El Papa en la catequesis y las cuatro pistas de un buen cristiano

«La perseverancia de los creyentes en la alianza con Dios y con los hermanos se convierte en una fuente de atracción que fascina y conquista a los demás»: lo recordó el Papa en la Audiencia General, en la que enumeró uno a uno, los cuatro indicios que revelan a un «buen cristiano».

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Dos comunidades – a decir del Papa Francisco – siguieron la catequesis durante la audiencia general en el miércoles 26 de junio: aquella presente en la Plaza de San Pedro, y los enfermos en el Aula Pablo VI, acogidos allí por el fuerte calor del verano en Roma. Fue como el preludio al tema de la catequesis de hoy, referido a lo que fuera la vida de la primera comunidad de fieles cristianos, entre el amor a Dios y el amor a los hermanos, según el pasaje evangélico tomado de los Hechos de los Apóstoles, cap. 2, versículos 42.44-45.

 

Jerusalén paradigma de toda comunidad cristiana

En efecto, el Pontífice inició su catequesis hablando del fruto de Pentecostés, de aquella “poderosa efusión del Espíritu de Dios sobre la primera comunidad cristiana”, que hizo que muchas personas sintieran sus corazones «traspasados por el feliz anuncio de la salvación en Cristo». Ese “calor de la fe” de estos hermanos y hermanas en Cristo, dijo Francisco, hizo de sus vidas el “escenario de la obra de Dios que se manifiesta en maravillas y señales a través de los Apóstoles”:

«En los Hechos de los Apóstoles – comenzó diciendo en nuestro idioma– san Lucas nos muestra a la Iglesia de Jerusalén como el paradigma de toda comunidad cristiana. Los cristianos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, hacían memoria del Señor a través de la fracción del pan, es decir, de la Eucaristía, y dialogaban con Dios en la oración».

 

Cuatro pistas del buen cristiano

Precisamente las apenas nombradas, son “las actitudes del cristiano”. Actitudes que el Romano Pontífice quiso repetir, una a una, para que quedasen bien grabadas en la memoria de los fieles. Son los “cuatro indicios” de un buen cristiano:

Los cristianos “escuchan asiduamente la enseñanza apostólica”, “practican un alto nivel de relaciones interpersonales también a través de la comunión de bienes espirituales y materiales”, “hacen memoria del Señor a través de la Eucaristía” y “dialogan con Dios en la oración”.

 

Si tu corazón es egoísta, no eres cristiano

El Santo Padre señaló luego la diferencia entre comunidad de creyentes y la sociedad humana: en esta última “se tiende a hacer los propios intereses sin tener en cuenta o incluso en detrimento de los demás”, mientras que en cambio, la comunidad de creyentes  «prohíbe el individualismo para favorecer el compartir y la solidaridad”, pues, de hecho, “no hay lugar para el egoísmo en el alma de un cristiano”:

«Si tu corazón es egoísta no eres cristiano: eres una persona mundana, que sólo buscas tu favor, tu beneficio».

 

Llamados a compartir los bienes espirituales y materiales

Francisco continuó narrando cómo era la vida de esta comunidad primitiva:

«Los creyentes vivían todos unidos, conscientes del vínculo que los une entre sí como hermanos en Cristo, sintiéndose especialmente llamados a compartir con todos los bienes espirituales y materiales, según la necesidad de cada uno. Así, compartiendo la Palabra de Dios y también el pan, la Iglesia se convierte en fermento de un mundo nuevo, en el que florece la justicia, la solidaridad y la compasión».

 

El bautismo revela el íntimo vínculo entre hermanos en Cristo

La gracia del bautismo revela, añadió el Papa, el íntimo vínculo entre los hermanos en Cristo llamados a compartir, a identificarse con los demás y a dar «según las necesidades de cada uno». Y esta fraternidad, que es la Iglesia, puede vivir una vida litúrgica «verdadera y auténtica»:

«En efecto, la liturgia no es un aspecto más de la Iglesia, sino la expresión de su esencia, el lugar donde nos encontramos con el Resucitado y experimentamos su amor».

 

Un principio gracias al cual vive la comunidad creyente de cada época

Pero el Pontífice no se detuvo aquí: se centró por último, en lo que san Lucas narra en los Hechos, y es que «la perseverancia de los creyentes en la alianza con Dios y con los hermanos se convierte en una fuente de atracción que fascina y conquista a los demás».

Al finalizar la catequesis en su saludo a los peregrinos de lengua española, exhortó a pedir al Espíritu Santo  para que «nuestras comunidades sean acogedoras y solidarias, viviendo la liturgia como encuentro de Dios y con los hermanos». A los jóvenes, los ancianos, los enfermos, los recién casados, les recordó la Solemnidad, el próximo viernes, del Sagrado Corazón de Jesús, invitándolos a mirar ese corazón y a imitar los sentimientos más verdaderos. También a rezar por los sacerdotes y por su ministerio petrino, para que toda acción pastoral esté marcada en el amor que Cristo tiene por cada hombre.

fuente: vaticannews.va

Gran dolor del Papa por el papá y la niña fallecidos en el Río Grande

La foto, tomada por una periodista en la frontera entre México y Estados Unidos, retrata los cuerpos de un padre y su hija que buscaban refugio en América y que en cambio encontraron la muerte en el Río Grande. Allí mismo, a orillas del río, en el 2016, Francisco había lanzado un fuerte grito: «¡Nunca más la muerte y la explotación!

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

“Inmensa tristeza” es lo que sintió el Papa al ver “la imagen del papá y de su hijita ahogados en el Río Grande mientras intentaban cruzar la frontera entre México y Estados Unidos”: así lo informa el Director interino de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti. El Papa – agregó Gisotti – está profundamente entristecido por su muerte, reza por ellos y por todos los migrantes que perdieron la vida tratando de escapar de la guerra y la miseria”.

 

Angie Valeria como Aylan

Los shorts de Angie Valeria son del mismo color que la camisa de Aylan. No es sólo el color rojo que vincula a estas pequeñas vidas rotas y acariciadas en los últimos momentos por el agua; detrás de ellas está el deseo de los padres de ofrecerles un futuro diferente; el drama de la inmigración que se lleva a cabo desde hace ya demasiado tiempo y que el Papa Francisco no deja de denunciar, tratando cada vez de evidenciar las fatigas y la desesperación de los hombres y mujeres que se escapan en búsqueda de una oportunidad. El 2 de septiembre de 2015, la imagen de Aylan Kurdi, el niño ahogado encontrado en la playa turca de Bodrum, causó emoción e indignación. Y se prueban los mismos sentimientos por Angie Valeria, de 2 años de edad, fallecida con su papá Oscar.

 

Escapando de El Salvador

Oscar Alberto Martínez, según la reconstrucción de la periodista Julia Le Duc, que tomó la foto publicada después en el periódico mexicano La Jornada, había estado esperando asilo durante dos años, lo había pedido a las autoridades estadounidenses. El domingo, junto con la niña y su esposa Tania Vanessa Ávalos, emprende el viaje. Quiere cruzar el río y entrar en Brownsville, Texas. Oscar y Angie Valeria logran llegar a la orilla pero Vanessa se queda atrás, entonces él trata de volver a buscarla, después de dejar a la niña en la orilla pero la pequeña se lanza al agua para seguir a su padre. La corriente los arrastra y arrebata sus sueños, esperanzas y planes de futuro ante los ojos de una madre que, desde la otra orilla, observa inerme y se queda con el corazón roto.

 

Un viaje demasiado arriesgado

Los cuerpos serán repatriados en los próximos días, mientras que el Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador ha instado a no arriesgarse a un viaje tan difícil. Otras cuatro personas fueron encontradas muertas cerca del Río Grande: una mujer joven, dos niños y un bebé recién nacido. Las autoridades afirman que las víctimas probablemente murieron por deshidratación y exposición al calor excesivo.

 

Una crisis con rostros, historias, nombres y familias

En febrero de 2016, el Papa Francisco celebró una Misa en Ciudad Juárez, en la frontera entre México y Estados Unidos, con los fieles de uno y otro lado del muro que los divide. Luego, en su homilía, el Papa recordó que no se puede “negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos. Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global. Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias. Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado”. Francisco pidió orar por «el don de la conversión, el don de las lágrimas». «¡No más muerte ni explotación! Siempre hay tiempo de cambiar, siempre hay una salida y siempre hay una oportunidad, siempre hay tiempo de implorar la misericordia del Padre” – concluyó.

fuente: vaticannews.va

Juan el Bautista. Un testigo de la luz

Juan el Bautista fue escogido por Dios para preparar el pueblo de Israel para la venida de Jesucristo

Ciudad del Vaticano

La Biblia se encarga de relacionar la figura de Jesús con la de Juan el Bautista. El encuentro de María con Isabel marca el inicio de estas vidas. Luego, la Biblia muestra el sentido de esta relación: “Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino un testigo de la luz” (Jn 1,6-8)

El tema principal de su predicación era “—Arrepiéntanse, que está cerca el reinado de Dios” (Jn 3,2). La principal preocupación de Juan es el pecado que está corrompiendo al pueblo entero; por eso migra de la tierra prometida hacia el desierto, para predicar desde allí la conversión a Dios.

En este sentido, la tarea de Juan es clara: denunciar los pecados, llamar a los pecadores a la penitencia y ofrecer un bautismo de conversión y de perdón. Por eso lo llaman “bautista” es decir, el que bautiza. El evangelista Mateo nos lo recuerda: “Den frutos válidos de arrepentimiento y no se imaginen que les basta decir: Nuestro padre es Abrahán; pues yo les digo que de estas piedras puede sacar Dios hijos de Abrahán. El hacha está ya aplicada a la cepa del árbol: árbol que no produzca frutos buenos será cortado y arrojado al fuego” (Mt 8-10).

Juan el Bautista utiliza un lenguaje duro, habla del enojo de Dios que viene a cortar de raíz los árboles que no dan fruto. El Bautista, no muestra gestos de compasión ante los que sufren. Se queda en el desierto. Esto no significa que su predicación esté descalificada. De ninguna manera. Es más, sobre él Jesús dice: “Les aseguro, de los nacidos de mujer no ha surgido aún alguien mayor que Juan el Bautista. Y, sin embargo, el último en el reino de Dios es mayor que él” (Mt 11,11).

Hoy, Jesús nos invita a encontrar en la figura de Juan al hombre fiel y que, por esta fidelidad, enfrentó los poderes de este mundo y les invitó a reconocer su propio pecado. Este desafío al poder le costó la propia vida.

La actuación de Jesús va más lejos. Anuncia a un Dios Padre, cercano, bondadoso, compasivo, que perdona. La palabra de Jesús, sin olvidar la necesaria conversión, busca crear una convivencia fraterna, justa y compasiva.

fuente: vaticannews.va

Corpus Christi: la bendición de recibir en cuerpo y sangre a Cristo

Ayer, en la solemnidad del Corpus Christi, el Pontífice ha querido celebrarla en el barrio romano de Casal Bertone. Y un 28 de mayo de 1978, San Romero sobre esta Solemnidad, recordaba que no importa cuántos problemas tengamos, tenemos la bendición de recibir al Señor en cuerpo y sangre cada domingo en la misa.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Bendiciendo, explica el Papa, la palabra se transforma en don porque cuando se bendice “no se hace algo para sí mismo, sino para los demás”, “con amor”. Francisco afirma que tantas veces hemos sido bendecidos, a veces cono palabras que hemos escuchado palabras que nos han hecho bien. “Nos hemos convertido en bendecidos el día del Bautismo, y al final de cada misa somos bendecidos”. “La Eucaristía es una escuela de bendición. Dios dice bien de nosotros, sus hijos amados, y así nos anima a seguir adelante.”

Sacerdotes no tengan miedo de bendecir
El Obispo de Roma se dirige después a los pastores y tras indicarles que es importante “acordarse” de bendecir, los alienta a “no tener miedo de bendecir”: Francisco constata cuanto es triste ver con qué facilidad hoy se maldice, se desprecia, se insulta. De ahí su exhortación:
Nosotros, que comemos el Pan que contiene en sí todo deleite, no nos dejemos contagiar por la arrogancia, no dejemos que la amargura nos llene. El pueblo de Dios ama la alabanza, no vive de quejas; está hecho para las bendiciones, no para las lamentaciones. Ante la Eucaristía, ante Jesús convertido en Pan, ante este Pan humilde que contiene todo el bien de la Iglesia, aprendamos a bendecir lo que tenemos, a alabar a Dios, a bendecir y no a maldecir nuestro pasado, a regalar palabras buenas a los demás.

Eucaristía antídoto contra la indiferencia
Recordando la petición de Jesús a los discípulos: «Dadles vosotros de comer» el Obispo de Roma explica que lo que Jesús quiere decirnos es que lo que tenemos da fruto si lo damos y no importa si es poco o mucho.

El Señor hace cosas grandes con nuestra pequeñez, como hizo con los cinco panes. No realiza milagros con acciones espectaculares, sino con gestos humildes, partiendo con sus manos, dando, repartiendo, compartiendo. La omnipotencia de Dios es humilde, hecha sólo de amor. Y el amor hace obras grandes con lo pequeño. La Eucaristía nos los enseña: allí está Dios encerrado en un pedacito de pan. Sencillo y esencial, Pan partido y compartido, la Eucaristía que recibimos nos transmite la mentalidad de Dios. Y nos lleva a entregarnos a los demás. Es antídoto contra el “lo siento, pero no me concierne”, contra el “no tengo tiempo, no puedo, no es asunto mío.

Mons. Romero: ¿Qué es la Eucaristía?
Es el sacramento o misterio de la presencia de Cristo bajo las apariencias del pan y el vino. Sacramento es un signo sensible que puede caer bajo el dominio de nuestros sentidos, como es el pan y el vino que lo palpamos, lo saboreamos. Nuestros sentidos captan la realidad de un signo, pero luego viene la fe y descubre un elemento interior, lo significado por ese signo.

El gusto, el oído, los sentidos -dice Santo Tomas- perciben sabor de pan y sabor de vino, pero tu fe cree firmemente que en ese sabor de pan y de vino ya no está presente lo que los filósofos llaman la substancia, es decir, lo que le da subsistencia a ese pan, a esos sabores, sino que sólo han quedado las cosas accidentales pero que lo substancial se ha transformado en la presencia verdadera del Señor; el cuerpo y la sangre del Señor, son la realidad que se oculta, que se encierra en ese signo visible.

Por eso, cuando el sacerdote consagra el cuerpo y la sangre del Señor, se realiza lo que en teología se llama la transubstanciación, quiere decir, que en vez de la substancia de la subsistencia del pan y del vino, se ha colocado en su lugar la presencia real de Cristo, y Cristo queda en verdadera, real, sustancialmente presente en esa hostia que sigue teniendo sabor de pan, en ese cáliz que sigue teniendo sabor de vino, pero que ya no se trata como pan y como vino sino que ya está presente el Señor. Este es el misterio que celebramos hoy.

Homilía de Mons. Romero: 28 de mayo 1978
“Y ojalá, queridos hermanos, que al hacer estas reflexiones a la luz de la Palabra de Dios, nuestra fe en la Eucaristía crezca esta mañana y que nuestra asistencia a misa no sea simplemente un acto rutinario. No venir por costumbre, no venir por curiosidad, sino venir verdaderamente movidos porque venimos cada domingo a encontrarnos con el gran misterio de la presencia del Señor. Y cuando salgamos de misa, ojalá como Moisés cuando bajaba del Sinaí, que hasta su rostro sensiblemente se había transformado en luminoso porque había estado en la presencia del Señor”.
Yo les suplico, que pongan todo empeño, dijo, a pesar de que allá afuera se empeñan en turbarnos nuestra tranquilidad, que reflexionemos en que de verdad cada domingo tenemos esa dicha. Y a eso nos convencen las tres lecturas de hoy.

Fuente: vaticannews.va

Catequesis del Papa: “El Espíritu hace de la verdad y el amor, el idioma universal”

«Pentecostés y la dynamis del Espíritu que inflama la palabra humana y la hace Evangelio», tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 19 de junio de 2019.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Queridos hermanos y hermanas: cincuenta días después de la Pascua, los Apóstoles vivieron un evento que superaba sus expectativas. Ellos estaban reunidos en oración y fueron sorprendidos por la irrupción de Dios, que no tolera las puertas cerradas; las abrió con un viento impetuoso que llenó toda la casa donde se encontraban”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del tercer miércoles de junio de 2019, continuando con su ciclo de catequesis sobre la evangelización a partir del Libro de los Hechos de los Apóstoles, como preparación para el Mes Misionero Extraordinario del próximo mes de octubre.

 

El viento impetuoso, irrupción de Dios

En su catequesis, el Santo Padre recordó que, cincuenta días después de la Pascua, los Apóstoles vivieron en el cenáculo – que ahora es su hogar y donde la presencia de María, madre del Señor, es el elemento de cohesión – un acontecimiento que supera sus expectativas. “Reunidos en oración – la oración, precisó el Papa, es el ‘pulmón’ que da respiro a los discípulos de todos los tiempos, sin oración no se puede ser discípulos de Jesús, es el alma de los cristianos – son sorprendidos por la irrupción de Dios. Se trata de una irrupción que no tolera lo cerrado: abre las puertas con la fuerza de un viento que nos recuerda la ruah, el soplo primordial, y cumple la promesa de la ‘fuerza’ hecha por el Resucitado antes de su partida. De repente, llega desde arriba, un rugido, casi un viento que cae impetuoso y llena toda la casa donde estaban”.

“Al viento del Espíritu se une el fuego que recuerda la zarza ardiente en el Sinaí, donde Dios habló y dio los diez mandamientos. En el fuego, Dios da su palabra viva y eficaz, que anima, ilumina y prueba los corazones”

 

El fuego, fuerza da la palabra del Resucitado

Al viento impetuoso, señaló el Papa Francisco, se añade el fuego que recuerda la zarza ardiente y el Sinaí con el don de las diez palabras. “En la tradición bíblica – recuerda el Papa – el fuego acompaña la manifestación de Dios. En el fuego Dios entrega su palabra viva y enérgica que se abre al futuro; el fuego expresa simbólicamente su obra de calentar, iluminar y probar los corazones, su cuidado en probar la resistencia de las obras humanas, en purificarlas y revitalizarlas. Mientras en el Sinaí se oye la voz de Dios, en Jerusalén, en la fiesta de Pentecostés, quien habla es Pedro, la roca sobre la que Cristo eligió construir su Iglesia. Su palabra, débil y hasta capaz de negar al Señor, atravesada por el fuego del Espíritu, adquiere fuerza, se hace capaz de traspasar los corazones y mover a la conversión. De hecho, Dios escoge lo que es débil en el mundo para confundir a los fuertes”.

“La Iglesia nace del fuego del amor, de un ‘incendio’ que arde en Pentecostés y que manifiesta la fuerza de la Palabra del Resucitado, llena de Espíritu Santo”

 

La Iglesia nace del fuego del amor

Por ello, el Santo Padre subrayó que, la Iglesia nace, del fuego del amor, de un «fuego» que arde en Pentecostés y que manifiesta la fuerza de la Palabra del Resucitado impregnada del Espíritu Santo. La Alianza nueva y definitiva ya no se basa en una ley escrita en tablas de piedra, sino en la acción del Espíritu de Dios que hace nuevas todas las cosas y está grabada en los corazones de carne. “La palabra de los Apóstoles se impregnada del Espíritu del Resucitado y se convierte en una palabra nueva, diferente, que se puede entender, como si se tradujera simultáneamente a todas las lenguas: de hecho, ‘cada uno los oía hablar en su propia lengua’. Se trata del lenguaje de la verdad y del amor, que es el lenguaje universal: incluso los analfabetos pueden entenderlo”.

“Benedicto XVI: Pentecostés es esto: Jesús, y a través de Él, Dios mismo, viene a nosotros y nos atrae hacia Él”

 

El Espíritu Santo, creador de comunión y reconciliación

Asimismo, el Papa Francisco precisó que, el Espíritu Santo no sólo se manifiesta a través de una sinfonía de sonidos que une y compone armoniosamente la diversidad, sino que también se presenta como el director de la orquesta que toca las partituras de alabanzas de las «grandes obras» de Dios. “El Espíritu Santo – puntualizó el Pontífice – es el creador de la comunión, el artista de la reconciliación que sabe cómo eliminar las barreras entre judíos y griegos, entre esclavos y liberales, para hacer de ella un solo cuerpo. Construye la comunidad de los creyentes armonizando la unidad del cuerpo y la multiplicidad de sus miembros. Hace crecer a la Iglesia ayudándola a ir más allá de los límites humanos, de los pecados y de cualquier escándalo”.

“El Espíritu ejerce la atracción divina: Dios nos seduce con su Amor y nos compromete a mover la historia e iniciar procesos a través de los cuales se filtra la nueva vida. Sólo el Espíritu de Dios tiene el poder de humanizar y fraternizar cada contexto, a partir de los que lo reciben”

 

¡Los seguidores de Jesús no están borrachos!

La maravilla es tan grande, y algunas personas se preguntan si esos hombres están borrachos, pero los seguidores de Jesús no están borrachos, afirmó el Santo Padre, sino que viven lo que San Ambrosio llama «la sobria embriaguez del Espíritu», que enciende la profecía entre el pueblo de Dios a través de sueños y visiones. “A partir de ahora, el Espíritu de Dios mueve los corazones a acoger la salvación que pasa por una Persona, Jesucristo, a quien los hombres han clavado en el madero de la cruz y a quien Dios resucitó de entre los muertos ‘librándolo de los dolores de la muerte’. Es Él quien derramó ese Espíritu que orquesta la polifonía de la alabanza que todos pueden escuchar”.

“Pidamos al Señor que nos haga experimentar un nuevo Pentecostés, que dilate nuestros corazones y sintonice nuestros sentimientos con los de Cristo, para que podamos anunciar sin vergüenza su palabra transformadora y testimoniar la fuerza del amor que llama a la vida todo lo que encuentra”

 

El Paráclito dilate nuestro corazón

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica; en modo particular a los peregrinos de la Diócesis de León, acompañados por su Obispo, Mons. Julián López Martín. “Los invito a que pidamos al Señor experimentar un nuevo Pentecostés en nuestras vidas, para que el Paráclito dilate nuestro corazón haciéndolo semejante al de Cristo, y así podamos testimoniar su amor en medio del mundo y de las personas que nos rodean”.

fuente: vaticannews.va

Papa en Ángelus: caminen juntos por camino de la fe y la esperanza

El Papa Francisco ha realizado la oración del Ángelus después de la eucaristía en su visita pastoral a la ciudad de Camerino.

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano

El Obispo de Roma comenzó el mensaje del Ángelus recordando a la “beata Eduviges Carboni, una mujer sencilla del pueblo que en su humilde vida cotidiana abrazó la Cruz, dando testimonio de fe y caridad. Demos gracias por esta fiel discípula de Cristo, que ha pasado toda su vida al servicio de Dios y del prójimo”.

 

Refugiados

Luego recordó también que el próximo 20 de junio las Naciones Unidas celebra el Día Mundial de los refugiados e invitó a todos los asistentes a “solidarizarse con los hombres, mujeres y niños que huyen de las guerras, la persecución y las violaciones de los derechos fundamentales. Que nuestras comunidades eclesiales y civiles estén cerca de ellos y atentas a sus necesidades y sufrimientos”.

 

Situación en Medio Oriente

Sobre la situación en el Medio Oriente, expresó: «También sigo con preocupación las crecientes tensiones en el Golfo Pérsico. Pido a todos que utilicen los instrumentos de la diplomacia para resolver los complejos problemas de los conflictos en Oriente Próximo. También renuevo a la comunidad internacional mi sincero llamamiento para que se hagan todos los esfuerzos posibles por promover el diálogo y la paz».

 

Agradecimiento a personas que prepararon visita

El Papa saludó también a los presentes, así como a aquellos que, a través de la radio y la televisión, “se unieron espiritualmente a la misa. Extendió sus agradecimientos “a todas aquellas instituciones, organismos, asociaciones e individuos que han trabajado en esta breve pero intensa visita mía, colaborando generosamente con la Arquidiócesis de Camerino-San Severino Marche”.

El Obispo de Roma también saludó a “los habitantes de San Severino Marche, a quienes saludaré desde lo alto volando sobre su ciudad en helicóptero”.

 

Invitación a caminar juntos

El Papa invitó a los presentes y a toda la comunidad cristiana a “caminar juntos y con alegría por el camino de la fe, de la esperanza y de la caridad, fieles a los numerosos testimonios de santidad de los que es rica su tierra. Pienso, entre otros, en San Venanzio, San Severino, San Ansovino, San Nicolás de Tolentino, San Pacífico y el Beato Bautista Varano. Pienso también en las numerosas figuras de «santos de al lado» que no fueron beatificados ni canonizados, sino que apoyaron y siguen apoyando,  transformando, familias y comunidades con la fuerza de su vida cristiana”.

 

Encomendarse a la Virgen María

Finalmente, el Papa invitó a toda la comunidad a recitar la oración del Ángelus y a encomendarse a la Virgen María, en la especial advocación de Santa María en la Vía, “Que Ella, que animó con su presencia maternal la primera comunidad de discípulos de Jesús, ayude también a la Iglesia de hoy a dar un buen testimonio del Evangelio”.

 

fuente: vaticannews.va

El Papa en la catequesis: La comunión supera las divisiones

Redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado y dejar atrás las actitudes autorreferenciales, renunciando a retener los dones de Dios y no cediendo a la mediocridad: fue la indicación del Papa Francisco en su segunda catequesis basada en los Hechos de los Apóstoles, en el miércoles 12 de junio

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En una plaza de san Pedro acariciada en las primeras horas de la mañana por el sol primaveral, el Papa Francisco continuó con su nuevo ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, interrumpido la semana pasada  por su catequesis sobre su reciente viaje apostólico en Rumanía. El pasaje evangélico del cual tomó el punto de partida de su reflexión fue el capítulo 1 de los Hechos, versículos 21-22.26.

 

Aferrados a María

«Hemos comenzado un nuevo ciclo de catequesis que seguirá el «viaje» del Evangelio que narra el libro de los Hechos de los Apóstoles. Todo tiene origen en la Resurrección de Cristo, que es la fuente de vida nueva. Por eso los discípulos permanecen unidos y perseverantes en la oración, junto a María, la Madre de Jesús y de la nueva comunidad, en espera de recibir el Espíritu Santo».

Uno de los dolorosos acontecimientos de la Pasión que muestra este libro, dijo el Papa, es que los Apóstoles del Señor ya no son los doce elegidos por Él, sino once. Esto sucede porque Judas se quitó la vida aplastado por el remordimiento:

«Esa primera comunidad estaba formada por ciento veinte hermanos y hermanas, un número que contiene el doce, emblemático para Israel, por las doce tribus, y también para la Iglesia, por los doce Apóstoles elegidos por Jesús, que después de los acontecimientos dolorosos de la pasión, con la traición de Judas, se redujeron a once».

 

El virus del orgullo infectó el corazón del Apóstol

Judas, explicó Francisco, “había empezado a separarse de la comunión con el Señor y con los demás, a hacer a solas, a aislarse, a apegarse al dinero hasta explotar a los pobres, a perder de vista el horizonte de la gratuidad y de la entrega, hasta que permitió que el virus del orgullo infectara su mente y su corazón”:

«Judas, que había recibido la gracia de formar parte del grupo inseparable de Jesús, perdió de vista el horizonte de la gratuidad del don recibido y dejó entrar en su corazón el virus del orgullo; y de amigo se volvió enemigo de Jesús, traicionándolo».

Así, Judas, que había recibido esta gracia «prefirió la muerte a la vida, un camino de oscuridad y ruina. Los otros once, en cambio, escogieron la vida y la bendición, convirtiéndose en responsables de trasmitirlas de generación en generación, del Pueblo de Israel a la Iglesia».

 

Se inaugura el discernimiento comunitario

Se hizo necesario entonces “reconstituir el grupo de los doce”, y así “se inaugura la práctica del discernimiento comunitario”, que consiste en ver la realidad a través de los ojos de Dios, desde el punto de vista de la unidad y la comunión:

«El evangelista Lucas nos dice cómo el abandono de Judas causó una herida al cuerpo comunitario. Era necesario que su misión pasara a otro. Pedro indicó el requisito indispensable: haber sido discípulo de Jesús desde el principio hasta el fin, desde el bautismo en el Jordán hasta la Ascensión».

He aquí que la comunidad ora de la siguiente manera – siguió diciendo Francisco: «Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muestra cuál de estos dos has elegido para ocupar el lugar que Judas ha abandonado». Y el Señor indica a Matías:

«De los dos candidatos propuestos, el escogido fue Matías, que es asociado a los once, reconstituyendo el colegio apostólico, signo de que la comunión es el primer testimonio de una comunidad viva y que sigue el estilo del Señor».

 

La comunión supera las divisiones

De esta manera – prosiguió el Santo Padre – se reconstituye el cuerpo de los Doce, signo de comunión, y esa comunión supera las divisiones, el aislamiento, la mentalidad que absolutiza el espacio privado, signo de que la comunión es el primer testimonio que ofrecen los Apóstoles.

 

Redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado

El Romano Pontífice señaló entonces también nuestra necesidad de “redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado», «dejando atrás las actitudes autorreferenciales, renunciando a retener los dones de Dios y no cediendo a la mediocridad”. Puesto que la reconstitución del colegio apostólico «muestra cómo en el ADN de la comunidad cristiana hay unidad y libertad de sí mismo, que nos permite no temer la diversidad, no apegarnos a las cosas y a los dones y ser mártires, es decir, testigos luminosos del Dios vivo y operante en la historia”.

 

Pedir el don de vivir bajo la Señoría de Cristo

Al saludar a los fieles, el Santo Padre Francisco dirigió un mensaje especial, como suele hacerlo, a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. Haciendo presente la memoria litúrgica en el día de mañana de San Antonio de Padua, patrono de los pobres y los sufrientes, oró para que su intercesión los ayude a experimentar el auxilio de la misericordia divina. A los fieles peregrinos de lengua española, animó a pedir al Señor «el don de vivir bajo la señoría de Cristo, en unidad y libertad, como testigos de su Resurrección, para manifestar al mundo el amor y la misericordia de Dios que está presente y actúa en la historia de la humanidad», y les impartió su bendición.

fuente: vaticannews.va

Hoy celebramos a la Santísima Virgen María Madre de la Iglesia

La memoria de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, nos recuerda que la maternidad divina de María se extiende, por voluntad de Jesús mismo, a la maternidad de todos los hombres, es decir, a la Iglesia misma en el acto de la entrega. Desde 2018 se celebra el lunes después de Pentecostés. En un tweet el Papa pide a la Virgen que nos ayude a fiarnos plenamente en el amor de Jesús, “sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe está llamada a crecer y madurar”.

Roberta Barbi – Ciudad del Vaticano

“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. (Jn 19,25-27)

Es éste el pasaje del Evangelio que justifica el título de María Madre de la Iglesia, aquí personificada por el discípulo amado, Juan, a quien Jesús mismo confía a Nuestra Señora como hijo, para que sea regenerado a la vida divina como sólo ella puede hacerlo. No es, pues, simple devoción mariana rezar a la Virgen con este título, sino obedecer la voluntad de Jesús, tal como nos la transmite la Escritura: Él, con las palabras que pronuncia a punto de morir, pide a María que cuide de cada hombre, pero también pide a cada hombre que se sienta vinculado por una relación filial con Su madre.

 

María en el centro del dogma de la salvación

La devoción a María -como la devoción a la Cruz y a la Eucaristía- ha sido siempre un pilar fundamental de la fe, pero con la memoria de la “Virgen María, Madre de la Iglesia” establecida en 2018, el Papa Francisco quiso hacer más. En primer lugar, consideró hasta qué punto la exaltación de esta devoción puede hacer bien a la Iglesia y puede aumentar el sentido materno en ella, pero de hecho ha puesto a María en el centro del dogma de la salvación. Hasta ese punto considerada sobre todo en su relación con Cristo, la piedad mariana desciende en realidad directamente de la fe en la Santísima Trinidad. Puesto que el Señor quiso que ella, una mujer humana, fuera la Madre del Hijo de Dios, sólo a través de ella el hombre podrá acceder a la misericordia divina. La maternidad de María comienza con la Anunciación: con su sí la Virgen permite al Señor entrar en la historia; y su maternidad, por voluntad divina, no termina al pie de la Cruz, sino que se eterniza con el objetivo de llevar la imagen del Hijo en los hombres y entre los hombres. Además, la encontramos Madre, esta vez de los primeros creyentes, los Apóstoles, en el Cenáculo, en espera de la venida del Espíritu: de ahí el vínculo de esta memoria con la solemnidad de Pentecostés que el Papa Francisco quiso subrayar.

 

Devoción a la Virgen en el Magisterio de los Papas

El título de María Madre de la Iglesia tiene raíces profundas y ya está presente en el sentir eclesial de San Agustín y San León Magno. A lo largo de los siglos, la devoción mariana ha hecho sí que se haya rezado a María, atribuyéndole diversos títulos, pero el título específico de Madre de la Iglesia aparece en algunos textos de autores espirituales y en el Magisterio de Benedicto XIV y León XIII. Hay que llegar a Pablo VI, sin embargo, para el punto de inflexión. El 21 de noviembre de 1964, al término de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, el Pontífice declaró a la Santísima Virgen “Madre de la Iglesia, es decir, de todo el pueblo cristiano, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman la Madre Santísima”.

Con esta decisión el Papa retoma el contenido sustancial del Credo de Nicea de 325 y sobre todo las decisiones de los Padres del Concilio de Éfeso (430) que definieron a María como “la verdadera madre de Dios”.

En el Año Santo de la Reconciliación (1975), la Santa Sede propone una Misa votiva en honor a la Madre de la Iglesia, que luego se insertará en el Misal Romano, pero aún no en las memorias del Calendario Litúrgico. Sin embargo, en algunos países -por ejemplo Polonia y Argentina- y en algunas órdenes religiosas, la celebración de la memoria litúrgica de María, Madre de la Iglesia, está muy extendida y está incluida en sus calendarios particulares. En 1980, Juan Pablo II introdujo en las letanías lauretanas la veneración de la Virgen como Madre de la Iglesia. Esto nos lleva al 11 de febrero de 2018, día del 160º aniversario de la primera aparición de la Virgen en Lourdes. En esta ocasión, el Papa Francisco dispone que la memoria de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano -convirtiéndose así en universal- y sea celebrada cada año, el lunes después de Pentecostés.

 

El tweet del Papa

Santa #MaríaMadredelaIglesia – escribe Francisco hoy en un tweet – ayúdanos a fiarnos plenamente de Jesús, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe está llamada a crecer y madurar.

fuente: vaticannews.va