Fiesta de Santiago el Mayor, Apóstol

El nombre Santiago, proviene de dos palabras Sant Iacob. Porque su nombre en hebreo era Jacob. Los españoles en sus batallas gritaban: «Sant Iacob, ayúdenos». Y de tanto repetir estas dos palabras, las unieron formando una sola: Santiago.

 

Fue uno de los 12 apóstoles del Señor.

Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él. Con sus padres Zebedeo y Salomé vivía en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca. Tenían obreros a su servicio, y su situación económica era bastante buena pues podían ausentarse del trabajo por varias semanas, como lo hizo su hermano Juan cuando se fue a estarse una temporada en el Jordán escuchando a Juan Bautista.

 

Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro. Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: «Desde ahora seréis pescadores de hombres», dejó sus redes y a su padre y a su empresa pesquera y se fue con Jesucristo a colaborarle en su apostolado. Presenció todos los grandes milagros de Cristo, y con Pedro y Juan fueron los únicos que estuvieron presentes en la Transfiguración del Señor y en su Oración en el Huerto de Getsemaní. ¿Por qué lo prefería tanto Jesús? Quizás porque (como dice San Juan Crisóstomo) era el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor, o porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo. Que Jesús nos tenga también a nosotros en el grupo de sus preferidos.

 

Cuenta el santo Evangelio que una vez al pasar por un pueblo de Samaria, la gente no quiso proporcionarles ningún alimento y que Santiago y Juan le pidieron a Jesús que hiciera llover fuego del cielo y quemara a esos maleducados. Cristo tuvo que regañarlos por ese espíritu vengativo, y les recordó que El no había venido a hacer daño a nadie sino a salvar al mayor número posible de personas. Santiago no era santo cuando se hizo discípulo del Señor. La santidad le irá llegando poquito a poco.

 

Otro día Santiago y Juan comisionaron a Salomé, su madre, para que fuera a pedirle a Jesús que en el día de su gloria los colocara a ellos dos en los primeros puestos: uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús les dijo: «¿Serán capaces de beber el cáliz de amargura que yo voy a beber?» Ellos le dijeron: «Sí somos capaces». Cristo añadió: «El cáliz de amargura sí lo beberán, pero el ocupar los primeros puestos no me corresponde a Mí el concederlo, sino que esos puestos son para aquellos para quienes los tiene reservado mi Padre Celestial». Los otros apóstoles se disgustaron por esta petición tan vanidosa de los dos hijos de Zebedeo, pero Jesús les dijo a todos: «El que quiera ser el primero, que se haga el servidor de todos, a imitación del Hijo del hombre que no ha venido a ser servido sino a servir». Seguramente que con esta lección de Jesús, habrá aprendido Santiago a ser más humilde.

 

Después de la Ascención de Jesús, Santiago el Mayor se distinguió como una de las principales figuras entre el grupo de los Apóstoles. Por eso cuando el rey Herodes Agripa se propuso acabar con los seguidores de Cristo, lo primero que hizo fue mandar cortarle la cabeza a Santiago, y encarcelar a Pedro. Así el hijo de Zebedeo tuvo el honor de ser el primero de los apóstoles que derramó su sangre por proclamar la religión de Jesús Resucitado.

 

Antiguas tradiciones (del siglo VI) dicen que Santiago alcanzó a ir hasta España a evangelizar. Y desde el siglo IX se cree que su cuerpo se encuentra en la catedral de Compostela (norte de España) y a ese santuario han ido miles y miles de peregrinos por siglos y siglos y han conseguido maravillosos favores del cielo. El historiador Pérez de Urbel dice que lo que hay en Santiago de Compostela son unas reliquias, o sea restos del Apóstol, que fueron llevados allí desde Palestina.

 

Es Patrono de España y de su caballería. Los españoles lo han invocado en momentos de grandes peligros y han sentido su poderosa protección. También nosotros si pedimos su intercesión conseguiremos sus favores.

 

Santiago y la Virgen María

Santiago Apóstol preparó el camino para la Virgen María en España y también preparó su llegada al «Nuevo Mundo». El es el Apóstol de la Virgen María, también es conocido como el Apóstol de la Paz.

En 1519, Cortes llegó a Veracruz, y en Lantigua construyó la primera Iglesia dedicada a Santiago Apóstol en el continente Americano. También en 1521, cuando México fue conquistada, Cortes construyó una Iglesia en las ruinas de los Aztecas que al igual fue dedicada a Santiago Apóstol. A esta Iglesia era que Juan Diego se dirigía el 9 de diciembre de 1531, para recibir clases de catecismo y oír la Santa Misa, ya que era la fiesta de la Inmaculada Concepción.

En 1981, se reportó el comienzo de las apariciones de Nuestra Señora en Medjugorie bajo el titulo «Reina de la Paz». Ya Santiago Apóstol se había hecho presente. Unos años antes, se había construido una Iglesia en ese lugar dedicada a Santiago Apóstol. Santiago siendo el Apóstol de la Paz, lleva en sus manos las llaves para abrir la puerta que traería la paz a Medjugorie.

Santiago Apóstol ha preparado el camino para que el mundo reconozca a la Virgen Santísima como «Pilar» de nuestra Iglesia.

 

Oración

Dios Todopoderoso y misericordioso, que escogiste doce apóstoles para evangelizar al mundo entero. Entre ellos, tres fueron favorecidos de manera especial por Tu Hijo Jesucristo, quien se dignó a contar con el Apóstol Santiago en este  selecto número. Que por su intercesión seamos dignos de obtener la gloria del Cielo, donde Tú vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 ¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! (3 veces)

 

fuente: aciprensa

Papa: sabiduría del corazón es combinar contemplación y la acción

Antes de recitar la oración mariana del Ángelus, el Santo Padre comenta el pasaje del evangelista Lucas que narra la visita de Jesús a la casa de Marta y María. Y en el Tweet de hoy invita a pedir «la gracia de amar y servir a Dios y a los hermanos con las manos de Marta y el corazón de María”

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

Contemplación y acción. La sabiduría del corazón está en el saber conjugar estas dos actitudes, siguiendo el ejemplo de María y Marta, que reciben a Jesús en casa. Lo afirmó el Papa Francisco antes de guiar la oración del Ángelus de este décimo sexto domingo del tiempo ordinario. Dirigiéndose a los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro no obstante el sol ardiente de julio, el Pontífice comenta el pasaje del Evangelio de san Lucas que relata la visita de Jesús a la casa de Marta y María, hermanas de Lázaro, recordando que María se sienta a los pies de Jesús para escucharlo, porque “no quiere perder ninguna de sus palabras” mientras a Marta “los servicios la cautivan”.

 

El Señor siempre nos sorprende

Francisco precisa que cuando el Señor viene a visitarnos a nuestra vida,  “todo debe ser dejado de lado”, porque “su presencia y su palabra están por encima de todo lo demás”. “El Señor siempre nos sorprende” – asegura – y “cuando realmente lo escuchamos, las nubes se disipan, las dudas dan paso a la verdad, los miedos a la serenidad, y las diferentes situaciones de la vida encuentran su justo lugar”.

 

Saber escoger la mejor parte

“Se trata de hacer una pausa durante la jornada, de recogerse en silencio para dar cabida al Señor que ‘pasa’ – prosigue Francisco – y encontrar el valor de permanecer un poco ‘al margen’ con Él, para volver después, con más serenidad y eficacia, a las cosas de la vida cotidiana”.

El Obispo de Roma afirma que Jesús, alabando el comportamiento de María, es como si repitiera a cada uno de nosotros:

“ No te dejes abrumar por las cosas que tengas que hacer, sino escucha ante todo la voz del Señor, para llevar a cabo bien las tareas que la vida te asigna ”

El carisma de la hospitalidad

El Papa comenta seguidamente las palabras de Jesús a Marta, que fue quien recibió a Jesús y “tenía el carisma de la hospitalidad”: «Marta, Marta, estás ansiosa y agitada por muchas cosas». Con estas palabras, – precisa Francisco – Él ciertamente no pretende condenar la actitud del servicio, sino más bien la ansiedad con la que a veces se la vive. También nosotros compartimos la preocupación de Santa Marta y, siguiendo su ejemplo, nos proponemos hacer que en nuestras familias y en nuestras comunidades se viva el sentido de la acogida, de la fraternidad, para que cada uno pueda sentirse «como en casa», especialmente los pequeños y los pobres».

María y Marta nos muestran el camino

Por eso, continúa el Santo Padre, “el Evangelio de hoy nos recuerda que la sabiduría del corazón reside precisamente en saber combinar estos dos elementos: la contemplación y la acción”, y «si queremos saborear la vida con alegría», por una parte, «debemos ‘estar a los pies’ de Jesús, para escucharlo mientras nos revela el secreto de todo; y por otra, estar atentos y dispuestos a la hospitalidad, cuando Él pasa y llama a nuestra puerta, con el rostro del amigo que tiene necesidad de un momento de descanso y de fraternidad”.

De ahí su oración final: “Que María Santísima, Madre de la Iglesia, nos conceda la gracia de amar y servir a Dios y a los hermanos con las manos de Marta y el corazón de María, para que permaneciendo siempre en la escucha de Cristo podamos ser artesanos de paz y esperanza”.

Después de la oración mariana, antes de saludar a los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, el Papa quiso recordar los cincuenta años del alunizaje del hombre:

“ Queridos hermanos y hermanas, hace cincuenta años, como ayer, el hombre pisó la luna, realizando un sueño extraordinario. Que el recuerdo de este gran paso de la humanidad encienda el deseo de progresar juntos hacia metas aún mayores: más dignidad para los débiles, más justicia entre los pueblos, más futuro para nuestra casa común. ”

Seguidamente, saludó como de costumbre a los fieles presentes en la plaza, romanos y peregrinos, dirigiendo un saludo especial a  las novicias de las Hijas de María Auxiliadora procedentes de diversos países:

“Las saludo de manera especial y espero que algunas de ustedes irán a la Patagonia: ¡hay tanta necesidad de trabajar allí”. 

El cordial saludo del Papa fue también para los alumnos del Colegio Cristo Rey de Asunción (Paraguay); los seminaristas y a los formadores de la Obra Don Guanella de Iaşi (Rumania); los jóvenes de Chiry-Ourscamp (Francia) y a los fieles de Cantù. A todos ellos Francisco les deseó un feliz domingo, con la habitual recomendación: “no se olviden de rezar por mí”.

 

fuente: vaticannews.va

El Papa en el Ángelus: seamos capaces de tener compasión

“La misericordia hacia una vida humana en estado de necesidad es el verdadero rostro del amor”. Por eso, como Dios, «seamos capaces de tener compasión». Es la clave del buen cristiano, según el Papa Francisco, pues, «si no sientes compasión frente a una persona necesitada, si tu corazón no se conmueve, significa que algo anda mal»

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

La calurosa jornada romana no impidió a muchísimos fieles rezar junto con el Pontífice en la Plaza de San Pedro a la Madre de Dios. La famosa parábola del “buen samaritano” que presenta el Evangelio del día, fue el tema de la catequesis del Papa, y la pregunta planteada a Jesús por parte de un doctor de la ley, su punto de partida.

 

«¿Quién es mi prójimo?»

El doctor de la ley pregunta a Jesús sobre lo que es necesario para heredar la vida eterna, y Jesús “le invita a encontrar la respuesta en las Escrituras”: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo».

El Papa notó que sin embargo, había diferentes interpretaciones de quién debía ser entendido como “prójimo”. De hecho, ese hombre todavía pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús responde con la parábola del Buen Samaritano:

«El protagonista de la breve narración – recordó Francisco – es un samaritano, que a lo largo del camino encuentra a un hombre, robado y golpeado por ladrones, y cuida de él. Sabemos que los judíos trataban a los samaritanos con desprecio, considerándolos extraños al pueblo elegido. No es, pues, una coincidencia que Jesús escogiera precisamente a un samaritano como personaje positivo de la parábola».

 

También quien no conoce a Dios puede actuar según su voluntad

Escogiendo a un extranjero, explicó el Santo Padre, Jesús quiere superar el prejuicio, demostrando que “incluso uno que no conoce al verdadero Dios y no frecuenta su templo, es capaz de comportarse según su voluntad, sintiendo compasión por el hermano necesitado y socorriéndolo con todos los medios a su alcance”.

El Papa recordó luego que por ese mismo camino, antes que el samaritano, habían pasado un sacerdote y un levita sin detenerse, probablemente para «no contaminarse con su sangre”. La reacción de estas personas, “dedicadas a la adoración de Dios”, fue de anteponer “una regla humana ligada al culto”, a saber, el no contaminarse con la sangre, al “gran mandamiento de Dios”, que, sobre todo, “quiere la misericordia”:

«Jesús, pues, propone como modelo al samaritano, precisamente uno que no tenía fe. También nosotros pensamos en tanta gente que conocemos, quizás agnóstica, que hace el bien. Jesús escoge como modelo uno que no era un hombre de fe. Y este hombre, que ama a su hermano como a sí mismo, muestra que ama a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas – ¡el Dios que no conocía! – y al mismo tiempo expresa la verdadera religiosidad y la plena humanidad».

 

Jesús invierte nuestra lógica

«¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de ladrones?». Con esta respuesta de Jesús a su interlocutor, tras la narración de la breve parábola, el Maestro “invierte nuestra lógica”, dijo el Papa. Esto porque nos hace comprender “que no somos nosotros los que, a partir de nuestros criterios, definimos quién es prójimo y quién no, sino que es la persona en necesidad quien debe ser capaz de reconocer quién es su prójimo”. Es decir, señaló Francisco, “quién tuvo compasión de él”:

«Ser capaces de tener compasión: esa es la clave. Esta es nuestra clave. Si no sientes compasión frente a una persona necesitada, si tu corazón no se conmueve, significa que algo anda mal. ¡Está atento, estemos atentos! No nos dejemos llevar por la insensibilidad egoísta. La capacidad de compasión se ha convertido en la piedra de comparación del cristiano, ante la enseñanza de Jesús. Jesús mismo es la compasión del Padre por nosotros. Si vas por la calle y ves a un sin techo tirado allí, y pasas sin siquiera mirarlo tal vez, o si piensas: «Bueno, es el efecto del vino, es un borracho», pregúntate a ti mismo no si ese hombre está borracho, pregúntate si tu corazón no se ha endurecido, si tu corazón no se ha convertido en hielo».

 

Ser capaces de tener compasión como Dios

«Esta conclusión indica que la misericordia hacia una vida humana en estado de necesidad es el verdadero rostro del amor. Así se llega a ser verdadero discípulo de Jesús y se manifiesta el rostro del Padre: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Es así como el mandamiento del amor a Dios y al prójimo se convierte en una regla de vida única y coherente».

“ Dios, nuestro Padre, es misericordioso, porque tiene compasión; es capaz de tener esta compasión, de acercarse a nuestro dolor, a nuestro pecado, a nuestros vicios, a nuestras miserias ”

En el final de su alocución, el Obispo de Roma elevó su oración al cielo, pidiendo que “la Virgen María nos ayude a comprender y sobre todo a vivir cada vez más el vínculo inseparable que existe entre el amor a Dios nuestro, que es Padre, y el amor concreto y generoso a nuestros hermanos, y nos de la gracia de tener y crecer en la compasión».

 

Nuevo llamamiento del Papa por Venezuela

Tras el rezo mariano, un nuevo llamamiento del Papa por Venezuela, para que se ponga fin al sufrimiento del pueblo, extenuado por la crisis que continúa. También los saludos a los fieles, en particular, a los jóvenes de la diócesis de Pamplona y Tudela, a los del curso para formadores promovido por “Regnum Christi”, a las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret que celebran el Capítulo General y a los chicos de la Confirmación de Bolgare (Bérgamo). También a los fieles polacos que participan en la Peregrinación anual de Radio María al Santuario de Czestochowa.

fuente: vaticannews.va

Papa, Ángelus: La misión no es proselitismo, sino anuncio y testimonio

El Pontífice recuerda las características de la misión dadas por Jesús y asegura que la misión se basa en la oración, requiere desapego y pobreza y que no es proselitismo, sino anuncio y testimonio.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“La alegría de ser discípulos de Jesús” es el tema sobre el que ha reflexionado este mediodía el Pontífice antes de rezar la oración mariana del Ángelus. Se trata – ha explicado – de la alegría de ese “don” que hace de cada discípulo un misionero, también de la alegría de aquel “que camina en compañía del Señor Jesús, que aprende de Él a gastarse sin reservas por los demás, libre de sí mismo y de sus propias posesiones”.

La misión de la Iglesia
Además, es un tema con el que, apoyándose en la página del Evangelio de hoy – que presenta como Jesús, además de los doce apóstoles, envía a setenta y dos discípulos en misión – ha explicado ante los fieles presentes la importancia de la misión: “El número setenta y dos probablemente indica todas las naciones. En efecto, en el libro del Génesis se mencionan setenta y dos naciones diferentes. Así pues, este envío prefigura la misión de la Iglesia de proclamar el Evangelio a todas las naciones”.


Las oraciones deben ser de carácter universal, no personal

Francisco también ha señalado que esta petición de Jesús “es siempre válida” y por tanto, siempre debemos rezar al «dueño de la mies», es decir, a Dios Padre, “para que envíe obreros a trabajar en su campo que es el mundo”. Pero – puntualiza – este rezo debe hacerse “con el corazón abierto” y con “con actitud misionera”, y no debemos limitarnos “sólo a nuestras necesidades”; “una oración es verdaderamente cristiana si también tiene una dimensión universal” ha recordado.

Características de la misión dadas por Jesús
Después el Papa ha recordado las características de la misión dadas por Jesús a los setenta y dos discípulos: “La primera – ya la hemos visto –: orar; la segunda: ir; y después: no llevar una bolsa, o una alforja…; digan: «Paz a esta casa»… quédense en esa casa… No pasen de una casa a otra; curen a los enfermos y díganles: «El Reino de Dios está cerca de ustedes»; y, si no los acogen, salgan a las plazas y despídanse”.

La misión se basa en la oración
Por último, el Pontífice explica que estas características muestran “que la misión se basa en la oración”, que es “itinerante”, “que requiere desapego y pobreza” y “que lleva paz y sanación, signos de la cercanía del Reino de Dios”. Aunque también muestran – concluye – “que no es proselitismo sino anuncio y testimonio” y que también requiere “la franqueza y la libertad evangélica para irse, subrayando la responsabilidad de haber rechazado el mensaje de la salvación, pero sin condenas ni maldiciones”.

fuente: vaticannews.va

Santo Tomás, apóstol, Fiesta

Hoy 3 de Julio celebramos la fiesta de Santo Tomás Apóstol  (judío, pescador de oficio). Tuvo la bendición de seguir a Cristo, quien lo hizo apóstol el año 31.

Se le conoce a Santo Tomás por su incredulidad después de la muerte del Señor. Jesús se apareció a los discípulos el día de la resurrección para convencerlos de que había resucitado realmente.

Tomás, que estaba ausente, se negó a creer en la resurección de Jesús: «Si no veo en sus manos la huella de los clavos y pongo el dedo en los agujeros de los clavos y si no meto la mano en su costado, no creeré». Ocho días más tarde, cuando Jesús se encontraba con los discípulos, se dirigió a Tomás y le dijo: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos: dame tu mano y ponla en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.» Tomás cayó de rodillas y exclamó: «Señor mío y Dios mío!» Jesús replicó: «Has creido, Tomás, porque me has visto. Bienaventurados quienes han creído sin haber visto.»

El Martirologio Romano, que combina varias leyendas, afirma que Santo Tomás predicó el Evangelio a los partos, medos, persas e hircanios, y que después pasó a la India y fue martirizado en «Calamina». Conmemora el 3 de julio la traslación de las reliquias de Santo Tomás a Edesa. En el Malabar y en todas las iglesias sirias dicha fecha es la de la fiesta principal, pues el martirio tuvo lugar el 3 de julio del año 72.

 

Oración:
Dios todopoderoso, concédenos celebrar
con alegría la fiesta de tu apóstol santo Tomás;
que él nos ayude con su protección,
para que tengamos en nosotros vida abundante
por la fe en Jesucristo, tu Hijo, a quien tu apóstol
reconoció como su Señor y su Dios, exclamando:
¡»Señor mío y Dios mío»!.
Que vive y reina contigo,
por los siglos de los siglos.
Amén.

 

 

fuente: aciprensa

El Papa: nos pertenecemos unos a otros ¡es el espléndido misterio de la Iglesia!

Porque «la envidia causa amargura interior», es «bueno» reconocer los dones de los demás «sin malicia y sin envidia». Pues, es «hermoso» saber que nos pertenecemos los unos a los otros, porque «compartimos la misma fe, el mismo amor, la misma esperanza, el mismo Señor»: como un pastor bueno, el Papa compartió su reflexión con los fieles en la plaza de san Pedro en la Solemnidad de san Pedro y Pablo, a la hora del Ángelus

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Hoy pedimos la gracia de amar a nuestra Iglesia. Pedimos ojos que puedan ver en ella hermanos y hermanas, un corazón que pueda acoger a los demás con el tierno amor que Jesús tiene por nosotros. Y pedimos la fuerza para orar por aquellos que no piensan como nosotros: orar y amar, no hablar mal, quizás a sus espaldas: fue la invocación del Papa durante la oración mariana del Ángelus, en la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

En la alocución previa al rezo mariano, el Papa Francisco volvió sobre los Santos Apóstoles a quienes celebramos en este día, y centró su pensamiento en cómo son representados en los diversos íconos: en algunos, sostienen el edificio de la Iglesia. En otros, son retratados mientras se abrazan. De estas imágenes partió su reflexión.

 

«Mi Iglesia», dice Jesús

En el primer caso, nos muestran que sostienen el edificio de la Iglesia, y «esto», dijo el Papa, «nos recuerda las palabras del Evangelio de hoy, en que Jesús dice a Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»» (Mt 16,18). El Santo Padre, sin embargo, no se centró en el sustantivo, es decir, en la palabra “Iglesia”, sino que quiso en esta ocasión, centrarse en el adjetivo: “mi”, “mi Iglesia”. Y explicó que «Jesús no habla de la Iglesia como una realidad externa, sino que expresa el gran amor que siente por ella: mi Iglesia».

Jesús ama a la Iglesia, es decir, a nosotros, precisó Francisco, y señaló que para Él, “no somos un grupo de creyentes ni una organización religiosa”, sino “su esposa”. Y así, Él “mira con ternura a su Iglesia, la ama con absoluta fidelidad”, a pesar de “nuestros errores y traiciones”:

«Y podemos repetirlo también nosotros: mi Iglesia. No lo decimos con un sentido exclusivo de pertenencia, sino con un amor inclusivo. No para diferenciarnos de los demás, sino para aprender la belleza de estar con los demás, porque Jesús nos quiere unidos y abiertos. La Iglesia, en efecto, no es «mía» porque responde a mi yo, a mis deseos, sino para que derrame en ella mi afecto. Es mía para que yo la cuide, para que, como los Apóstoles en el icono, yo también la sostenga. ¿Cómo? Con el amor fraterno».

 

«Redescubrir alegría de ser hermanos y hermanas en la Iglesia»

En el segundo caso en que los santos Pedro y Pablo son retratados mientras se abrazan, el Papa Francisco habló de las diferencias entre ambos, pues eran un pescador y un fariseo “con experiencias de vida, carácter, modos de hacer y sensibilidades muy diferentes”. Y aunque “no faltaron las opiniones contrastantes y los debates francos”, lo que los unía “era infinitamente mayor”: «Jesús era el Señor de ambos, juntos dijeron «mi Señor» a Aquel que dice «mi Iglesia»».

He aquí, dijo el Santo Padre, que estos “hermanos en la fe”, nos invitan en esta fiesta a redescubrir la alegría de ser hermanos y hermanas en la Iglesia. Por eso «sería bueno» decir: «Gracias, Señor, por esa persona que es diferente de mí: es un don para mi Iglesia».

«Es bueno apreciar las cualidades de los demás, reconocer los dones de los demás sin malicia y sin envidia. La envidia causa amargura interior, es vinagre derramado sobre el corazón. Hace la vida amarga. Qué hermoso es, en cambio, saber que nos pertenecemos los unos a los otros, porque compartimos la misma fe, el mismo amor, la misma esperanza, el mismo Señor. Nos pertenecemos unos a otros: ¡es el espléndido misterio de nuestra Iglesia!»

 

Orar y amar por nuestros hermanos

Pero la reflexión del Papa Francisco no concluyó con la certeza apenas mencionada, sino que recordó las palabras de Jesús al final del Evangelio, cuando dice a Pedro “Apacienta mis ovejas” (Jn 21,17). Francisco observó que el Maestro, “habla de nosotros y dice mis ovejas, con la misma ternura con la que dijo mi Iglesia»: una demostración del «afecto» que «edifica la Iglesia”. Por ese motivo, invitó a pedir hoy la gracia de “amar a nuestra Iglesia”:

«Pedimos ojos que puedan ver en ella hermanos y hermanas, un corazón que pueda acoger a los demás con el tierno amor que Jesús tiene por nosotros. Y pedimos la fuerza para orar por aquellos que no piensan como nosotros: orar y amar, no hablar mal quizás a sus espaldas. Que la Virgen, que llevó armonía entre los Apóstoles y rezaba con ellos (cf. Hch 1,14), nos proteja como hermanos y hermanas en la Iglesia».

fuente: vaticannews

El Papa: Itinerancia, prontitud y decisión, características del discípulo de Jesús

Ser discípulos de Cristo es una elección “libre y consciente”, “hecha por amor”, que requiere “itinerancia, prontitud y decisión”: en resumidas cuentas fue ésta la indicación del Papa Francisco a la hora del Ángelus, reflexionando sobre el Evangelio del día

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Como todos los domingos, también este 30 de junio el Papa Francisco se asomó a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano para rezar junto con los fieles presentes en la Plaza de San Pedro la oración mariana del Ángelus e impartir su catequesis sobre el Evangelio del día(Lc 9, 51-62).

El Santo Padre desarrolló su reflexión a partir de la respuesta de los tres personajes narrados en el Evangelio de Lucas, en el relato del último viaje de Jesús a Jerusalén, que, como dijo el Papa, “concluirá en el capítulo 19”. Se trata de “una larga marcha no sólo geográfica y espacial”, explicó Francisco, “sino espiritual y teológica”, “hacia el cumplimiento de la misión del Mesías”.

«La decisión de Jesús fue radical y total, y los que le siguieron fueron llamados a medirse con ella».

 

Tres casos de vocación

Los “tres personajes” o, se podría decir los “tres casos de vocación”, “ponen a la luz lo que se pide a quien quiere seguir a Jesús hasta el final”. El primer personaje promete al Maestro seguirlo adonde vaya. El segundo, que recibe directamente la llamada de Jesús, le pide ir primero a enterrar a su padre. Y el tercero, que también quiere seguir a Jesús, va a despedirse antes de sus parientes.

 

Iglesia en movimiento

En el primer caso, Jesús responde que el Hijo del Hombre, a diferencia de los zorros que tienen guaridas y de las aves que tienen nidos, «no tiene dónde reclinar la cabeza». «La pobreza absoluta de Jesús», subrayó a propósito el Papa:

«Jesús, de hecho, dejó la casa de su padre y renunció a toda seguridad para anunciar el Reino de Dios a las ovejas perdidas de su pueblo. Así señaló a sus discípulos que nuestra misión en el mundo no puede ser estática, sino itinerante: el cristiano es un itinerante. La Iglesia por su propia naturaleza está en movimiento, no es sedentaria ni se queda tranquila en su propio recinto. Está abierta a los horizontes más vastos, enviada – la Iglesia es enviada – a llevar el Evangelio por las calles y llegar a las periferias humanas y existenciales».

 

Prontitud y disponibilidad

Al segundo personaje, que realiza una petición, “legítima”, observó el Papa, y “basada en el mandamiento de honrar al padre y a la madre”, el Señor responde: «Deja que los muertos entierren a sus muertos»:

«Con estas palabras deliberadamente provocadoras, Él tiene la intención de afirmar la primacía del seguimiento y la proclamación del Reino de Dios, incluso por encima de las realidades más importantes, como la familia. La urgencia de comunicar el Evangelio, que rompe la cadena de la muerte e inaugura la vida eterna, no admite demoras, sino que requiere prontitud y disponibilidad. Es decir, la Iglesia es itinerante, y aquí la Iglesia es decidida, presurosa, rápida, al momento, sin espera».

 

Decisión

Al tercer personaje, que  irá «con la condición de», indicó el Papa, despedirse antes de sus parientes, el Maestro le dice: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios». ¿Qué significa esto? El Romano Pontífice lo explicó así:

«Seguir a Jesús excluye las nostalgias y las miradas retrógradas, más requiere la virtud de la decisión. La Iglesia, para seguir a Jesús, es itinerante y va de prisa, lo hace de inmediato, es decidida».

 

Elección libre y consciente, hecha por amor

Concluyendo su alocución el Papa Francisco explicó, en resumidas cuentas, que “el valor de estas condiciones planteadas por Jesús – itinerancia, prontitud y decisión – no radica en una serie de ‘no’ dichos a las cosas buenas e importantes de la vida”, sino que el “énfasis” debe estar “en el objetivo principal”, que es “convertirse en discípulo de Cristo”:

«Una elección libre y consciente, hecha por amor, para corresponder a la gracia inestimable de Dios, y no una manera para promoverse a sí mismo. ¡Es triste esto! Ay de aquellos que piensan en seguir a Jesús para promoversi, es decir, para hacer carrera, para sentirse importantes o para adquirir un lugar de prestigio. Jesús quiere que seamos apasionados por Él y por el Evangelio. Una pasión del corazón que se traduce en gestos concretos de proximidad, de cercanía a los hermanos más necesitados de acogida y cuidado. Precisamente como Él mismo vivió».

Francisco finalizó su catequesis pidiendo a la Virgen María, “icono de la Iglesia en camino”, que “nos ayude a seguir con alegría al Señor Jesús y a anunciar a nuestros hermanos y hermanas, con renovado amor, la Buena Nueva de la salvación”.

 

fuente: vaticannews.va