Papa: está la misericordia de Dios, pero también su ira

No dejarte vencer por tus pasiones, no esperar convertir tu corazón a Dios. El Santo Padre invitó – en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta – a hacer cada día un examen de conciencia, un breve balance de las acciones que se llevan a cabo porque “ninguno de nosotros está seguro acerca de cómo terminará su vida”

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Detenerse, tomar conciencia de los propios fracasos, saber que el fin puede llegar en cualquier momento y no vivir repitiendo que la compasión de Dios es infinita: una justificación para hacer lo que uno quiere. El Papa Francisco, en su homilía en la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, retomó “los consejos” contenidos en el Libro del Eclesiástico, exhortando a cambiar el corazón y convertirse al Señor.

 

Domina las pasiones

Francisco puso de manifiesto que “la sabiduría es cosa de todos los días”, que nace de la reflexión sobre la vida y del hecho de detenerse a pensar cómo se ha vivido. Proviene del escuchar sugerencias, como las del Eclesiástico, que se asemejan a las indicaciones “de un padre a un hijo, de un abuelo a un nieto”.

No sigas tu instinto, tu fuerza, complaciendo las pasiones de tu corazón. Todos tenemos pasiones. Pero ten cuidado, domina las pasiones. Tómalas en tus manos. Las pasiones no son malas, son, digamos, la “sangre” para llevar a cabo muchas cosas buenas, pero si no eres capaz de dominar tus pasiones, ellas te dominarán a ti. Detente, detente.

 

No pospongas tu conversión

Aludiendo a la relatividad de la vida, el Papa citó el versículo de un Salmo que dice: “Ayer pasé – dijo Francisco – y vi a un hombre; hoy volví y ya no estaba”. No somos eternos – subrayó el Pontífice – no podemos pensar en hacer lo que queremos, confiando en la infinita misericordia de Dios.

No seas tan imprudente, tan atrevido como para creer que te saldrás con la tuya. “Ah, me he salido con la mía hasta ahora, me saldré con la mía…”. No. Te saliste con la tuya, sí, pero ahora no lo sabes… No digas: “La compasión de Dios es grande, me perdonará mis muchos pecados”, y así yo sigo haciendo lo que quiero. No digas eso. Y el consejo final de este padre, de este “abuelo”: “No esperes a convertirte al Señor”, no esperes a convertirte, a cambiar tu vida, a perfeccionar tu vida, a quitarte esa hierba mala, todos la tenemos, a quitarla… “No esperes a convertirte al Señor y no la pospongas día tras día porque la ira del Señor estallará de repente”.

 

5 minutos para cambiar el corazón

“No esperar para convertirse”: es la invitación del Papa con la que exhorta a no retrasar el cambio de la propia vida, a tocar con la mano los propios fracasos y decepciones que cada uno tiene, y a no tener miedo, sino a ser más capaces de dominar lo que nos apasiona.

Hagamos cada día este pequeño examen de conciencia para convertirnos al Señor: “Mañana intentaré que esto no vuelva a suceder”. Sucederá, tal vez, un poco menos, pero has logrado gobernarte a ti mismo y no a ser gobernado por tus pasiones, por las muchas cosas que suceden, porque ninguno de nosotros está seguro acerca de cómo terminará la propia vida y cuándo terminará. Estos cinco minutos al final del día nos ayudarán, nos ayudarán mucho a pensar y a no posponer el cambio del corazón y la conversión al Señor. Que el Señor nos enseñe con su sabiduría a seguir por este camino.

fuente: vaticannews.va

Papa Francisco: seis años de Pontificado con la fuerza del Espíritu

En este aniversario, repasemos juntos los aspectos espirituales del Magisterio del Papa Francisco, a veces silenciados por la dimensión social amplificada por los medios de comunicación: del cristocentrismo de la fe en el poder de la oración, de la santidad de la vida cotidiana a la dimensión mariana

Sergio Centofanti – Ciudad del Vaticano

Han pasado seis años desde aquel 13 de marzo de 2013, cuando fue elegido el primer Papa del continente americano, el primer jesuita, el primero con el nombre de Pobre de Asís. Más allá de los acontecimientos y de los hechos más famosos de estos 2191 días con el Papa Francisco, 265º Sucesor de Pedro, podemos subrayar 10 puntos de su pontificado, más específicamente espirituales, que no siempre aparecen en las crónicas.

 

1. Vivir la fe es encontrarse con Jesús

En el centro del magisterio del Papa Francisco está el misterio del encuentro con el Señor, verdadero Dios y verdadero hombre, del que brota el primer anuncio, el «kerygma»: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo, a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (Evangelii gaudium, 164). La fe no es una ideología -las ideas dividen y levantan muros- sino un encuentro concreto con nuestro Salvador que nos mueve a encontrarnos con los demás, cambiando nuestras vidas para siempre: de este encuentro de amor nace el deseo de llevar la alegría del Evangelio al mundo. Es la fuerza del amor de Jesús, vivido en primera persona, lo que nos impulsa a decir la buena nueva, que es para todos: los cristianos no son más que pobres mensajeros que tienen que decir algo infinitamente más alto que ellos mismos.

 

2. Oración: Dios es nuestro Padre y nosotros somos hermanos y hermanas

La oración -dice el Papa Francisco- es la base de la vida cristiana: sustancialmente, más allá de las palabras, significa estar con Dios, confiarse al Padre. La verdadera oración es una relación viva, una experiencia cotidiana, hecha de escucha y diálogo, de consuelo y liberación, pero también de cólera: «Esto también es oración. Le gusta cuando te enfadas y le dices en su cara lo que sientes, porque es un Padre».  En la prueba -observa- la oración del «por qué» puede fluir de nuestros corazones: un grito lanzado en las tinieblas de la tribulación, porque nadie puede entender plenamente el dolor. Orar -afirma Francisco- es comprender que somos hijos de un único Padre que no nos abandona y nos hace descubrir hermanos más allá de nuestras pequeñas fronteras. Orar es salir al encuentro del otro, un misterio de amor que siempre ha estado en la mente de su Creador.

 

3. El Espíritu Santo está perturbando

Un aspecto fuerte de este pontificado es la invitación a dejarse cambiar por el Espíritu Santo. La vida del cristiano -repite a menudo el Papa- es una conversión continua, un éxodo diario del yo hacia ti, del cierre a la salida, de la defensa a la recepción: es una necesidad de profunda renovación espiritual que choca con nuestra resistencia a no dejarnos transformar por la caridad, tal vez en nombre de una verdad que queremos poseer como un paquete de doctrinas que no dejan lugar a dudas. En cambio, subraya el Papa, el Espíritu «perturba» con sus sorpresas, avanza con sus fuerzas, hace crecer en la fe con su sabiduría, pero también con sus dudas: «En un sentido positivo», las dudas «son un signo de que queremos conocer mejor a Jesús y el misterio de su amor por nosotros. El Espíritu Santo nos hace verdaderos evangelizadores: no buscadores de prosélitos para adoctrinar y encerrar en una secta, sino simples portadores de la Verdad hecha persona, que no se impone sino que nos hace libres.

 

4. Una Iglesia con puertas abiertas

La Iglesia es un sacramento de salvación y por eso -dice el Papa- «está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre». Aunque puede suceder que «actuemos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa del padre donde hay lugar para cada uno con su vida cansada». «Ni siquiera las puertas de los sacramentos deben estar cerradas por ninguna razón. Inventamos el octavo sacramento, dice, el de las costumbres pastorales. Así pues, «la Eucaristía, aunque constituye la plenitud de la vida sacramental, no es una recompensa para el perfecto, sino un generoso remedio y alimento para el débil. Estas convicciones – observa el Papa Francisco – tienen también consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia». La comunidad cristiana está llamada a convertirse en un buen samaritano para inclinarse sobre los hermanos y hermanas heridos que quedan a un lado del camino. Pero es necesario no encerrar a Jesús en los templos: está llamando a la puerta para salir y dar vida.

 

5. Una continua renovación espiritual

La Iglesia, pueblo de Dios -dice el Papa-, está llamada a renovarse constantemente para ser cada vez más fiel a Cristo. Es un dinamismo interior movido por el Espíritu que hace comprender mejor las verdades cristianas y hace crecer la comprensión de la fe: es ese desarrollo de la doctrina el que puede escandalizar, pero que en 2000 años de historia ha dado muchos pasos que hoy nos parece que se dan por sentados. El peligro es absolutizar un momento histórico dado y cristalizarlo en una forma particular, perdiendo la perspectiva de un viaje. Es una Iglesia que se deja purificar en las pruebas, como el escándalo de los abusos, «una Iglesia pobre para los pobres» que existe para servir y saber caminar juntos, clero, religiosos y laicos, hombres y mujeres, más allá de cualquier tentación de clericalismo. Es la perversión mundana del sacerdocio: de ser una fuerza vital de salvación, se convierte en una mano depredadora que roba y devasta. El Papa hizo un fuerte llamamiento a los pastores para que no sean príncipes, sino pastores que compartan la alegría y el sufrimiento de la comunidad. En la conciencia de que somos un «no pueblo» y sólo Dios nos hace su «pueblo».

 

6. La verdadera fe nos pone en crisis

El Papa Francisco ha puesto tanto de nuestro cristianismo en crisis. Al hacerlo, Jesús espoleó a los así llamados vecinos, luego fueron escribas y fariseos, y lanzó puentes hacia los así llamados lejanos. Obligó, con un lenguaje a menudo fuerte y colorido, a tomar posición sobre sus palabras: podemos aceptarlas con humildad dejándonos corregir o rechazarlas con indignación ofendida. «Una fe que no nos pone en crisis -dijo- es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer; una fe que no nos cuestiona es una fe sobre la que debemos cuestionarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe animarnos; una fe que no nos molesta es una fe que debe ser molestada». Porque Dios, que se hace hombre y muere, crucificado por nosotros y resucita, no puede dejar de molestar. Los fariseos tenían todo claro acerca de la fe, así que la poseían como un objeto y podían manejarla, preservando la seguridad de su poder; y podían engañar a Dios. En cambio, Jesús nos llama a seguirlo en sus caminos que no son nuestros caminos. A veces el lenguaje de Francisco puede no gustarle, puede parecer duro, pero es un estímulo para repensar siempre la propia fe porque no la damos por sentada y no caemos en un riesgo fácil para los que se consideran cercanos: la hipocresía.

 

7. La caridad por encima de todo

La esencia del cristianismo -repite el Papa- es la caridad. Podemos anunciar al mundo las verdades más grandes de la fe dando incluso vida, haciendo maravillas y cazando demonios, pero sin amor no somos nada. La caridad no es una abstracción. Francisco no se cansa de recordar que al final de nuestras vidas seremos juzgados por algo muy concreto. Y cita a menudo el capítulo 25 del Evangelio de Mateo: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis, desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, encarcelado y vinisteis a visitarme». En esta continua llamada a la atención de los pobres, de los migrantes y de los sufrimientos de todo tipo, a quienes quiere abrazar por primera vez en las audiencias, a veces no se entiende al Papa, se le acusa de hacer prevalecer el aspecto social sobre el trascendente. Todo lo contrario. Este llamamiento tiene una raíz escatológica profunda: pensar en el juicio final. En la tarde de la vida será nuestro amor concreto en esta vida el que nos juzgará. Si no reconocemos a Cristo en el rostro de los pobres, no reconoceremos a Jesús cuando lo veamos cara a cara.

 

8. La santidad es la misericordia de la vida cotidiana

Este es el tiempo de la misericordia. Es otra frase de Francisco a menudo malentendida, como si cayera en la bondad relativista. La misericordia del Señor, repite el Papa, es infinita, pero si no la aceptamos tomamos la llamada ira de Dios. Es el infierno, el rechazo del amor de Dios. El Todopoderoso sólo se detiene ante una cosa: nuestra libertad. Por eso el Papa hace la distinción entre pecadores y corruptos. Todos somos pecadores, y Francisco se pone en primera línea, pero los corruptos son los que se sienten justos y no quieren aceptar el perdón de Dios. Los santos, en cambio, son los que aceptan la misericordia divina en su debilidad y la derraman sobre los demás. Son pecadores que se dejan elevar continuamente por el amor gratuito de Dios, que les da la fuerza para gastar su vida por los demás, en el silencio de la vida cotidiana.

 

9. El cristiano está en el mundo, pero no en el mundo

Francisco da un fuerte sentido espiritual a sus palabras y, en línea con toda tradición, ve al cristiano comprometido en el mundo, pero con los ojos del cielo. La invocación «ven a tu reino» es trabajar en esta tierra para construir ya desde aquí el reino del amor de Dios. El cristiano no es aquel que se encierra en su propio intimismo religioso, sino que trae su ladrillito para construir la paz, la justicia y la fraternidad en la sociedad. De ahí las denuncias del Papa contra los mercaderes de la muerte que ganan en las guerras, contra una economía que mata y descarta a los más débiles, contra colonizaciones ideológicas, como la teoría del género, que atacan la vida, la familia, la libertad de educación y la conciencia. Francisco escribió una encíclica sobre el cuidado de la creación, no porque sea un «Papa verde», como algunos lo han definido, sino porque cuidar de la casa común es administrar un bien que Dios nos ha confiado para el bien de todos. Al no cuidar el medio ambiente en el que nos encontramos, hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres más pobres, sin calcular el daño para las generaciones futuras. La llamada del Papa Francisco a los cristianos no es a alejarse del mundo, sino a comprometerse con las cosas del mundo de una manera cristiana.

 

10. La ayuda de María y la lucha contra el diablo

Francisco cita a menudo al diablo. No se avergüenza de aparecer como alguien que habla de cosas consideradas medievales por muchos. «El diablo también existe en el siglo XXI», dijo. Detrás del mal que hace el hombre está Satanás. Dice esto no para menospreciar las responsabilidades del hombre, sino para dejar claro que la mayor lucha es en el nivel espiritual. El diablo es el que divide: quiere dividirnos de Dios y de nuestros hermanos y hermanas, divide a los pueblos, a las comunidades, a la Iglesia, a las familias. Dice mentiras, acusa, es un enemigo, mata. Francisco siempre apela a María en esta lucha. Se confía a la Madre de Dios, como lo hace al principio y al final de cada viaje internacional, cuando se dirige a Santa Maria Maggiore para rezar ante el icono del Salus Populi Romani. El Papa exhortó a los fieles a seguir rezando el Rosario todos los días, a pedir por intercesión de María y de San Miguel Arcángel la protección de la Iglesia de los ataques del diablo. El Rosario, dice, es su oración del corazón. Francisco nos invita a creer en la fuerza de la oración y al final de cada discurso hace esta petición, que ahora nos es familiar: «No olviden orar por mí». Y de vez en cuando añade: «¡Lo necesito!».

 

Algunos datos sobre el pontificado

En los seis años de su pontificado, Francisco ha pronunciado más de 1000 homilías, de las cuales más de 670 en las Misas de Santa Marta, ejemplo de vívida lectio divina a braccio. Más de 1200 discursos públicos, 264 catequesis en la audiencia general el miércoles (sobre los siguientes temas: Año de la fe, en particular el Credo, los Sacramentos, los dones del Espíritu Santo, la Iglesia, la familia, la misericordia, la esperanza cristiana, la Santa Misa, el Bautismo, la Confirmación, los Mandamientos, la oración del Padre Nuestro). Y también: 342 pequeñas catequesis sobre el Evangelio del domingo y los días festivos con ocasión del Ángelus y Regina Caeli; dos Encíclicas (Lumen fidei, completando lo que comenzó Benedicto XVI, y Laudato si’); tres Exhortaciones apostólicas (Evangelii gaudium, texto programático del pontificado y fundamental para comprenderlo en su amplitud, y luego Amoris laetitia y Gaudete et exsultate); 36 Constituciones apostólicas (Episcopalis communio, Veritatis gaudium y Vultum Dei quaerere); 27 Motu proprio; una Bula para la proclamación del Jubileo de la Misericordia (Misericordiae Vultus). El Papa presidió tres Sínodos, dos sobre la familia y uno sobre los jóvenes, realizó 27 viajes internacionales con 41 países visitados (de todos los continentes excepto Oceanía) y 24 viajes a Italia. Entre las numerosas canonizaciones recordamos a los tres Papas, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II, y luego a la Madre Teresa de Calcuta, Monseñor Romero, a los dos hijos pastores de Fátima Jacinta y Francisco Marto, a los padres de Santa Teresa del Niño Jesús, a las dos místicas Ángela da Foligno e Isabel de la Trinidad. Finalmente, tiene una cuenta en Twitter en 9 idiomas (@pontifex), con 48 millones de seguidores, y en Instagram (Franciscus) tiene casi 6 millones de seguidores.

fuente: vaticannews.va

Mirando lo esencial. Sexto aniversario del pontificado

Francisco ha vivido y está a punto de vivir meses intensos entre viajes y sínodos. Su sexto año se caracterizó por la plaga de abusos y sufrimientos por algunos ataques internos: la respuesta fue una invitación a volver al corazón de la fe.

Andrea Tornielli – Ciudad del Vaticano

En el sexto aniversario de la elección, el Papa Francisco vive un año lleno de importantes viajes internacionales, marcados al principio y al final por dos acontecimientos «sinodales»: el encuentro para la protección de los menores que tuvo lugar en el Vaticano el pasado mes de febrero con la participación de los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, y el Sínodo especial sobre la Amazonia, que se celebrará -de nuevo en el Vaticano- el próximo mes de octubre. El reciente viaje a los Emiratos Árabes, en el que el obispo de Roma firmó una declaración conjunta con el Gran Imán de Al-Azhar, ha tenido un gran impacto. Un documento que se espera que tenga consecuencias en el campo de la libertad religiosa. El tema ecuménico prevalecerá en los próximos viajes a Bulgaria y luego a Rumania, mientras que el viaje deseado, pero aún no oficial, a Japón ayudará a recordar la devastación causada por las armas nucleares como una advertencia para el presente y el futuro de la humanidad que experimenta la «tercera guerra mundial en pedazos» de la que el Papa habla a menudo.

Pero una mirada al año pasado no puede ignorar el resurgimiento del escándalo de los abusos y las divisiones internas que llevaron el pasado mes de agosto al ex nuncio Carlo Maria Viganò, justo cuando Francisco estaba celebrando la Eucaristía con miles de familias en Dublín proponiendo la belleza y el valor del matrimonio cristiano, para pedir públicamente la dimisión del Papa por la gestión del caso McCarrick. Ante estas situaciones, el Obispo de Roma pidió a todos los fieles del mundo que rezaran el Rosario todos los días, durante todo el mes mariano de octubre de 2018, para unirse «en comunión y penitencia, como pueblo de Dios, pidiendo a la Santa Madre de Dios y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia del demonio, que siempre quiere separarnos de Dios y entre nosotros».

Una petición tan detallada no tiene precedentes en la historia reciente de la Iglesia. En sus palabras y en su llamada al pueblo de Dios a orar para mantener unida a la Iglesia, Francisco nos hizo comprender la gravedad de la situación y, al mismo tiempo, expresó su conciencia cristiana de que no hay remedios humanos que puedan garantizar una salida.

Una vez más, el Papa recordó lo esencial: la Iglesia no está formada por superhéroes (ni siquiera superpapas) y no sigue adelante en virtud de sus recursos humanos o estrategias. Sabe que el maligno está presente en el mundo, que el pecado original existe, y que para salvarnos necesitamos ayuda de lo alto. Repetirlo no significa disminuir las responsabilidades personales de los individuos y las de la institución, sino situarlas en su contexto real.

El Papa, en el comunicado sobre las intenciones del mes de octubre pasado, solicita a todos los fieles del mundo que oren para que la Santa Madre de Dios ponga a la iglesia bajo su manto protector, para preservarla de los ataques del maligno, el gran acusador, y al mismo tiempo nos ayude a hacerla cada vez más consciente de los abusos y errores cometidos en el presente y en el pasado.

En el presente y en el pasado, porque sería un error «descargar» la culpa sobre los que nos precedieron y presentarnos como «puros». Incluso hoy la Iglesia debe pedir a Dios que la libere del mal. Un hecho de realidad que el Papa, en continuidad con sus predecesores, ha recordado constantemente.

La Iglesia no se redime de los males que la afligen. Incluso del horrible abismo del abuso sexual cometido por clérigos y religiosos, uno no escapa por la fuerza de los procesos de auto-purificación ni confiándose a aquellos que se han investido del rol de purificador. Las normas, la responsabilidad y la transparencia, cada vez más eficaces, son necesarias e incluso indispensables, pero nunca serán suficientes. Porque la Iglesia, como nos recuerda hoy el Papa Francisco, no es autosuficiente y da testimonio del Evangelio a muchos hombres y mujeres heridos de nuestro tiempo precisamente porque ella también se reconoce como mendiga de sanación, necesitada de misericordia y del perdón de su Señor. Tal vez nunca antes, como en el año turbulento que acaba de pasar, el sexto de su pontificado, el Papa, que se presenta como «pecador perdonado», siguiendo las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y de su inmediato predecesor Benedicto XVI, ha dado testimonio de este hecho esencial y más relevante de la fe cristiana.

fuente: vaticannews.va

El Papa en Ariccia para la semana de Ejercicios Espirituales

Ayer a las 16.00, el Santo Padre Francisco junto a los Cardenales y Obispos de la Curia Romana, partió con destino a la cercana localidad de Ariccia donde se encuentra la Casa del Divino Maestro en la que se celebran los Ejercicios Espirituales en preparación a la Pascua y cuya predicación, este año, corre a cargo del monje benedictino Bernardo Francesco Maria Gianni

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

“Les pido a todos ustedes que se acuerden en sus oraciones de mí y de mis colaboradores de la Curia romana; esta tarde comenzaremos la semana de Ejercicios Espirituales”. Con este tuit publicado ayer, Primer Domingo de Cuaresma, en su cuenta oficial de tuiter @Pontifex, el Santo Padre recordó cuanto hará durante esta semana, en la Casa del Divino Maestro de Ariccia, en la zona conocida como los Castillos de Roma, que forman un grupo de municipios de la Provincia de Roma, a corta distancia al sureste de la capital italiana, en las colinas Albanas.

 

Quedan suspendidas las audiencias pontificias

El Papa Bergoglio, junto a los Cardenales y Obispos de la Curia Romana permanecerá en esta localidad hasta al viernes 15 de marzo. Y como es habitual en estos casos durante esta semana de Ejercicios Espirituales se suspenden todas las audiencias pontificias, incluida la General del próximo miércoles 13 de marzo, en que, además, se cumplirá el sexto aniversario de su elección a la Cátedra de Pedro.

La primera predicación del Abad Bernardo Francesco Maria Gianni, Prior de la Abadía de San Miniato al Monte en la ciudad italiana de Florencia tuvo lugar ayer, a partir de las 18.00 y en que comenzó a abordar el tema conductor elegido que es: “La ciudad de los deseos ardientes. Para miradas y gestos pascuales en la vida del mundo”.

Mientras el Papa Francisco escuchaba sus palabras, sentado en cuarta fila, el predicador invitó a ver “el rostro de Jesús muerto y resucitado que recompone nuestra humanidad, incluso aquella fragmentada por las labores de la vida o marcada por el pecado», como imagen de la misericordiae vultus. Y afirmó, entre otros conceptos, que en su misión las personas consagradas están llamadas a «una vida sencilla y profética en su sencillez, en la que se tiene al Señor ante los ojos y en las manos”, sin que sirva nada más.

Sí, porque la vida es Él, la esperanza es Él, el futuro es Él. “La vida consagrada es esta visión profética en la Iglesia, es la mirada que ve a Dios presente en el mundo, aunque muchos no se den cuenta”; tal como el mismo Santo Padre lo afirmó el pasado 2 de febrero al dirigirse a las personas consagradas. “Son palabras – dijo el Abad Gianni – que creo que pueden resonar aquí para todos nosotros”.

 

Dos meditaciones diarias en preparación a la Pascua

De lunes a jueves el predicador propondrá dos meditaciones diarias que comenzarán, respectivamente, a las 10.00 y a las 16.30. Mientras el viernes 15 de marzo, el Abad Bernardo Francesco Maria Gianni ofrecerá sólo la matutina, después de lo cual el Papa y la Curia Romana regresarán a la Ciudad del Vaticano. Este retiro comienza cada día con la celebración de la Misa y se concluye con las Vísperas y la Adoración Eucarística.

 

“ La vida consagrada es esta visión profética en la Iglesia, es la mirada que ve a Dios presente en el mundo, aunque muchos no se den cuenta ”

Temas de las meditaciones

Los temas de las diez meditaciones son: “Estamos aquí para esto”, que contó, ayer, a modo de introducción, con una inspiración a partir de una poesía de Mario Luzi (uno de los poetas italianos más prestigiosos del Siglo XX, fallecido en Florencia en el 2005).

Lunes: “El sueño de Giorgio La Pira” (político italiano y católico dos veces elegido alcalde de Florencia, quien también fue diputado por el partido de la Democracia Cristiana y participó en la asamblea que redactó la Constitución de la República Italiana tras el fin de la Segunda Guerra Mundial) y “Estamos aquí para reavivar las brasas con nuestro aliento”.

Martes: “El presente de la infamia, la sangre, la indiferencia» y «¿Recuerdas?». Miércoles: “Los deseos ardientes” y “Sus banderas de paz y amistad”. Jueves: “Estrechemos la mano” y “La noche se llenó de estrellas”. Viernes: “La ciudad en la montaña”, como conclusión.

fuente: vaticannews.va

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA DE 2019

«La creación, expectante, está aguardando
la manifestación de los hijos de Dios»
 (Rm 8,19)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

Vaticano, 4 de octubre de 2018
Fiesta de san Francisco de Asís

Francisco

Miércoles de Ceniza

Hoy es el miér­co­les lla­ma­do “de Ce­ni­za”, día en que co­mien­za la Cua­res­ma, pe­rí­o­do de 40 dí­as en el cual los cris­tia­nos se de­di­can a la ora­ción, las pri­va­cio­nes vo­lun­ta­rias, la li­mos­na y los ac­tos de ca­ri­dad y mi­se­ri­cor­dia co­mo pre­pa­ra­ción pa­ra ce­le­brar la pa­sión, muer­te y re­su­rrec­ción de Je­su­cris­to.

En es­te dí­a, en el que se prac­ti­ca el ayu­no y la abs­ti­nen­cia de car­ne, se efec­túa el ri­to de la im­po­si­ción de la ce­ni­za en la ca­be­za de los fie­les. Se tra­ta de las ce­ni­zas de los ra­mos de oli­vo del año an­te­rior.

El sig­no es pe­ni­ten­cial, por eso el sa­cer­do­te al im­po­ner es­tas ce­ni­zas, di­rá: “Re­cuer­da que eres pol­vo y al pol­vo vol­ve­rás”. Una fra­se que pro­vie­ne del li­bro del Gé­ne­sis y que re­cuer­da a to­do hom­bre y mu­jer su con­di­ción li­mi­ta­da y mor­tal y que de­be po­ner su con­fian­za en el Se­ñor, úni­co Dios.


Du­ran­te es­tos dí­as la li­tur­gia adop­ta pa­ra las ce­le­bra­cio­nes el co­lor mo­ra­do, sím­bo­lo de la aus­te­ri­dad cua­res­mal.


La Cua­res­ma

Es­te tiem­po li­túr­gi­co lla­ma a la con­ver­sión pa­ra pre­pa­rar la gran fies­ta de la Pas­cua. Es tiem­po pa­ra arre­pen­tir­se de los pe­ca­dos y cam­biar pa­ra ser me­jo­res y po­der vi­vir más cer­ca de Cris­to.

La Cua­res­ma du­ra 40 dí­as, co­mien­za el Miér­co­les de Ce­ni­za y ter­mi­na el Do­min­go de Ra­mos, cuan­do se ini­cia la Se­ma­na San­ta. El co­lor li­túr­gi­co es el mo­ra­do, que sig­ni­fi­ca pe­ni­ten­cia. Es un tiem­po de re­fle­xión, de pe­ni­ten­cia, de con­ver­sión es­pi­ri­tual, tiem­po de pre­pa­ra­ción al mis­te­rio pas­cual.

En la Cua­res­ma, Cris­to in­vi­ta a cam­biar de vi­da. La Igle­sia in­vita a vi­vir la Cua­res­ma co­mo un ca­mi­no ha­cia Je­su­cris­to, escu­chan­do la Pa­la­bra de Dios, oran­do, com­par­tien­do con el pró­ji­mo y ha­cien­do obras bue­nas. Tam­bién pa­ra vi­vir una se­rie de ac­ti­tu­des cris­tia­nas que ayu­dan a pa­re­cer­se más a Jesu­cris­to.

Por ello es el tiem­po del per­dón y de la re­con­ci­lia­ción fra­ter­na.

Ca­da dí­a, du­ran­te to­da la vi­da, se bus­ca des­te­rrar del co­ra­zón el odio, el ren­cor, la en­vi­dia, los ce­los que se opo­nen al amor a Dios y a los her­ma­nos. Tam­bién se apren­de a co­no­cer y apre­ciar la Cruz de Je­sús.

La du­ra­ción de la Cua­res­ma es­tá ba­sa­da en el sím­bo­lo del nú­me­ro cua­ren­ta en la Bi­blia. En és­ta, se ha­bla de los cua­ren­ta dí­as del di­lu­vio, de los cua­ren­ta años de la mar­cha del pue­blo ju­dío por el de­sier­to, de los cua­ren­ta dí­as de Moi­sés y de Elí­as en la mon­ta­ña, de los cua­ren­ta dí­as que pa­só Je­sús en el de­sier­to an­tes de co­men­zar su vi­da pú­bli­ca, de los 400 años que du­ró la es­ta­día de los is­ra­e­li­tas en Egip­to.

La prác­ti­ca de la Cua­res­ma da­ta del si­glo IV, cuan­do se da la ten­den­cia a cons­ti­tuir­la en tiem­po de pe­ni­ten­cia y de re­no­va­ción pa­ra to­da la Igle­sia con la prác­ti­ca del ayu­no y de la abs­ti­nen­cia. Con­ser­va­da con bas­tan­te vi­gor, al me­nos en un prin­ci­pio, en las igle­sias de Orien­te, la prác­ti­ca pe­ni­ten­cial de la Cua­res­ma ha si­do ca­da vez más ali­ge­ra­da en Oc­ci­den­te, pe­ro de­be ob­ser­var­se un es­pí­ri­tu pe­ni­ten­cial y de con­ver­sión.

Papa: dentro de un año la apertura de los archivos sobre Pío XII

El 2 de marzo del 2020 se abrirá el Archivo Vaticano concerniente el pontificado de Eugenio Pacelli, Pío XII. El anuncio del Papa Francisco en la audiencia a los superiores y archivistas de Archivo Secreto Vaticano, esta mañana, en la Sala Clementina.

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“He decidido que la apertura del Archivo Vaticano del Pontificado de Pío XII tendrá lugar el 2 de marzo de 2020”: con estas palabras el Papa Francisco anunció esta mañana en la audiencia a los superiores, empleados y colaboradores del Archivo Secreto Vaticano, su voluntad de abrir los archivos de la Santa Sede relativos al pontificado del Papa Pacelli.

Dirigiéndose a los 75 funcionarios del Archivo Secreto Vaticano, el Pontífice señaló que la fecha elegida es “exactamente un año después del ochenta aniversario de la elección de Eugenio Pacelli al trono de Pedro”.

El Papa inició su discurso dando la bienvenida a los presentes y tras agradecer las palabras de mons. José Tolentino de Mendonça,  saludó a Mons. Sergio Pagano, al Prof. Paolo Vian, neo viceprefecto,  a los archiveros, escritores, asistentes y empleados del Archivo Secreto Vaticano, así como a los profesores de la Escuela Vaticana de Paleografía, Diplomacia y Estudios de Archivos.

 

El 80° aniversario del pontificado de Pío XII

La ocasión de este encuentro – precisa el Papa  –  “es el feliz aniversario, que cayó anteayer mismo, de los ochenta años transcurridos desde la elección como Sumo Pontífice el 2 de marzo de 1939 del Siervo de Dios Pío XII, de venerada memoria”.

 

“Papa” en uno de los momentos más oscuros del siglo XX

Francisco constata que el Papa Pacelli tuvo que afrontar “uno de los momentos más tristes y oscuros del siglo XX, agitado y en su mayor parte desgarrado por la Segunda Guerra Mundial” y la consiguiente posguerra. La figura del Papa Pacelli, – prosigue – ha sido ya “investigada y estudiada en muchos aspectos, a veces discutidos e incluso criticados (podría decirse con algún prejuicio o exageración)” pero “hoy en día – subraya – se reevalúa oportunamente y es más,  se coloca bajo la luz justa por sus cualidades multifacéticas: sobre todo pastorales, pero también teológicas, ascéticas y diplomáticas».

 

Cultivar la memoria como se cultiva un árbol majestuoso

Agradeciendo a los presentes por el “escrupuloso trabajo” de “inventario y preparación de la importante documentación producida durante el Pontificado de Pío XII”, que vienen realizando desde el 2006 “por deseo del Papa Benedicto XVI”, el Obispo de Roma constata que se trata de un trabajo desarrollado “en silencio y lejos de los clamores”, que “cultiva la memoria” como se hace con la cultivación de un “árbol majestuoso” y dice:

“Si comparamos este árbol con la Iglesia, vemos que se extiende hacia el Cielo, donde está nuestra patria y nuestro último horizonte; pero sus raíces están en el suelo de la misma Encarnación del Verbo, en la historia, en el tiempo. Ustedes, archiveros, con su paciente esfuerzo, trabajan sobre estas raíces y ayudan a mantenerlas vivas, para que incluso las ramas más verdes y jóvenes del árbol puedan obtener buena savia para su crecimiento en el futuro”. Y es gracias a este trabajo que el Papa anuncia:

“ Este compromiso constante y no fácil, de ustedes y de sus colegas, me permite hoy, en memoria de aquel importante aniversario, anunciar mi decisión de abrir a la consulta de los investigadores la documentación de archivo relativa al Pontificado de Pío XII, hasta su muerte en Castel Gandolfo el 9 de octubre de 1958 ”

Intentos de mantener la llama de la esperanza

“Tomo esta decisión con un espíritu sereno y confiado, – agrega el Papa – seguro de que la investigación histórica seria y objetiva podrá evaluar a su debido tiempo, con la crítica adecuada, los momentos de exaltación de aquel Pontífice y, sin duda, también los momentos de grave dificultad, de decisiones atormentadas, de la prudencia humana y cristiana, que para algunos podía parecer reticente, y que en cambio eran intentos, humanamente incluso muy duros, de mantener encendida, en tiempos de densa oscuridad y crueldad, la llama de las iniciativas humanitarias, de la diplomacia oculta pero activa, de la esperanza en las posibles buenas aperturas de los corazones.

 

Una Iglesia que ama la historia

Subrayando que la Iglesia “no tiene miedo de la historia”, sino que  al contrario, “la ama, y quiere amarla más y mejor, como Dios la ama” el Pontífice  afirma:  “con la misma confianza que mis predecesores, abro y confío este patrimonio documental a los investigadores”.

 

Continuar ayudando a los investigadores

Ya en la conclusión del discurso, el Santo Padre agradece nuevamente a los presentes el trabajo que realizan y expresa su deseo de que   “continúen con su compromiso de ayudar a los investigadores -asistencia científica y material- y también en la publicación de las fuentes pacelianas que se considerarán importantes, como lo han venido haciendo desde hace algunos años”.

fuente: vaticannews.va