¿Son lo mismo Halloween y el Día de Muertos?

Ante las próximas celebraciones de la Solemnidad de Todos los Santos y el día de los fieles difuntos o Día de Muertos, algunos piensan que el también llamado “Día de Muertos” es lo mismo que Halloween, un controversial evento de la noche del 31 de octubre. ¿Qué de verdad hay en esto?

En diálogo con ACI Prensa, el P. José de Jesús Aguilar, director de Arte Sacro de la Arquidiócesis Primada de México, explicó que “hay una gran diferencia” entre la costumbre anglosajona, que celebra entre otras cosas Halloween, y en particular la mexicana, que tiene la festividad de Día de Muertos el 2 de noviembre.

“Hay una gran diferencia en aquella costumbre o cultura anglosajona que presenta a los muertos no como calaveritas sonrientes, festivas, coloridas”, como es el caso del Día de Muertos en México, “sino que los presentan como zombies, que se aparecen para matar en viernes 13, que se aparecen para llevarse niños, para hacer orgías y quién sabe cuánta cosa”.

“Hay una gran diferencia entre esta muerte vista por el mundo anglosajón, que encanta a las películas, a esta muerte incluso presentada ahora en la película ‘Coco’, en donde se ve la muerte como una oportunidad de recordar a tus seres queridos, que sigan viviendo en la inmortalidad, y sobre todo con un ambiente festivo”, señaló.

Cristo venció a la muerte

El P. Aguilar señaló que “la Sagrada Escritura comienza hablándonos de la muerte, propiciada por el pecado de Adán y Eva. Por lo tanto, todos los seres humanos tenemos que pasar por ese momento, y sabemos que la muerte vencía al ser humano hasta que Cristo fue capaz de vencerla con su muerte y su resurrección”.

El sacerdote mexicano subrayó que “unirse a Cristo permite que la persona venza a la muerte y viva en la eternidad en el amor.  Por esta razón, los cristianos nos esforzamos cada día por alcanzar esa vida eterna, pero también oramos por aquellos que han muerto y que nos causa un gran dolor su partida, pero una gran esperanza saber que van a unirse con Dios”.

“Y nos alegramos también por aquellos que ya han llegado a su meta, a quienes conocemos como santos, y que sabemos que también interceden tanto por los vivos como por aquellos que van en camino a la eternidad”, indicó.

La cultura religiosa mexicana

El P. Aguilar explicó también que la cultura religiosa mexicana “tiene estos dos alimentos”: por una parte el Evangelio y por otra las tradiciones prehispánicas “que han sido evangelizadas”.

“En la tradición prehispánica se pensaba que los difuntos necesitaban venir a alimentarse en la familia, para poder continuar, vamos a decir así, viviendo en el ‘mictlán’, en el más allá. Por lo tanto, se hacía un acto de solidaridad con ellos, brindándoles estas ofrendas, estos altares”.

Sin embargo, añadió, “en el pensamiento cristiano, sabemos que ya no lo necesitan, que ellos están con Dios, están en el paraíso, no necesitan venir, no necesitan alimento, no necesitan agua, y por lo tanto, aunque ponemos ofrendas, ya no tienen el sentido prehispánico. Sino las ponemos como un homenaje a ellos y en estas ofrendas añadimos elementos que tienen que ver algo con nuestra fe”.

“Por ejemplo el agua, que recuerda el bautismo, la luz que representa la fe, la sal que nos recuerda que debemos ser sal de la tierra y luz del mundo, un crucifijo que significa que nuestra fe está especialmente centrada en Cristo. Hay personas que ponen incluso algunos letreros con los sacramentos. Y por supuesto, no pueden faltar las imágenes de nuestros difuntos que sabemos que no están muertos, que viven en la presencia de Dios”.

En la cultura mexicana, subrayó, no se ve “la muerte como algo negativo, sino como parte de la vida”.

“Por lo tanto, la vida y la muerte se admiran, se reconocen y se aceptan. De tal manera que así como nosotros en los carnavales celebramos la vida disfrazándonos de distintas maneras, también en el tiempo del día de difuntos, celebramos que la muerte no es algo que nos destruye, por lo tanto representamos a la muerte de distintas maneras”.

“Es más, nos representamos a nosotros como muertos, a nuestros seres queridos les ponemos una calaverita, fíjate, de azúcar en la ofrenda, indicando que la muerte de nuestros seres queridos con la fe no va a ser dolorosa. Y recordamos a nuestros seres queridos no como un esqueleto en el cementerio sino como un ser humano vivo”, añadió.

fuente: aciprensa.com

¿Cómo rezar el rosario?

Si bien el origen del Rosario se remonta casi hasta el año 800, con el paso del tiempo ha ido cambiando hasta llegar a la manera en cómo la rezamos hoy en día. Este nos invita a hacer una hermosa meditación sobre la vida de Jesús y de Santa María. Solos o acompañados podemos ofrecer nuestra oración por muchas intenciones pidiendo la intercesión de Nuestra Madre.

El rosario en su forma actual fue entregado por la misma Virgen María a Santo Domingo de Guzmán en el año 1214. Se lo entregó para dar batalla a los herejes y pecadores de aquellos tiempos y además le encomendó que enseñara a rezarlo y a propagar su devoción. Un mandato que sigue vigente y nos compete a todos los católicos. Desde aquellas épocas los cristianos  lo rezamos acompañado de la meditación de 15 misterios sobre la vida de  Nuestro Señor Jesús y de Santa María. Y, en el año 2002 el Papa Juan Pablo II introdujo 5 misterios adicionales: los Misterios Luminosos. Hoy son 20 misterios los que meditamos.

Sin más introducción, aquí te contamos cómo rezar el rosario. Si eres principiante puedes empezar por rezar un misterio al día hasta que logres completarlo todo. Nunca es tarde para empezar.

1.- Para iniciar:

Toma el rosario en tus manos y empieza con la señal de la Cruz. Al mismo tiempo que hacemos una cruz en la frente, luego en la boca y finalmente en el pecho repite la siguiente oración:

«Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén».

2.- Luego toma la cruz que se encuentra en la punta del Rosario:

Rezarás el credo de los Apóstoles, tomando la Cruz, y opcionalmente puedes hacer un acto de contrición (te recomendamos hacerlo).

Credo de los Apóstoles

«Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén».

Acto de contrición

«Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén».

3.- Las cuentas del Rosario

Toma la primera cuenta del rosario y empieza con un Padre Nuestro. Le seguirán tres cuentas que simbolizan tres Ave María. Tradicionalmente son ofrecidas para incrementar la fe, la esperanza y la caridad de quienes rezan el rosario y por las intenciones del Santo Padre. Se termina este primer grupo del rosario con el Gloria.

Padre Nuestro

«Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén».

Ave María

«Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».

Gloria

«Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén».

4.- Los Misterios del Rosario

Anunciaremos con reverencia cada misterio del rosario. Los misterios se rezan por días tradicionalmente. Se empieza anunciando el misterio correspondiente seguido de una meditación. No es un simple repetir, es un verdadero recorrido por los principales hechos de la Vida de Jesúscristo y de Santa María, al mismo tiempo que ofrecemos, agradecemos y pedimos la intercesión de la Madre por nuestras intenciones.

Luego de haber anunciado el misterio rezamos un Padrenuestro seguido de 10 Ave Marías y terminamos con el Gloria. Luego del Gloria entre misterio y  misterio se reza una Jaculatoria conocida como la Oración de Fátima:

«Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, sálvanos del fuego del infierno y guía todas las almas al Cielo, especialmente aquellas que necesitan más de tu misericordia».

Misterios gozosos (lunes y sábado)

  1. La Encarnación del Hijo de Dios.
  2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.
  3. El Nacimiento del Hijo de Dios.
  4. La Presentación en el templo y la purificación de la Virgen Santísima.
  5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.

Misterios dolorosos  (martes y viernes)

  1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto.
  2. La Flagelación del Señor.
  3. La Coronación de espinas.
  4. El Camino del Monte Calvario.
  5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

Misterios gloriosos (miércoles y domingo)

  1. La Resurrección del Señor.
  2. La Ascensión del Señor.
  3. La Venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles.
  4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.
  5. La Coronación de la Santísima Virgen.

Misterios luminosos (jueves)

  1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.
  2. La Autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná.
  3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
  4. La Transfiguración.
  5. La institución de la Eucaristía.

Terminamos el rosario luego de haber rezado los 5 misterios correspondientes al día (o después de haber rezado un misterio cuando usas un denario). Como oración final justo sosteniendo la medalla que se encuentra al centro del rosario dirás la oración de la Salve como signo de alabanza y reconocimiento a Nuestra Madre.

«Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén».

5.- ¿Dónde puedo rezar el Rosario?

Lo sugerido es que puedas rezarlo en un lugar tranquilo donde no tendrás interrupciones. Lo lindo del rosario es que podrías rezarlo prácticamente en cualquier sitio. Caminando solo, sentado en una banca mirando la naturaleza, en la soledad de tu habitación, con amigos en grupo, en tu parroquia, y mi favorito: frente al Santísimo.

 

«Sabéis que es necesario rezar y debéis hacerlo meditando y recordando lo que Jesús ha hecho y sufrido por nosotros: los misterios de su infancia, de su pasión y su muerte, y de su resurrección gloriosa. Recitando vuestro misterio o decena, seguís la inspiración del Espíritu Santo que, instruyéndolos interiormente os lleva a imitar más de cerca a Jesús, haciéndonos rezar con María, y sobre todo, como María» (San Juan Pablo II).

 

fuente: www.catholic-link.com

El Papa clausura el Sínodo: «en la cruz, Dios se hizo nuestro prójimo»

El Pontífice clausuró el Sínodo de los Obispos con una misa celebrada en la Basílica de San Pedro. En su homilía, Francisco indicó tres pasos fundamentales para acompañar el camino de la fe: escuchar, hacernos prójimos y testimoniar en nombre de Jesús.

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

La mañana del domingo 28 de octubre, el Papa Francisco presidió en la Basílica de San Pedro del Vaticano, la misa de clausura de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos dedicado al tema de los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

Inspirado en la liturgia dominical, en la que el evangelista San Marcos narra el episodio sobre el ministerio itinerante de Jesús, quien poco después entrará en Jerusalén para morir y resucitar; el Pontífice centró su homilía en la figura del ciego Bartimeo, “el último que sigue a Jesús en el camino, que pasa de ser un mendigo al borde de la vía en Jericó y se convierte en un discípulo que va con los demás a Jerusalén”.

En este sentido, el Papa señaló que también nosotros hemos caminado juntos, «hemos hecho sínodo y ahora este evangelio sella tres pasos fundamentales para el camino de la fe».

Escuchar el grito del que sufre

En primer lugar, Jesús escucha el grito de Bartimeo: un pobre, solo, sin amor y abandonado.

Jesús pone en práctica el ejercicio de la escucha atenta y al encontrarse con él, lo deja hablar: «Este es el primer paso para facilitar el camino de la fe: escuchar. Es el apostolado del oído: escuchar, antes de hablar», subrayó Francisco exhortando a seguir el ejemplo de Jesús, para quien el grito del que pide ayuda no es algo molesto que dificulta el camino, sino una pregunta vital.

«¡Qué importante es para nosotros escuchar la vida! Los hijos del Padre celestial escuchan a sus hermanos: no las murmuraciones inútiles, sino las necesidades del prójimo», añadió.

Hacernos prójimos 

En segundo lugar, para acompañar en el camino de la fe hay que hacerse prójimos. «Miremos a Jesús, que no delega en «alguien de la multitud» que lo seguía, sino que se encuentra con Bartimeo en persona. Le dice: ¿Qué quieres que haga por ti?», explicó el Santo Padre, haciendo hincapié en que así actúa Dios, implicándose en primera persona con un amor de predilección por cada uno: «Ya en su modo de actuar transmite su mensaje: así la fe brota en la vida».

«Hacerse prójimos es llevar la novedad de Dios a la vida del hermano, es el antídoto contra la tentación de las recetas preparadas», aseveró el Sucesor de Pedro, invitando a preguntarnos si somos cristianos capaces de ser prójimos, de salir de nuestros círculos para abrazar a los que “no son de los nuestros” y que Dios busca ardientemente.

Y en este contexto, Francisco puso en guardia sobre la tentación siempre existente, y que se repite tantas veces en las Escrituras: “lavarse las manos”.

Ante el sufrimiento, Jesús no se lava las manos

A diferencia de tantos, el Obispo de Roma subrayó que Jesús se ensucia las manos… no se las lava: se implica, se la juega:

«Reconozcamos que el Señor se ha ensuciado las manos por cada uno de nosotros, y miremos la cruz y recomencemos desde allí, del recordarnos que Dios se hizo mi prójimo en el pecado y la muerte. Se hizo mi prójimo: todo viene de allí».

Testimoniar en nombre del Señor

Por último, el tercer paso que propuso el Papa en su homilía fue testimoniar.

“Fijémonos en los discípulos que llaman a Bartimeo: no van a él, que mendigaba, con una moneda tranquilizadora o a dispensar consejos; van en el nombre de Jesús. De hecho, le dirigen solo tres palabras, todas de Jesús: «Ánimo, levántate, que te llama» (v. 49), explicó Francisco indicando que no es cristiano esperar que los hermanos que están en busca llamen a nuestras puertas; tendremos que ir donde están ellos, “no llevándonos a nosotros mismos, sino a Jesús”.

Por ello, el Pontífice señala que la Iglesia no debe pasar por una ONG o una organización paraestatal, “sino por la comunidad de los salvados que viven la alegría del Señor”.

Fe: cuestión de encuentro no de teoría

“Escuchar, hacerse prójimos, testimoniar. El camino de fe termina en el Evangelio de una manera hermosa y sorprendente, con Jesús que dice: «Anda, tu fe te ha salvado» (v. 52)”, dijo el Papa destacando que sentirse necesitados de salvación es el comienzo de la fe.

“Es el camino más directo para encontrar a Jesús. La fe que salvó a Bartimeo no estaba en la claridad de sus ideas sobre Dios, sino en buscarlo, en querer encontrarlo. La fe es una cuestión de encuentro, no de teoría. En el encuentro Jesús pasa, en el encuentro palpita el corazón de la Iglesia. Entonces, lo que será eficaz es nuestro testimonio de vida, no nuestros sermones”, concluyó.

fuente: www.vaticannews.va

7 consejos que te ayudarán a perfeccionar el rezo del Rosario

Octubre es el mes dedicado al Rosario y muchos católicos re descubren en la oración predilecta de la Virgen María, su fortaleza espiritual.

Incluso el Papa Francisco ha invitado a los fieles del mundo a rezarlo todos los días, pidiendo la intercesión de la Virgen María y San Miguel Arcángel para que protejan a la Iglesia del demonio en estos tiempos de crisis.

Para seguir perfeccionando el hábito de esta oración, presentamos siete consejos prácticos tomados del libro “El Rosario: Teología de rodillas”, del sacerdote, escritor y funcionario de la Secretaría de Estado del Vaticano, Mons. Florian Kolfhaus:

1. Dedicar tiempo

A pesar de las ocupaciones diarias, es bueno reservar entre 20 a 30 minutos al día para el rezo del Santo Rosario. Este encuentro con Jesús y María es verdaderamente más importante que las demás actividades agendadas.

Este tiempo de oración se reserva finalmente para uno mismo porque es un tiempo en el que debemos dedicarnos solo a amar.

Es posible reservar dos o tres días de la semana al rezo del Rosario y de esta forma se hará cada vez más fácil hacer esta oración, hasta finalmente practicarla todos los días.

2. Saber que rezas para alguien más

Una buena oración se basa en orientar completamente la voluntad en complacer a nuestro querido amigo Cristo y no a uno mismo.

3. Hacer pausas

San Ignacio de Loyola recomienda la llamada «tercera forma de rezar» que consiste en respirar dos o tres veces, antes de volver a retomar la oración.

A menudo es suficiente interrumpir un misterio del Rosario para volver a ser conscientes de que Jesús y María nos miran llenos de alegría y amor.

4. Dirigir los pensamientos

Se puede y se debe “desviar” los pensamientos para encontrar el misterio que debemos visualizar en nuestra mente antes de cada decena del Rosario.

Es poco probable que la repetición sea útil si no es encaminada varias veces hacia lo esencial, que es la vida de Jesús y María.

5. La oración un momento para compartir con Cristo

Uno de los primeros y más importantes pasos hacia la oración interior es no solo dedicarnos a pensar y meditar, sino mirar a quien va dirigida nuestra plegaria.

Saber que, a quien nos dirigimos, nos ama infinitamente despertará en nosotros diversos y espontáneos sentimientos, al igual que cuando disfrutamos y nos alegramos con la persona que nos importa sobremanera.

6. Cerrar los ojos o fijarlos en un lugar

Algunas personas cierran los ojos con el fin de concentrarse y rezar mejor. A menudo es suficiente fijar la vista en un solo lugar y evitar mirar alrededor. En cualquier caso, es importante que los ojos del corazón estén siempre abiertos.

El Rosario es como una visita al cine. Se trata de ver imágenes donde algunas preguntas básicas pueden ser de utilidad: ¿Qué, quién, cómo, cuándo, dónde? Cómo veo el nacimiento de Jesús, su crucifixión, su ascensión, por ejemplo.

A veces puedo –como si tuviera una cámara– acercar elementos o detalles y buscar un primer plano: la mano de Cristo traspasada por los clavos, las lágrimas en los ojos del apóstol Juan mientras el Señor asciende al cielo, entre otros.

7. Que la intención de rezar sea el amor

Las palabras acompañan, nuestra mente se dispone, pero es nuestro corazón el que debe dominar la oración.

Santa Teresa de Ávila lo explica de manera simple: «¡No piense mucho, ame mucho!». En una ocasión, una anciana me contó que no podía rezar el Rosario todos los días, pero lo único que le alcanzaba era decir interiormente: ‘¡Jesús, María, los amo!’. Felicito a la mujer. A tal resultado es donde el rezo del Rosario debe llevar.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA Deutsch. 

fuente: aciprensa.com

Una clave para la felicidad: dejar que se haga la voluntad de Dios.

Hemos de buscar, encontrar y realizar la voluntad de Dios de nuestra vida
Por: Qriswell Quero de Pérez | Fuente: PildorasdeFe.net 

Aún en las cosas que consideremos simples o pequeñas, tareas que podemos hacer en el hogar, en el trabajo, en los distintos caminos que transitemos o en los lugares que nos encontremos, siempre es importante pedir a Dios que su voluntad se haga en nosotros

La voluntad de Dios: clave para la felicidad

Jesús nos ofrece una de las claves más importante de nuestra vida para lograr la felicidad: ¡hacer la voluntad de Dios! Esto no es sencillo, por nuestra condición humana siempre queremos darnos riendas sueltas en todo y seguir nuestros propios deseos.

Para Jesús, los más cercanos a Él, son aquellos que realizan en sus vidas la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios es que todos nos respetemos, nos ayudemos, nos amemos, nos valoremos y que no nos hagamos daño. Esto es un camino importante para la felicidad

Es importante proteger la familia, uno de los pilares fundamentales de la sociedad. Pero por encima de los vínculos familiares, tantas veces resquebrajados por intereses superficiales, hemos de buscar, encontrar y realizar la voluntad de Dios de nuestra vida.

Que se haga su voluntad

Una de las cosas que más nos preocupan en la vida cristiana, es saber cuándo responderá Dios a nuestras peticiones. ¿Cuándo responderá el señor? No lo sabemos, no lo sabremos, pero lo que sí sé es que prefiero que su voluntad se cumpla en mi vida y no la mía.

Cierra tus ojos allí donde estás, deja que Dios te abrace fuertemente, deja que Él te haga sentir lo importante que eres en su rebaño.

 

Oración de confianza

Padre celestial, gracias por amarme y por bendecirme cada día en mi proyecto hacia la felicidad.

Para Ti sólo tengo palabras de agradecimiento. Te entrego los pensamientos y acciones de este día, te suplico que me llenes de fuerzas para salir adelante.

Gracias, Dios mío, porque en medio de las dificultades, estoy seguro que extiendes tu mano para salvarme.

Tú actúas en mi vida en el momento que Tú consideras que es mejor para mi bienestar y sabes qué es lo que necesito.

Confío en Ti.

Amén.

 

El Papa a los peregrinos de El Salvador: “San Romero, mártir del mensaje de Dios”

El Papa Francisco recibió en audiencia la mañana de este lunes, 15 de octubre, en el Aula Pablo VI del Vaticano, a los peregrinos de El Salvador que vinieron a Roma con ocasión de la canonización de San Óscar Romero y pide a los sacerdotes y obispos que «no escandalicen» al Santo pueblo fiel de Dios, sino que «le cuiden».

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Desde aquí envío mi saludo a todo el Pueblo santo de Dios que peregrina en El Salvador y vibra hoy por el gozo de ver a uno de sus hijos en el honor de los altares. Sus gentes tienen una fe viva que expresan en diferentes formas de religiosidad popular y que conforma su vida social y familiar”, con estas palabras el Papa Francisco alentó este lunes, 15 de octubre, a los peregrinos de El Salvador que vinieron a Roma con ocasión de la canonización de San Óscar Romero, a quienes recibió en audiencia en el Aula Pablo VI del Vaticano.

 

San Óscar Romero, encarna la imagen del buen Pastor

En su discurso, el Santo Padre agradeció y saludó a los más de cinco mil peregrinos que han venido a Roma para participar en la canonización de Mons. Romero y venerar un pastor insigne del continente americano, y al mismo tiempo, para manifestar su adhesión y cercanía al Sucesor de Pedro. “San Óscar Romero supo encarnar con perfección la imagen del buen Pastor que da la vida por sus ovejas – precisó el Pontífice al saludar a los Obispos de El Salvador – por ello, y ahora mucho más desde su canonización, pueden encontrar en él un «ejemplo y un estímulo» en el ministerio que les ha sido confiado. Ejemplo de predilección por los más necesitados de la misericordia de Dios. Estímulo para testimoniar el amor de Cristo y la solicitud por la Iglesia, sabiendo coordinar la acción de cada uno de sus miembros y colaborando con las demás Iglesias particulares con afecto colegial. Que el santo Obispo Romero – invocó el Papa – los ayude a ser para todos signos de esa unidad en la pluralidad que caracteriza al santo Pueblo fiel de Dios”.

 

San Óscar Romero, servidor del pueblo sacerdotal

Asimismo, el Papa Francisco dirigió unas palabras de afecto a los numerosos sacerdotes, religiosos, religiosas presentes y los que quedaron en su Patria. “Ustedes, que se sienten llamados a vivir un compromiso cristiano inspirado en el estilo del nuevo santo – alentó el Pontífice – háganse dignos de sus enseñanzas, siendo ante todo «servidores del pueblo sacerdotal», en la vocación a la que Jesús, único y eterno sacerdote, los ha llamado. San Óscar Romero veía al sacerdote colocado en medio de dos grandes abismos: el de la misericordia infinita de Dios y el de la miseria infinita de los hombres. Queridos hermanos, trabajen sin descanso para dar cauce a ese anhelo infinito de Dios – agregó el Papa – de perdonar a los hombres que se arrepienten de su miseria, y para abrir el corazón de sus hermanos a la ternura del amor de Dios, también a través de la denuncia profética de los males del mundo”.

 

San Óscar Romero, cada católico ha de ser un mártir

De igual modo, el Santo Padre expresó un cordial saludo a los numerosos peregrinos venidos a Roma para participar en esta canonización, y también a los miembros de la comunidad salvadoreña de Roma. “El mensaje de san Óscar Romero va dirigido a todos sin excepción grandes y chicos, para todos. Me impresionó al entrar una abuela de 90 años que gritaba y aplaudía como si tuviera 15. La fuerza de la fe es la fuerza del Pueblo de Dios. Él, Mons. Romero repetía con fuerza que cada católico ha de ser un mártir – recordó el Papa citando la homilía que pronunció el Santo el I Domingo de Adviento de 1977 – porque mártir quiere decir testigo, es decir, testigo del mensaje de Dios a los hombres. Dios quiere hacerse presente en nuestras vidas, y nos llama a anunciar su mensaje de libertad a toda la humanidad. Solo en Él podemos ser libres: libres del pecado, libres del mal, libres del odio en nuestros corazones, libres totalmente para amar y acoger al Señor y a los hermanos”.

 

San Óscar Romero, la fuerza de la oración

Pero ser verdaderamente libres, no es fácil, puntualizó el Papa Francisco, y por eso necesitamos el apoyo de la oración. Necesitamos estar unidos a Dios y en comunión con la Iglesia. “San Óscar nos dice que sin Dios, y sin el ministerio de la Iglesia, esto no es posible. En una ocasión, se refería a la confirmación como al «sacramento de mártires» – señaló el Pontífice y es que sin «esa fuerza del Espíritu Santo, que los primeros cristianos recibieron de sus obispos, del Papa…, no hubieran aguantado la prueba de la persecución; no hubieran muerto por Cristo». Llevemos a nuestra oración estas palabras proféticas, pidiendo a Dios su fuerza en la lucha diaria para que, si es necesario, estemos dispuestos también a dar nuestra vida por Cristo”.

 

San Óscar Romero, signo de paz y reconciliación en Latinoamérica

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco envió un saludo a todo el Pueblo santo de Dios que peregrina en El Salvador y vibra hoy por el gozo de ver a uno de sus hijos en el honor de los altares. “Sus gentes tienen una fe viva que expresan en diferentes formas de religiosidad popular y que conforma su vida social y familiar, la fe del Santo Pueblo fiel de Dios. A los sacerdotes a los Obispos le pido: Cuiden al Santo Pueblo fiel de Dios, no lo escandalicen, cuídenlo». Y pese a que no han faltado las dificultades y el flagelo de la división y de la guerra; la violencia se ha sentido con fuerza en su historia reciente – aseguró el Papa – ese Pueblo resiste y va adelante». No son pocos los salvadoreños que han tenido que abandonar su tierra buscando un futuro mejor. El recuerdo de san Óscar Romero es una oportunidad excepcional para lanzar un mensaje de paz y de reconciliación a todos los pueblos de Latinoamérica.

El pueblo lo quería a Mons. Romero, el Pueblo de Dios lo quería, y saben por qué – preguntó el Pontífice – porque el Pueblo de Dios sabe olfatear bien dónde hay santidad. Y acá entre ustedes, yo tendría para agradecer a tanta gente, a todo el pueblo que lo ha acompañado, que lo ha seguido, que estuvo cerca de él, pero cómo hago para agradecer, así que elegí a una persona, una persona que estuvo muy cerca de él, y lo acompañó y lo siguió, una persona muy humilde del pueblo: Angelita Morales – la secretaria de Mons. Romero desde las décadas de los 70 – en ella pongo la representación del Pueblo de Dios. Yo le pediría a Angelita si puede venir.

Junto a la alegría de todos ustedes, pido a María, Reina de la Paz, invocó el Papa, que cuide con ternura a todos los habitantes de El Salvador y que nuestro Señor bendiga a sus gentes con la caricia de su misericordia. Y, por favor – ¿ Ustedes pagaron entrada para entrar acá o no? ¡No! Bueno, ahora van a tener que pagar y el precio es que recen por mí. Rezamos a la Virgen antes de recibir la bendición. Ave Maria …

fuente: vaticannews.va

Conociendo un poco a Monseñor Oscar Arnulfo Romero.

Arzobispo y mártir
Martirologio Romano: En San Salvador, República de El Salvador, San Oscar Romero, Arzobispo y defensor de los pobres, asesinado por odio a la fe († 1980).

Fecha de beatificación: 23 de mayo de 2015, durante el pontificado de S.S. Francisco.
Fecha de canonización: 14 de octubre de 2018 por el Papa Francisco.

 

Breve biografía:

Oscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, República de El Salvador, el 15 de agosto de 1917, día de la Asunción de la Virgen María. Su familia era humilde y con un tipo modesto de vida. Desde pequeño, Oscar fue conocido por su carácter tímido y reservado, su amor a lo sencillo y su interés por las comunicaciones. A muy temprana edad sufrió una grave enfermedad que le afectó notablemente en su salud.

En el transcurso de su infancia, en ocasión de una ordenación sacerdotal a la que asistió, Oscar habló con el padre que acompañaba al recién ordenado y le manifestó sus grandes deseos de hacerse sacerdote. Su deseo se convirtió en una realidad, ingresó al Seminario Menor de San Miguel y a pesar de las desaveniencias económicas que pasaba la familia para mantenerlo en el seminario, Oscar avanzó en su idea de entregar su vida al servicio de Dios y del pueblo.

Estudió con los padres Claretianos en el Seminario Menor de San Miguel desde 1931 y posteriormente con los padres Jesuitas en el Seminario San José de la Montaña hasta 1937. En el tiempo que estalló la II Guerra Mundial, fue elegido para ir a estudiar a Roma y completar su formación sacerdotal y seguramente su elección se debió a la integridad espiritual e inteligencia académica manifestada en el seminario.

Fue ordenado sacerdote a la edad de 25 años en Roma, el 4 de abril de 1942. Continuó estudiando en Roma para completar su tesis de Teología sobre los temas de ascética y mística, pero debido a la guerra, tuvo que regresar a El Salvador y abandonar la tesis que estaba a punto de concluir.

Regresó al país en agosto de 1943. Su primera parroquia fue Anamorós en el departamento de La Unión. Pero poco tiempo después fue llamado a San Miguel donde realizó su labor pastoral durante aproximadamente veinte años.

El padre Romero era un sacerdote sumamente caritativo y entregado. No aceptaba obsequios que no necesitara para su vida personal. Ejemplo de ello fue la cómoda cama que un grupo de señoras le regaló en una ocasión, la cual regaló y continuó ocupando la sencilla cama que tenía.

Dada su amplia labor sacerdotal fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y ocupó el mismo cargo en el Secretariado Episcopal de América Central.

El 25 de abril de 1970, la Iglesia lo llamó a proseguir su camino pastoral elevándolo al ministerio episcopal como Obispo Auxiliar de San Salvador, que tenía al ilustre Mons. Luis Chávez y González como Arzobispo y como Auxiliar a Mons. Arturo Rivera Damas. Con ellos compartiría su desafío pastoral y en el día de su ordenación episcopal dejaba claro el lema de toda su vida: «Sentir con la Iglesia«.

Esos años como Auxiliar fueron muy difíciles para Monseñor Romero. No se adaptaba a algunas líneas pastorales que se impulsaban en la Arquidiócesis y además lo aturdía el difícil ambiente que se respiraba en la capital. También fue nombrado director del semanario Orientación, y le dio al periódico un giro notablemente clerical. Este «giro» le fue muy criticado por algunos sectores dentro de la misma Iglesia, considerándolo un «periódico sin opinión».

En El Salvador la situación de violencia avanzaba, con ello la Iglesia se edificaba en contra de esa situación de dolor, por tal motivo la persecución a la Iglesia en todos sus sentidos comenzó a cobrar vida.

Luego de muchos conflictos en la Arquidiócesis, la sede vacante de la Diócesis de Santiago de María fue su nuevo camino. El 15 de octubre de 1974 fue nombrado obispo de esa Diócesis y el 14 de diciembre tomó posesión de la misma. Monseñor Romero se hizo cargo de la Diócesis más joven de El Salvador en ese tiempo.

En junio de 1975 se produjo el suceso de «Las Tres Calles», donde un grupo de campesinos que regresaban de un acto litúrgico fue asesinado sin compasión alguna, incluso a criaturas inocentes.

El informe oficial hablaba de supuestos subversivos que estaban armados; las «armas» no eran más que las biblias que los campesinos portaban bajos sus brazos. En ese momento, los sacerdotes de la Diócesis, sobre todos los jóvenes, pidieron a Monseñor Romero que hiciera una denuncia pública sobre el hecho y que acusara a las autoridades militares del siniestro, Mons. Romero no había comprendido que detrás de las autoridades civiles y militares, detrás del mismo Presidente de la República, Arturo Armando Molina que era su amigo personal, había una estructura de terror, que eliminaba de su paso a todo lo que pareciera atentar los intereses de «la patria» que no eran más que los intereses de los sectores pudientes de la nación. Mons. Romero creía ilusamente en el Gobierno, éste era su grave error. Poco a poco comenzó a enfrentarse a la dura realidad de la injusticia social.

Los amigos ricos que tenía eran los mismos que negaban un salario justo a los campesinos; esto le empezó a incomodar, la situación de miseria estaba llegando muy lejos como para quedarse esperando a una solución de los demás. La situación se agudizó y las relaciones entre el pueblo y el gobierno se fueron agrietando.

En medio de ese ambiente de injusticia, violencia y temor, Mons. Romero fue nombrado Arzobispo de San Salvador el 3 de febrero de 1977 y tomó posesión el 22 del mismo mes, en una ceremonia muy sencilla. Tenía 59 años de edad y su nombramiento fue para muchos una gran sorpresa, el seguro candidato a la Arquidiócesis era el auxiliar por más de dieciocho años en la misma, Mons. Arturo Rivera Damas: «la lógica de Dios desconcierta a los hombres«.

El 12 de marzo de 1977, se dió la triste noticia del asesinato del padre Rutilio Grande, un sacerdote amplio, consciente, activo y sobre todo comprometido con la fe de su pueblo. La muerte de un amigo duele, Rutilio fue un buen amigo para Monseñor Romero y su muerte le dolió mucho: «un mártir dió vida a otro mártir».

Su opción comenzó a dar frutos en la Arquidiócesis, el clero se unió en torno al Arzobispo, los fieles sintieron el llamado y la protección de una Iglesia que les pertenecía, la «fe» de los hombres se volvió en el arma que desafiaría las cobardes armas del terror. La situación se complicó cada vez más. Un nuevo fraude electoral impuso al general Carlos Humberto Romero para la Presidencia. Una protesta generalizada se dejó escuchar en todo el ambiente.

En el transcurso de su ministerio Arzobispal, Mons. Romero se convirtió en un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; esto lo llevaba a emprender una actitud de denuncia contra la violencia, y sobre todo a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal.

Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror.

Los primeros conflictos de Monseñor Romero surgieron a raíz de las marcadas oposiciones que su pastoral encontraba en los sectores económicamente poderosos del país y unido a ellos, toda la estructura gubernamental que alimentaba esa institucionalidad de la violencia en la sociedad salvadoreña, sumado a ello, el descontento de las nacientes organizaciones político-militares de izquierda, quienes fueron duramente criticados por Mons. Romero en varias ocasiones por sus actitudes de idolatrización y su empeño en conducir al país hacia una revolución.

A raíz de su actitud de denuncia, Mons. Romero comenzó a sufrir una campaña extremadamente agobiante contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, cotidianamente eran publicados en los periódicos más importante, editoriales, campos pagados, anónimos, etc., donde se insultaba, calumniaba, y más seriamente se amenazaba la integridad física de Mons. Romero. La «Iglesia Perseguida en El Salvador» se convirtió en signo de vida y martirio en el pueblo de Dios.

Este calvario que recorría la Iglesia ya había dejado rasgos en la misma, luego del asesinato del padre Rutilio Grande, se sucedieron otros asesinatos más. Fueron asesinados los sacerdotes Alfonso Navarro y su amiguito Luisito Torres, luego fue asesinado el padre Ernesto Barrera, posteriormente fue asesinado, en un centro de retiros, el padre Octavio Ortiz y cuatro jóvenes más. Por último fueron asesinados los padres Rafael Palacios y Alirio Napoleón Macias. La Iglesia sintió en carne propia el odio irascible de la violencia que se había desatado en el país.

Resultaba difícil entender en el ambiente salvadoreño que un hombre tan sencillo y tan tímido como Mons. Romero se convirtiera en un «implacable» defensor de la dignidad humana y que su imagen traspasara las fronteras nacionales por el hecho de ser: «voz de los sin voz». Muchas de los sectores poderosos y algunos obispos y sacerdotes se encargaron de manchar su nombre, incluso llegando hasta los oídos de las autoridades de Roma. Mons. Romero sufrió mucho esta situación, le dolía la indiferencia o la traición de alguna persona en contra de él. Ya a finales de 1979 Monseñor Romero sabía el inminente peligro que acechaba contra su vida y en muchas ocasiones hizo referencia de ello consciente del temor humano, pero más consciente del temor a Dios a no obedecer la voz que suplicaba interceder por aquellos que no tenían nada más que su fe en Dios: los pobres.

Uno de los hechos que comprobó el inminente peligro que acechaba sobre la vida de Mons. Romero fue el frustrado atentado dinamitero en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en febrero de 1980, el cual hubiera acabado con la vida de Monseñor Romero y de muchos fieles que se encontraban en el recinto de dicha Basílica.

El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: «en nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, CESE LA REPRESION«.

Ese 24 de marzo de 1980 Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez fue asesinado de un certero disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús. Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós, prometiéndole que nunca lo iban a olvidar. Raramente el pueblo se reúne para darle el adiós a alguien, pero él era su padre, quien los cuidaba, quien los quería, todos querían verlo por última vez.

Tres años de fructífera labor arzobispal habían terminado, pero una eternidad de fe, fortaleza y confianza en un hombre bueno como lo fue Mons. Romero habían comenzado, el símbolo de la unidad de los pobres y la defensa de la vida en medio de una situación de dolor había nacido.

En 1994 su sucesor en la archidiócesis de San Salvador, Mons Arturo Rivera y Damas, inició su proceso de beatificación. En el año 2000 la Congregación para la Doctrina de la Fe comenzó el estudio de todos los discursos de Romero. En 2005 el postulador de la causa, el obispo italiano Vincenzo Paglia, aseguró públicamente que “Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y de los pobres”.

La mañana del 3 de febrero de 2015, S.S. el Papa Francisco recibió en audiencia al cardenal Angelo Amato S.D.B, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y autorizó a ese dicasterio a promulgar, entre otros, el decreto de martirio del Siervo de Dios Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, arzobispo de San Salvador (El Salvador), reconociendo así, de manera oficial que su asesinato fue por odio a la fe.

El 6 de marzo de 2018, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia a Su Eminencia Reverendísima el cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el Sumo Pontífice autorizó a la Congregación a promulgar el decreto relativo al milagro atribuido a la intercesión del Beato Oscar Romero, por lo que tan sólo resta la celebración de la ceremonia de canonización, misma que se celebrará, en fecha aún por determinar.

fuente: catholic.net

La Iglesia vive un nuevo momento y Mons. Romero guía ese momento

El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una persona que me amó tanto que reclama mi amor. El cristianismo es Cristo (Homilía de Mons. Oscar A. Romero, 6 de noviembre de 1977, I-II p. 312).

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Hay fuertes señales, dijo el purpurado que el Papa vaya a El Salvador antes o después de la JMJ de Panamá. Aunque si el programa aún no se ha publicado, pero el espacio está disponible.

El cardenal Gregorio Rosa Chávez, auxiliar de San Salvador, recuerda el carisma del futuro Santo, ejemplo a seguir para los jóvenes del mundo. El Papa Francisco ve en Mons. Romero un icono del pastor que él quiere para la Iglesia. La Iglesia pobre para los pobres.

La Iglesia está en un nuevo momento, y Mons. Romero va como guiando ese momento de la Iglesia.

Las actividades de estos días
Hoy, a las seis de la tarde, en el teatro Sala Vignoli, tendrá lugar un recital donde cantará la cantante de música cristiana salvadoreña, Inés de Viaud y el artista uruguayo Luis Alfredo Díaz. Y mañana, viernes 12, la presentación del musical “Romero”, dirigido por el padre Lucas Pandolfi.

El sábado 13 de octubre, en los Jardines Vaticanos se rezará el Rosario ante la imagen de la Patrona del País, Nuestra Señora de la Paz, y luego en Roma, en la zona del Eur, será descubierta una escultura de Mons. Romero. En la tarde será celebrada una misa presidida por el presidente de Caritas Internationalis, cardenal Luis Antonio Tagle, y testimonios sobre Mons. Romero y Pablo VI. Y más testimonios, cantos que hablan de Romero, “el sonido de su voz”. El evento es organizado por Caritas Internationalis. Mons. Oscar Romero es Patrono de Caritas.

A las nueve de la noche dará inicio la vigilia en la iglesia de Santa María in Campitelli, dirigida por la asociación amigos de Romero.

Momentos de oración
El domingo 14 de octubre, después de la ceremonia de canonización, a las tres de la tarde en la iglesia de Santo Spirito in Sassia se asistirá a la oración diaria de la Coronilla de la Divina Misericordia. También se presentará un documental suizo sobre Mons. Romero. Y el lunes por la tarde, en la basílica de Santa María in Trastevere, se dará una misa de acción de gracias.

Tour en Roma, el tour Romero como seminarista, es un recorrido a la ciudad en lugares donde él estuvo y comentó sus impresiones. Serán la plaza de San Pedro, Basílica, catacumbas, etc. Habrá también una “noche salvadoreña”, donde se le cantará al nuevo santo, se contarán anécdotas. Horario y lugar aún por definir.

Habrá una exposición de fotos sobre Romero, lo organizan periodistas salvadoreños, que explicarán cómo fue vista la muerte de Mons. Romero en el mundo.

Como es tradición, el Papa Francisco recibirá el lunes 15 de octubre a los peregrinos venidos a la ceremonia de Canonización, en el Aula Pablo VI a las once de la mañana, donde se presentará un documental sobre la vida del neo santo.

fuente: vaticannews.va