Papa: “El Señor eligió ser alguien cercano a su pueblo»

“Es la pedagogía de la encarnación, de la inculturación; no sólo en las culturas lejanas, sino también en la propia parroquia, en la nueva cultura de los jóvenes”. Lo recordó el Santo Padre en su homilía de la Misa Crismal celebrada esta mañana en la Basílica de San Pedro.

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

“Al leer los textos de la liturgia de hoy me venía a la mente, de manera insistente, el pasaje del Deuteronomio que refiere la cercanía de Dios y nuestra cercanía apostólica”. Lo dijo el Papa Francisco al comenzar su homilía en el inicio del Triduo Pascual de este año, que empieza, precisamente, con la solemne celebración de la Santa Misa Crismal.

Dirigiéndose a los queridos hermanos, y de modo especial a los sacerdotes de la diócesis de Roma y de las demás diócesis del mundo el Santo Padre explicó que en este texto del profeta Isaías contemplamos al enviado de Dios ya “ungido y enviado”, en medio de su pueblo, cercano a los pobres, a los enfermos, a los prisioneros… y al Espíritu que “está sobre él”, que lo impulsa y lo acompaña por el camino.

Fuente: vaticannews.va

Corona de los siete dolores de la Virgen María

A lo largo de su vida, Nuestra Señora tuvo alegrías y dolores. Grandes alegrías, grandes dolores…

La cuaresma y sobre todo la Semana Santa, es una época oportuna para acompañar los dolores de Nuestra Señora. Lo invitamos a usted para estar al lado de la Virgen Dolorosa en los siete dolores que ella tuvo. Aunque los dolores fueron muchos, no solamente siete.

Aquí están los episodios de los Santos Evangelios. Ellos formaron el camino de dolores de la Hija amorosa de Dios Padre que sufrió en su alma padecimientos semejantes a los de la Pasión de su Divino Hijo.

Es imposible comparar los dolores que Ella sufrió junto a Jesús. Ninguna criatura vivió con tanto amor esos dolores. Además, ¡sólo Ella puede ser llamada corredentora! ¡Solo Ella puede ser llamada Omnipotencia Suplicante!

Unamos nuestros dolores imperfectos a los sufrimientos de Ella. Considerando los padecimientos de la Madre Dolorosa, encontraremos la fuerza para soportar las dificultades de nuestro día a día, tendremos fuerza para subir a lo más alto de nuestro propio Calvario.

 

Corona de los Siete Dolores de Nuestra Señora

La Corona de los Siete Dolores de Nuestra Señora recuerda los principales dolores que la Virgen María sufrió en su vida terrenal, culminando con la pasión, muerte y sepultura de Su Divino Hijo. Y es junto a la Cruz que la Madre de Jesús se torna Madre de todos los hombres y del cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia Católica.

Unirse a los dolores de María es unirse también a los dolores de Nuestro Señor Jesucristo.

Al inicio se reza el Credo, el Padre Nuestro y 3 Ave Marías. Para cada dolor de María debe rezarse 1 Padre Nuestro, 7 Ave Marías y 1 Gloria al Padre.

Primer Dolor de Nuestra Señora: Presentación de Jesús en el Templo y la profecía de Simeón

Al presentar al Niño Jesús en el Templo, Simeón los bendijo y dijo a María su madre: He aquí que éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel y para señal de contradicción, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Y una espada traspasará tu misma alma (Lc 2, 34-35)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre.

Segundo Dolor de Nuestra Señora: La Huída a Egipto

Después que ellos partieron, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José, diciendo: «Levántate; toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.

Entonces José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi hijo. (Mt 2, 13-14).

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre.

Tercer Dolor de Nuestra Señora: La pérdida del Niño Jesús en el Templo

Una vez acabados los días de la fiesta, mientras ellos volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén; y sus padres no lo supieron. Suponiendo que él estaba en la caravana, fueron un día de camino y le buscaban entre los parientes y los conocidos. Como no le encontraron, volvieron a Jerusalén buscándole.

Aconteció que después de tres días, le encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas. Cuando le vieron, se maravillaron, y su madre le dijo:

– Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? He aquí, tu padre y yo te buscábamos con angustia.

Entonces él les dijo:

-¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que en los asuntos de mi Padre me es necesario estar? Pero ellos no entendieron el dicho que les habló. Descendió con ellos y fue a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres. (Lc 2, 43-50)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre

Cuarto Dolor de Nuestra Señora: El encuentro con Jesús camino al Calvario

Uno de los momentos más punzantes de la Pasión es el encuentro de Jesús con Su Madre en el camino del Calvario. Las lágrimas que María derramó, el cambio de miradas con su Hijo, la constatación de las crueldades que Él estaba sufriendo, todo ocasionaba un inmenso dolor en Su Corazón de Madre.

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre

Quinto Dolor de Nuestra Señora: María queda de pie junto a la Cruz de Jesús

María acompañó de cerca todo el sufrimiento de Jesús en la Cruz y asistía de pie a su muerte: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María esposa de Cleofás y María Magdalena”. (Juan 19, 25)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre.

Sexto Dolor de Nuestra Señora: María recibe el cuerpo de Jesús muerto en sus brazos

Nuestra Señora de la Piedad, es así como el pueblo católico invoca a María en este momento de la Pasión. “Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con las especias, de acuerdo con la costumbre judía de sepultar”. (Juan 19, 40)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre

Séptimo Dolor de Nuestra Señora: María deposita a Jesús en el Sepulcro

El sepulcro de su Divino Hijo fue el último dolor que María sintió durante la Pasión: “En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto había un sepulcro nuevo, en el cual todavía no se había puesto a nadie. Allí, pues, por causa del día de la Preparación de los judíos y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”. (Juan 19, 41-42)

Unidos al dolor que María sintió en esa ocasión, pidamos fuerzas y gracias para soportar con paciencia todos los dolores de nuestra vida y para mantenernos apartados del pecado.

1 Padre Nuestro, 7 Ave María y 1 Gloria al Padre.

 

ORACIÓN FINAL:

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz, y lloraba
mientras el Hijo pendía.

Cuya alma triste y
llorosa, traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh, cuán triste y afligida se
vio la Madre escogida, de
tantos tormentos llena

Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba del Hijo
amado la pena!

¿Y ¿cuál hombre no llorara
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?

¿Y ¿quién no se entristeciera,

piadosa Madre, si os viera

sujeta a tanto rigor?

¡Oh Madre, fuente de amor, hazme sentir tu dolor para que llore contigo!

Y que por mi Cristo amado mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.

Y porque a amarte me anime en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí.

Porque me inflame y me encienda y conmigo me defienda en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte de Cristo cuando en tan fuerte trance vida y alma estén:

Porque cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén.

19 de marzo: Los deseos del Papa Francisco a los padres

Cinco años después de la inauguración de su pontificado

(ZENIT – 19 marzo 2018).- (Con motivo de celebrarse el día de los padres en varios países de Latinoamérica el Santo Padre externó sus felicitaciones:) “Queridos papás, ¡felicidades en su día!  Sean para sus hijos como san José: custodios de su crecimiento en edad, sabiduría y gracia”: Este es el tweet publicado por el Papa Francisco el 19 de marzo de 2018, fiesta de San José y quinto aniversario de su instalación en la sede de Pedro.

Cinco años antes, el 19 de marzo de 2013, el Papa inauguró su pontificado celebrando la Misa en la Plaza de San Pedro. “¿Cómo vive José su vocación de guardián de María, de Jesús, de la Iglesia?”, se preguntó en su homilía.

José –respondió– ejerce esta guardia “con discreción, con humildad, en silencio… por una presencia constante y una fidelidad total, incluso cuando él no entiende… Él acompaña cada momento con consideración y amor. Él está con María, su esposa, en momentos serenos y en los momentos difíciles de la vida”.

San José –siguió el Papa– está “en constante atención a Dios, abierto a sus signos, disponible para su proyecto, no tanto para el suyo propio. José es `guardián´, porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es aún más sensible a las personas que le han sido confiadas, sabe leer los hechos de forma realista, está atento a lo que lo rodea, y él sabe cómo tomar las decisiones más sabias”.

El Papa Francisco también señaló que si San José “aparece como un hombre fuerte, valiente y trabajador” también nutre “una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino por el contrario, denota una fortaleza del alma y una capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura a los demás, de amor”. Y alentó: “¡No debemos temer a la bondad, a la ternura!”.

Cinco años después

Durante estos cinco años, el Papa argentino ha realizado 22 viajes apostólicos internacionales, 18 viajes a Italia, 16 visitas a parroquias romanas. Presidió o lanzó cuatro sínodos de obispos (familia, juventud, Amazonia), dos años especiales (Año de la Vida Consagrada y Año Santo de la Misericordia) y tres Jornadas Mundiales de la Juventud (Río de Janeiro, Cracovia, Panamá).

Publicó dos encíclicas (Lumen Fidei y Laudato Si’), dos exhortaciones apostólicas (Evangelii GaudiumAmoris laetitia), una bula papal, y 23 motu proprio. Presidió más de 219 audiencias generales – sobre ocho temas: profesión de fe, sacramentos, dones del Espíritu Santo, Iglesia, familia, misericordia, esperanza cristiana, misa – y 286 Angelus y Regina Coeli.

En cinco años, presidió más de 12 ceremonias de canonización y decretó cinco canonizaciones, elevando 880 santos a la gloria de los altares, así como cuatro consistorios para la creación de 61 nuevos cardenales: 49 electores y 12 no electores mayores de 80 años.

San José: ¿Quién lo conoce?

“Nadie, en toda la Historia, supo unir como él, la más fina astucia a la pureza más íntegra, convirtiéndose así en una pieza clave de la victoria del bien contra el mal”.

 

“San José: ¿quién lo conoce?”, es la pregunta que se hace Monseñor João Scognamiglio Clá Dias, fundador de los Heraldos del Evangelio en su amplio y documentado libro recientemente publicado en varios idiomas. Teniendo una profunda y creciente devoción al Santo Patriarca, lleno de amor a su persona y misión, después de largos estudios, al ver cuán desconocido era este extraordinario santo, concibió en su corazón el deseo vehemente de escribir un libro que compusiera su auténtica fisonomía moral, y llevar a los hijos de la Santa Iglesia a esta sublime devoción, camino seguro hacia los brazos maternales de María Santísima.

 

Fruto de su piedad y contemplación – en 440 páginas bellamente ilustradas con imágenes de momentos de la vida de San José -, basado en el testimonio de los Santos Evangelios, Santos Padres, teólogos y exégetas destacados en la materia; conteniendo pormenores extraídos de revelaciones privadas como de la Beata Ana Catalina Emerick, de la Venerable María de Jesús de Ágreda, de la Sierva de Dios María Cecília Baij y otras; con doctrina sólida, clara y ortodoxa, su amena lectura, ayuda a cultivar importantes aspectos de nuestra Fe.

 

El propio autor afirma que está impulsado por una firme convicción interior de que la intervención de San José en el tercer milenio será decisiva. No fue por acaso que, en la última aparición de Fátima, los pastorcitos lo vieron bendecir al mundo tres veces.

 

Penetrando en las páginas de su libro, Monseñor João S. Clá Días nos ambienta diciendo que: “Al enviar a su Hijo al mundo, el Padre sabía que Él se vería rodeado por el odio desenfrenado y mortal de los malvados, como lo evidenciará el sangriento episodio del martirio de los Santos Inocentes por orden de Herodes… Para defender de tantos riesgos al pequeño Jesús, que ya estaba amparado por el afecto de la mejor de todas las madres, solamente un hombre fue escogido: José, a quien el mismo Padre Eterno confió la misión de ser en esta tierra, el padre virginal de Jesús. Él será el brazo fuerte del Todopoderoso para custodiar y salvar al Hijo de Dios y a su Madre Santísima de los más variados peligros” (Editorial San Fernando, Buenos Aires, p. 23-24)

 

“Nadie” – continúa – “en toda la Historia, supo unir como él, la más fina astucia a la pureza más íntegra, convirtiéndose así en una pieza clave de la victoria del bien sobre el mal” (p. 24).

 

Coloca el autor su deseo de presentar un genuino perfil del gran Patriarca de la Iglesia, a fin de fomentar una auténtica devoción. “San José fue un héroe insuperable, un verdadero cruzado de la luz; en síntesis, el hombre de confianza de la Santísima Trinidad” (p. 25).

 

Recorriendo las páginas del libro “San José: ¿quién lo conoce?” iremos conociendo la predestinación al ser considerado digno por el Padre Eterno de ser jefe de la Sagrada Familia. Los momentos de su nacimiento, infancia y juventud, hasta llegar el casto desposorio con María Santísima, conformando el matrimonio arquetípico: “por su virtud y fidelidad, vivieron en la más completa armonía, mostrando el orden perfecto del matrimonio cuando éste está marcado por la santidad” (p. 95).

 

Instalado el santo matrimonio en Nazaret, el libro nos relata la vida cotidiana en la que la Divina Providencia todo lo conducía rumbo al gran acontecimiento de la Anunciación del Señor. Nunca a María Santísima le pasó por la mente la hipótesis de Ella ser llamada a tan excelsa misión: ser la Madre del Mesías. Los coloquios entre ambos ciertamente transmitían sus contemplaciones sobre la espera del Divino Salvador. Cuántas maravillas nos cuenta Monseñor João Clá de estos momentos hasta llegar a la respuesta, de la cual dependía la raza humana, salida de los labios de María: “fiat”, “he aquí la esclava del Señor”.

 

San José, sostiene el autor, pasó por lo que califica de tal vez la mayor prueba de la Historia, la prueba de la perplejidad delante del misterio de la Encarnación, de la cual era llamado a ser cooperador.  Y en su santidad, delante de lo incomprensible, guarda silencio. Dos silencios se entrecruzan en esos momentos trascendentales, “Ella discernía todos los pensamientos que pasaban por el alma de San José, inmerso en una verdadera tribulación espiritual… y Se callaba” (p. 151). Hasta que llega el “fiat” de San José, cuando se preparaba para abandonar a María en sigilo, ante la perplejidad de no estar a la altura de ese misterio: “Aquí ha ocurrido algo tan alto, tan extraordinariamente alto, tan insondable, que no estoy llamado a abarcarlo…estoy entorpeciendo los designios de Dios” (p. 150).

 

Cuando llegó al auge la prueba, adormecido, disponiéndose para partir, el Santo Custodio lo detiene: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu Esposa, pues lo concebido en Ella es obra del Espíritu Santo” (Mt, 1, 20). Por medio de esta comunicación en sueño, “entendió que estaba asociado al mayor acontecimiento de la Historia”, recibiendo la “altísima misión de ser el padre virginal de Jesús” (p. 183).

 

 

Es así, que “San José tiene la corona de la máxima santidad en el orden de la creación, siendo precedido solo por Nuestro Señor y su Madre Santísima” (p. 201), transformándose en Patriarca de la Santa Iglesia, pues “se entrega con toda su alma a la misión de proteger con su celo paterno a la Iglesia naciente. La Cabeza del Cuerpo Místico, reposó en sus brazos, cual tierno niño, delicado e inocente” (p.203), dando a la Redención “una adhesión perfecta, participando así de la Corredención de María Santísima y recibiendo también el ministerio de corredentor” (p. 204).

 

Y aquí quedamos, estimados lectores, pues tanta maravilla no cabe en el espacio limitado de un artículo periodístico (imaginen que no llegamos … ¡ni a la mitad del libro!) Así es que, los que deseen profundizar, conocer, y después invocarlo esperando de su poderosa intercesión, podrán solicitarlo al teléfono: 2273 1877, de los Heraldos del Evangelio. Compenetrémonos, para que “San José interceda por cada uno de nosotros con desvelo difícil de calcular”.

 

Plinio Corrêa de Oliveira, destacado líder católico del Brasil en el Siglo XX, hacía este bello y especial comentario del Santo Patriarca, en una conferencia (27-12-1970), que resume su personalidad: “San José, el varón sublime que reúne en sí la maravillosa antítesis de las más diferentes cualidades. Príncipe de la Casa de David y también carpintero. Defensor intrépido de la Sagrada Familia y, al mismo tiempo, padre tiernísimo y esposo lleno de afecto. Esposo perfecto y, sin embargo, esposo castísimo de Aquella que fue siempre Virgen. Padre verdadero, en cambio, no es padre según la carne. Modelo de todos los guerreros, de todos los príncipes, de todos los sabios y de todos los trabajadores que la Iglesia engendraría en esta tierra para el Cielo, él no fue principalmente nada de esto. Sus títulos más altos son dos: padre de Jesús y esposo de María”.

 

Publicado en La Prensa Gráfica de El Salvador, 19 de marzo de 2018.

 

P. Fernando Gioia, EP

Catequesis del Papa: «Recemos al Padre como rezaba Jesús»

La gran oración, el Padre nuestro, la fracción del pan, el intercambio de paz. Fueron los temas que el Papa desarrolló en la catequesis sobre la Santa Misa, en el miércoles de la IV Semana de Cuaresma.

 

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En el miércoles 14 de marzo, el Papa Francisco presidió la Audiencia General en la plaza de san Pedro. Prosiguiendo con la catequesis sobre la Santa Misa meditó, a partir del relato de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús, sobre la oración del Padre nuestro, y la fracción del pan.

La oración del Señor hace resonar en nosotros los mismos sentimientos de Jesús por el Padre 

El Santo Padre explicó, en primer lugar, que cuando rezamos el Padrenuestro, rezamos como lo hacía Jesús: “es la oración que hizo Jesús -dijo -, Él nos la enseñó cuando los discípulos le dijeron ‘enséñanos a rezar’. ¡Es bello rezar como rezaba Jesús!”, exclamó también, y añadió que la oración del Padre nuestro, que se nos entregó en el día de nuestro Bautismo, “hace resonar en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús”.

“El rito de la Comunión en la Misa comienza con el rezo del «Padre nuestro». Es la oración por excelencia de los hijos de Dios. Con ella nos dirigimos a Dios llamándole “Padre”; esta es la mejor manera de prepararnos para recibir a Jesús en la Comunión. En ella pedimos el «pan nuestro de cada día», con una referencia particular al Pan eucarístico que necesitamos para vivir como hijos de Dios”.

A veces se reza el Padre nuestro “sin conexión”

Destacando el profundo significado del Padre nuestro, el Pontífice se detuvo a razonar sobre  las veces en que algunas personas recitan el Padre nuestro, “sin saber” lo que se dice. Recordó que cuando rezamos el Padre nuestro nos conectamos con el Padre que nos ama, y precisó que es el Espíritu quien nos da esta “conexión”, “este sentimiento de Hijos de Dios”.

 

“ El Padrenuestro hace resonar en nosotros los mismos sentimientos de Jesús ”

No es fácil perdonar a las personas que nos ofendieron, debemos pedir la gracia.

“Imploramos también a Dios que perdone nuestras ofensas, y nos comprometemos al mismo tiempo a perdonar a los que nos han ofendido”. En este mismo punto de la catequesis que impartió en italiano, el Papa se detuvo para observar que no es fácil perdonar a las personas que nos ofendieron, y también para indicar que ello es una gracia que debemos pedir. «Señor enséname a perdonar como tú me has perdonado”, rezó.

“Así, abriéndonos al perdón de Dios nos disponemos a vivir el amor fraterno. Y por último le pedimos que nos libre del mal, que nos separa de Él y nos aleja de nuestros hermanos”, continuó.

El Señor da la Paz  y la gracia de perdonar a los que nos han ofendido

Sucesivamente Francisco se refirió al rito de la paz, que es precedido por la oración del sacerdote que a nombre de todos suplica: “Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días”, y profundizó que el intercambio del gesto de paz en el rito romano es porque “no es posible comunicar el único pan que nos hace un solo Cuerpo en Cristo, sin reconocernos pacificados en el amor fraterno”, puesto que  “la paz de Cristo no puede radicarse en un corazón incapaz de vivir la fraternidad y de recomponerla tras haberla herido”.

“Con el rito de la paz – dijo – se expresa la unión y el amor mutuo antes de acercarnos al Sacramento. Después tiene lugar la fracción del Pan. Es el gesto que Jesús realizó en la Última Cena y que permitió a los discípulos reconocerlo después de la Resurrección, como en Emaús. La fracción del Pan está acompañada por la invocación del “Cordero de Dios”, que es la imagen bíblica usada por Juan el Bautista para identificar a Jesús como Aquél que quita el pecado del mundo. En el Pan eucarístico, que se parte para la vida del mundo, reconocemos al verdadero Cordero de Dios, que es Cristo, y le suplicamos: “Ten piedad de nosotros…y danos la paz”.

El Romano Pontífice concluyó la catequesis en italiano señalando que las invocaciones «Ten piedad de nosotros», «dónanos la paz», nos ayudan a disponer nuestro ánimo para participar en el banquete eucarístico,  e invitó a no olvidar «la gran oración» que nos enseñó Jesús, es decir, la oración con la que Él rezaba al padre. «Esta oración nos prepara a la comunión», dijo, e invitó a todos los presentes a concluir rezando cada uno en su idioma el Padre nuestro.

En los saludos a los peregrinos de lengua española, el pontífice invitó a que pidamos a la Virgen María, en nuestro camino cuaresmal que “no deje de mirarnos con amor para que, con la ayuda del Espíritu Santo, haga fecundos nuestros propósitos de una mayor entrega y generosidad en nuestra vida cristiana”, e impartió su bendición apostólica.

 

fuente: www.vaticannews.va

 

LA CRUZ DE CRISTO, SALVACIÓN DEL HOMBRE

Hemos llegado al cuarto domingo de Cuaresma, conocido como el domingo “laetare”, es decir, de la alegría. En medio del rigor penitencial y de la austeridad de la Cuaresma el cristiano vive la eucaristía dominical con un gozo sereno al saber que Dios le ama.

En este ambiente y con la perspectiva de la Pascua se nos presenta el tema de la cruz de Cristo y los grandes temas de la historia de la salvación: la infidelidad del antiguo pueblo de Israel y la fidelidad absoluta de Dios; el pecado del mundo y el amor infinito de Dios, que por su misericordia nos ha entregado al Hijo para que el mundo se salve por él. El arco de reflexión y de meditación de las tres lecturas bíblicas nos sitúa entre la fe y la incredulidad, entre la aceptación luminosa de Cristo o la opción oscura por el mal.

El libro de las Crónicas nos recuerda que la infidelidad de los jefes de los sacerdotes y del pueblo israelita es la raíz de la desolación, de la injusticia y del destierro. Dios no responde sólo con el castigo sino con la esperanza del perdón, pues él no quiere la muerte, sino la vida y por eso no abandonará nunca a su pueblo.

El texto evangélico de hoy, que narra la parte conclusiva del coloquio nocturno de Jesús con Nicodemo, es clave definitiva para leer en profundidad el sentido del actuar de Dios en la historia y para comprender el fin último de la encarnación del Hijo del hombre, que es alzado en la cruz, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

¿Cuál es el motivo de la pasión y de la cruz de Cristo? Es el amor de Dios, que se ha mostrado atento a la suerte del mundo y de la humanidad pecadora hasta el punto de entregar a su propio Hijo unigénito a la muerte de cruz. El amor misericordioso de Dios tiene, pues, una finalidad salvífica.

La segunda parte del evangelio presenta el tema del “juicio”. Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. La oferta de salvación es gracia, puro don de la riqueza del Padre y efusión de su bondad. El juicio es presentado por el evangelista San Juan bajo la categoría de la luz, que se acoge o rechaza. Los creyentes son los que aceptan la luz, la oferta de salvación de Dios que es Jesucristo. Los incrédulos son los que aman las tinieblas y obran el mal rechazando el don de Dios y autoexcluyéndose de la salvación.

comentario por: Andrés Pardo

El Papa invita a participar de la jornada «24 Horas para el Señor»

El Santo Padre iniciará esta jornada con una celebración penitencial, el viernes 9 de marzo a las 17:00 horas en la Basílica de San Pedro.

Ciudad del Vaticano

El próximo viernes, 9 de marzo, a las 17:00, en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco presidirá la celebración penitencial con la que dará inicio la jornada de “24 Horas para el Señor”, organizada por el Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización.

El Santo Padre, en su Mensaje de Cuaresma 2018 titulado “Al crecer la maldad se enfriará el amor en la mayoría”, invita a todos los fieles a vivir como una «ocasión propicia  la iniciativa que invita a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un ambiente de adoración eucarística».

 

«De ti procede el perdón»: lema de la jornada

En este contexto, e inspirándose en las palabras del Salmo 130, 4: «De ti procede el perdón», en cada diócesis al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas consecutivas, ofreciendo la posibilidad de adoración nocturna del Santísimo, así como la confesión sacramental.

Será el mismo Papa Francisco quien ponga en marcha esta gran iniciativa con la Celebración Penitencial en la Basílica de San Pedro, que surgió en Roma hace cinco años, pero que pronto se extendió a nivel mundial, uniendo espiritualmente al Sucesor de Pedro con las Iglesiasrepartidas en los cinco continentes, con el fin de ofrecer a todos la oportunidad de vivir la experiencia personal de la infinita misericordia de Dios.

 

El objetivo es recibir el abrazo misericordioso de Dios

Según declaró el Presidente del Dicasterio promotor, el Arzobispo Monseñor Fisichella, “el objetivo es ofrecer a todos, especialmente a aquellos que todavía sienten cierta incomodidad ante la idea de ingresar a una iglesia,  el abrazo misericordioso de Dios ; una ocasión para regresar al Padre, que va más allá de los tiempos y modos habitualmente conocidos”.

«Precisamente en estos días he recibido una carta del Inspector general de las Prisiones que proponía vivir “24 horas para el Señor” también en las cárceles», continúa diciendo Mons. Fisichella y añade que se ha avisado a los capellanes para que también se sumen a vivir esta experiencia y este momento de perdón: «un momento, que ha sido pensado, deseado y esperado».

fuente: vaticannews.va

Pablo VI y Mons. Romero serán santos. El Papa autoriza los decretos

El Santo Padre Francisco ha autorizado a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación de los Decretos concernientes la intercesión de Pablo VI y Mons. Romero. Autorizados también otros decretos.

Pablo VI y Óscar Arnulfo Romero serán pronto santos: el Santo Padre Francisco ha recibido ayer en audiencia al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y ha autorizado a la Congregación a promulgar los Decretos concernientes los milagros atribuidos a la intercesión del Beato Pablo VI y del Beato Óscar Arnulfo Romero.

Pablo VI

Giovanni Battista Montini, nació en Concesio (Italia) el 26 de septiembre 1897 y falleció en Castel Gandolfo el 6 de agosto 1978.

Óscar Arnulfo Romero

El Santo Padre ha autorizado también el milagro atribuido al Arzobispo de San Salvador, Beato Óscar Arnulfo Romero Galdámez, fallecido mártir por odio a la fe en San Salvador el 24 de marzo de 1980.

fuente: vaticannews.va