Ángelus del Papa: «Prevalezca la solidaridad, no la guerra»

“Ser solidarios en favor de los pobres, los débiles, los últimos y los indefensos es la mejor comprobación de la calidad de nuestra fe, tanto a nivel personal, como a nivel comunitario”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Juan nos muestra a Jesús atento a las necesidades primarias de las personas” ha asegurado el Papa Francisco antes de rezar la oración mariana del Ángelus, asomado desde el balcón de la Plaza de San Pedro.

Comentando el episodio de la multiplicación de los panes del Evangelio según San Juan, el Papa explicó que la liturgia de hoy “induce a no quitar la mirada de aquel Jesús que el domingo pasado, en el Evangelio de Marcos, viendo “una gran multitud, tuvo compasión de ella”. Un episodio que surge “de un hecho concreto” puntualizó, pues “la gente tiene hambre y Jesús implica a sus discípulos para que su hambre sea saciada” y con el que Jesús no se limita a dar esto a la muchedumbre, sino que ofrece “su Palabra, su consuelo, su salvación y su vida”.

“Nosotros, sus discípulos, no podemos hacer como quien no quiere la cosa” dijo el Pontífice, y subrayó que sólo escuchando las más sencillas peticiones de la gente y poniéndose junto a sus concretas situaciones existenciales “se podrá ser escuchados cuando se habla de valores superiores”.

Estar disponibles para los demás

Francisco también afirmó que el Evangelio de hoy nos invita a estar disponibles y ser laboriosos, pues Jesús también hoy “sigue dando de comer”, “sigue haciéndose presencia viva y consoladora”, y lo hace “por medio de nosotros”. Además – continuó – no debemos olvidar que “el amor de Dios por la humanidad hambrienta de pan, de libertad, de justicia, de paz y, sobre todo, de su gracia divina, jamás decae”.

Ser solidarios con los más débiles

El Santo Padre, así mismo, exhortó a “no permanecer como espectadores indiferentes y tranquilos” ante el grito del hambre de tantos hermanos y hermanas en todas partes del  mundo – “todo tipo de hambre”, puntualizó.

“El anuncio de Cristo, pan de vida eterna, exige un compromiso generoso de solidaridad en favor de los pobres, los débiles, los últimos y los indefensos” señaló el Papa, explicando que esta acción de cercanía y de caridad “es la mejor comprobación de la calidad de nuestra fe, tanto a nivel personal, como a nivel comunitario”.

No desperdiciar los recursos de los que disponemos

Al término del relato, el Evangelista refiere que, cuando todos se saciaron, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que nada se desperdicie». Momento en el que Francisco pidió a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro que, a imitación de Cristo, “estamos llamados a hacer que los recursos existentes en el mundo, no se desperdicien, no sean destinados a finalidades de autodestrucción del hombre, sino que sirvan para su verdadero bien y su legítimo desarrollo”.

Por último, el Papa pidió orar a la Virgen María para que en el mundo “prevalezcan los programas dedicados al desarrollo, a la alimentación, a la solidaridad”, y no esos “del odio, de los armamentos y de la guerra”.

fuente: www.vaticannews.va

Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

Memoria de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, monte en el que Elías consiguió que el pueblo de Israel volviese a dar culto al Dios vivo y al que, más tarde, algunos, buscando la soledad, se retiraron para hacer vida eremítica, y dieron origen, con el correr de los tiempos, a una orden religiosa de vida contemplativa, que tiene como patrona y protectora a la Madre de Dios.

Los orígenes de la Orden del Carmen se remontan al siglo XII, época de cruzadas. Algunos penitentes y peregrinos se asentaron en las laderas del monte Carmelo, en Palestina, de donde viene su nombre: carmelitas. En este monte, según narra 1Reyes 18, el profeta Elías luchó contra los 400 profetas de Baal en defensa de la pureza de la fe en Yahvé, el Dios de Israel. Los peregrinos que hasta él llegaban trataban de vivir de forma eremítica, en imitación del profeta Elías. Con el tiempo, la situación en el lugar se hizo insostenible por la hostilidad de los sarracenos, y la Orden y sus ideales se trasladaron a Inglaterra.

De esta primera mitad del siglo XIII proviene la moción de dar a la Orden una Regla de vida, que tradicionalmente se atribuye al Patriarca de Jerusalén, Alberto Avogadro, y que da como finalidad de la Orden la de vivir en obsequio de la Virgen María, especialmente por su bondad y en sus cuidados de Madre, convirtiéndose así en una Orden mariana. Por esta misma época se une a la Orden san Simón Stock, quien llegó a ser, una vez vuelto a Inglaterra, superior general elegido en el capítulo de 1247.

En los primeros siglos, los carmelitas celebraban como Patrona principal de la Orden a la Virgen bajo advocaciones como la Anunciación o la Asunción, la fiesta principal de la Orden era el 15 de agosto. Pero entre 1376 y 1386, se estableció la costumbre de celebrar una fiesta especial de la Virgen para conmemorar la aprobación de la Regla por el papa Honorio III en 1226. La fecha escogida fue el 16 de julio porque la tradición de la Orden narraba que ese día del año 1256, a san Simón Stock se le apareció en Cambridge, Inglaterra, la propia Virgen María con el famoso «escapulario marrón», y le dijo «Toma amado hijo este escapulario de vuestra orden como símbolo de mi confraternidad y especial signo de gracia para vos y todos los Carmelitas; quienquiera que muera en este prenda, no sufrirá el fuego eterno. Es el signo de salvación, defensor en los peligros, prenda de la paz y de esta alianza».

Sin embargo, la tradición que narra el milagro y las palabras de la Virgen es bastante tardía. El primer testimonio explícito que se tiene sobre el escapulario es recién de final del siglo XVI, de 1592. Los defensores de la autenticidad histórica de la escena aseguran que la promesa se transmitió de manera exclusivamente oral desde Simón Stock hasta los tres siglos posteriores en que la leemos por primera vez.

Se admita o no esa autenticidad histórica de la escena, lo cierto es que el escapulario quedó incorporado a partir del siglo XVII a la vida carmelita, y se difundió también enormemente entre los laicos, no estando la «promesa» como tal excenta de debates teológicos, ya que parece dar una «certeza de salvación» ligada al uso de un objeto, que contradice la doctrina más elemental de nuestra fe que sólo pone su confianza de salvación en la Pascua de Jesús. La Iglesia ha permitido de manera constante el uso del escapulario, e incluso algunos papas lo han promovido, pero siempre interpretando la promesa en terminos espirituales, es decir, no ligando la salvación al objeto como tal, sino a que a través de él se manifiesta el amor a la Madre, y en ella la fe en el Hijo, único salvador.

La Virgen del Carmen es patrona y Generalísima de los ejércitos de Chile, y protege también, como Stella Maris (Estrella del Mar), a los trabajadores del mar.

El Escapulario de la Virgen del Carmen

1. ¿Qué es?

El escapulario del Carmen es el signo externo de devoción mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María por la inscripción en la Orden Carmelita, en la esperanza de su protección maternal.
El distintivo externo de esta inscripción o consagración es el pequeño escapulario marrón.

El escapulario del Carmen es un sacramental, es decir, según el Concilio Vaticano II, «un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se significan efectos, sobre todo espirituales, que se obtienen por la intercesión de la Iglesia». (S.C.60).

2.- Origen y propagación

A finales del siglo XII o principio del XIII nacía en el monte Carmelo, de Palestina, la Orden de los Carmelitas. Pronto se vieron obligados a emigrar a Occidente. En Europa, tampoco fueron muy bien recibidos por todos. Por ello el Superior General de la Orden, San Simón Stock, suplicaba con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen con esta oración:

Flos Carmeli
Vitis Florigera
Splendor coeli
Virgo puerpera
Singularis y singular
Mater mitis
Sed viri nescia
Carmelitis
Sto. Propitia
Stella maris
Flor del Carmelo
viña florida
esplendor del Cielo
Virgen fecunda
¡Oh madre tierna!
intacta de hombre
a los carmelitas
proteja tu nombre
(da privilegios)
Estrella del mar.

 

En 1251, la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, se apareció a San Simón Stock, General de los Carmelitas, con el escapulario de la Orden en sus manos, y le dijo: «Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno»; es decir, quien muera con él, se salvará.

Este relato lo encontramos ya en un santoral de fines del siglo XIV, que sin duda lo toma de códices más antiguos. En el mismo siglo XIII Guillermo de Sandwich O.C. menciona en su «Crónica», la aparición de la Virgen a San Simón Stock prometiéndole la ayuda del Papa.

La promesa del escapulario es de tal trascendencia, que precisamente por ello suscitó fuerte oposición.

3.- Significado del Escapulario

Al vestir el escapulario, y durante toda la vida, es muy importante que sepamos apreciar su profundo y rico significado, como pertenencia a una Orden, a la del Carmen, con obligación de vivir según su rica espiritualidad y su propio carisma. Quien viste el escapulario debe procurar tener siempre presente a la Santísima Virgen y tratar de copiar sus virtudes, su vida y obrar como Ella, María, obró, según sus palabras: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».

El escapulario del Carmen es un MEMORIAL de todas las virtudes de María. Así lo recordaba a todos: religiosos, terciarios, cofrades. «Que forman, por un especial vínculo de amor, una misma familia de la Santísima Madre», el Papa Pío XII, el 11.2.1950.

Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad.

  • Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor.
  • Vean, sobre todo, en esta librea que visten ida y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino.
  • Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratismo Corazón de la Virgen Inmaculada, s recientemente recomendada».

Cada escapulario tiene sus privilegios o gracias particulares, pero todos pueden sustituirse por la medalla-escapulario (cfr. Decreto de 16-XII-1910). Sería falta de fe en la autoridad suprema del Vicario de Cristo que confiere a esta medalla tal privilegio, creer que vale menos, para ganar las promesas, llevar la medalla que los trozos de paño (aunque en determinados casos, por otras razones externas de mayor visibilidad, etc., puede ser preferible el escapulario de paño).

La medalla-escapulario debe tener por una parte la imagen de Jesús con el Corazón, y por la otra una imagen de la Virgen bajo cualquier advocación. Lo mismo que los escapularios ha de estar bendecida por un sacerdote.

4. Valor de la promesa del Escapulario

Es doctrina católica, repetida por el Concilio Vaticano II: «El conjunto de los fieles, porque tiene la unción del Espíritu Santo (cfr. 1 Jn. 2, 20-27) no puede equivocarse cuando cree, y esta peculiar propiedad suya la manifiesta por el sentido sobrenatural de fe de todo el pueblo cuando, desde los Obispos hasta los últimos fieles, presta su consentimiento universal en lo referente a la fe y costumbres. Con este sentido de fe… y bajo la guía del sagrado Magisterio… se adhiere infaliblemente a ella, con certero juicio la penetra más profundamente y la aplica más plenamente a la vida» (L.G. 12).

Esta precisa y espléndida formulación conciliar no puede ser más explícita. Y es que la misma prerrogativa de infalibilidad concedida por Jesús a su Vicario mediante la asistencia del Espíritu Santo, tiene precisamente como finalidad que el conjunto del Pueblo de Dios, su Iglesia y Cuerpo místico, no se equivoque, por ejemplo, con una devoción aceptada por todos.

En consecuencia: Si la promesa del Escapulario aplicada a todos los fieles (proceda de la visión de San Simón Stock o de donde sea) no fuese verdadera, el Espíritu Santo no hubiera permitido que la Iglesia, el conjunto del Pueblo de Dios, la tuviese por cierta. Para muchos la prueba es irrefutable, ni para ello es necesaria una definición del Magisterio Supremo. Aunque sí hubo controversias y fueron dirimidas por la Santa Sede.

5.- Privilegio sabatino

El Escapulario del Carmen además de la promesa de salvación para quienes mueran con él, lleva también consigo el llamado privilegio sabatino.

Según la tradición, a la muerte de Clemente V (1314), en el cónclave que duró dos años y tres meses, la Santísima Virgen se apareció al Cardenal Jaime Duesa, muy devoto de ella, y le anunció que sería Papa con el nombre de Juan XXII, y añadió: «Quiero que anuncies a los Carmelitas y a sus Cofrades: los que lleven puesto el Escapulario, guarden castidad conforme con su estado, y recen el oficio divino, – o los que no sepan leer se abstengan de comer carne los miércoles y sábados -, si van al purgatorio Yo haré que cuanto antes, especialmente el sábado siguiente a su muerte sean trasladadas sus almas al cielo».

Se ha escrito mucho sobre la «Bula sabatina», que en ese sentido publicó Juan XXII, pero no hay suficientes pruebas documentales de ella. Sin embargo en el siglo XV es muy citada, por ejemplo por el seudopapa Alejandro V (elegido por el Concilio de Pisa, después de haber éste destituido a Gregorio XII y Benedicto XIII, para acabar con el cisma; pero es claro que uno de ellos debía ser legítimo, y un concilio no puede destituirle, sin embargo algunos, como San Roberto Belarmino, consideran a Alejandro V Papa verdadero, y el próximo Alejandro se tituló VI); aunque su bula de 7-07-1409 confirmando el Escapulario no tenga valor magisterial, es interesante su testimonio de que conocía la de Juan XXII. Esta también fue citada por Sixto IV (1-04-1477), Clemente VII (1530) y San Pío V (1566) – quienes además citan y confirman la de Alejandro V -; etc.

En las citas de la «Bula sabatina» por los diversos autores, se encuentran diversas lecturas de ella (lo que prueba que no dependen de un solo documento inmediato). Por ejemplo, algunos en vez de ser «sábado» cuando la Virgen socorre a los cofrades del purgatorio leen «súbito» (cuanto antes), lo que parece una errata de transcripción, aunque así ha pasado a la liturgia y a las encíclicas de Pío XII.

El privilegio sabatino fue muy impugnado, no histórica, sino teológicamente, llegando el Inquisidor General de Portugal, en 1609, a prohibir a los Carmelitas el predicarlo. Estos apelaron al Romano Pontífice, quien confió la causa al Santo Oficio, y por fin, en 1613 dio un decreto renovado literalmente por Inocencio XI (1678), San Pío X (1908) y Pío XI (1922). En él se estableció: se permite a los PP. Carmelitas predicar que el pueblo cristiano puede creer… (sigue lo dicho antes).

Pío XII en su citada Carta Magna del Escapulario del Carmen de 1950, enseña: «A la verdad, no dejará la piadosísima Madre que sus hijos que expían sus culpas en el purgatorio, no consigan cuanto antes la vida eterna por su intervención delante de Dios, en conformidad con el privilegio sabatino».

En resumen: el privilegio sabatino consiste en que la Santísima Virgen sacará del purgatorio cuanto antes, especialmente el sábado después de su muerte, a quienes hayan muerto con el Escapulario y durante su vida hayan guardado castidad según su estado y rezado todos los días el oficio parvo. (Este se puede sustituir por la Liturgia de las Horas o por la abstinencia de carne los miércoles y sábados, o un sacerdote con facultad para ello, lo puede conmutar por otra obra piadosa, v.gr. el rezo diario del Rosario). Si uno peca contra la castidad o deja un día de hacer la obra prescrita, podrá recuperar el privilegio al confesarse y cumplir la penitencia (de manera semejante a como se recuperan los méritos perdidos por el pecado mortal, lo cual parece casi excesiva generosidad de Dios, pero es doctrina católica).

La certeza de este privilegio más que histórica, como decíamos del Escapulario, está fundada en la potestad de la Iglesia que así lo propone y recomienda. Sería temerario y ofensivo para la Iglesia, cuya Cabeza es Cristo y su alma vivificante el Espíritu Santo, creer que comete una equivocación secular y universal en algo que pertenece a la doctrina y vida cristiana.

En 1950 recordaba Pío XII: «Ciertamente, la piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas, alcancen lo antes posible la patria celestial por su intersección, según el llamado privilegio sabatino, que la tradición nos ha trasmitido» con estas palabras:

«Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su muerte y a cuantos – religiosos, terciarios y cofrades – hallaré en el Purgatorio los liberaré y los llevaré al monte santo de vida eterna».

6.- Protección maternal

Por su profundo simbolismo mariano, por los grandes privilegios y por el gran amor y privilegiada asistencia, que ha manifestado a través de los siglos la Santísima Virgen del Carmen a quienes visten devotamente su escapulario, es lo que tan prodigiosamente se ha extendido por doquier esta piadosa devoción de vestir su escapulario.

Sobre todo por su rico simbolismo: ser hijo de María, ver en él todas las virtudes de María, ser símbolo de nuestra consagración filial a la Madre Amable. Por Morir en gracia de Dios, quien lo vista piadosamente.

  • Por que saldrá del Purgatorio cuanto antes quien muera devotamente con él.
  • Por llegar su protección a todos los momentos de la vida, a la muerte y aún más alla». En la vida protejo; en la muerte ayudo, después de la muerte salvo, con sus credenciales.
  • Por los innumerables prodigios que ha obrado.
  • Por las relaciones con sus apariciones mas recientes en Lourdes y Fátima.

Por las muchas indulgencias que disfrutan quienes visten este escapulario.

7.- Indulgencias

He aquí las indulgencias plenarias y parciales para los que visten el escapulario.

A).- Indulgencias plenarias.-

1. El día que se viste el escapulario y el que es inscrito en la Tercera Orden o Cofradía.

2. En estas fiestas:

a) Virgen del Carmen (16 de Julio o cuando se celebre);
b) San Simón Stock (16 de mayo);
c) San Elías Profeta (20 de Julio);
d) Santa Teresa de Jesús (15 de Octubre),
e) Santa Teresa del Niño Jesús (1 de octubre);
f) San Juan de la Cruz (14 de Diciembre);
g) Todos los Santos Carmelitas (14 de Noviembre).

B).- Indulgencias Plenaria el día del Carmen.- El día del Carmen, 16 de Julio, o en la fecha que exactamente se celebre, tiene concebida una indulgencia plenaria.

C).- Indulgencia parcial.- Se gana indulgencia parcial por usar piadosamente el santo escapulario. Se puede ganar no sólo por besarlo, sino por cualquier otro acto de afecto y devoción. Y sólo al escapulario, sino también a la medalla-escapulario.

8.- Recomendación pontificia

Desde el siglo XVI -que es cuando se extiende por toda la cristiandad el uso del escapulario del Carmen- casi todos los Papas lo han vestido y propagado. El Papa  San Juan Pablo II, que fue terciario carmelita, recordaba en diversas ocasiones que vistía con devoción, desde niño, el escapulario del Carmen.

fuente: www.aciprensa.com

San Benito, patrono de Europa y Patriarca de los monjes occidentales

“Ora et labora” (ora y trabaja) es el famoso lema del gran San Benito Abad, Patrono de Europa y Patriarca de los monjes en occidente. Por su legado e influencia sigue siendo uno de los Santos más venerados de toda la cristiandad.

Benito nació en Nursia, Italia, hacia el año 480 en el seno de una familia de patricios. En su juventud cursó en Roma derecho, retórica y filosofía. En esa época dio otro rumbo a su existencia radicalmente opuesto al que llevaba: se había contaminado, en cierto modo, de la vida licenciosa de otros jóvenes coetáneos. Su hermana Escolástica le precedió en su consagración. Él comenzó retirándose a Enfide (Affile en la actualidad) para iniciar una experiencia eremítica signada por la oración, estudio, ascesis y penitencia, que ya no abandonaría. Tras veinte años de soledad, eligió el monte Subiaco para seguir retirado del mundo. Durante tres años habitó en una cueva bajo la guía de Romano, un ermitaño que moraba en otra oquedad cercana; éste le impondría el hábito monástico. La siguiente etapa le llevó a convivir con los monjes de Vicovaro, quienes le eligieron sustituto del prior fallecido. Al parecer, las exigencias de la regla impuesta por Benito no fueron de su agrado, y tomaron el áspero camino de la venganza. Se quisieron desembarazar de él mediante una pócima venenosa que echaron en su vaso, pero cuando estaba a punto de beberlo, éste se quebró en pedazos.

Benito quedó consternado. Retornó a Subiaco con la idea de fundar nuevos monasterios y dio inicio al primero de ellos con el grupo de jóvenes que se congregó en torno a él. A éste le siguieron otros difuminados por la región. Al saberse objeto de envidia de monjes vecinos, abandonó el lugar para establecerse en Montecassino. Allí erigió otra abadía el año 529, y redactó hacia el 540 su conocida Regula monasteriorum (Regla de los monasterios), fruto de su acrisolada experiencia monástica, punto de referencia ineludible para la vida monacal que la ha tenido como norma durante más de 1500 años. Su unánime aceptación ha sido la artífice del título otorgado a Benito como «patriarca del monacato occidental». El hecho de estar fundamentada en las Sagradas Escrituras y en la tradición de la Iglesia ha contribuido a que mantenga su frescura inicial. En ella no se atisba la inducción a extremadas penitencias, sino la exhortación a una vida cimentada en los pilares de la consagración: humildad, obediencia y abnegación. Al tiempo, realza la hospitalidad característica del monacato y subraya el valor incalculable del estudio. El objetivo primordial: la santidad de vida guiada por el «ora et labora». El santo abad quería conducir a todos «a Dios por el trabajo de la obediencia, de la que habían salido por la pereza de la desobediencia». La vivencia de la caridad, y la pobreza, siempre con un espíritu de fraternal y gozoso servicio por amor a Dios, ejercido en silencio, irían moldeando el discurrir de todos.

Benito fue agraciado con dones diversos, entre otros, el de milagros y el de profecía; era un dechado de virtudes. En su regla se aprecian muchas de ellas a través del perfil que trazó sobre la figura del abad, subrayando el rigor que debe caracterizarle y la responsabilidad que encarna. En el primer capítulo de la misma hizo notar: «El abad debe acordarse siempre de lo que es, debe recordar el nombre que lleva, y saber que a quien más se le confía, más se le exige. Y sepa qué difícil y ardua es la tarea que toma: regir almas y servir los temperamentos de muchos, pues con unos debe emplear halagos, reprensiones con otros, y con otros consejos. Deberá conformarse y adaptarse a todos según su condición e inteligencia, de modo que no sólo no padezca detrimento la grey que le ha sido confiada, sino que él pueda alegrarse con el crecimiento del buen rebaño». Personalmente contribuyó sin descanso a ese incremento de vocaciones al que aludía. Desde Montecassino impulsó la creación de nuevos monasterios, auténticos bastiones de fe y cultura en los que se formaron incontables monjes dando lance en esos momentos a una época caracterizada por una profunda crisis espiritual.

Su hermana santa Escolástica, que compartió con él similar vocación al monacato, moraba con su comunidad en las estribaciones de Montecassino. Acostumbrados a compartir sus altos ideales, ambos se veían semanalmente de forma puntual. Al final del día, Benito regresaba al monasterio con los monjes que le acompañaban. Pero en una ocasión, Escolástica le rogó que se quedase hasta el día siguiente. El cumplimiento de la petición no entraba en los planes de Benito, riguroso observante de su regla. Se propuso partir desoyendo el ruego de su hermana, cuando una súbita tempestad le obligó a permanecer junto a ella. Viéndose sorprendido por esta contingencia meteorológica, que apareció de improviso, reconvino a Escolástica haciéndole «culpable» de la misma. Ella, paciente y animosa, replicó con ternura que al ver rechazada su petición, elevó sus ruegos a Dios y Él la escuchó. Poco tiempo después, su alma volaba al cielo, y su hermano, en un éxtasis, contemplaba su ingreso en la gloria eterna. Benito no tardó mucho en seguirla. Vaticinó su muerte que se produjo el 21 de marzo de 547, pocos días después de la de su santa hermana. Fue canonizado por Honorio III en 1220. Pablo VI lo proclamó Patrón de Europa en 1964 con la carta apostólica «Pacis nuntius».

 

 Medalla de San Benito  La Cruz – Medalla de San Benito data de una época muy antigua y debe su origen a la gran devoción que el Santo profesaba al signo adorable de nuestra Redención y al uso frecuente que de él hacía y que recomendaba a sus discípulos para vencer las tentaciones, ahuyentar al demonio y obrar maravillas.

En un principio y durante muchos años la devoción a esta Cruz – Medalla de San Benito fue meramente local y exclusiva de los monasterios Benedictinos.

Explicación: la medalla de San Benito representa, de un lado, la imagen de la Cruz y en el otro, la del Santo Patriarca  El lado de la Cruz suele estar encabezado, o por el monograma del Salvado: IHS, o por el lema de la orden benedictina: PAX.

En los cuatros ángulos de la Cruz háyanse grabadas las siguientes iniciales:

C.S.P.B., que significa: Cruz Sancti Patris Benedicti, o sea: Cruz del Santo Padre Benito, las cuales son como un anuncio de la Medalla y no forma parte del exorcismo.

En las líneas vertical y horizontal y alrededor de la Cruz se leen, en el siguiente orden, estas otras iniciales, cuyas palabras componen la oración ó exorcismo que tanto teme Satanás y que conviene repetir a menudo:

C.S.S.M.L.  Cruz Sancta Sit Mihi Luz La Santa Cruz sea mi luz

N.D.S.M.D.  Non Draco Sit Mihi Dux No sea el dragón mi guía

V.R.S.  Vade Retro Satanás Retírate Satanás

N.S.M.V. Numquam Suadeas Mihi Vana No me aconsejes vanidades

S.M.Q.L.  Sunt Mala Quae Libas  Son cosas malas las que tú brindas

I.V.B.  Ipse, Venena Bibas Bebe tú esos venenos


Oremos  

¡Oh glorioso Patriarca de los Monjes, San Benito!, amado del Señor, poderoso en milagros, padre bondadoso para con todos los que te invocan, yo te pido intercedas por mí ante el trono del señor.

En todo tiempo extiende tu protección sobre mí; líbrame de todos los males de cuerpo y alma; defiéndeme a mí y a todos los míos del poder de los enemigos infernales.

Ruega por mí a fin de que viviendo según la ley del Señor, merezca ser hallado digno de recibir la eterna recompensa. Por Jesucristo Nuestro Señor.

V) Glorioso apareciste en la presencia del Señor.

R) Por eso el Señor te revistió de hermosura  ¡ San Benito! en tus manos pongo mi vida, líbrame del poder de los espíritus malignos

Dios nuestro, que constituiste al abad San Benito como un insigne maestro para los que quieren entregarse a tu servicio, concédenos que, anteponiendo tu amor a todas las cosas, corramos con un amor generoso por el camino de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

El Papa: ante los desafíos migratorios la respuesta es solidaridad

Al cumplirse cinco años de su visita a Lampedusa el Romano Pontífice celebró una misa en el altar de la Cátedra de Pedro por los migrantes, a la que participaron, precisamente, migrantes y socorristas.

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Poco después de su elección como Sucesor de Pedro, el Santo Padre Francisco decidió visitar Lampedusa, la isla italiana que recibe cada día cientos de migrantes que buscan un futuro mejor y que huyen de guerras y carestías: era el 8 de julio de 2013. Así el Papa Francisco marcaba, con su primer viaje Apostólico, una de las prioridades de su pontificado: los migrantes.

Al cumplirse cinco años de aquella visita el Romano Pontífice celebró una misa en el altar de la Cátedra de Pedro por los migrantes, en la que participaron, precisamente, migrantes y socorristas.

Migrantes, víctimas de la cultura del descarte

En la homilía el Santo Padre partió de la advertencia del profeta Amós, «Escuchen esto los que buscan al pobre sólo para arruinarlo…Vendrán días en que les haré sentir hambre… hambre de escuchar la palabra del Señor», para recordar las víctimas de la cultura del descarte, entre ellas, a los migrantes y refugiados, “que siguen golpeando las puertas de las Naciones que disfrutan de un mayor bienestar”.

Las respuestas no han sido suficientes

Sucesivamente recordó su visita a Lampedusa, en la que se hizo eco del llamamiento perenne de Dios a la responsabilidad humana: “¿Dónde está tu hermano? La voz de su sangre clama a mí”, y manifestó que no se trata de una pregunta dirigida a otros, sino «a cada uno de nosotros». Lamentablemente, las respuestas a esta apelación- dijo –  aunque sean generosas, no han sido suficientes, y hoy lloramos a miles de muertos.

Dios cuenta con nosotros para ayudar a nuestros hermanos

Haciendo presente la promesa de Dios «Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré» (Mt 11,28), Francisco puso de relieve que Dios Padre necesita de nuestros ojos para ver las necesidades de los hermanos y hermanas, nuestras manos para ayudar, nuestra voz para denunciar las injusticias cometidas en el silencio, a veces cómplice, de muchos y nuestro corazón para manifestar el amor misericordioso de Dios por los últimos, los rechazados, los abandonados, los marginados.

La hipocresía estéril de quien no quiere ensuciarse las manos

El Papa Francisco también puso en guardia sobre la tentación de tener una actitud de cerrazón ante quienes tienen derechos como todos a la seguridad y a una condición de vida digna, y también se refirió a quien construye muros, “reales o imaginarios”, en lugar de puentes. Para ello recordó el Evangelio de Mateo del día, en que Jesús reprocha a los fariseos sobre la estéril hipocresía de quien no quiere “ensuciarse las manos”: «Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios» (9,13).

La respuesta es la solidaridad y la misericordia

“Ante los desafíos migratorios de hoy, la única respuesta sensata es la de la solidaridad y la misericordia” afirmó el Papa, precisando que se trata de una respuesta “que no hace demasiados cálculos”, y que “requiere una división ecua de las responsabilidades, una honesta y sincera valoración de las alternativas y una gestión prudente”.

La política justa – aseguró – es aquella que se pone al servicio de la persona, de todas las personas interesadas; que prevé soluciones adecuadas para garantizar la seguridad, el respeto de los derechos y la dignidad de todos; que sabe buscar el bien de su país teniendo en cuenta el de los otros países, en un mundo cada vez más interconectado. Es éste el mundo que buscan los jóvenes.

Se necesita lealtad y compromiso

El Romano Pontífice aludió luego a la necesidad de un compromiso de lealtad y de buen juicio a llevar adelante junto con los gobernantes de la tierra y las personas de buena voluntad y manifestó que por este motivo, se sigue con atención el trabajo de la comunidad internacional para responder a los desafíos planteados por las migraciones contemporáneas.

En la conclusión, dirigió palabras en su lengua materna a los fieles presentes en la Basílica provenientes de España, socorristas y rescatados en el Mediterráneo: a los primeros expresó su gratitud por encarnar la parábola del Buen Samaritano, y a los rescatados reiteró su solidaridad y aliento y les pidió “que sigan siendo testigos de la esperanza en un mundo cada día más preocupado de su presente, con muy poca visión de futuro y reacio a compartir, y que con su respeto por la cultura y las leyes del país que los acoge, elaboren conjuntamente el camino de la integración”.

fuente: www.vaticannews.va

Santa Eucaristía de Mes en sufragio del alma de SER Cardenal Miguel Obando Bravo

Al conmemorar un mes de la partida a la Casa del Padre, de nuestro querido  Cardenal Miguel Obando Bravo, les hacemos la cordial invitación a participar de la Santa Eucaristía de mes a realizarse el día de hoy, 3 de Julio en el campus de la Universidad Católica Redemptoris Mater, UNICA a las 12 meridiano.

Sigamos elevando nuestra oración al Señor por su descanso eterno, y pidamos su intercesión por nuestra querida Nicaragua, para que pronto vuelva la verdadera PAZ que solo Dios nos sabe dar.

«La vida en Dios es la luz portadora de esperanza, Jesús es descanso para los que ya llegaron a la casa permanente, y camino, verdad y vida para los que estamos en marcha».
Cardenal Miguel Obando Bravo.  (1926 – 2018)