de las apariciones se corrió por toda la comarca, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban.

En la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mando a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes.

En las apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mando a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imito y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.

El 25 de marzo, a pedido del párroco del lugar, la niña pregunta a la Señora ¿Quien eres?, y ella le responde: «Yo soy la Inmaculada Concepción».

Luego Bernadette fue a contarle al sacerdote, y él quedo asombrado, pues era casi imposible que una jovencita analfabeta pudiese saber sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX en 1854.

En la aparición del día 5 de abril, la niña permanece en éxtasis, sin quemarse por la vela que se consume entre sus manos.

El 16 de julio de 1858, la Virgen María aparece por última vez y se despide de Bernadette.

En el lugar se comenzó a construirse un Santuario, el Papa Pío IX le dio el titulo de Basílica en 1874. Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862.

Lourdes es uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas. La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

 

El mensaje de la Virgen

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse en los siguientes puntos:

1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2-Es una exaltación a la virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.

3-Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4-Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos.

 

Santa Bernardette

Santa Bernadette Soubirous: nació el 7 de enero, de 1844, en el pueblo de Lourdes, Francia. Su nombre era Marie Bernard, pero la llamaban Bernadette. Su salud era precaria, desde niña fue asmática, tiempo después de las apariciones, fue admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. En julio de 1866 comenzó su noviciado y el 22 de septiembre de 1878 pronunció sus votos, falleció unos meses después, el día 16 de Abril de 1879.

La vida de Bernadette, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades y humillaciones, soporto muchos dolores, tenia tuberculosis, un tumor en la rodilla, problemas en los oídos.

En los primeros años con las monjas, la Santa jovencita sufrió mucho, no solo por su mala salud, sino también a causa que la Madre superiora del lugar que no creía en sus enfermedades, inclusive decía que cojeaba de su pierna para llamar la atención.
Como religiosa se dedicó a ser asistente de enfermería y más tarde cuando ya estuvo muy mal de salud, fue sacristán. Antes de morir dijo: «Ruega Señora por esta pobre pecadora».

 

Santa Bernardita Incorrupta

30 años más tarde, su cadáver fue exhumado, y hallado en perfecto estado de conservación, unos años después, poco antes de su Beatificación, efectuada el 12 de Junio de 1925, se realizó un segundo reconocimiento del cuerpo, el cual seguía intacto.

Bernadette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Su cuerpo incorrupto todavía puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal. La festividad de la Santa se celebra el 16 de Abril.

 

La Piedad de Bernardette vence las pruebas

Dos virtudes resaltaban en Bernardette: la piedad y la modestia. Para ser piadoso no es necesario ser sabio. Aún cuando se hizo religiosa, ella misma decía que no sabía como orar y sin embargo pasaba largas horas en oración. Y su oración no era mecánica, sino que le hablaba a Dios y a la Virgen como se habla con una persona cara a cara. Era pues una oración del corazón, intensa, honesta y eficaz.

Amaba la oración. Ella sabía muy bien como rezar el Santo Rosario el cual siempre llevaba en su bolsillo. Lo tenía en sus manos cuando se le apareció la Virgen. Su primer gesto en momentos de cualquier prueba o dificultad era siempre tomar su rosario y empezar a recitarlo.

La pequeña escogida por la Virgen tendría mucho que sufrir hasta el día de su muerte, tanto sufrimientos morales como físicos; pero nunca debemos olvidar que Dios guía a esta pequeña niña y que ella era responde con humildad, abandono, fe y coraje. Bernardette poseía además virtudes que serían criticadas durante toda su vida como «defectos». Por este error de la gente se puso en duda también la autenticidad de las apariciones.

Esta niña de solo 14 años (cumplidos en Enero 7 1858), tuvo que ser sabia, firme, extraordinariamente valiente y saber discernir, para poder enfrentarse con las personas que trataban de disuadirla, entre ellas sacerdotes, obispos, jefes de la policía, procuradores, etc.

Para tener una idea de la fortaleza interior y la capacidad de su juicio, podemos ver algunas de las frases que dijo durante los interrogatorios a los que tuvo que someterse. Después de que el Procurador Imperial, el señor Dutor, hizo quedarse de pie por mucho tiempo a Bernardette y a su mamá, al fin les dijo condescendientemente:

-«Ahí hay sillas. Pueden sentarse»

Bernardette respondió: «No. Pudiéramos ensuciárselas»

En otra ocasión, cuando le preguntaron sobre el idioma en que le habló la Virgen, Bernardette dijo:
-«Ella me habló en dialecto»

-«La Virgen María no pudo haber hablado en dialecto», le respondieron, «Dios y la Virgen no hablan dialecto».

A lo que ella respondió: «¿Cómo podemos saber nosotros dialecto si ellos no lo hablan?»

-«Oh, ¿por qué piensa que me habló en Francés? ¿puedo yo hablar en Francés?»

En la doceava aparición Bernardette le acercó un rosario a la Virgen. Un sacerdote le preguntó después de la aparición: ¿Así que ahora también bendices rosarios?
Bernardette se rió y dijo: «Yo no uso una estola, ¿o sí?.»

Otro le preguntó: «Así que Bernardette, ahora que la Virgen te ha prometido que irás al cielo, no necesitas preocuparte del cuidado de tu alma».

Bernardette: «Pero Padre, yo solo iré al cielo si me porto correctamente»

Sus interrogatorios serían de largas horas, algunas veces días enteros; y sus interrogadores trataban de engañarla para que contradijera sus declaraciones. Pero ella se mantenía alerta, en guardia, sabiendo que ellos no querían la verdad, sino probar que lo había inventado todo.

Bernardette tuvo que enfrentarse frecuentemente con el párroco de Lourdes, Abbé Peyramale, quién tenía fama por su mal genio. Sin embargo todas las veces que nuestra santa fue a verlo, a pesar del temor que sentía, nunca se echó atrás, sino que siempre vencía su natural miedo. Su voluntad de cumplir con lo que la Virgen le había encargado podía mucho más que el mal genio del sacerdote.

Y así vemos como Bernardette cumple los deseos de la Virgen a pesar de grandes obstáculos y de sus propias flaquezas. Al final, en el último día de las apariciones, el 25 de marzo de 1858, la Virgen revela su identidad dándole a Bernardette la prueba que tanto pedía su párroco para creerle.

Las palabras de la Virgen, «Yo Soy la Inmaculada Concepción» , fueron las que derrumbaron de una vez por todas el muro de la incredulidad en el corazón de párroco, quién se convirtió desde ese momento en su más grande defensor y apoyo, usando su mismo temperamento contra los que atacaban a la niña.

A diferencia de otras apariciones, como La Salette, Pointman, Fátima, Knock, Beuraing, exceptuando la Medalla Milagrosa; Bernardette era la única vidente. No tenía otros que corroborasen el testimonio y le sirviesen de apoyo. Su única fuente de fortaleza era la misma Virgen Santísima. Pero esta era suficiente para ella.

Llegaría un tiempo donde sus cualidades, su fuerza interior, su rapidez al contestar, todas usadas para defender las Apariciones de la Virgen, se usarían en su contra. Aquellos que la apoyaban sabían entender sus grandes virtudes, pero para los que la criticaban eran sus grandes defectos. A su fortaleza interna le llamaban terquedad; a su rapidez en responder le llamaban insolencia. Una vez en el Convento de San Gildard, en Nevers, cuando fue acusada de tener amor propio, ella dibujó un círculo y puso la marca del dedo en el centro del mismo y dijo: «Que el que no tenga amor propio ponga su dedo aquí» (indicando la marca del centro).

Las apariciones fueron para Bernardette un regalo inmerecido, un regalo que que en si mismo no la hizo santa. Era un regalo para el mundo, pero que al mismo tiempo por su admirable correspondía a la gracia, la llevaría a la santidad.

Hemos de tener claro que Santa Bernardita no fue canonizada por haber visto a la Virgen Santísima, sino por haber subido por la escalera de la santidad a través de enormes pruebas y cruces. Para ser santo no es necesario haber tenido grandes experiencias místicas. Es suficiente tener estas dos cosas: humildad y amor. Es en la asidua oración y en la vida de virtud que el amor se expresa a sí mismo.

 

Después de las apariciones

La humilde jovencita escogida para tan gran misión, permaneció después de las apariciones como era antes, es decir la Virgen se encargo de conservarla sencilla, humilde y modesta. No le gustaban el bullicio ni la popularidad.
Pasaba como una mas, excepto por sus virtudes, por su inocencia, su candor y rectitud en su obrar. Hizo su primera comunión el mismo ano 1858, el 3 de junio, día de Corpus Christi. Nada espectacular sucedió excepto que ella había piadosamente recibido a Jesús.

Dios seguía visitándola, no con brillantes apariciones, sino por la prueba amarga de los sufrimientos: de la incomprensión, burla, casi siempre estaba enferma, soportaba dolores de toda clase, recogida y resignada con paciencia. Sufría de asma crónica, tuberculosis, vómitos de sangre, aneurisma, gastralgia, tumor de una rodilla, caries en los huesos, abscesos en los oídos que le ocasionaron sordera, que esta se le quito hasta un poco antes de su muerte.

La Virgen le dijo a Bernardette: «No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo». Y estas palabras de la Virgen se cumplieron plenamente en nuestra santa. Mucho tuvo que sufrir durante su vida hasta su muerte a los 35 años. La salud de Bernardette era muy delicada, muchas veces tenía que estar en cama con fiebre; tenía días bien críticos con ataques de asma que muchas veces eran bien dolorosos.

Muchos encontraban cura en la fuente de Lourdes, pero no Bernardette. Un día le preguntaron: «¿No tomas del agua de la fuente?. Estas aguas han curado a otros, ¿por qué no a ti?. Esta pregunta insidiosa pudo haberse convertido en una tentación para Bernardette en no creer en la aparición, pero ella no se turbó. Le respondió:

«La Virgen Santísima quizás desea que yo sufra. Lo necesito»

¿Porqué tu más que otros?
-«El buen Dios solo lo sabe».

¿Regresas algunas veces a la gruta?
– «Cuando el Párroco me lo permite».

¿Porqué no te lo permite todo el tiempo?
-«Porque todos me seguirían».

Antes habías ido aún cuando se te había prohibido.
– «eso fue porque fui presionada.»

La Virgen Santísima te dijo que serías feliz en el otro mundo, así que estas segura de ir al cielo.
– «Oh no, eso será solo si obro bien».

¿Y no te dijo Ella que hacer para ir al cielo?
-«Nosotros lo sabemos muy bien; no es necesario que yo lo diga».

 

Últimos años en Lourdes

Bernardette no podía recibir en su casa el cuidado que ella necesitaba para su frágil salud y el gran número de visitantes curiosos le causaban fatiga. Viendo esta necesidad, Abbé Peyramale pidió a la Superiora del Hospicio de Lourdes que acogiera a la niña. Le dijo:

«Es con ustedes que la niña debe estar. Ustedes pueden darle el cuidado que ella necesita en todos los aspectos».

En el año 1860, las Hermanas de la Caridad de Nevers, que servían el hospital y la escuela, le ofrecieron un asilo titular. Desde aquel día permaneció bajo su techo, con su salud delicada, pero con su consigna de siempre: no llamar la atención de nadie. Aún cuando sus padres ya se habían mudado de la cárcel y vivían en un molino, le dieron permiso sin dificultades de permanecer con las hermanas. Su madre lloró por su partida pero sabía que era por el bienestar de la niña.

En el hospicio Bernardette fue asignada bajo el cuidado de la Hermana Elizabeth, quien le debía enseñar a leer y escribir mejor. Bernardette tenía 16 años, era julio de 1860. La superiora le dijo a la Hna. Elizabeth: «se dice que ella no es muy inteligente, mira a ver si es posible hacer algo con ella».

La Hna. Elizabeth al entrar en contacto con Bernardette diría: «Encuentro en ella una inteligencia muy viva, un candor perfecto y un corazón exquisito». Ella diría a la madre superiora: «Mi querida Madre, la han engañado. Bernardette es muy inteligente y asimila muy bien la doctrina que se le da.»

Sin ser brillante, Bernardette adquirió gran cantidad de conocimiento elemental. En su tiempo en el hospicio, permaneció siendo una niña de su edad. Era recta, sincera, piadosa pero traviesa, muy vivaz, a quien le encantaba reír, jugar y bromear. Muchas veces la ponían a cuidar niños más pequeños, como era la costumbre en las escuelas elementales y Bernardette se mostraba tan joven y juguetona como la más pequeña niña.

Uno de los niños diría mas tarde:

«Bernardette era tan simple. Cuando le pedían que nos cuidara, lo hacía de una manera tal, que parecía otra niña jugando con nosotros, que no nos hacía pensar tanto en su aventura milagrosa. Criados con este pensamiento de que nuestra compañera había visto a la Virgen, lo considerábamos tan natural como un niño de hoy día que ha visto al presidente de la república».

Bernardette era completamente natural en su comportamiento diario, sin embargo era muy seria tocante a su vida cristiana.

Al crecer, Bernardette tuvo como toda joven, sus momentos de vanidad, queriendo estar arreglada y lucir bien. Pero todas estas vanidades pasaron por ella rápidamente y sin dejar ningún rastro en su corazón.

Decía la Hna. Victorina: «La fiebre pasó rápidamente y no dañó su profunda piedad».

La comunidad contaba con las oraciones de Bernardette. Un día una religiosa, la Madre Alejandrina, sufrió una torcedura y el médico le mandó a tener reposo. Pero ella era muy activa y le pidió a Bernardette que le pidiera a la Virgen que la curara. Bernardette inmediatamente fue a rezar ante la estatua de la Virgen en la capilla. Oró con todo su corazón. ¿Qué pasó?… no sabemos nada más que al otro día el doctor encontró a la Madre Alejandrina ocupada en su trabajo, como si nada hubiese pasado.

 

La vocación religiosa

La Virgen Santísima le dio una gracia especial al llamarla a la vida religiosa. Parece que nunca Bernardette consideró en serio el matrimonio. A los 19 o 20 años, en 1863, la vocación de ser religiosa se le presentó claramente. Había considerado vagamente ser carmelita, pero no fue difícil hacerle comprender que su salud era muy delicada para enfrentar los rigores del Carmelo.

Fue el Obispo Forcade de Nevers, que tenía en su diócesis la Casa Madre de las Hermanas de la Caridad del hospicio y la escuela de Lourdes, quien contribuyó definitivamente en su orientación. El le preguntó cuáles eran sus intenciones para el futuro y ella le respondió: «Señor Obispo, todo lo que pido es quedarme en esta casa como una sierva»

Pero hija mía, ¿no has pensado en llegar a ser una religiosa como las hermanas a las que tan apegada estás?.
– «Oh, Señor Obispo, nunca he creído que esto pudiese ser para una ignorante y pobre niña como yo. Usted sabe bien que soy pobre y no tendría la dote necesaria».

No es la pobreza lo que debe detenerte. Se puede hacer una excepción a la regla y recibir a una joven sin dote, si ella tiene signos claros de vocación».
– «Señor Obispo, sus palabras me han tocado profundamente, le prometo que pensaré en ellas» .

Bernardette comprendía que una decisión como esta no se hace sin consideración y reflexión. El Obispo estaba muy complacido con su prudencia y le recomendó que se tomara su tiempo e hiciera su decisión con completa libertad y sin apresuramiento.
En Agosto de 1864, Bernardette dijo a la Madre Superiora del Hospicio:
«Madre mía, he orado mucho para saber si estoy llamada a la vida religiosa. Creo que la respuesta es «sí». Yo quisiera entrar en su congregación si soy aceptada. Permítame pedirle que le escriba al Obispo».

En respuesta la superiora abrazó a Bernardette y sus lágrimas de gozo fueron su afectuosa respuesta.

Habiendo hecho su elección, más ataques de enfermedad y la necesidad de tratar varios remedios retardaron la puesta en práctica de su promesa.

En 1866 escribió: «Estoy mas presionada que nunca a dejar el mundo. Ahora he decidido definitivamente y espero dejarlo pronto».

Por fin llegó el gran día a comienzos de Julio de 1866, tenía 22 años de edad. Por última vez fue a la amada gruta donde su despedida fue de todo corazón. «¿Ven la gruta?, era mi cielo en la tierra». Al día siguiente se despidió de su familia y en Julio 4 1866, Bernardette dejó su pueblo natal para nunca más volver.

Antes de partir improvisa una oración tomando como pauta el Magnificat: acción de gracias por la pobreza de su esclava. Se dirige directamente a María: «Si, Madre querida, tu te has abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña..Tu, reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que había de mas humilde según el mundo».

 

La religiosa, la Santa

Se va para comenzar su noviciado. Llegaron al convento de las Hermanas de la Caridad de Nevers, el 7 de julio de 1866 en la noche. El domingo Bernardette tuvo un ataque de nostalgia que le llevó a estar llorando todo el día. La animaban diciéndole que este era un buen signo ya que su vida religiosa debía empezar con sacrificio. En los anales de la Casa Madre se lee:

«Bernardette es en realidad todo lo que de ella hemos oído, humilde en su triunfo sobrenatural; simple y modesta a pesar de que todo se le ha unido para elevarla. Ella ríe y es dulcemente feliz aunque la enfermedad se la está comiendo. Este es el sello de la santidad, sufrimiento unido a gozo celestial.»

 

Hermana María Bernarda

Ni la superiora, la hermana Josefina Imbert, ni la maestra de novicias Madre María Teresa Vausou, entendían el tesoro que se les había confiado. Sí, admitían que la Virgen se le apareció, pero la veían tan «ordinaria», que tenían dificultad en ver santidad en ella. Su idea de santidad aparentemente era diferente a la de la Iglesia.
En el proceso diocesano de Beatificación, el Reverendo P. Peach, profesor de teología dogmática en el seminario de Moulins, les dijo a sus estudiantes:

«El testimonio llegó a esto, que Bernardette era muy ordinaria. Pero cuando se les preguntó si ella era fiel a las reglas, si tenía que ser corregida por desobediencia o en referencia a la pobreza y castidad, todas se apresuraron a decir: «Oh no, nada de eso».

¿Por qué sus superioras la juzgaban tan mal?; solo se puede encontrar respuesta en que era parte de la Providencia Divina para la santificación de Bernardette. De manera particular la Maestra de Novicias, Madre María Teresa Vauzou, quién fue la causante de muchos sufrimientos espirituales de Bernardette durante los 13 años que vivió en el convento. La Madre María, quien era estimada por su ojo agudo y su penetración psicológica, nunca fue capaz de leer en esta alma límpida su íntima unión con Dios, ni tampoco su total abandono a los deseos de su divina voluntad, la cual formaba su vida interior.

Bernardette, sin haber estudiado sobre la formas de oración, pasaba horas en ella, recitando su rosario con gran fervor. Vivía en unión perpetua con la Virgen Santísima y a través de Ella con Jesucristo.

«Bernardette estaba totalmente perdida en Dios».
Al recibir el hábito de postulante, recibió su nombre de religiosa el cual sería su mismo nombre bautismal, Sor María Bernarda.

 

Profesión anticipada

Tres semanas después de haber recibido el hábito, Bernardette enfermó de gravedad con un nuevo ataque de tuberculosis y tuvo que ser puesta en la enfermería.

Esta crisis de sofocación asmática y de tos fue tan seria que el médico pensaba que su muerte era inminente.

La Madre Superiora llamó al Obispo y este le administró el Sacramento de Extrema Unción, pero ella no pudo recibir el Viático porque constantemente estaba vomitando sangre. Pensando que Bernardette estaba a punto de morir, la Madre Superiora quiso darle el consuelo de pronunciar sus votos. Habló con el Obispo, y la comunidad dio su aprobación unánime.

Sabiendo lo que iban a hacer, Bernardette respondió con una sonrisa de agradecimiento. Fue el Obispo Forcade quien presidió la ceremonia. Bernardette dio su consentimiento por medio de signos ya que no podía hablar. Entonces le fue dado el velo de profesa. Se pensaba que estaba a punto de morir, pero Bernardette siempre ponía su salud en las manos de la Virgen.

La nueva religiosa se durmió y se despertó a la mañana siguiente en un estado de felicidad que ella declaró a su Superiora:

«Mi Reverenda Madre, usted me hizo hacer la profesión religiosa porque pensaba que iba a morir. Bueno, mire no voy a morir» .

La Madre Superiora entonces le respondió: «Tonta, tú sabías que no ibas a morir y no nos lo dijiste. En este caso, si no has muerto para mañana en la mañana, te quitaré el velo».

Y la hermana María Bernarda, con admirable sumisión heroica, le respondió simplemente:

«Como usted desee, reverenda Madre».

Y a pesar del dolor que esto le causaba, supo aceptar este cáliz que el Señor le enviaba.

Su madre murió en Diciembre 8, 1866, tenía 45 años y esta fue una de las tristezas más grandes que experimentó. En medio de su dolor dijo al Señor:

«¡Mi Dios, tú lo has querido! Yo acepto el cáliz que me das. Que tu Nombre sea bendito».

Durante su noviciado, Bernardette fue tratada más severamente y quizás más cruelmente que las otras novicias. Sus compañeras decían: «No es bueno ser Bernardette». Pero ella lo aceptaba todo y veía en ello la mano de Dios.
Bernardette profesó el 30 de octubre de 1867 con el nombre de Sor María Bernarda. Tenía 23 años. Sin embargo, la felicidad de ese momento fue teñida por una ruda humillación.

Cuando llegó el momento de distribuir a las nuevas profesas los trabajos, la Madre Superiora respondió a la pregunta del Obispo: «¿Y la hermana Marie Bernard?, «Oh, Señor Obispo, no sabemos que hacer. Ella no es buena para nada». Y prosiguió: «Si desea, Señor Obispo, podemos tratar de usarla ayudando en la enfermería». A lo cual el Obispo consintió. La hermana Marie Bernard recibió el dolor de esta humillación en su corazón, pero no protestó, ni lloró, simplemente aceptó el cáliz.

Otro cáliz que pronto tomaría fue la muerte de su padre en 1871, 6 años después que su mamá. Supo de la muerte de su papá, a quien no había visto mas desde que dejó Lourdes, pero sabía que había muerto en la fe.

Una hermana la encontró llorando a los pies de la estatua de la Virgen y cuando la hermana la iba a consolar ella le dijo:

«Mi hermana, siempre ten una gran devoción a la agonía de nuestro Salvador. El sábado en la tarde le oré a Jesús en agonía por todos aquellos que morirían en ese momento, y fue precisamente en el mismo momento en que mi padre entró a la eternidad. Que consuelo para mí el quizás haberle ayudado».

Muchas tribulaciones tuvo que pasar; humillaciones, grandes y pequeñas se apilaban sobre ella y ella decía:

«Cuando la emoción es demasiado fuerte, recuerdo las palabras de nuestro Señor, «Soy Yo, no tengan miedo». El rechazo y humillaciones de mis Superioras y compañeras inmediatamente agradezco a nuestro Señor por esta gran gracia. Es el amor de este Buen Maestro el que hará desaparecer el árbol del orgullo en sus malas raíces. Mientras más pequeña me hago, más crezco en el Corazón de Jesús.»

A Bernardette se le concedió un gran regalo al comienzo de 1874. Había sido asistente de enfermería, un trabajo que amaba mucho, pero sus fuerzas se diminuían.

Después de un ataque de bronquitis en el otoño de 1873, por el cual tuvo que ir al hospital, se determinó que estaba muy débil para seguir ayudando en la enfermería y se le dio el trabajo de menos esfuerzo físico en el Convento, el cual era al mismo tiempo el más importante, y el cual ella amó mucho más que el de ayudante de enfermería; la nombraron asistente de sacristán.

Su nueva posición le daba la oportunidad de pasar mucho tiempo en la capilla, cerca del Santísimo Sacramento. Estaba casi sin supervisión, lo que le permitía hablarle al Señor en el Tabernáculo, sin que nadie pensara que ella era extraña.

Manejaba todos los artículos sagrados con gran reverencia. El corporal, los purificadores y las albas los trataba consciente que Jesús Encarnado los había tocado durante el Sacrificio de la Eucaristía. Por eso no permitía que nadie le ayudase en este ministerio.

Pero este regalo no duró por mucho tiempo ya que su salud constantemente empeoraba. A partir de 1877 no es más que una inválida. Se le provee cuidado lo más posible y ella obedece todas las prescripciones.

Pronunció sus votos perpetuos el 22 de septiembre de 1878, en un tiempo en que se sentía mejor. Pero no duró mucho. Al siguiente 11 de diciembre, retornó a la enfermería, para nunca más salir. Sus últimos meses fueron muy difíciles, haciéndole pasar por la noche oscura del alma. Perdió confianza, la paz del corazón y la certeza del cielo. Fue tentada al desánimo y desesperación. Pensaba que era indigna de la salvación. Este fue su cáliz más amargo y su sufrimiento mayor.

También sufría mucho físicamente. La cama le causó tener la espalda repleta de llagas. Su pierna tuberculosa se le reventó. Desarrolló abscesos en los oídos, los que la hicieron prácticamente sorda por un tiempo. Si no hubieran sido tan evidentes sus síntomas, nadie se hubiese sospechado que estaba enferma. Su actitud tan serena y gozosa no manifestaba el profundo sufrimiento que padecía. No perdió su fortaleza y su aceptación.

A una hermana le dijo que iba a orar para que el Señor le mandara consolación, ella le respondió: «No, no, no consolación, solo fortaleza y paciencia» .

Bernardette padeció su pasión durante la Semana Santa de 1879. El día 16 de Abril de 1879 rogó a las religiosas que la asistían que rezaran el rosario, siguiéndolo ella con gran fervor. Al acabar un Ave María, sonrió como si se encontrara de nuevo con la Virgen de la Gruta y murió. Eran las 3:15 PM.

Sus últimas palabras fueron la conclusión del Ave María: «Santa María, Madre de Dios, ruega por mí pobre pecadora….pecadora…».

Su cuerpo fue puesto en la pequeña Capilla Gótica, situada en el centro del jardín del Convento y la que estaba dedicada a San José. Fue en esta Capilla en la que, después de 30 años, en Septiembre 22, 1909, reconocieron el cuerpo, en vista al proceso de Beatificación diocesano. El cuerpo fue hallado en perfecto estado de preservación. Su piel dura, pero intacta, mantuvo su color. Hubo un segundo reconocimiento en Abril 18, 1925, poco antes de su Beatificación el 12 de Junio de 1925.

Bernardette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Y celebramos su fiesta el día en que partió a la casa del Padre, el 16 de abril.

Lourdes se ha convertido en el santuario Mariano mas visitado de Europa y el segundo en el mundo, después del Santuario de la Virgen de Guadalupe en México. Infinidad de enfermos han sido sanados en las aguas milagrosas de Lourdes, pero el mayor milagro siguen siendo las muchísimas conversiones del corazón.

Santa Bernardette todavía se puede observar incorrupta en su capilla en Nevers, dentro de un féretro de cristal donde parece estar dormida. Su dulzura y paz aun toca los corazones.

¡Santa Bernardette, ruega por nosotros!

Tomado del Centro Católico de Evangelización SCTJM corazones.org

Oración a Nuestra Señora de Lourdes

María,
Nuestra Señora de Lourdes,
Tú que te apareciste a Bernardita, pequeña y sencilla pastora de Bigorra,
En el hueco de la roca de Massabielle,
Le trajiste la luz resplandeciente de tu sonrisa,
El dulce y radiante resplandor de tu presencia.
Creaste una relación con ella a lo largo de los días
En la que la mirabas como una persona habla con otra persona.
Estamos ante ti, pobres también nosotros, y te rezamos humildemente.
Haz que aquellos que dudan, descubran la alegría de la confianza,
Haz que aquellos que desesperan, sientan tu discreta presencia.

María,
Nuestra Señora de Lourdes,
Tú que revelaste a Bernardita tu nombre
Diciendo simplemente «Yo soy la Inmaculada Concepción».
Haznos descubrir la alegría del perdón que siempre se ofrece,
Pon en nosotros el deseo de la inocencia recuperada y la santidad gozosa.
Ayuda a los pecadores que no quieren ver.
Has dado a luz al Salvador del mundo,
Mira con ternura nuestro mundo espléndido y dramático.
Abre en nosotros los caminos de la esperanza,
Guíanos hacia Aquel que es la Fuente viva,
Jesús, tu Hijo, que nos enseña a decir:
Padre Nuestro…

 

Acto de Confianza en María

Bendito seas, Dios, Padre nuestro,
que creaste a María tan bella,
y nos la diste por Madre
junto a la Cruz de Jesús.
Bendito seas porque nos llamaste,
como a Bernardita,
para ver a María en tu luz
y beber en la fuente de tu Corazón.
Tu conoces, María, las miserias y pecados
de nuestras vidas y de nuestro mundo.
Nos confiamos a ti en este día,
totalmente y sin reservas.
Queremos renacer de ti cada día
por el poder del Espíritu,
y vivir la vida de Jesús como
humildes servidores de nuestros hermanos.

Enséñanos, María,
a llevar la vida del Señor.
Enséñanos el Sí de tu corazón.

AMÉN

Lo que debes saber sobre la famosa agua de Lourdes

«¡Esta agua no podría hacer nada sin fe!».

 

¿Sabías que de la gruta de Massabielle en el Santuario de Lourdes (Francia) brota agua con la que se han realizado muchos milagros?

El santuario ubicado en Francia describió hace un año en su sitio web todo lo que los peregrinos deben saber sobre esa agua; información que es necesaria recordar sobre todo a pocos días de que se celebre la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes y la 28° Jornada Mundial del Enfermo el próximo 11 de febrero.

Todo comenzó el jueves 25 de febrero de 1858 cuando la Virgen María le dijo a Santa Bernardita: «vaya a beber y lavarse en la fuente” lo que para el santuario se traduce en “una invitación para todos los peregrinos hasta el día de hoy”.

“El agua de Lourdes no debe confundirse con agua bendita. Es un agua normal, ligeramente calcárea y comparable a cualquier otra agua de manantiales cercanos” que no tiene virtud térmica o propiedad específica, sino que “es completamente independiente del río Gave de Pau y se conduce por unos canales hacia unos depósitos para alimentar los diferentes grifos y piscinas”, describió.

“Aparentemente el medio más frecuente de las curaciones es el empleo del agua de la fuente, ya sea en aplicación directa, tomándola o bañándose en ella. La Iglesia Católica especifica que Dios cura a través de los elementos naturales y los sacramentos, con la ayuda de la Virgen María y la oración de los cristianos”.

Al día de hoy, existen innumerables milagros que están vinculados al uso del agua luego de ocurridas las apariciones de la Virgen María desde el año 1858.

Santa Bernardita Soubirous dijo en una ocasión: «esta agua es considerada como un medicamento… pero tienes que guardar la fe y orar: ¡esta agua no podría hacer nada sin fe!».

fuente: aciprensa

El Papa Francisco explica los criterios para ser sal de la tierra y luz en el mundo

Por Mercedes de la Torre | ACI Prensa

El Papa Francisco explicó, durante el rezo del Ángelus de este domingo 9 de febrero, cómo un discípulo de Jesús puede ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”.

El Santo Padre describió estos criterios al reflexionar en el Evangelio dominical de San Mateo en el cual Jesús invita a sus discípulos a ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”.

En primer lugar, el Papa señaló que “la sal es el elemento que le da sabor y que conserva y preserva los alimentos de la corrupción. Por lo tanto, el discípulo está llamado a mantener lejos de la sociedad los peligros, los gérmenes corrosivos que contaminan la vida de las personas”.

“Se trata de resistir la degradación moral, el pecado, testimoniando los valores de la honestidad y la fraternidad, sin ceder a las tentaciones mundanas del arribismo, el poder y la riqueza”, advirtió.

Además, el Pontífice destacó que el discípulo es sal cuando “a pesar de los fracasos diarios, porque todos los tenemos, se levanta del polvo de sus errores, comenzando nuevamente con valentía y paciencia, todos los días, para buscar el diálogo y el encuentro con otros”.

“El discípulo es sal cuando no busca el consenso y la aprobación, sino que se esfuerza por ser una presencia humilde y constructiva, en fidelidad a las enseñanzas de Jesús que vino al mundo no para ser servido, sino para servir. ¡Y esta actitud es muy necesaria!”, exclamó el Papa.

En segundo lugar, el Santo Padre recordó que “la luz disipa la oscuridad y permite ver” y agregó que “Jesús es la luz que ha disipado las tinieblas, pero permanecen todavía en el mundo y en las personas”.

Por ello, el Papa dijo que es tarea del cristiano dispersar estas tinieblas para “hacer resplandecer la luz de Cristo y anunciar su Evangelio”. “Es una irradiación que puede derivarse también de nuestras palabras, pero sobre todo debe surgir de nuestras buenas obras”, remarcó.

“Un discípulo y una comunidad cristiana son luz en el mundo cuando dirigen a otros a Dios, ayudando a cada uno a experimentar su bondad y su misericordia”, explicó el Papa.

Asimismo, el discípulo de Jesús es luz “cuando sabe vivir su fe fuera de los espacios reducidos, cuando contribuye a eliminar los prejuicios, a eliminar las calumnias y a permitir que la luz de la verdad entre en las situaciones arruinadas por la hipocresía y la mentira” subrayó Francisco quien precisó “pero no es mi luz, es la luz de Jesús: somos instrumentos para que la luz de Jesús llegue a todos”.

En esta línea, el Papa dijo que “Jesús nos invita a no tener miedo de vivir en el mundo, incluso si a veces hay condiciones de conflicto y pecado” ya que “ante la violencia, la injusticia, la opresión, el cristiano no puede cerrarse en sí mismo ni esconderse en la seguridad de su propio espacio; incluso la Iglesia no puede cerrarse a sí misma, no puede abandonar su misión de evangelización y de servicio”.

“Jesús, en la última cena, pidió al Padre que no retirara a los discípulos del mundo, que los dejara allí en el mundo, sino que los protegiera del espíritu del mundo”, agregó.

Finalmente, el Santo Padre rezó para que la Virgen María “nos ayude a ser sal y luz en medio a la gente, llevando a todos, con la vida y la palabra, la Buena Noticia del amor de Dios”.

 

fuente: aciprensa