El Papa en el Ángelus: Jesús nos enseña el amor gratuito

Antes de la oración del Ángelus, Francisco reflexiona sobre el Evangelio de Lucas que tiene como protagonista a Zaqueo, publicano recaudador de impuestos de Jericó, a quien la mirada misericordiosa de Jesús lo transformó en una personas capaz de amar gratuitamente.

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“Dios condena el pecado, pero trata de salvar al pecador, va a buscarlo para traerlo de vuelta al camino correcto”: lo afirmó el Santo Padre Francisco a la hora del Ángelus de este XXXI domingo del tiempo ordinario.

Deteniéndose en el pasaje del Evangelio de Lucas que relata el encuentro de Jesús con Zaqueo, Francisco evidencia que el Señor nos busca siempre con su mirada, como lo hizo con este publicano, para salvarnos.

En efecto, Zaqueo era un hombre rico que recaudaba impuestos por cuenta del Imperio Romano y lo hacía no de manera honesta sino pidiendo “soborno” y “esto aumentaba el desprecio por él”. Francisco relata que al saber de la llegada de Jesús, que en su camino a Jerusalén hace una parada en Jericó, el “jefe de los publicanos” trata de ver a Jesús entre la multitud presente para acogerlo “porque era curioso” pero siendo de baja estatura, se sube a un árbol para poder verlo. Pero cuando Jesús llega cerca de él, levanta su mirada y lo ve. Y “esto – señala el Obispo de Roma – es importante” porque “la primera mirada no es la de Zaqueo, sino la de Jesús” que busca entre tanta gente el rostro del pecador:

“ La mirada misericordiosa del Señor nos alcanza antes de que nosotros mismos nos demos cuenta de que necesitamos que ser salvados ”

Y es a partir de esa mirada del divino Maestro que  “comienza el milagro de la conversión del pecador de Jericó”. Jesús – continúa el Papa – llama a Zaqueo por su nombre, invitándolo a bajar del árbol porque tiene “que parar en su casa”. Y sin reproches le dice que debe ir a su casa porque ésta  “es la voluntad del Padre”.

“ A pesar de los murmullos de la gente, Jesús eligió quedarse en la casa de ese pecador público ”

También nosotros nos hubiéramos escandalizado por el comportamiento de Jesús – señala el Papa. Pero, al contrario, Dios condena el pecado, pero trata de salvar al pecador para llevarlo nuevamente al recto camino.

“ Quien jamás se ha sentido buscado por la misericordia de Dios tiene dificultades para comprender la extraordinaria grandeza de los gestos y de las palabras con las que Jesús se acerca a Zaqueo ”

Esta atención de Jesús llevan a Zaqueo a cambiar de manera neta su mentalidad  – continúa explicando el Pontífice  – y a darse cuenta “de lo mezquina que es una vida totalmente apegada al dinero, a costa de robarle a los demás y de recibir su desprecio”.  Y el hecho de tener a Jesús en su casa le hace ver todo con “un poco de la ternura con la que Jesús lo ha mirado” y  “el gesto de agarrar es reemplazado por el de dar”.

Gracias a Jesús, asegura el Santo Padre,  Zaqueo descubre “que es posible amar gratuitamente: hasta ese momento era avaro, ahora se vuelve generoso”:

“ Al encontrar el Amor, descubriendo que es amado a pesar de sus pecados, se vuelve capaz de amar a los demás, haciendo del dinero un signo de solidaridad y de comunión. ”

En la conclusión, el Obispo de Roma invoca a la Virgen María para que ella “nos obtenga la gracia de sentir siempre sobre nosotros la mirada misericordiosa de Jesús”,  y de “salir al encuentro con misericordia de los que se han equivocado”.

 

fuente: vaticannews.va

Fe, tradición y cultura: Así es el «Día de los muertos» en México

En toda la Iglesia universal el 2 de noviembre se celebran a los fieles difuntos, momento en que la Iglesia recuerda e intercede por todas las almas de aquellos que han pasado a una nueva vida. En México, es una fiesta que mezcla Fe, cultura y tradición.

Ciudad del Vaticano

En México, la conmemoración a los Fieles difuntos da paso a una tradicional celebración llena de color y simbolismos, de tradición y cultura, que muestra la fe, el amor y la esperanza de las personas delante de la muerte de algún ser querido. Esta tradición mexicana, ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

 

Tradición y Cultura prehispánica

Se debe aclarar que en México esta celebración no es ‘un culto satánico’ o algo relacionado con un ‘culto a la muerte’. La celebración del Día de muertos forma parte de una creencia que tiene sus raíces en el mundo prehispánico. En la cultura mexica, por ejemplo, la muerte es vista como un despertar y como un renacimiento al otro mundo.

En el mundo prehispánico se creía que los difuntos podían solamente ir a dos lugares: aquellos que morían en relación al agua, por ejemplo, ahogados, iban al lugar donde estaba Tláloc, el Tlalocan, un lugar semejante a lo que consideramos el Paraíso. Sin embargo, la mayoría de los difuntos iban al Mictlán, al lugar de los muertos donde durante todo el año tenían una cierta amnesia, no tenían ningún alimento. Esto se puede asimilar a lo que nosotros llamamos purgatorio.

Los difuntos para llegar a esos lugares tenían que hacer un largo y difícil viaje, por lo cual se requería que los difuntos fueran enterrados con algunos objetos esenciales para un viaje seguro. De acuerdo con la tradición, también en estas fechas las almas visitaban el mundo terrestre, y esta era ocasión para ofrendarles de alguna manera especial.

 

Fe e inculturación

Con la llegada de la población europea y con los misioneros, este ritual sufrió un proceso de inculturación. La fiesta del dios del inframundo se unió junto con la celebración de los difuntos.

Los indígenas celebraban rituales al dios del inframundo y a los difuntos durante el mes de agosto, que coincidía con la cosecha de los frutos de la tierra, que servían ‘para dar de comer a las almas’. En la Iglesia Católica ya se celebraba la fiesta de todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos en las fechas que hoy conocemos.

Los misioneros al ver aquellas tradiciones y ritos prehispánicos optaron por una inculturación, dando un giro al significado de las ofrendas y de algunos ritos. El evangelio poco a poco se hizo vida en la cultura popular, aportando elementos, y purificando muchos otros negativos de la cultura local.

Las tradicionales ofrendas dieron un giro en torno a Cristo: hoy, por ejemplo, la presencia de una imagen de Cristo o un crucifijo en la ofrenda no puede faltar, lo cual nos recuerda que él es el vencedor de la muerte.

 

La ofrenda tradicional

Entre los elementos que hasta hoy permanecen en estas ofrendas aparecen los famosos ‘craneos’, hoy hechos de chocolate o de alfeñique, que recuerdan a la muerte como un paso inevitable de lo terrenal a lo místico. También encontramos el tradicional pan de muerto único en estos días. Igualmente encontramos la flor de cempasúchil, elemento que se creía indicaba a las almas el camino de ida y vuelta entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

En estas ofrendas no puede faltar la foto del familiar o ser querido que ha fallecido. En la misma ofrenda se colocan alimentos que el difunto gustaba en vida. Hoy, como en muchos lugares del mundo, se ve a la gente ir a los cementerios para arreglar las tumbas y poner las ofrendas. Algo tradicional es ir a los cementerios a ‘velar’, pasando la noche del 1 al 2 de noviembre cerca de las tumbas orando, cantando y recordando la vida del difunto. Hoy muchos sacerdotes celebran la misa de los fieles difuntos en el cementerio mismo.

Otro elemento tradicional que destaca en estas fechas son las ‘calaveritas literarias’, que son escritos en verso. Estás son hechas con el fin de hablar sobre la muerte con un buen sentido del humor.

 

Desafíos actuales

Sin embargo, hoy en día hay un gran desafío pastoral. A causa de la gran influencia de otros países, poco a poco se ha ido introduciendo el Halloween. A muchos niños se les ve ahora pidiendo dulces disfrazados de algún personaje ‘demoniaco’.

Para contrarrestar esto, muchas iniciativas católicas, a nivel parroquial y diocesano, se han desarrollado. El ‘Holywins’, por ejemplo, es una invitación a niños y jóvenes a vestirse de algún Santo, para dar testimonio de la comunión de la Iglesia militante (que somos nosotros los vivos) y la Iglesia triunfante (aquellos que gozan ya de la vida eterna), orando por la Iglesia purgante (que se encuentran en el purgatorio), y así transmitir un mensaje de vida y un llamado a la santidad.

El papa Francisco en el 2014 afirmó que “el recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son testimonios de confiada esperanza, arraigada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, cuya raíz y realización están en Dios”.

fuente: vaticannews.va

¿Por qué la Iglesia Católica tiene tantos santos?

Sólo quien no conoce la escritura puede cuestionar que la Iglesia Católica tiene muchos santos.

Por: Redacción | Fuente: CatolicoDefiendeTuFe.org

 

Son muchas las personas que preguntan: ¿por qué la Iglesia Católica tiene tantos Santos? Ya sea por curiosidad o mala fe, ésta pregunta tiene un común denominador: la ignorancia. Todos los seres humanos somos ignorantes en mayor o menor medida, pero cuando ésta pregunta viene de personas que se consideran conocedoras de la Biblia, sólo podemos concluir dos cosas: en realidad no conocen la Escritura o lo que los mueve es la mala fe. Para dar respuesta, primero debemos preguntarnos:

¿QUIÉNES SON LOS SANTOS?

“Pedro, que andaba recorriendo todos los lugares, bajó también a visitar a los santos que habitaban en Lida” Hechos 9,32.

“A todos los amados de Dios que estáis en Roma, santos por vocación, a vosotros gracia y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” Romanos 1,7.

“¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no sois acaso dignos de juzgar esas naderías?” 1 de Corintios 6,2.

 

Los Apóstoles llaman a los miembros de la Iglesia “Santos”, y tienen razón, la Iglesia somos nosotros los fieles y así como dice San Pablo:

“En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos” Romanos 5,19.

El pecado de Adán nos convirtió a todos en pecadores, pero por la Sangre y la Muerte de Cristo todos fuimos hechos Santos:

“Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” Efesios 5,25-27.

Jesucristo santificó a su Iglesia, es decir a nosotros, y su Iglesia debe ser “santa e Inmaculada”, pero eso no significa como equivocadamente creen los “cristianos evangélicos”, que como Jesús ya lo hizo todo, nosotros ya no debemos hacer nada, sino, sólo “tener fe y aceptar a Cristo como tú Señor y salvador”, pues Cristo mismo dice:

 

“No todo el que me diga: «Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” Mateo 7,21.

“¿Por qué me llamáis: «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?” Lucas 6,46.

 

Y ¿QUÉ FUE LO QUE JESUCRISTO NOS MANDÓ QUE HICIÉRAMOS?

“Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” Mateo 5,48. En clara referencia a Levítico 19,2.

“Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo” Lv. 19,2.

 

TODOS ESTAMOS LLAMADOS A SER SANTOS

“A la Iglesia de Dios que está en Corinto: a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos” 1 de Corintios 1,2.

“como dice la Escritura: Seréis santos, porque santo soy yo” 1 de Pedro 1,16.

Jesucristo ya ganó para nosotros la salvación y la vida eterna, ahora nos toca a nosotros realizar nuestra parte y ser dignos de tan hermoso regalo, esforzarnos por ser Santos e irreprochables, porque si no somos Santos no podremos estar con él Señor.

“Para que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos” 1 de Tesalonicenses 3,13.

 

“Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” Hebreos 12,14.

Una vez entendido a la luz de la Biblia que no basta con decir a Cristo “Señor, Señor” y que todos tenemos el deber de ser Santos para ir al cielo, borrando la falsa idea de que un Santo es una persona que nunca peca, pues todos los Santos también cometen pecados, pues “Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros” 1 de Juan 1,8. Podemos entender que la Iglesia Católica en realidad no tiene muchos Santos, y sólo conocemos la punta de iceberg, a unos pocos canonizados, de los cuales la Iglesia tiene la certeza de que ya están en el cielo:

“Y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su consumación” Hebreos 12,23.

 

La gran mayoría de los Santos nos son aún desconocidos y sólo son conocidos por Dios, pero al fin del mundo vendrán desde el cielo con Jesucristo.

“…Y vendrá Yahveh mi Dios y todos los santos con él” Zacarías 14,5.

“…con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos” 1 de Tesalonicenses 3,13.

 

Sólo quien no conoce la escritura puede cuestionar que la iglesia católica tiene muchos santos, ¡¡ojalá seamos todos!!

Santos todos, rogad por nosotros…

Pax Et Bonum