Nicaragua: Toma de posesión del nuevo obispo de León

Con la presencia de miles de fieles católicos, el Nuncio Apostólico, la Conferencia Episcopal y sacerdotes de toda la provincia eclesiástica de Nicaragua, Mons. Sócrates René Sándigo Jirón, tomó posesión de la sede episcopal leonesa, convirtiéndose en el quincuagésimo primer obispo en dirigir la Diócesis Madre del país.

 

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Mons. Sócrates René Sándigo Jirón, tomó posesión de la Diócesis de León la más antigua de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua, la mañana de este sábado 24 de agosto. Fue obispo de la Diócesis de Juigalpa hasta el pasado 29 de junio, día en que su Santidad el Papa Francisco le nombró Obispo LI de León.

 

Mons. Sándigo: un obispo que trae la palabra de Dios

Monseñor René Sándigo en su primera homilía como prelado se ofreció como obispo que “en primer lugar trae la palabra de Dios”. Al hacer referencia a la fiesta de San Bartolomé, manifestó que “Jesús vio en San Bartolo una persona comprometida y en ese sentido un buen católico lee, escucha, escruta la palabra de Dios, este apóstol es conocedor de la palabra de Dios, es un hombre comprometido que no desconoció la realidad de los profetas” puntualizó.

“En San Bartolomé, nosotros los obispos, seguimos el camino de Jesús, amamos la palabra de Dios, nosotros los sacerdotes, las religiosas, ustedes los laicos, hoy pues me ofrezco como obispo que en primer lugar trae la palabra de Dios y quisiera compartirla con ustedes, como lo estoy tratando de hacer en este momento”, dijo el señor obispo.

“Cuanto me gustaría que el Señor me viera como alguien que es fiel a la iglesia, como alguien que trata de responder a la voz del espíritu santo, en la pastoral, en la buena obra que se me encomienda, (…) prometo hermanos, serle fiel a la iglesia de León, de Chinandega y Nicaragüense, ofrezco mi trabajo, mi servicio en lo que pueda, y en lo que no pueda lo siento, cuanto me gustaría que el Señor viera en mi un hombre de trabajo y eso es lo que ofrezco”.

 

Mons. Sándigo Imploró la protección de la Virgen en su episcopado

“Ese amor que le tengo a la iglesia lo he querido reflejar en un lema: TU SCIS QUIA AMO TE, (Tú sabes que te quiero) que lleva mi escudo episcopal, una frase de Pedro pero que no quisiera mostrar sino hacerlo realidad, en mi escudo está la presencia de la Patrona de Nicaragua, la Inmaculada Concepción de María para que ella me lleve de la mano, protegido por ella, cobijado por ella, hacer este humilde servicio que el día de hoy hemos asumido”. Finalmente expresó que se acoge a la protección de la Inmaculada Madre, “presente en esta Santa Iglesia Catedral”.

 

Un gracias al Papa, y a sus predecesores

El obispo agradeció al Papa Francisco por la tarea encomendada en estos años, “y lo hago en su presencia señor Nuncio” dijo Mons. Sándigo. Y agradeció a sus predecesores:

“Agradezco el trabajo de los 50 predecesores, pero de manera particular el trabajo hermoso de esos 28 años de Monseñor Cesar Bosco Vivas, quien enfrentó el reto de venir a León, quien hizo buen trabajo con su clero, como no decirle a Monseñor Bosco, Gracias” manifestó.

Continúo manifestando su gratitud y dijo que “ahora que esta es mi iglesia diocesana a esa cantidad de sacerdotes que han venido entregando su vida, algunos venerables hermanos, ya agobiados por sus largos años y diciendo aquí estoy, un buen mensaje para los sacerdotes jóvenes” puntualizó.

Monseñor René Sándigo inició su ministerio episcopal rezando y entregando ofrenda a la Virgen de la Merced, por su parte el rector del santuario, Mons. Benito Pensket Torres, le dio la bienvenida. Mons. Sándigo mostró su cercanía de pastor y agradecido por el cariño de los fieles, se arrodilló y oró ante la venerada imagen de la patrona de las y los leoneses, posteriormente subió hasta su camerino donde colocó un broche de oro, rezó y escribió una plegaria en el libro de visitas de la Virgen.

 

fuente: vaticannews.va

Visita de Seminaristas del Seminario «La Purísima» a nuestras instalaciones

La mañana de hoy tuvimos la grata visita en las instalaciones de nuestra emisora a un grupo de Seminaristas del Seminario Mayor «La Purísima», quienes cursan actualmente el primer y segundo año de Teología.

Nuestros futuros sacerdotes estuvieron acompañados por la Licenciada Mercedes Rivas; Docente de UCICAM (Universidad Católica Inmaculada Concepción de María) quien les imparte la asignatura de MASS MEDIA, y gestionó la visita de los jóvenes para que conocieran in situ uno de los medios católicos de nuestro país, el papel que desempeñan los medios de comunicación social dentro de nuestra Iglesia; los alcances y los retos que enfrentan en la actualidad.

El Licenciado Rigoberto Rayo, Director de la emisora, compartió con ellos un poco de la Misión y Visión de la misma; sus inicios y de como el Señor Cardenal Miguel Obando Bravo; de feliz memoria; concibió este proyecto radial bajo el amparo de María Auxiliadora.

En su participación en los micrófonos uno de los jóvenes invitaba a los oyentes a sentirse parte de cada uno de estos medios católicos, puesto que gracias a ellos la evangelización llega a lugares remotos y la semilla logra caer en tierra fértil.

Los Seminaristas continuarán su visita a diversos medios de prensa, tanto escrita, radial como televisiva y así ampliar sus conocimientos sobre los distintos medios de comunicación social.

Nuestros mejores deseos a estos jóvenes quienes han dado el Fiat como María para ser obreros de la mies del Señor.

Encomendamos su vocación en sus oraciones.

Fiesta de Santa María Virgen, Reina

«La Virgen Inmaculada … asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial
fue ensalzada por el Señor como Reina universal, con el fin de que
se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores
y vencedor del pecado y de la muerte».
(Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n.59).

El pueblo cristiano, movido de un certero instinto sobrenatural, siempre reconoció la regia dignidad de la Madre del «Rey de reyes y Señor de señores». Padre y Doctores, Papas y teólogos se hicieron eco de ese reconocimiento y la misma halla sublime expresión en los esplendores del arte y en la elocuente catequesis de la liturgia.

Al ser Madre de Dios, María vióse adornada por Él con todas las gracias, prescas y títulos más nobles. Fue constituida Reina y Señora de todo lo creado, de los hombres y aún de los ángeles. Es tan Reina poderosa como Madre cariñosa, asociada como se halla en la obra redentora y a la consiguiente mediación y distribución de las gracias.

Quiere la Iglesia que oigamos la voz de María pregonando agradecida a Dios los singulares privilegios de que la colmó. El Evangelio anuncia el Reino de Cristo, de donde fluye también el reinado universal de María.

Esta fiesta litúrgica fue instituida por Pío XII, y se celebra ahora en la octava de la Asunción, para manifestar claramente la conexión que existe entre la realeza de María y su asunción a los cielos. La piedad del medievo fue la que comenzó en Occidente a saludar con el título de Reina a la Santísima Virgen Madre de Dios, invocándola con las palabras: Salve, Reina caelorum; Reina caeli, laetare. Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Tí llamamos los desterrados hijos de Eva; a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro múestranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor
Jesuscristo. Amén.

 

HIMNO
Reina y Madre, Virgen pura,
que sol y cielo pisáis,
a vos sola no alcanzó
la triste herencia de Adán.
¿Cómo en vos, Reina de todos,
si llena de gracia estáis,
pudo caber igual parte
de la culpa original?

De toda mancha estáis libre:
¿y quién pudo imaginar
que vino a faltar la gracia
en donde la gracia está?
Si los hijos de sus padres
Toman el fuero en que están,
¿cómo pudo ser cautiva
quien dio a luz la libertad? Amén.

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos.

Reina dignísima del mundo, María Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y salud, tú que engendraste a Cristo Señor, Salvador de todos.

Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Catequesis de San Juan Pablo II

Catequesis del Papa: “La comunión se vive venciendo la hipocresía con el amor”

«La comunión integral en la comunidad de creyentes y la unión fraterna», tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 21 de agosto de 2019.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“La comunidad cristiana nace de la efusión del Espíritu Santo y crece cuando comparte con los demás lo que posee. El término griego Koinonía, que significa ‘poner en común’, ‘compartir’, tiene una dimensión importante desde los orígenes de la Iglesia. De la participación en el Cuerpo y Sangre de Cristo, derivaba la unión fraterna que llevaba a compartir todo lo que tenían”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del tercer miércoles de agosto 2019, continuando con su ciclo de catequesis sobre la evangelización a partir del Libro de los Hechos de los Apóstoles, como preparación para el Mes Misionero Extraordinario del próximo mes de octubre.

 

Koinonia: unión fraterna

En su catequesis, el Santo Padre subrayó que, en la comunidad cristiana hay un dinamismo de solidaridad que construye la Iglesia como familia de Dios, donde la experiencia de la koinoníaes central. “En la Iglesia de los orígenes – reafirmó el Pontífice – la koinonía se refiere en primer lugar a la participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por esto, cuando comulgamos nosotros decimos ‘nos comunicamos’, entramos en comunión con Jesús y de esta comunión con Jesús llegamos a la comunión con los hermanos y hermanas. Y esta comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se da en la Santa Misa, se traduce en unión fraterna, y también a compartir los bienes y a recoger dinero para la colecta en favor de la Iglesia madre de Jerusalén”. El Pontífice dijo además que, si queremos ser buenos cristianos debemos dejar que la conversión llegue hasta nuestros bolsillos, allí donde se ve si somos generosos con los demás sin quedarse en las palabras, sino hacer gestos de una buena conversión.

 

Un solo corazón y una sola alma

Asimismo, el Papa Francisco recordó que, “la vida eucarística, las oraciones, la predicación de los Apóstoles y la experiencia de comunión hacen de los creyentes una multitud de personas que tienen ‘un solo corazón y una sola alma’ y que no consideran que lo que poseen es de su propiedad, sino que lo tienen todo en común. Por este motivo ‘ninguno de ellos tenía necesidad’, porque los que tenían campos o casas los vendían, traían el producto de lo que se había vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se repartía a cada uno según sus necesidades”. Refiriéndose al gesto de los cristianos que se despojan de sus bienes para dárselos a los más necesitados, el Obispo de Roma afirmó que, no se trata solo de cosas materiales, sino también del tiempo, el voluntariado, ya que compartir mi tiempo con los demás es comunión.

 

Koinonía, nueva forma de relación

De este modo, señaló el Santo Padre, la koinonía o comunión se convierte en la nueva forma de relación entre los discípulos del Señor, un nuevo modo de ser entre nosotros, es la modalidad del amor, pero no un amor de palabras, sino un amor concreto. “El vínculo con Cristo – precisó el Pontífice – establece un vínculo entre hermanos que también converge y se expresa en la comunión de bienes materiales. Ser miembros del Cuerpo de Cristo hace que los creyentes sean corresponsables los unos de los otros. Ser creyentes de Jesús nos hace a todos nosotros corresponsables los unos de los otros, no podemos ser indiferentes ante los problemas de los demás, debemos orar y ayudarlo, esto es ser cristiano. Por eso, los fuertes sostienen a los débiles y nadie experimenta la pobreza que humilla y desfigura la dignidad humana, porque ellos viven en esta comunidad: tener en común el corazón. Se aman. Esta es la señal: el amor concreto”.

 

Comunión y pobreza

De igual forma como hicieron los Apóstoles, que establecieron una manera común de evangelizar con la condición de no olvidarse de los pobres. Un cristiano, agregó el Papa, siempre parte de sí mismo, de su corazón y se acerca a Jesús y se acerca a nosotros. Esta es la primera comunidad cristiana. “Un ejemplo concreto del compartir y de la comunión de bienes nos viene del testimonio de Bernabé: posee un campo y lo vende para entregarlo a los Apóstoles. Pero junto a su ejemplo positivo hay otro tristemente negativo: Ananías y su esposa Safira, que vendieron un terreno, decidieron entregar sólo una parte a los Apóstoles y quedarse con el otro para sí mismos. Este engaño rompe la cadena de compartir libre, sereno y desinteresado y las consecuencias son trágicas, fatales. El apóstol Pedro desenmascara la impropiedad y el fraude de Ananías y le dice: ¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y guardaras una parte de las ganancias del campo? No mentisteis a los hombres, sino a Dios. Podríamos decir que Ananías mintió a Dios por una conciencia aislada, hipócrita, es decir, por una pertenencia eclesial negociada, parcial, oportunista”. La hipocresía es el peor enemigo de una comunidad cristiana.

 

El cristiano es hermano y no turista

El disminuir de la sinceridad de compartir, de hecho señaló el Papa Francisco, el disminuir la sinceridad del amor, es cultivar la hipocresía, alejarse de la verdad, volverse egoísta, apagar el fuego de la comunión y destinarse al frío de la muerte interior. Los que se comportan así pasan por la Iglesia como turistas, haciendo creer que de ser cristianos y nosotros no debemos de ser turistas, sino hermanos los unos de los otros. Una vida basada únicamente en el aprovechamiento de las situaciones en detrimento de los demás, inevitablemente causa la muerte interior. Y cuantas personas dicen estar cerca de la Iglesia, ser amigos de los sacerdotes, de los Obispos mientras en el fondo solo buscan sus intereses. Estas son las hipocresías que destruyen a la Iglesia.

 

Vencer la hipocresía con obras concretas

Antes de concluir su catequesis, el Santo Padre saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. “Pido al Señor que nos conceda su Espíritu para vencer toda hipocresía y colocar al centro de nuestra vida la verdad, que alimenta la solidaridad cristiana, y está llamada a ofrecer a todos el amor de Dios con obras concretas”.

fuente: vaticannews.va

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.

La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.

Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.

También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas virtudes.

La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó a María por su sola la maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.

María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza.

María tuvo una enorme confianza en Dios y su corazón lo tenía lleno de Dios.Ella es nuestra Madre del Cielo y está dispuesta a ayudarnos en todo lo que le pidamos.

Un poco de historia

El Papa Pío XII definió como dogma de fe la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma el 1 de noviembre de 1950.
La fiesta de la Asunción es “la fiesta de María”, la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra en su honor. Este día festejamos todos los misterios de su vida.

Es la celebración de su grandeza, de todos sus privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.
Este día tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre, María. ¡Qué bien supo Ella corresponder a éstas! Por eso, por su vivencia de las virtudes, Ella alcanzó la gloria de Dios: se coronó por estas virtudes.

María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y por este fin trabajamos todos los días, ya que ésa es nuestra esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también.

María tuvo una enorme confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de Dios. Vivió con una inmensa paz porque vivía en Dios, porque cumplió a la perfección con la voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es lo que la llevó a gozar en la gloria de Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra Madre del Cielo.

Fiesta de Santo Domingo de Guzmán

Nació en Caleruega (España), alrededor del año 1170. Estudió teología en Palencia y fue nombrado canónigo de la Iglesia de Osma. Con su predicación y con su vida ejemplar, combatió con éxito la herejía albigense. Con los compañeros que se le adhirieron en esta empresa, fundó la Orden de Predicadores. Murió en Bolonia el día 6 de agosto del año 1221.

Santo Domingo de Guzmán fue un hombre emprendedor, predicador infatigable, fundador y organizador de la Orden de Predicadores. Fue un hombre sencillo con una profunda vida interior, de gran ecuanimidad y compasivo.

Domingo de Guzmán dejó un testamento de paz, como herederos de lo que fue la pasión de su vida: vivir con Cristo y aprender de Él la vida apostólica. Configurarse con Cristo, esa fue la santidad de Domingo: su ardiente deseo de que la Luz de Cristo brillara para todos los hombres, su compasión por un mundo sufriente, llamado a nacer a su verdadera vida, su celo en servir a una Iglesia que ensanchara su tienda hasta alcanzar las dimensiones del mundo.

 

Conozcamos sobre la Iconografía de Santo Domingo:

Normalmente se representa a los santos con símbolos que son indicativos de sus principales características. Santo Domingo de Guzmán está representado frecuentemente con un báculo en su mano derecha, de la que cuelga un guión con el emblema de la Orden de Predicadores junto con el rosario, y un perro con una antorcha encendida. Frecuentemente se añaden una lila blanca en su mano izquierda y una estrella en su frente. Todo ello se refiere a aspectos o sucesos de la vida de Santo Domingo. Veamos su significado.

 

La Estrella

Se nos dice en la misma Leyenda que durante el bautismo de Domingo apareció una estrella sobre su frente. Por medio de su vida y predicación, Domingo fue como un faro guiando almas hacia Cristo. Desde sus años de estudiante en Palencia, España, donde vendió sus valiosos libros para conseguir dinero para ayudar a los pobres que estaban sufriendo por una gran sequía, y donde llegó a ofrecerse él mismo a ser vendido como esclavo para redimir a cristianos cautivos por los Moros, a aquella noche, en un viaje a Dinamarca, que pasó en conversación con el hospedero hereje, atrayéndole por fin otra vez a la fe verdadera, a su etapa en el Languedoc, donde pasó los mejores años de su vida, hasta su enseñanza y predicación, hasta la fundación de su Orden, Santo Domingo fue siempre una estrella brillante que atrajo almas perdidas a Cristo.

 

El Rosario

El Rosario es el último de los atributos iconográficos añadidos a Santo Domingo; desde su aparición en el arte cristiano, hasta nuestros días, es su símbolo inseparable. Suelen presentar a Santo Domingo con el rosario en la mano, colgado del cinturón, recibiéndolo de la Virgen o entregándoselo; incluso colgado del cuello de santo.

Este atributo nace sin ninguna vinculación a las fuentes hagiográficas. Arranca de una leyenda medieval, posiblemente de la época en que Domingo predicaba en los alrededores de la aldea de Prulla, en Francia. Los artistas cristianos han asumido de la tradición popular el atributo iconográfico y lo han aplicado a Santo Domingo, propagando la idea de que la Virgen se le apareció con un rosario en la mano y le encomienda su rezo y su difusión. Aunque históricamente nada se sabe de tal aparición, sí es manifiesto su amor ferviente a María, así consta en los testimonios para su canonización y en sus primeros biógrafos.

La utilización del atributo rosariano por parte de los artistas, debe conectarse con la propagación de la plegaria mariana a través de la fundación de las Cofradías y Hermandades del Rosario. Entre los dominicos que más contribuyeron a la difusión de esta devoción y plegaria mariana están Alano de Rupe (1418-1475) y Santiago Sprenger (1436-1495).

 

La azucena

Exite una bellísima descripción de la azucena como símbolo de pureza que nos puede ayudar a entender su significado en las manos de Santo Domingo:

La pureza es comparada con la azucena blanca de los campos. ¡Cuántas veces han descansado tus ojos en su blanco cáliz, deleitándote con su dulce aroma! Hay tres cosas que distinguen a esta preciosa flor de las demás. La azucena se yergue como una princesa; su limpia corola celosamente tiende a abrirse solo a los ojos del sol brillante y las estrellas, luchando por distanciarse de la sórdida tierra para elevar toda su fragancia a los cielos. La azucena es extremadamente sensible. Una mota de polvo es suficiente para ensuciar su blancura, y esto es precisamente lo que la convierte en inimaginablemente bella. La azucena expide un aroma tan delicado y encantador que perfuma todo lo que está a su alrededor. ¡Así es el perfume de un alma pura!

El amor por la pureza de Domingo fue tan perfecto que en su lecho de muerte, al hacer una Confesión pública en frente de sus hermanos, pudo decir: «Gracias a Dios, cuya misericordia me ha conservado en perfecta virginidad hasta este día; si deseáis guardar la castidad, evitad todas las conversaciones peligrosas y vigilad vuestros corazones». Y entonces, sintiendo remordimiento, dijo a Fray Ventura, Prior de Bolonia: «Padre, temo que he pecado hablando de esta gracia delante de los hermanos». La pureza de su alma y el deseo de que sus hijos le imitasen le llevaron a hacer esa revelación.

 

El perro

La Leyenda (primera biografía de Santo Domingo) narra una visión que su madre, la Beata Juana de Aza, tuvo antes de que Santo Domingo naciera. Soñó que un perrito salía de su vientre con una antorcha encendida en su boca. Incapaz de comprender el significado de su sueño, decidió buscar la intercesión de Santo Domingo de Silos, fundador de un famoso monasterio Benedictino de las cercanías. Hizo una peregrinación al monasterio para pedir al Santo que le explicara el sueño. Allí comprendió que su hijo iba a encender el fuego de Jesucristo en el mundo por medio de la predicación. En agradecimiento, puso a su hijo por nombre Domingo, como el santo de Silos. Es un nombre muy apropiado, por cuanto Domingo viene del Latín Dominicus, que significa «del Señor». De Dominicus (Domingo) viene Dominicanus (Dominico, que es el nombre de la Orden de Santo Domingo). No obstante, utilizando un juego de palabras, se dice que Dominicanus es un compuesto de Dominus (Señor) y canis (perro), significando «el perro del Señor» o el vigilante de la viña del Señor)

En su carta Domingo del 4 de Febrero de 1221 a todos los obispos de la Iglesia recomendando la Orden de Santo, el Papa Honorio III dijo que Domingo y sus seguidores habían sido «nombrados para la evangelización del mundo entero». Y en otra carta, esta vez dirigida a Domingo (18 de Enero de 1221), el Papa les llamaba pugiles fidei (caballeros de la fe, defendiéndola contra todo el que se oponga a ella). Esto es lo que Domingo hizo durante toda su vida, defender la fe con el ejemplo de su vida y con su predicación incesante contra los herejes del Languedoc en el sur de Francia, y con su deseo de ser misionero entre los no-cristianos.

 

El libro

En algunas representaciones, Santo Domingo sostiene un libro en su mano derecha. El libro representa la Biblia, que era la fuente de la predicación y espiritualidad de Domingo. Era conocido como el Maestro Domingo por el grado académico que obtuvo en la universidad de Palencia, España. Sus contemporáneos nos dicen que en sus viajes por Europa siempre llevaba consigo el Evangelio de San Mateo y las Cartas de San Pablo. Esto hace referencia a la visión que tuvo en una de sus noches de vigilia. Mientras Domingo oraba, los Santos Pedro y Pablo se le aparecieron. San Pedro llevaba consigo el Evangelio, y Pablo sus Cartas, con este mensaje: «Ve y predica, porque has sido llamado para este ministerio». Esta visión le reafirmó en su vocación de continuar siendo un «Predicador Itinerante», no solo en el sur de Francia sino también en todo el mundo por medio de su Orden, la «Orden de Predicadores».

A veces, sobre el libro hay una iglesia. Esta iglesia representa la Basílica Laterana, la «Madre Iglesia» universal.

Santo Domingo tuvo que enfrentarse con muchos obstáculos legales para que el Papa aprobara su nueva Orden. De acuerdo con la leyenda, el Papa Inocencio III, Santo Domingo y San Francisco tuvieron un sueño. Cada uno de ellos vio que la Basílica Laterana estaba comenzando a derrumbarse, y a dos frailes, uno en hábito blanco y el otro en un hábito marrón, colocándose ellos mismos como columnas para evitar el colapso total. Domingo se reconoció a sí mismo como el fraile del hábito blanco, pero no sabía quién era el otro fraile. De igual modo, Francisco de Asís se reconoció a sí mismo como el fraile del hábito marrón, pero desconocía quién era el del hábito blanco. Para Inocencio III el sueño era un rompecabezas y un misterio. El día siguiente, cuando Domingo iba a ver al Papa sobre la aprobación de su Orden, se encontró a un fraile joven vestido con un hábito marrón. Mirándose mutuamente, cada uno reconoció al otro como el compañero que ayudaba a soportar la Basílica Laterana, y se abrazaron en medio de la calle. Después fueron juntos a ver al Papa, y éste comprendió inmediatamente el significado de su sueño: «Las Órdenes de estos dos gran hombres serán como columnas que salvarán a la Iglesia de su destrucción».

 

El bastón y el cuchillo

Derivando de los atributos iconográficos aludimos, aunque sea de paso, a estos dos elementos añadidos al santo, que no todos los artistas los recogen.

El bastón aparece como elemento iconográfico en la miniatura última de los modos de orar, en la escena en que aparece Domingo como peregrino. Pero no persiste continuamente en la iconografía dominicana. Hay testigos, para la causa de canonización que dicen: A Domingo llevaba siempre un bastón consigo.

En el Convento de San Doménico de Bolonia, entre las reliquias de Santo Domingo, conservan un bastón con empuñadura rematada por un travesaño pequeño en forma de T. La reliquia se encuentra revestida de láminas de plata, y lleva en su parte frontal una inscripción grabada: A de ferula sancti Dominici patriarchae.

La iconografía cristiana lo ha recogido como propio y típico de los peregrinos y se lo asigna a Domingo en época medieval, gótica y renacentista. Después desaparece totalmente.

El cuchillo, en manos de Domingo, es el utensilio personal más extraño de todos. Algunos  artistas se lo cuelgan del cinturón. No se le ha dado ningún sentido iconográfico especial, como pueda ser el martirial, sino simplemente el de la utilidad personal. Aparece en muy pocas imágenes.

 

fuente: dominicos.org

Hoy es la fiesta de la Transfiguración del Señor

Santo Tomás de Aquino afirmó que en este acontecimiento apareció toda la Trinidad

Por: Redacción | Fuente: ACI Prensa 

El 6 de agosto la Iglesia celebra la Transfiguración del Señor, que ocurrió en presencia de los apóstoles Juan, Pedro y Santiago. Es aquí donde Jesús conversa con  Moisés y Elías, y se escucha desde una nube la voz de Dios Padre que dice “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo” (Lc. 9, Mc. 9, Mt. 17).

En el Catecismo de la Iglesia Católica (555), en referencia al pasaje bíblico, se menciona que

“por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para ‘entrar en su gloria’ (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén”.

“Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías (cf. Lc 24, 27). La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre”, señala el Catecismo.

Asimismo recuerda las palabras de Santo Tomás de Aquino, quien afirmó que en este acontecimiento “apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa”.

Según el relato evangélico, la Transfiguración ocurrió en un monte alto y apartado llamado Tabor (Israel) que en hebreo significa “el abrazo de Dios”.

San Jerónimo comentaba este episodio de la vida de Jesús con mucho fervor y añadía incluso palabras en la boca de Dios Padre para explicar la predilección de Jesús. “Este es mi Hijo, no Moisés ni Elías. Éstos son mis siervos; aquel, mi Hijo. Éste es mi Hijo: de mi misma naturaleza, de mi misma sustancia, que en Mí permanece y es todo lo que Yo soy. También aquellos otros me son ciertamente amados, pero Éste es mi amadísimo. Por eso escuchadlo”, decía el Santo.

“Él es el Señor, estos otros, los consiervos. Moisés y Elías hablan de Cristo. Son consiervos vuestros. No honréis a los siervos del mismo modo que al Señor: prestad oídos sólo al Hijo de Dios”, añadía.

Cuando la Transfiguración acabó, Pedro, quien había dicho “Señor, ¡qué bien se está aquí!”, desciende sin comprender lo que ha pasado. Por ello San Agustín, en un sermón, se dirigirá al Primer Pontífice con palabras de reflexión, que en realidad se convierten en una interpelación para cada cristiano del mundo de hoy:

“Desciende (tú, Pedro) para penar en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida desciende para hacerse matar; el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir?”