El Adviento, preparación para la Navidad.

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo 3 de diciembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

El término «Adviento» viene del latín “adventus”, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia.

Significado del Adviento

La palabra latina «adventus» significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

– Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

– Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la «presencia de Jesucristo» en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

– Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la «majestad de su gloria». Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

Algo que no debes olvidar

El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano. De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

La Corona de Adviento

Significado de la Corona de Adviento.

La Corona de Adviento es un elemento pedagógico-espiritual del Adviento, que acompaña nuestra Liturgia y Oración.

El Adviento es el Tiempo Litúrgico de preparación para la Navidad.

Comienza el cuarto domingo anterior al 25 de diciembre.

La Corona acompaña esta preparación.

Es circular, símbolo de la eternidad. El color verde de su follaje significa la vida siempre abundante que nos trae Jesús (anticipando el follaje siempre verde del árbol de Navidad, y remitiéndonos ambos al árbol siempre fecundo de la Cruz, que por la Resurrección comunica sus frutos constantemente).

Los listones rojos son signos del Amor de Dios, que fue derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5,5).

Las velas que se encienden en cada domingo de la espera, nos conducen a la Luz de Jesús, Luz del mundo, que se va incrementando hasta que se hace presente en la Navidad.

El primero y segundo domingo se encienden velas lilas (color de preparación y de espera), el tercer domingo vela rosa (símbolo de la alegría por la proximidad de la Venida del Señor Jesús), el cuarto nuevamente lila, y en la Nochebuena se enciende una vela blanca significando la gloria de Jesús en medio nuestro.

Esta luz intensa de las cinco velas en la Noche de Navidad, nos traslada al Cirio encendido en la Vigilia Pascual.

La Encarnación prepara la Resurrección.
Sin Encarnación no habría Resurrección.
Sin Resurrección, la Encarnación carecería de sentido y sería algo vacío.
La Resurrección es la Luz definitiva que ilumina nuestro caminar. Es la Realidad Total.

Jesús es la Luz Eterna y la Vida en Abundancia, el Amor del Padre presente entre nosotros.

De todo eso nos hace participar a través de signos y símbolos, en los cuales nos comunica su Realidad Viva, Amorosa y Luminosa.

Transmisiones especiales del Novenario a la Purísima Concepción de María

Les invitamos a sintonizar a partir de este 28 de noviembre el rezo del novenario en Honor a la Inmaculada Concepción de María desde el Santuario Nacional, Basílica Inmaculada Concepción de María en la ciudad de El Viejo, Chinandega en dos audiciones:

Novena Vespertina 06:00 pm

Novena Matutina 06:00 am

y en horario de 12:30 meridiano, rezo en los estudios centrales de la emisora dirigido por cada uno de los programas que forman parte de la barra de programación.

Sintoniza los 104.3 FM / señal On Line.

Agradecemos el apoyo especial de nuestros patrocinadores.

«Nicaragua que es tu pueblo, te canta con alegría, ¡Viva en los cielos y tierra la Concepción de María!»

Inicia el Novenario en Honor a la Inmaculada Concepción de María

Hoy en todo el país dio inicio el rezo del Novenario en Honor a la Inmaculada Concepción de María, y desde los estudios centrales de nuestra emisora nos unimos a todas las familias, Empresas e Instituciones del Estado a cantarle a la Madre de Dios para implorar sus gracias y mediación ante nuestro Señor.

A partir de hoy en horario de las 12:30 meridiano les invitamos a unirse con nosotros en este acto de fervor mariano, rezo que dirigen cada uno de los conductores de los distintos programas que forman parte de la barra de programación de los 104.3 FM, este año el rezo del primer día estuvo a cargo de los programas » La Eucaristía nuestra Santificación» y  «Delante de Tí».

Les invitamos también a sintonizar las transmisiones del rezo del novenario que estaremos realizando desde el Santuario Nacional en la ciudad de El Viejo,  dando inicio el novenario vespertino hoy 28 de noviembre a las 6:00 pm  y el novenario matutino a partir de mañana 29 de noviembre a las 6:00 am.

Únete con nosotros todos los días en 104.3 FM y On-Line

¿Quién causa tanta Alegría? ………..

“No amemos de palabra sino con obras” – Jornada Mundial de los Pobres

(ZENIT – 14 Nov. 2017).- Mensaje del Papa Francisco para la I Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el próximo 19 de noviembre de 2017, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario.

No amemos de palabra sino con obras

1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.

2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).

«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? […] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).

3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.

Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazary dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.

5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.

7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.

En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.

8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.

Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

Vaticano, 13 de junio de 2017
Memoria de San Antonio de Padua

Programa de las celebraciones en Honor a la Inmaculada Concepción, Patrona de Nicaragua.

Monseñor Rodrigo Urbina, rector de la Basílica Inmaculada Concepción, de el Viejo, Chinandega, dio a conocer la mañana de ayer el programa de actividades en honor a la Inmaculada Concepción a realizarse a finales de este mes invitando a toda la feligresía católica devota de la Patrona de Nicaragua; a su solemne novenario en la ciudad de El Viejo, a partir del 28 de Noviembre en su novena vespertina 6:00 pm, y su novena matutina el 29 de noviembre a las 6:00 am .

5 de Diciembre:   A partir de las 8:00 pm «SERENATA DE AMOR»; en las vísperas de la tradicional LAVADA DE LA PLATA, en la cual participarán este año la Camerata Bach bajo la dirección del maestro Ramón Rodríguez;  un coro conformado por más de 200 niños de Chinandega, El Viejo, Corinto y Chichigalpa, además de la presencia de Elisa Picado, soprano y Laureano Ortega, tenor. Y en el baile….. estará participando nuevamente el prestigioso Ballet Folklórico del maestro Ronald Abud Vivas ofreciendo un espectáculo con temas tradicionales de la Virgen y sones nicaragüenses.

6 de Diciembre:  la LAVADA DE LA PLATA con Misas desde las 6am, siendo la Misa Pontifical a las 10:00 am.

7 de Diciembre: Celebración de la Gritería a partir de las 6:00 pm

8 de Diciembre: Misa Pontifical a las 10:00 am y Solemne Procesión por las principales calles de la ciudad de El Viejo a partir de las 4:00 pm

Les esperamos a estas fiestas en honor a la Reina y Madre de Nicaragua.

¿¡QUIEN CAUSA TANTA ALEGRÍA!?……….LA CONCEPCIÓN DE MARÍA

MARÍA DE NICARAGUA……¡NICARAGUA DE MARÍA!

Nuestra Señora de «El Viejo», Patrona de Nicaragua

Historia de la Purísima Inmaculada Concepción de María.

Hace 455 años, en la ciudad de El Viejo, Departamento de Chinandega, llegó por designio de Dios la venerada y milagrosa imagen de la Purísima Concepción de María, hoy Patrona de Nicaragua.

En el año de 1562 a causa de una depresión tropical, Don Lorenzo de Cepeda, quien viajaba hacia Perú, tuvo que hacer escala en el húmedo Puerto de la Posesión, ahora llamado, El Realejo. Entre las cosas que Don Lorenzo traía consigo se destacaba una imagen de la Virgen de la Concepción. Don Lorenzo de Cepeda era un hombre muy piadoso. Tenía una hermana que era monja carmelita, a quien hoy se le conoce como Santa Teresa de Ávila, Doctora de la Iglesia.

De El Realejo Don Lorenzo de Cepeda se vio forzado a viajar al El Viejo, pueblo cercano, buscando mejor clima y como era muy devoto de la Virgen, se la llevó con él y la depositó en la Parroquia por seguridad y evidente comodidad.

Buscaba asistencia de los Frayles Franciscanos quienes habitaban en Chamulpa, hoy El Viejo. Ahí tenían su convento y asistencia médica.

Los habitantes de El Viejo, indios y mestizos, fueron atraídos por la belleza de la imagen, y llegaban a la Parroquia a admirar a la «Niña Blanca». Pronto adquirió prestigio de milagrosa, pero don Lorenzo tenía que partir y a pesar de las protestas y ruegos, empacó su bella imagen y se fue a El Realejo para embarcarse rumbo a Perú.

Cuando el barco se hizo a la mar, vino otra tormenta y el velero tuvo que regresar al puerto nicaragüense para evitar un naufragio. De nuevo Don Lorenzo se fue a El Viejo, cargando la sagrada estatua de la Virgen de la Concepción. El pueblo entero se volcó fervoroso a venerar a la Virgen y mestizos, indígenas y españoles interpretaron «que la Virgen no quiere irse de El Viejo, la Inmaculada Concepción quiere quedarse».

El pueblo entero ejerció una gran presión en Don Lorenzo y éste como fervoroso hijo de María, cedió «a los deseos de la Virgen», donó la imagen al pueblo de El Viejo y partió sin mayor novedad hacia su destino original, Perú.

La devoción a la Inmaculada Concepción creció enormemente y hoy es venerada en un bellísimo altar de madera y aujilla de oro donado por sus devotos por gracias concedidas.

La fiesta de la Purisima Inmaculada Concepcion de El Viejo, patrona de Nicaragua es celebrada con gran solemnidad iniciando un novenario el 28 de noviembre con novenas con derroche y alegría a las 6:00 p.m. y por las mañanas misas a las 6:00 a.m. y rezo del Santo Rosario. Las novenas concluyen el 6 de diciembre la cual conlleva a un derroche de pólvora.

El 6 de diciembre es el dia de la «Lavada de la Plata», a las 9:00 a.m. se lleva a cabo la misa concelebrada con el Obispo de la Diócesis Mons. Bosco María Vivas Robelo y varios sacerdotes de Nicaragua, a continuación la Virgen es bajada de su camarín entre vitoreo de su pueblo el cual hace fila para venerar la milagrosa imagen de la Virgen y pagar sus promesas por los favores recibidos.

«Lavada de la Plata»

Es una ceremonia religiosa con participación popular realizada en el previo Norte de la Basílica y cuyo fin es limpiar las piezas de plata que conforman el Tesoro de la Virgen; estas son limpiadas con un paño impregnadas de agua con limón y bicarbonato, y frotadas hasta quedar limpias.

Al terminar la limpieza el devoto entrega una ofrenda a la mayordoma encargada de la actividad.

 

Celebración de la fiesta de «La Gritería» en todo Nicaragua

La celebración de «La Gritería» se inició hasta en 1857 en la ciudad de León. Es una fiesta religiosa y folklórica. Nació en San Felipe de León. La novena se comenzó en la Iglesia de San Francisco de la misma ciudad. Simultáneamente se celebraba en Granada y en el Viejo, donde existían misiones Franciscanas.

El 7 de diciembre se celebra con alegría en todas las casas de los Nicaragüenses La Purísima Inmaculada Concepción.

Según la tradición, en la víspera de la festividad de la Inmaculada Concepción, familiares y amigos acostumbraban visitar las casas donde se estaban preparando altares para la fiesta de la Inmaculada Concepción. Algunos entonaban cantos tradicionales a la Virgen y los dueños de casa brindaban manjares, golosinas y refrescos a los visitantes. A esto se le llama popularmente «La Gorra» o «el Brindis».

La fiesta de La Purísima es acompañada de cantos, pólvora y brindis de frutas, dulces y refrescos típicos. La gente recorre las calles al anochecer del 7 de Diciembre y se detiene en las casas que tienen altares confeccionados especialmente para ese día. Al acercase a la puerta, gritan «!Quién causa tanta alegría?» y la gente, desde adentro, contesta: «!La Concepción de María!» Con eso se inicia el canto.

Los cantos han sido, son y serán siempre los mismos que se cantaron cuando la Inmaculada llegó al pueblecito de El Viejo en brazos de don Lorenzo de Cepeda. Los nicaragüenses se los saben de memoria, grandes y chicos corean los versos de «Pues Concebida», «Tu Gloria, Tu Gloria», «Por eso el Cristianismo», Oh Virgen de Concepción», «Salve Virgen Bella», «Salve, Salve Cantando a María» , «Dulces Himnos», y la tradicional «Toda Hermosa Eres María», que termina con el «Alabado».

«El 8 de Diciembre» en El Viejo»

El 8 de Diciembre dia de la Inmaculada Concepcion tiene un programa que comienza a las 5:00 a.m. con las mañanitas a la Virgen con grupos musicales de la ciudad y del departamento llegan a sus plantas a rendirle homenaje.

A las 10:00 a.m. Misa solemne concelebrada por el Obispo Bosco Maria Vivas y varios sacerdotes que vienen con devotos de otros departamentos.

A las 4:00 p.m. sale una procesión que recorre la ciudad, entrando a las 9:00 p.m. siendo despedida con mucho alborozo por los Nicaragüenses.

El 13 de Mayo del 2001 la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) declara que el patronazgo nacional recae sobre la imagen mas venerada y antigua del misterio de la Purísima Inmaculada Concepción de María, la cual se venera en el Santuario Nacional ubicado en al Ciudad de El Viejo, Departamento de Chinandega, la que fue traída en tiempo de la colonia como un regalo de Nuestro Señor para este pueblo Mariano.

¡Con la guerra se pierde todo!, clama el Papa Francisco en el día de los fieles difuntos

VATICANO, 02 Nov. 17 / 10:56 am (ACI).- El Papa Francisco celebró este jueves 2 de noviembre la Misa de conmemoración de todos los fieles difuntos en el Cementerio Americano de Nettuno, al sur de Roma, donde rezó por el fin de las guerras, “cuyo único fruto es la muerte”.

En el cementerio que acoge los restos de soldados estadounidenses, muchos de ellos muy jóvenes caídos durante la Segunda Guerra Mundial, el Santo Padre resaltó que “estamos aquí reunidos por la esperanza”.

“Tantos jóvenes, miles de ellos, miles, miles. ¡Sus esperanzas, rotas! ¡Nunca más, Señor! Esto debemos decirlo hoy que rezamos por todos los difuntos, y que en este lugar rezamos de forma especial por estos chicos que perdieron la vida en la guerra. Hoy que el mundo está de nuevo en guerra. ¡Nunca más, Señor! ¡Nunca más! ¡Con la guerra se pierde todo!”,

El Obispo de Roma recordó la historia de “aquella anciana que mirando hacia las ruinas de Hiroshima con sabia resignación, pero con mucho dolor, con una resignación doliente, decía: ‘Los hombres han hecho de todo para declarar y hacer la guerra, y al final se han destruido a sí mismos”.

“Esto es la guerra: la destrucción de nosotros mismos’. Seguramente, aquella mujer, aquella anciana había perdido a sus hijos, a sus sobrinos. Sólo tenía lágrimas en el corazón y llagas”.

“Hoy es un día de esperanza –insistió–, pero también es un día de lágrimas. Lágrimas como las de aquellas mujeres cuando les llegaba el correo con malas noticias: ‘Usted, señora, tiene el honor de que su marido es un héroe de la patria. Que sus hijos son héroes de la patria’. Son lágrimas que hoy la humanidad no debe olvidar. No debe olvidar el orgullo de esta humanidad que no ha aprendido la lección y parece que no quiere aprenderla”.

Francisco señaló que “muchas veces a lo largo de la historia los hombres se han embarcado en guerras convencidos de traer un mundo nuevo, de traer una nueva primavera, y terminan provocando un invierno horrible, cruel, un reino de terror y de muerte”.

El Santo Padre también animó a que “cada uno de nosotros en su corazón repita las palabras de Job que hemos escuchado en la primera lectura: ‘Sé que mi Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre el polvo’. La esperanza de reencontrarse con Dios, de reencontrarnos todos nosotros como hermanos, es una esperanza que no decepciona”.

Lo dijo San Pablo: ‘la esperanza no decepciona’, “la esperanza muchas veces nace y sumerge sus raíces en muchas oraciones humanas, y es en ese momento de dolor, de llaga y de sufrimiento cuando dirigimos la mirada hacia el cielo y decimos: ‘Detente, Señor’”.

El Pontífice explicó que ese “detente, Señor” es una oración natural que surge del sufrimiento, pero también de la esperanza. “Quizás sea esa la oración que sale de todos nosotros cuando miramos a este cementerio. ‘Estoy seguro, Señor, de que estoy contigo. Estoy seguro, lo digo convencido, pero, por favor, Señor, detente, no más guerra, no más esta matanza inútil, como dijo Benedicto XV’”.

“Hoy –finalizó Francisco– rezamos por todos los difuntos, pero de modo especial por estos jóvenes. En un momento en el que tantos mueren en la guerra todos los días, en esta guerra a trozos. Rezamos también por los muertos de hoy, los muertos de guerra, también niños inocentes. Este es el fruto de la guerra: la muerte”.