Exhortación Apostólica del Papa Francisco: «Gaudete et exsultate»

Hoy se publicó la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, «sobre el llamado a la santidad en el mundo actual», la tercera de su Pontificado

Ciudad del Vaticano

«Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12). Empieza con las palabras de Jesús «a los que son perseguidos o humillados por su causa», la Exhortación Apostólica firmada por el Santo Padre Francisco el 19 de marzo, Solemnidad de San José, del año 2018, sexto de su Pontificado.

«El Llamado a la santidad»; «Dos sutiles enemigos de la santidad»; «A la luz del Maestro»; «Algunas notas de la santidad en el mundo actual» y «Combate, vigilancia y discernimiento»

Son los cinco capítulos, del documento pontificio – publicado en español, italiano, francés, inglés, portugués, alemán, polaco y árabe – en el que el Papa Francisco recuerda las Bienaventuranzas como camino «a contracorriente» que Jesús nos indica para ser un buen cristiano:

«Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas» (63).

No es un tratado sino el anhelo de hacer resonar el llamado a la santidad

«No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4). (2)

El Papa Francisco desea coronar sus reflexiones con María:

«… porque Ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con Ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…». (176)

 

Síntesis de la Exhortación Apostólica del Santo Padre Francisco:

GAUDETE ET EXSULTATE

SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL

1. «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1).

2. No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4).

CAPÍTULO PRIMERO: EL LLAMADO A LA SANTIDAD

LOS SANTOS QUE NOS ALIENTAN Y ACOMPAÑAN

4. Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión.

LOS SANTOS DE LA PUERTA DE AL LADO

6. No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo.

7. Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. La santidad «de la puerta de al lado»; «la clase media de la santidad».

EL SEÑOR LLAMA

11. No se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables.

TAMBIÉN PARA TI

14. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales.

15. En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad.

TU MISIÓN EN CRISTO

19. Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio.

21. «La santidad no es sino la caridad plenamente vivida» (Benedicto XVI).

LA ACTIVIDAD QUE SANTIFICA

26. No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio.

29. Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios.

MÁS VIVOS, MÁS HUMANOS

32. No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó.

34. No tengas miedo de apuntar más alto. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos» (León Bloy).

CAPÍTULO SEGUNDO: DOS SUTILES ENEMIGOS DE LA SANTIDAD

EL GNOSTICISMO ACTUAL

Una mente sin Dios y sin carne

38. En definitiva, se trata de una superficialidad vanidosa: mucho movimiento en la superficie de la mente, pero no se mueve ni se conmueve la profundidad del pensamiento.

39. Esto puede ocurrir dentro de la Iglesia: pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo.

Una doctrina sin misterio

42. Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida.

Los límites de la razón

45. San Juan Pablo II les advertía de la tentación de desarrollar «un cierto sentimiento de superioridad respecto a los demás fieles».

EL PELAGIANISMO ACTUAL

Una voluntad sin humildad

49. Cuando algunos de ellos se dirigen a los débiles diciéndoles que todo se puede con la gracia de Dios, en el fondo suelen transmitir la idea de que todo se puede con la voluntad humana; Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras» (San Agustín).

Una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada

52. La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa.

Los nuevos pelagianos

58. Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Es quizás una forma sutil de pelagianismo.

El resumen de la Ley

60. «Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Ga 5,14).

CAPÍTULO TERCERO: A LA LUZ DEL MAESTRO

63. «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las Bienaventuranzas.

A CONTRACORRIENTE

«Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»

69. Esta pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella «santa indiferencia» que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior.

70. Ser pobre en el corazón, esto es santidad.

«Felices los mansos, porque heredarán la tierra»

72. Para santa Teresa de Lisieux «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades».

74. Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad.

«Felices los que lloran, porque ellos serán consolados»

75. El mundo nos propone lo contrario: se gastan muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el sufrimiento.

76. Saber llorar con los demás, esto es santidad.

«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados»

79. La palabra «justicia» puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios con toda nuestra vida, pero si le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los indefensos.

Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.

«Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»

80. El Catecismo nos recuerda que esta ley se debe aplicar «en todos los casos»,[1] de manera especial cuando alguien «se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil».

82. Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad.

«Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios»

85. En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven.

86. Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad.

«Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios»

89. No es fácil construir esta paz evangélica que no excluye a nadie sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles y complicadas.

Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad.

«Felices los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos»

94. Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades.

Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.

EL GRAN PROTOCOLO

95. «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36).

Por fidelidad al Maestro

98. Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre. ¡Eso es ser cristianos!

Las ideologías que mutilan el corazón del Evangelio

100. Lamento que a veces las ideologías nos lleven a dos errores nocivos. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia.

101. También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria.

102. Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas «serios» de la bioética.

103. No se trata de un invento de un Papa o de un delirio pasajero.

El culto que más le agrada

107. Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia.

108. El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada. También el consumo de información superficial y las formas de comunicación rápida y virtual pueden ser un factor de atontamiento que se lleva todo nuestro tiempo y nos aleja de la carne sufriente de los hermanos.

***

109. La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final. Recomiendo vivamente releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, recordarlos, orar con ellos, intentar hacerlos carne. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices.

CAPÍTULO CUARTO: ALGUNAS NOTAS DE LA SANTIDAD

 EN EL MUNDO ACTUAL

110. No me detendré a explicar los medios de santificación que ya conocemos: los distintos métodos de oración, los preciosos sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, la ofrenda de sacrificios, las diversas formas de devoción, la dirección espiritual, y tantos otros. Solo me referiré a algunos aspectos del llamado a la santidad que espero resuenen de modo especial.

111. Son cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual.

112. AGUANTE, PACIENCIA Y MANSEDUMBRE

122. ALEGRÍA Y SENTIDO DEL HUMOR

129. AUDACIA Y FERVOR

140. EN COMUNIDAD

147. EN ORACIÓN CONSTANTE

CAPÍTULO QUINTO: COMBATE, VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO

158. La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida.

EL COMBATE Y LA VIGILANCIA

159. No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones. Es también una lucha constante contra el diablo. Jesús mismo festeja nuestras victorias.

Algo más que un mito

161. Entonces, no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades.

Despiertos y confiados

162. Nuestro camino hacia la santidad es también una lucha constante. Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad. Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero.

La corrupción espiritual

164. «No nos entreguemos al sueño». Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento.

EL DISCERNIMIENTO

166. ¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual.

Una necesidad imperiosa

167. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento.

Siempre a la luz del Señor

169. El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves. Nos hace falta siempre: muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante.

Un don sobrenatural

171. Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás, y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje, para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir.

Habla, Señor

172. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas.

173. No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado.

La lógica del don y de la cruz

175. Hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida. Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos.

***

176. Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…».

177. Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar.

 

fuente: www.vaticannews.va

La Coronilla a la Divina Misericordia

Se utiliza un rosario común de cinco decenas.

  1. Comenzar con un Padre Nuestro, Avemaría, y Credo.
  2. Al comenzar cada decena (cuentas grandes del Padre Nuestro) decir:

«Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo,
la Sangre, el Alma y la Divinidad
de Tu Amadísimo Hijo,
Nuestro Señor Jesucristo,
para el perdón de nuestros
pecados y los del mundo entero.»

  1. En las cuentas pequeñas del Ave María:

«Por Su dolorosa Pasión,
ten misericordia de nosotros
y del mundo entero.»

  1. Al finalizar las cinco decenas de la coronilla se repite tres veces:

«Santo Dios, Santo Fuerte,
Santo Inmortal, ten piedad de
nosotros y del mundo entero.»

Según el diario de Santa María Faustina Kowalska
«Alienta a las personas a decir la Coronilla que te he dado… Quien la recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes la recomendaran a los pecadores como su último refugio de salvación. Aun si el pecador mas empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellos que confían en Mi Misericordia.» 

«Escribe que cuando digan esta Coronilla en presencia del moribundo, Yo me pondré entre mi Padre y el, no como Justo Juez sino como Misericordioso Salvador.»

Catequesis del Papa: Tras la misa vivir más como cristianos

En la última catequesis sobre la Santa Misa el Papa se refirió a los Ritos Conclusivos, y recordó que nuestra participación no termina allí: los frutos de la Misa están destinados a madurar en la vida de cada día.

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Una mañana lluviosa en Roma vio al Papa Francisco presidir la Audiencia general en la plaza de san Pedro, en el miércoles de la Octava de Pascua. La plaza, convertida en un jardín con las flores llegadas desde los Países Bajos, con motivo de la Pascua del Señor, estaba repleta de peregrinos, a pesar del mal tiempo.

Cristo es la flor nueva

A este jardín pascual el Pontífice se refirió en el inicio de su catequesis: “Ustedes ven que hoy hay flores – dijo. Las flores dicen gozo, alegría; también, en algunos lugares, a la Pascua se la llama «Pascua florida», porque florece Cristo resucitado: es la flor nueva. Florece nuestra justificación, florece la santidad de la Iglesia. Por este motivo hay tantas flores: es nuestra alegría”.

Recordando luego que toda la semana festejamos la Pascua, invitó a los presentes a intercambiar el gozoso saludo entre sí, y también a saludar al “amado Papa Benedicto que – dijo –  nos sigue por televisión”. “Al Papa Benedicto, todos decimos Feliz Pascua: ‘¡Felices Pascuas!’ Y un aplauso, ¡fuerte!”.

Tras este intercambio con los fieles, inició la última catequesis sobre la Santa Misa, relativa a los Ritos de Conclusión.

“Con esta catequesis – expresó en español – terminamos el ciclo dedicado a la Santa Misa. Nuestra atención se centra hoy en los ritos de conclusión. Después de la oración de la comunión, la Misa termina con la bendición y el saludo al pueblo. Concluye igual que iniciaba con el signo de la cruz, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Tras la misa vivir más como cristianos

Sucesivamente el Papa Francisco habló del compromiso que conlleva la participación en la Santa Misa:

La celebración de la Misa – prosiguió en nuestro idioma – lleva consigo el compromiso del testimonio cristiano. Salimos de la Iglesia para «ir en paz», para llevar la bendición de Dios a nuestras casas, a los ambientes en los que vivimos y trabajamos, «glorificando a Dios con nuestra vida». No podemos olvidar que celebramos la Eucaristía para aprender a ser hombres y mujeres eucarísticos, dejando que Cristo actúe en nuestras vidas, como decía san Pablo: «Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, sino Cristo quien vive en mí» (Ga 2,19-20).

El Santo Padre precisó también que a través de la Eucaristía, el Señor Jesús entra en nosotros, en nuestro corazón y en nuestra carne. Y lo hace para que podamos expresar en la vida del sacramento recibido en la fe. Así, el Papa añadió que si nosotros salimos de la iglesia «charlando», «mira éste, mira aquel», es decir, «con la lengua larga», esto significa que “la misa no entró en mi corazón”. «Y ¿por qué?» – preguntó el Papa. “Porque no soy capaz de vivir con el testimonio cristiano. Cada vez que salgo de la misa tengo que salir mejor de como entré, con más vida, con más fuerza, con  más ganas de dar testimonio cristiano”.

De ahí que impulsó tomar conciencia de que la misa “encuentra cumplimiento, en las elecciones concretas de aquellos que dejan involucrar en primera persona en los misterios de Cristo». Y porque, agregó el Papa,  “en la medida en que mortificamos nuestro egoísmo, se crea dentro de nosotros un mayor espacio para el poder de su Espíritu”, exhortó a dejarnos ensanchar el alma con la fuerza del Espíritu después de haber recibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo:

“Déjense ensanchar el alma… no estas almas estrechas y cerradas, pequeñas, egoístas… ¡no! Almas anchas, almas grandes, con grandes horizontes… Déjense ensanchar el alma con la fuerza del Espíritu, después de haber recibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

 

La Presencia real de Cristo no termina en la Misa

Los frutos de la Misa, dijo también el Obispo de Roma, «están destinados a madurar en la vida de cada día»:

«La Presencia real de Cristo en el pan consagrado no termina con la Misa, sino que se reserva en el Sagrario para la comunión de los enfermos y la adoración silenciosa. El culto eucarístico, dentro y fuera de la Misa, nos ayuda a permanecer en Cristo y a crecer en nuestra unión con Él y con su Iglesia, nos separa del pecado y nos lleva a comprometernos con los pobres y necesitados».

Hablando en italiano, profundizó: “La misa es como el grano de trigo que luego en la vida ordinaria crece, crece y madura en buenas obras, en las actitudes que nos asemejan a Jesús”. “El acercarse con regularidad al banquete eucarístico renueva, fortalece y profundiza la relación con la comunidad cristiana a la que pertenecemos, según el principio de que la “Eucaristía hace la Iglesia”.

En la conclusión de la catequesis, en los saludos a los peregrinos de los diversos países, dirigió, como es habitual, un pensamiento especial a los jóvenes, a los ancianos, los enfermos y los recién casados, a quienes tras recordarles que Cristo ha vencido la muerte y nos ayuda a acoger los sufrimientos como ocasión privilegiada de redención y salvación, les invitó a vivir el mensaje pascual dando testimonio en los lugares de vida la paz y la alegría, dones del Resucitado.

A los peregrinos de lengua española en particular, en esta semana de Pascua, “en la que la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte resuena con toda su fuerza y belleza”, invitó “a nutrirse constantemente de la Eucaristía, dejándose renovar con el encuentro real con Jesús, hasta que gustemos plenamente del banquete que nos tiene preparado por toda la eternidad”, y les impartió su bendición.

fuente: vaticannews.va

Audiencia General: El saludo afectuoso del Papa Francisco a Benedicto XVI

Una Feliz Pascua y un fuerte aplauso para el Papa emérito Benedicto XVI pidió el Papa Francisco a los fieles presentes en la plaza de San Pedro, antes de iniciar la catequesis de la audiencia general de hoy, miércoles de la octava de Pascua.

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

Antes de iniciar su catequesis en la audiencia general del primer miércoles de abril, el Papa Francisco recordó que toda la semana se festeja la Pascua. Y por ello, invitó a los presentes a saludarse una vez más los unos a los otros, deseándose una Feliz Pascua.

Francisco expresó asimismo el deseo de que se saludara también “al amado Papa emérito Benedicto XVI”, que sigue las celebraciones por televisión. Respondiendo a la invitación del Pontífice, un coro unánime de fieles, hizo llegar al querido Papa emérito desde la plaza de San Pedro, una Feliz Pascua de Resurrección.

fuente: vaticannews.va

¿Qué es la Octava de Pascua?

La Octava de Pascua permite repetir que la Resurrección se prolonga más allá del día de Pascua. Está formada por los ocho días que siguen al Domingo de Pascua, hasta el domingo siguiente.

Se trata de la primera semana de la Cincuentena; se considera como si fuera un solo día, es decir, el júbilo del Domingo de Pascua se prolonga ocho días seguidos.

Las lecturas evangélicas se centran en los relatos de las apariciones del Resucitado, la experiencia que los apóstoles tuvieron de Cristo Resucitado y que nos transmiten fielmente. En la primera lectura iremos leyendo de modo continuo las páginas de los Hechos de los Apóstoles.

La práctica de la Octava religiosa la encontramos en el Antiguo Testamento con la fiesta de las Cabañas o los Tabernáculos (Levítico 23-26). Constantino la introdujo en la liturgia católica. Cada año, durante la Octava de Pascua, celebramos la misa con las oraciones del día de Pascua, y los mismos cantos. De este modo, la semana de la Octava de Pascua es como un largo domingo que se prolonga ocho días, en el que cada día es Día de Pascua.

El encuentro de Tomás con Jesús en la octava de Pascua asegura a los lectores de Juan que la nueva vida del octavo día no se limita a los pocos que vieron a Jesús al comienzo.

Las octavas de los primeros cristianos eran ocho días de celebración de la dedicación de las basílicas de Jerusalén y Tiro en el siglo IV.

Las primeras fiestas en recibir octavas anuales fueron Pascua y Pentecostés, también en el siglo IV.

El número de octavas creció a lo largo de la Edad Media hasta que el Papa San Pío V las redujo en 1568.

Muchas fiestas de santos se celebraban con octavas, incluyendo los SS. Pedro y Pablo, San Lorenzo, San Juan Bautista, San José y Santa Inés.

En la primera mitad de siglo todavía había aproximadamente se celebran 15 octavas, clasificadas en diferentes grupos.

Ciertas octavas adicionales a menudo se celebran a nivel local.

El Papa Pío XII redujo el número de octavas a tres, para Navidad, Pascua y Pentecostés en 1955.

En 1969, bajo el Papa Pablo VI, el número se redujo aún más, a su nivel actual de dos.

Hoy la Iglesia celebra octavas sólo para Navidad y Pascua.

La octava de Navidad contiene muchas fiestas universales, como las fiestas de San Esteban, San Juan y los Santos Inocentes, así como la Fiesta de la Sagrada Familia, y de María la Madre de Dios en el octavo día.

Por el contrario, la única otra fiesta celebrada en la octava de Pascua es Domingo de la Misericordia, que se celebra el octavo Día.

Aunque el calendario litúrgico no está tan lleno de octavas como durante la Edad Media son una parte importante de nuestra historia.

Y las octavas que todavía celebramos ofrecen una maravillosa oportunidad de experimentar más plenamente el nacimiento y la resurrección de Jesús.

Mensaje pascual del Papa y bendición Urbi et Orbi

“Jesús ha resucitado de entre los muertos. Este anuncio resuena en la Iglesia en todo el mundo junto al canto del Aleluya”. Con estas palabras comenzó el Papa Francisco su Mensaje Pascual, para destacar que Jesús es el Señor, a quien el Padre ha resucitado”, de modo que “Él está vivo para siempre en medio de nosotros”

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

En su mensaje de Pascua el Papa afirmó que nosotros, los cristianos, “creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, esa que no decepciona”. Sí, porque es “la fuerza del grano de trigo, esa del amor que se abaja y se entrega hasta el final, y que verdaderamente renueva el mundo”.

Fuerza que, como dijo el Santo Padre también hoy da fruto en los surcos de la historia, “marcada por tantas injusticias y violencias”.

“El Pastor resucitado dé paz a nuestros días”, el tweet del Papa

Este 3 de abril, Martes de la Octava de Pascua, El Santo Padre recuerda en su cuenta oficial de Twitter, @Pontifex que, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Cristo, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días”, es el tweet del Papa Francisco para este 3 de abril, Martes de la Octava de Pascua, publicado en su cuenta oficial de Twitter, @Pontifex; tweet que además se inspira en su Mensaje Urbi et Orbi de la Pascua del año pasado.

Un 16 de abril de 2017, los cristianos de todas las confesiones celebrábamos juntos la Pascua. A pesar de la difícil situación que atravesaba el mundo, resonaba a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, afirmaba el Pontífice, dé paz a nuestros días.

El Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos

El Papa Francisco en su Mensaje a los pueblos de la tierra recordaba el asombro del anuncio de la resurrección de Cristo y el significado de la antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, que alcanza su cumplimiento con la resurrección.

“Y hoy podemos proclamar – afirmaba el Papa – «Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya». En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo… También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal”.

El Pastor Resucitado precisaba el Obispo de Roma, va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación. El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, precisaba el Papa, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.

El Señor Resucitado guíe los pasos de la historia

Pero también, el Papa Francisco evidenciaba que el mundo estaba atravesando, al igual que ahora, momentos complejos y dramáticos y por ello pedía que, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.

En sus oraciones, el Pontífice pedía por “la amada y martirizada Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte”. Por la paz en todo el Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, como también en Irak y Yemen. Por los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África. Por los pueblos de América Latina, para conseguir el bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que el Buen Pastor, agregaba el Papa,  ayude a Ucrania, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias.

Una oración por los pueblos de la tierra que terminaba pidiendo esperanza para cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes. Que también hoy, “resuene a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días”.

“¡Feliz Pascua!”

fuente: www.vaticannews.va