El Papa en el Regina Coeli: abramos los corazones al Espíritu Santo, que nos enseña todo

A la hora del Regina Coeli del VI domingo de Pascua, Francisco centró su reflexión en la «misión» del Espíritu Santo, que “sostiene y consuela”, y nos recuerda las enseñanzas de Jesús

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“El Señor hoy nos invita a abrir nuestros corazones al don del Espíritu Santo”, que enseña “la lógica del Evangelio, la lógica del amor acogedor”, y nos recuerda “todo lo que el Señor nos ha dicho»: fue este el recordatorio del Papa Francisco a la hora del Regina Coeli  en este sexto domingo de Pascua.

Ante los fieles, romanos y peregrinos, congregados en la Plaza de San Pedro, el Papa centró su reflexión, como de costumbre, en el Evangelio hodierno, que relata las palabras de Jesús a sus apóstoles con ocasión de la Última Cena.

El Pontífice relata que ante la inminencia de su muerte, Jesús alienta a sus discípulos diciéndoles que “no se quedarán solos”, sino que con ellos estará siempre el  Espíritu Santo, el “Paráclito”, que “está al lado, para sostener y consolar”, como indica su nombre en griego.

 

La misión del Espíritu Santo

El Santo Padre recuerda entonces cuál es la “misión” del Espíritu Santo y dice:

“ La tarea del Espíritu Santo es hacer recordar a las personas, es decir, hacerlas comprender plenamente e inducirlas a poner en práctica concretamente las enseñanzas de Jesús ”

Francisco puntualiza que “precisamenta ésta es también la ‘misión de la Iglesia’, llevada a cabo a través de un estilo de vida preciso, caracterizado por ciertas exigencias: la fe en el Señor y la observancia de su Palabra; la docilidad a la acción del Espíritu, que hace vivo y presente continuamente al Señor resucitado; la acogida de su paz y el testimonio de ella con actitud de apertura y de encuentro con los demás”.

 

Iglesia, comunidad en camino

El Papa habla a continuación de las condiciones necesarias para realizar esta tarea: “la Iglesia no puede permanecer estática” – asegura – sino que “está llamada a actuar como una comunidad en camino, animada y sostenida por la luz y la fuerza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.

De esta manera, prosigue el Santo Padre, “es el Espíritu de Dios quien nos guía y guía a la Iglesia, para que resplandezca el auténtico rostro de la Iglesia, bello y luminoso, querido por Cristo”.

 

Corazones abiertos al Espíritu del Señor

En la conclusión, la invitación del Obispo de Roma a abrir nuestros corazones al Espíritu Santo para que nos “guíe en los caminos de la historia”. Y la invocación a la Virgen María, “humilde y valiente” colaboradora del Espíritu Santo en la Encarnación del Hijo de Dios, “para que nos ayude también a dejarnos instruir y guiar por el Paráclito, y poder así “acoger la Palabra de Dios y dar testimonio de ella con nuestra vida”.

 

Saludos y bendiciones

Al finalizar la oración mariana,  Francisco saludó como de costumbre, a los peregrinos romanos y de otras partes del mundo que llegaron, nos obstante la lluvia primaveral, a la plaza de San Pedro, para rezar junto a él a la Madre de Dios. El Papa saludó a los confirmandos de Génova, con los que se encontró ayer delante de la Casa Santa Marta y bendijo también a los peregrinos polacos que participan en la gran peregrinación al Santuario Mariano de Piekari Slaskie. Recordando que hoy se celebra la «Jornada del Alivio» en Italia, el Papa dirigió un pensamiento especial a todos los reunidos en el Policlínico Gemelli para promover «iniciativas de fraternidad con los enfermos».

 

fuente: vaticannews.va

Historia de la devoción a María Auxiliadora en la Iglesia Antigua.

Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas costumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra «Boetéia», que significa «La que trae auxilios venidos del cielo».

Ya San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama «Auxilio potentísimo» de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: «La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto».

San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen «Auxiliadora de los que sufren» y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquella imagen de la «Auxiliadora de los enfermos» se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo.

El gran poeta griego Romano Melone, año 518, llama a María «Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles» e insiste en que recemos para que Ella sea también «Auxiliadora de los que gobiernan» y así cumplamos lo que dijo Cristo: «Dad al gobernante lo que es del gobernante» y lo que dijo Jeremías:

«Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien».

En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1º de octubre, desde antes del año mil (En Europa y América se celebre el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560: «María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo». San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: «María Auxiliadora rogad por nosotros». Y repite: «La «Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte». San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: «Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda».

En el año 1572, el Papa San Pió quinto ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanias la advocación » María Auxiliadora, rogad, por nosotros», porque en ese año Nuestra Señora libró prodigiosamente en la batalla de lepanto a toda la cristiandad que venía a ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88.000 soldados.

En el año 1600 los católicos del sur de Alemania hicieron una promesa a la Virgen de honrarla con el título de auxiliadora si los libraba de la invasión de los protestantes y hacía que se terminara la terrible guerra de los 30 años. La Madre de Dios les concedió ambos favores y pronto había ya más de 70 capillas con el título de María Auxiliadora de los cristianos.

En 1683 los católicos al obtener inmensa victoria en Viena contra los enemigos de la religión, fundaron la asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 paises.

El Papa y Napoleón.

El siglo pasado sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas.

El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: «Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica». Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: «Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados», vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la madre de Dios.

San Juan Bosco y María Auxiliadora.

Pero sin duda fue San Juan Bosco, el santo de María Auxiliadora, con el que esta advocación mariana encontró el mejor paladín y trampolín para el desarrollo y popularidad,

«No he sido yo, ha sido la Virgen Auxiliadora quien te ha salvado»… «Cada ladrillo de esta iglesia – se refería a la gran Basílica que en su obsequio empezó el 1863 – es una gracia de la Virgen María»…

Pero será exactamente en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. «La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana».

Ella lo ha hecho todo

Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como «central y sintetizador». La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes salesianos, y su experiencia eclesial le hacer percibir a María como «Auxiliadora del Pueblo de Dios».

En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia en Turín. Todo su capital era de cuarenta céntimos, y esa fue la primera paga que hizo al constructor. Cinco años más tarde, el 9 de junio de 1868, tuvo lugar la consagración del templo. Lo que sorprendió a Don Bosco primero y luego al mundo entero fue que María Auxiliadora se había construido su propia casa, para irradiar desde allí su patrocinio. Don Bosco llegará a decir: «No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia».

Hoy, salesianos y salesianas, fieles al espíritu de sus fundadores y a través de las diversas obras que llevan entre manos siguen proponiendo como ejemplo, amparo y estímulo en la evangelización de los pueblos el auxilio que viene de Santa María.

La fecha de la conmemoración

¿Cuándo debería ser la conmemoración de la invocación de Nuestra Señora Auxiliadora de los Cristianos? Como vimos, la invocación «Auxilio de los Cristianos», surgió en el año 1571, por ocasión de la Batalla de Lepanto. El día de la fiesta de María Auxiliadora solo fue definida mucho más tarde, en el año 1816, por el Papa Pío VII para perpetuar el recuerdo de otro hecho que certifica la intercesión de la Santa Madre de Dios.

El Papa había negado la anulación del casamiento del hermano de Napoleón I, Emperador de Francia. Esto sirvió de pretexto para que el Emperador invadiese los Estados Pontificios y ocupase Roma. Napoleón fue excomulgado por el Papa. Para vengarse, él secuestró y llevó preso a Francia al Vicario de Cristo que, en el cautiverio, pasó por humillaciones y vergüenzas de todo orden, por cinco años.

Todavía en la prisión, movido por ardiente fe, el Papa recurrió a la intercesión de María Santísima, prometiendo coronar solemnemente la imagen de Nuestra Señora de Savona luego que fuese liberado.

Fue entonces que Nuestra Señora actuó: el clamor del mundo católico forzó a Napoleón a ceder. El Papa fue liberado inmediatamente y él fue a cumplir la promesa hecha.

En el día 24 de mayo de 1814, Pío VII entró solemnemente a Roma. Recuperó su poder, los bienes eclesiásticos fueron restituidos y Napoleón fue obligado a firmar la abdicación en el mismo palacio donde había aprisionado al Santo Padre. En agradecimiento a la Santa Madre de Dios, el Papa Pío VII creó la fiesta de Nuestra Señora Auxiliadora, fijándola en el día de su entrada triunfal a Roma.

FUENTES:
http://caballerosdelavirgen.org/articulos/maria-auxiliadora/
http://es.arautos.org/view/show/46994-nuestra-se-ora-auxiliadora

La historia del Icono de María Auxiliadora: cuando una mano invisible guió el pincel del pintor

Turín (Gaudium Pres) En la Basílica de María Auxiliadora en Turín se encuentra una de las imágenes más representativas de la Virgen en su advocación de «Auxiliadora de los Cristianos». El precioso cuadro, que se halla tras el altar y se aprecia desde cualquier punto del templo salesiano, tiene tras de sí una historia llena de misticismo.

Fue el mismo San Juan Bosco -gran propagador de la devoción a María Auxiliadora-, quien mandó pintar la majestuosa obra al pintor italiano Tomás Lorenzone y le dio instrucciones precisas sobre cómo debía realizarla. El artista tardó tres años en culminar el cuadro, que luego fue entronizado en la Basílica de María Auxiliadora con el título de «María Madre de la Iglesia». Tiempo después, cuando ya había culminado el cuadro, Lorenzone confesó que al representar el rostro de la Virgen sintió como si una mano invisible guiaba su pincel; de ahí la preciosa expresión del rosto de Nuestra Señora.

De acuerdo con varios expertos, el icono recoge toda la teología de Don Bosco sobre la Auxiliadora de los Cristianos. Es una obra barroca en la que se contempla y exalta a la Virgen María como Reina y Madre de la Iglesia, especialmente al Niño Jesús, quien lleva en sus brazos y es representado como el Rey que acoge. Se observa en detalle cómo toda la Iglesia -apóstoles, santos y ángeles del cielo- le rinde tributo al pequeño Rey.

En el cuadro también hay varios símbolos representativos, entre ellos el cetro que lleva la Virgen en su mano derecha, que es símbolo de la monarquía, así como los atuendos que hablan de los usos sacerdotales, confeccionados con finos linos y bordados de oro. El vestido el Niño Jesús es de una sola pieza, que recuerda el pasaje evangélico de Juan sobre el reparto de las vestiduras de Cristo: «La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo».

Ambos atuendos, el de María y el Niño, se inspiran en las monarquías europeas vigentes durante la Edad Media, además de las dos coronas doradas que muy bien se relacionan con el texto del Apocalipsis que dice: «Una Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza». La imagen fue coronada solemnemente mediante decreto del Papa León XIII el 17 de mayo de 1904.

 

Una antigua devoción

La devoción a María Auxiliadora se remota a los primeros cristianos en Grecia, Egipto, Antioquía, Éfeso, Atenas y Alejandría, quienes acostumbraban llamar a la Virgen como «Auxiliadora». Pero es gracias a la Batalla de Lepanto, ocurrida en el siglo XVI cuando los mahometanos estaban invadiendo Europa y el Papa San Pío V llamó a los príncipes católicos salir a defender a los cristianos, que la devoción ganó fuerza. Muy pronto se formó el ejército de los cristianos, que el 7 de octubre de 1572, cuando se encontraba en el Golfo de Lepanto, se topó con el enemigo: eran 88 mil soldados mahometanos, mientras que los cristianos eran inferiores.

Antes de empezar la batalla los cristianos se confesaron, participaron de la Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y rindieron tributo a la Madre de Dios. Los cristianos salieron victoriosos gracias al viento que corrió en dirección opuestas impidiendo a los enemigos alcanzar a los cristianos.

Mientras la defensiva tenía lugar, San Pío V se congregó con una multitud de fieles en las calles de Roma para rezar también en Santo Rosario. Fue en agradecimiento a lo sucedido que el Pontífice estableció que cada 7 de octubre la Iglesia Católica celebrase la fiesta de la Virgen del Rosario, y que en las letanías se ore diciendo: «María Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros».

Pero es San Juan Bosco, junto con la Familia Salesiana, quien extendió por el mundo la devoción a esta advocación. El propio santo narra en uno de los sueños que fue la propia Virgen María quien le solicitó edificase un templo en su honor.

La Basílica es consagrada a María Auxiliadora el 9 de junio de 1968. Su construcción, en palabras de Don Bosco, fue todo un milagro.

De la redacción de Gaudium Press.

El Papa: En la oración debemos pedir por los más vulnerables

El Santo Padre ha concluido hoy el ciclo de sus catequesis dedicado al «Padre Nuestro». Podemos decir, dijo, que la oración cristiana nace de la audacia de llamar a Dios con el nombre de «Padre». No se trata de una fórmula, sino de una intimidad filial en la que somos introducidos por gracia: Jesús es el revelador del Padre y nos da familiaridad con Él.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Esta oración, dijo el Papa, no es una fórmula para repetir mecánicamente. Porque, añadió, al igual que con cualquier oración vocal, es a través de la Palabra de Dios que el Espíritu Santo enseña a los hijos de Dios a orar a su Padre. Jesús mismo usó diferentes expresiones para orar al Padre. Si leemos los Evangelios cuidadosamente, descubrimos que estas expresiones de oración que emergen en los labios de Jesús recuerdan el texto del «Padre Nuestro».

 

En la noche de Getsemaní

El Papa citó algunos momentos en los que Jesús oró al Padre, en primer lugar, la noche de Getsemaní, allí, dijo el Santo Padre, Jesús ora de esta manera: “Abba, Padre, tú lo puedes todo, aparta de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Y en el texto del Evangelio de Marcos, se pregunta el Pontífice: ¿Cómo podemos dejar de reconocer en esta oración, aunque sea breve, un rastro del «Padre Nuestro»? “En medio de la oscuridad, Jesús invoca a Dios con el nombre de «Abbà», con confianza filial y, mientras siente temor y angustia, pide que se cumpla su voluntad”.

 

Jesús a sus discípulos pide que cultiven espíritu de oración

“En otros pasajes del Evangelio, Jesús insiste con sus discípulos para que puedan cultivar un espíritu de oración”. Pero la oración debe ser insistente, y sobre todo, afirmó Francisco, debe traer la memoria de los hermanos, especialmente cuando vivimos relaciones difíciles con ellos. Jesús dice: «Cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, y vuestro Padre del cielo os perdonará vuestras culpas”. ¿Cómo podemos dejar de reconocer la similitud con el «Padre Nuestro» en estas expresiones? Y los ejemplos podrían ser numerosos.

También se encuentran en los escritos de San Pablo una presencia del Padre, en una “estupenda” síntesis, dijo el Papa, donde la invocación del cristiano se condensa en una sola palabra: «Abbà».

 

En el Evangelio de Lucas Jesús enseña la oración del Padre

“En el Evangelio de Lucas, Jesús satisface plenamente la petición de los discípulos que, al verlo a menudo aislado y sumergiéndose en la oración, un día deciden preguntarle: «Señor, enséñanos a orar, como Juan, el Bautista, enseñó a sus discípulos». Y entonces el Maestro les enseñó la oración al Padre”.

Francisco dijo que “considerando el Nuevo Testamento como un todo, está claro que el primer protagonista de toda oración cristiana es el Espíritu Santo, que sopla en el corazón del discípulo. El Espíritu nos hace capaces de orar como hijos de Dios, lo que realmente somos para el Bautismo”. Porque como dijo el Santo Padre, el Espíritu nos hace orar en el «surco» que Jesús cavó para nosotros. Este es el misterio de la oración cristiana: por gracia nos atrae ese diálogo de amor de la Santísima Trinidad.

“Jesús oró así. A veces usaba expresiones que ciertamente están muy lejos del texto del «Padre Nuestro». Pensemos en las palabras iniciales del Salmo 22, que Jesús pronuncia en la cruz: » Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?. ¿Puede el Padre celestial abandonar a su Hijo? No, desde luego”. Y sin embargo, dijo el  Papa, el amor por nosotros, los pecadores, llevó a Jesús a este punto: al punto de experimentar el abandono de Dios, su lejanía. Pero incluso en el grito de angustia, el «Dios mío, Dios mío» permanece. En ese «mío» está el núcleo de la relación con el Padre, está el núcleo de la fe y la oración.

«¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla!”

Por eso, a partir de este núcleo, un cristiano puede orar en cualquier situación. Él puede asumir todas las oraciones de la Biblia, especialmente de los Salmos; pero también puede orar con tantas expresiones que en milenios de historia han brotado del corazón de los hombres. Y al Padre nunca dejamos de hablar de nuestros hermanos y hermanas en la humanidad, porque ninguno de ellos, especialmente los pobres, permanece sin un consuelo y una porción de amor.

 

Saludos a los fieles de habla hispana

En sus saludos a los fieles de habla hispana, el Papa saludó a los peregrinos venidos de España y Latinoamérica, como también a los peregrinos de la diócesis de Ebibeyin, Guinea Ecuatorial, acompañados por su Obispo.

“A todos los animo a que pidan al Señor la gracia de ser hombres y mujeres de oración, y a que recuerden ante el Padre a todos nuestros hermanos y hermanas, especialmente a los más necesitados y abandonados, para que a ninguno falte consolación y amor. Que Dios los bendiga”.

fuente: vaticannews.va

Basílica de María Auxiliadora en Turín

La Basílica de María Auxiliadora fue inaugurada en 1868. Don Bosco siempre dijo que su construcción fue gracias a la Providencia Divina.

Turín ( Gaudium Press) En el norte de Italia, en la localidad de Valdocco, Turín, se encuentra el corazón de la Familia Salesiana y uno de los principales sueños hecho realidad de San Juan Bosco: la Basílica y Santuario de María Auxiliadora.

Inaugurada en el año 1868, tras grandes esfuerzos de Don Bosco para su construcción -que en palabras del Santo se logró gracias a la Providencia Divina, pues se finalizó en sólo cuatro años con el apoyo de los fieles de Turín-, la Iglesia es el centro de la devoción a la Virgen María, bajo el título de «Auxiliadora», y el lugar de donde cada año parten al mundo los misioneros salesianos.

Quien ingresa a la Basílica por primera vez se encontrará sobre el altar principal con una de las más bellas representaciones artísticas de María «Auxilio de los Cristianos». El gran cuadro de la Virgen, obra de Lorenzone, fue ideado por el mismo Juan Bosco.

En él aparece Nuestra Señora coronada, quien sostiene con su mano derecha un cetro, y con la izquierda al Niño Jesús, quien abre sus brazos como acogiendo a los fieles que ingresan al Santuario. La Virgen se encuentra también rodeada por ángeles y recibe la veneración de los Apóstoloes y los Evangelistas. En la parte inferior, casí sin notarse, se encuentra una pequeña representación del Santuario en Turín.

En el centro de la Basílica, hacia el lado derecho se halla también el altar dedicado a Don Bosco, donde está la urna que contiene su cuerpo. Allí hay otra bella representación artística de un cuadro en el que figura San Juan Bosco, quien le enseña a su alumno Santo Domingo Savio -y a otros jóvenes salesianos- una imagen de María Auxilidora.

Otros altares pueden apreciarse en el lugar: el de Santa María Mazzarello, quien junto a Don Bosco fundó el Instituto de Hijas de María Auxiliadora, y cuyos restos mortales también se encuentran en la Basílica mariana; y el altar de Santo Domingo Savio, que contiene también las reliquias del pequeño santo.

Igualmente especial es una estatua de María Auxiliadora situada al lado izquierdo del Altar Mayor. Cada 24 de mayo, durante la festividad de la Virgen «Auxilio de los Cristianos», la imagen es situada en un altar procesional y adornada con flores para la veneración de los fieles y de los peregrinos.

La Cripta de las reliquias

Bajo la Basílica, también se encuentran importantes tesoros con gran valor espiritual. A la derecha de la capilla de Santa María Mazzarello, se halla una escalera que lleva a una Cripta-Capilla donde permanecen varias reliquias. Una de ellas es el madero de la Santa Cruz que se conserva en un precioso relicario de alabastro. También se encuentran los restos mortales de los beatos Miguel Rua y Felipe Rinaldi, respectivamente el primer y tercer sucesor de Don Bosco.

En dicha Cripta también hay una capilla que fue construida para recordar el sueño y visión de San Juan Bosco en el que la Virgen María le mostró los inicios y el desarrollo que tendría la obra por él fundada, así como el lugar donde debía construir la actual Basílica.  En esta pequeña capilla, donde está una hermosa imagen de María Auxiliadora, también se hallan varios objetos utilizados por Don Bosco, como su Misal, algunas medallas bendecidas por él y diferentes objetos de su devoción.

Vecino a la Iglesia, donde funciona la casa madre de la Familia Salesiana, se encuentran también las habitaciones de Don Bosco, lugar en el que tuvo origen la Congregación Salesiana y donde el santo proyectó los viajes de los primeros misioneros, quienes comenzaron su labor en 1875.

También hay un museo dedicado a María Auxiliadora donde se hallan imágenes antiquísimas de este título mariano, así como diversos objetos de esta devoción mariana que han llegado al Santuario de diversas partes del mundo. Entre los objetos, también está el reclinatorio donde Don Bosco solía ponerse de rodillas para orar a Nuestra Señora.

 

Una Basílica construida en el terreno santificado por los mártires de Turín

Entre los tesoros que guarda la Basílica Salesiana esta precisamente el suelo donde fue edificada, ya que es tierra santificada por la sangre derramada por los mártires de Turín: Octavio, Adventor y Salutore.

Es Nuestra Señora quien pide a Don Bosco edificar su templo en este santo lugar, como lo narra el propio Don Bosco en uno de sus sueños: «Recurrí de nuevo a la amable Señora y Ella me mostró otra iglesia bastante más grande y con una casa al lado. Me llevó un poco más allá hasta un terreno cultivado (…) y añadió: ‘En este lugar, donde los gloriosos mártires de Turín, Adventor y Octavio, sufrieron su martirio, sobre esa tierra bañada y santificada con su sangre, quiero que Dios sea honrado de modo especialísimo’. Y, así diciendo, adelantó un pie hasta ponerlo en el punto exacto donde tuvo lugar el martirio y me lo indicó con precisión».

Hoy la Basílica también rinde culto a los tres mártires, tanto sí que sobre su fachada exterior están dedicadas tres estatuas a los tres defensores de la fe. Desde la edificación del templo, ellos fueron nombrados patronos especiales del lugar.

Cada 24 de mayo, la Basílica se ve engalanada con la solemne celebración en honor a María Auxiliadora, que habitualmente es presidida por el Rector Mayor de los Salesianos, y cuenta con la presencia de una gran cantidad de jóvenes y devotos de la Virgen bajo la advocación de Auxilium Christianorum. (Auxilio de los Cristianos).

fuente: es.gaudiumpress.org

5 curiosidades sobre la devoción a María Auxiliadora que quizá no conocías

La devoción a María Auxiliadora suele ir asociada a Don Bosco, los Salesianos y toda la Familia Salesiana. El santo sacerdote turinés promovió esta advocación de diferentes maneras. Así lo explicaba en una ocasión: «La Virgen quiere que la honremos con el título de ‘Auxiliadora’: los tiempos que corren son tan difíciles que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana». Sin embargo, la historia del reconocimiento de la Virgen como Auxiliadora es larga y está llena de curiosidades. A continuación, te contamos algunas.

 

Un título bastante remoto

Entre los cristianos de habla griega en los primeros siglos se extendió la costumbre de llamar a la Virgen María ‘Boetéia’, que significa ‘La que trae auxilios venidos del cielo’. En el año 345, San Juan Cristóstomo se refiere a Santa María como «auxilio potentísimo de Dios».

Con el paso del tiempo, se populariza la labor de la Virgen para auxiliar a los enfermos, los débiles, los pobres, los gobernantes y otras personas que necesitan de su poderosa intercesión.

 

El 24 de mayo, pero también el 1 de octubre

En Europa y América, el 24 de mayo y María Auxiliadora van de la mano. Sin embargo, en las naciones de Asia Menor se celebra esta advocación el 1 de octubre desde antes del año 1000. Precisamente, ese mismo día pero del año 1030, Ucrania (Rusia) quedó liberada de la invasión de una terrible tribu de bárbaros paganos, por lo que desde entonces se conmemora en esa fecha María ‘Prokow’ (Auxiliadora).

 

Clave en las batallas

La Batalla de Lepanto supuso una victoria histórica de la cristiandad frente al poderoso ejército mahometano el 7 de octubre de 1571. El triunfo se atribuyó a la Virgen, cuya intercesión se había pedido a través del rezo del Rosario. Al año siguiente, el Papa San Pío V introdujo en las letanías la advocación ‘María Auxiliadora, rogad por nosotros’.

Años más tarde, en el siglo XVII, los católicos del sur de Alemania prometieron a la Virgen honrarla con el título de Auxiliadora si los libraba de la invasión protestante. La Madre de Dios concedió el favor y decenas de capillas tomaron el nombre de María Auxiliadora de los cristianos.

También la victoria de los católicos sobre los enemigos de la religión en Viena, en 1683, supuso la creación de las Cofradías de María Auxiliadora en tierras alemanas, que se fueron expandiendo por otros países.

 

Al rescate del Papa

En 1814, el Papa Pío VII cayó preso del general Napoleón. El Santo Padre quedó libre inesperadamente gracias a las súplicas a la Virgen. Llegó a Roma el 24 de mayo y decidió agradecer el favor de la Madre de Dios estableciendo ese día la fiesta de María Auxiliadora.

 

Patrona de China

La devoción a María Auxiliadora en China se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. El santuario mariano de Sheshan, en Shanghái, se ha convertido en el lugar de referencia para venerar a la Madre de Dios con el título de Auxiliadora.

En la actualidad, los fieles católicos de China sufren la división institucional de la Iglesia en el país, propiciada por el rechazo del Gobierno a reconocer la autoridad del Vaticano. Por este motivo, Benedicto XVI instituyó en 2007 que el 24 de mayo se ore especialmente por el pueblo católico de China. Una tradición que sigue promoviendo el Papa Francisco.

 

fuente: salesianos.info

Papa en Regina Coeli: el amor abre horizontes de esperanza

El Papa Francisco ha orado en la Plaza de San Pedro, junto a miles de peregrinos, el Regina Coeli. Ha expresado que el amor “nos estimula a dialogar y nos ayuda a escucharnos y conocernos”

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano

El Papa comenzó la reflexión recordando el texto del Evangelio de Juan 13,34, correspondiente a la liturgia del quinto domingo de pascua. Son “las palabras que Jesús dirigió a los discípulos en el «discurso de despedida» antes de su pasión”.

En esas palabras, afirma el Papa, Jesús les dice: «Les doy un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros como yo les he amado: ámense así unos a otros.»(Jn 13, 34). ¿En qué sentido llama Jesús este mandamiento «nuevo»? El Papa recuerda que el amor al prójimo es un precepto que ya está presente tanto en el Antiguo Testamento (Lv 19:18), así como en el Nuevo Testamento (Mt 22; 38-39).

 

La novedad de Jesús

Entonces, insiste: “¿cuál es la novedad de este mandamiento que Jesús confía a sus discípulos antes de dejar este mundo?” Y responde: “El antiguo mandamiento del amor se ha vuelto nuevo porque se completó con esta adición: » como yo los he amado «. La novedad está en el amor de Jesucristo, quien dio su vida por nosotros”.

Francisco subraya las implicaciones del contexto: “En ese momento de extrema caída y abandono al Padre, el Hijo de Dios ha mostrado y dado al mundo la plenitud del amor. Reflexionando sobre la pasión y agonía de Cristo, los discípulos entendieron el significado de esas palabras suyas: » como yo los he amado, ámense así unos a otros»… “Al darnos el nuevo mandamiento, nos pide que nos amemos no solo y no tanto con nuestro amor, sino con el suyo, que el Espíritu Santo infunde en nuestros corazones si lo invocamos con fe”.

 

 

La fuerza del amor de Dios

Entonces, afirma el Papa: “De esta manera, y solo de esta manera, podemos amarnos unos a otros no solo como nos amamos a nosotros mismos, sino como Él nos amó, eso es muchísimo más. Dios nos ama mucho más de lo que nos amamos a nosotros mismos”. Y aquí radica la novedad de esta praxis de Jesús: “Este amor nos hace nuevos hombres, hermanos y hermanas en el Señor, y nos hace el nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, en la que todos estamos llamados a amar a Cristo y en Él a amarnos unos a otros”.

 

 

La fuerza transformadora del amor

Después, el Papa nos recuerda que el amor de Jesús se manifiesta en la cruz, allí transforma nuestro corazón de piedra en uno de carne. Allí, en la cruz, “aprendemos a amar a nuestros enemigos y a perdonar a quienes nos han ofendido” … “Eso nos estimula a dialogar y nos ayuda a escucharnos y conocernos”.

 

 

El amor nos abre a los otros

Finalmente, afirma el Papa: “El amor nos abre al otro, convirtiéndose en la base de las relaciones humanas. Nos permite superar las barreras de nuestras propias debilidades y prejuicios, crea puentes, enseña nuevas formas, desencadena el dinamismo de la fraternidad”.

El Papa invocó la intercesión de la Virgen María para que nos ponga con su hijo y que el Espíritu Santo nos dé la fuerza para poner en práctica esta palabra.

 

 

Saludos a la comunidad

Al terminar la plegaria, el Papa recordó a María Guadalupe Ortiz de Landázuri, laica del Opus Dei y que fue beatificada el sábado pasado en España. “Su testimonio es un ejemplo para mujeres cristianas involucradas en investigaciones sociales y científicas. ¡Aplaudimos a la nueva Beata!”

También saludó a los peregrinos venidos de México, California, Haití; a los fieles de Córdoba (España) y de Viseu (Portugal) y a los alumnos de Pamplona y Lisboa.

El Papa saludó también a las Canónicas de la Cruz en el centenario de su fundación; a los líderes de la Comunidad de San Egidio; a los peregrinos polacos, en particular a los scouts, acompañados por el Ordinario Militar, que llegó en el 75 aniversario de la batalla de Montecasino.

Saludó a los fieles de Biancavilla y Cosenza; Pallagorio con el coro, los chicos de la Confirmación de Senigallia y Campi Bisenzio; el coro de San Marzano en Sarno y el de San Michele en Bolzano; la Escuela de las Hijas de Santa Ana en Bolonia y los ciclistas del Hospital Bambino Gesù.

 

fuente: vaticannews.va

Catequesis del Papa: “Jesús nos ha liberado del mal, luchando por convertirlo”

«Líbranos del mal», la última invocación de la oración del Padre Nuestro, tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 15 de mayo de 2019.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Queridos hermanos y hermanas, hoy reflexionamos sobre la última invocación del padrenuestro que dice: «Líbranos del mal». No basta pedir a Dios que no nos deje caer en la tentación, sino que debemos ser liberados de un mal que intenta devorarnos. La oración cristiana es consciente de la realidad que le rodea y pone al centro la súplica a Dios, especialmente en los momentos en el que la amenaza del mal se hace más presente”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del tercer miércoles de mayo de 2019, continuando con su ciclo de catequesis dedicadas a la oración del Padre Nuestro.

 

Una oración filial y no una oración infantil

En su catequesis, el Santo Padre señaló que finalmente, hemos llegado a la séptima petición del Padre nuestro: “Líbranos del mal”. El verbo griego original es muy fuerte, precisó el Papa, evoca la presencia del maligno que tiende a agarrarnos y mordernos y del cual se le pide a Dios que nos libere. El apóstol Pablo dice que el maligno, el diablo está a nuestro alrededor como un león furioso, para devorarnos y nosotros pedimos a Dios que nos libere. “Con esta doble súplica: ‘no nos abandones’ y ‘líbranos’ – explicó el Pontífice – surge una característica esencial de la oración cristiana. Jesús enseña a sus amigos a poner la invocación del Padre ante todo, incluso y sobre todo en los momentos en que el maligno hace sentir su presencia amenazante”. De hecho, agregó el Papa, la oración cristiana es una oración filial y no una oración infantil. No está tan exaltada por la paternidad de Dios como para olvidar que el camino del hombre está lleno de dificultades.

“Si no existiesen los últimos versículos del Padre nuestro, ¿cómo podrían orar los pecadores, los perseguidos, los desesperados, los moribundos?”

Un mal misterioso que no es obra de Dios

El Papa Francisco afirmando que en nuestras vidas hay un mal, que es una presencia indiscutible, que los libros de historia nos dan un sombrío catálogo de lo mucho que nuestra existencia en este mundo ha sido una aventura a menudo fracasada. “Hay un mal misterioso, que ciertamente no es obra de Dios – precisó el Pontífice – sino que penetra silenciosamente entre los pliegues de la historia. A veces parece tomar ventaja: en algunos días su presencia parece más nítida que la de la misericordia de Dios”.

Nadie puede decir que está libre del mal

Ante esta constatación de la presencia del mal en la historia y en la vida del hombre, el Santo Padre recuerda que, el hombre que ora no es ciego, y ve ante sus ojos este engorroso mal tan claro, y tan en contradicción con el misterio mismo de Dios. Lo ve en la naturaleza, en la historia, incluso en su propio corazón. Porque no hay nadie entre nosotros que pueda decir que está libre del mal, o al menos que no sea tentado por él. “El último grito del Padre Nuestro – subrayó el Papa – se lanza contra este mal, que tiene bajo su paraguas las más diversas experiencias: el luto del hombre, el dolor inocente, la esclavitud, la instrumentalización del otro, el llanto de niños inocentes. Todos estos acontecimientos protestan en el corazón del hombre y se convierten en voz en la última palabra de la oración de Jesús”.

“Del perdón de Jesús en la cruz surge la paz, el don del Resucitado, más fuerte que todo mal: ¡ésta es nuestra esperanza!”

Jesús experimenta todo el dolor del mal

Es precisamente en los relatos de la Pasión, puntualizó el Pontífice, que algunas expresiones del Padre Nuestro encuentran su eco más impresionante: “¡Abba! ¡Padre! ¡Todo es posible para ti: aleja este cáliz de mí! Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”. Jesús experimenta todo el dolor del mal. No sólo la muerte, sino la muerte en una cruz. No sólo la soledad, sino también el desprecio. No sólo malicia, sino también crueldad. Esto es lo que es el hombre: un ser lanzado a la vida, que sueña con el amor y la bondad, pero que luego expone continuamente a sí mismo y a sus semejantes al mal, hasta el punto de que podemos ser tentados a la desesperación del hombre.

 

Así el Padre Nuestro, señaló el Santo Padre, se asemeja a una sinfonía que pide ser cumplida en cada uno de nosotros. El cristiano sabe lo subyugante que es el poder del mal, y al mismo tiempo experimenta lo mucho que Jesús, que nunca cedió a sus halagos, está de nuestro lado y viene en nuestra ayuda. “Así – concluyó el Pontífice – la oración de Jesús nos deja la más preciosa de las herencias: la presencia del Hijo de Dios que nos ha liberado del mal, luchando por convertirlo. En la hora de la batalla final, ordena a Pedro de poner su espada en la vaina, al ladrón arrepentido le asegura el paraíso, a todos los hombres que lo rodeaban, inconscientes de la tragedia que estaban realizando, ofrece una palabra de paz: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

La paz, el más preciado don del Resucitado

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y de Latinoamérica, en modo particular a los sacerdotes participantes en el curso de actualización promovido por el Pontificio Colegio Español de San José. “Los animo a que recen con espíritu renovado la oración que el Señor nos dejó, y a que la enseñen a cuantos los rodean, para que, reconociendo a Dios como Padre, nos conceda la paz, el más preciado don del Resucitado, más fuerte que ningún mal”.

fuente: vaticannews.va